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Enero del 2007

Para la Madre

Por lualcaro - 27 de Enero, 2007, 16:12, Categoría: General

Madre, tu más grande desafío

Presidente Gordon B. Hinckley

"No creo que exista mejor respuesta a. . . [las] repugnantes prácticas que acosan a nuestros jóvenes que las enseñanzas de una madre, impartidas con amor y con una advertencia inequívoca".

Presidente Gordon B. Hinckley

Me sentiría satisfecho de terminar esta reunión ahora mismo. Esta noche se nos ha enseñado muy bien. Felicito a la presidencia por sus excelentes palabras. Como sabrán, ellas se han preocupado, han orado y suplicado al Señor que las ayudara en su preparación y presentación. Hermana Smoot, hermana Jensen y hermana Dew, les agradecemos todo lo que han hecho; han realizado un gran trabajo.

Considero que es una grandiosa oportunidad el dirigirme a ustedes. Ninguna otra congregación es semejante a ésta. Nos dirigimos a ustedes desde el Tabernáculo de la Manzana del Templo, en Salt Lake City, pero ustedes nos escuchan en casi todas partes al encontrarse reunidas a través de los Estados Unidos y Canadá, de las naciones de Europa, de México, de Centroamérica y de Sudamérica. Están todas unidas en esta gran congregación no importa si están en Asia, el Pacífico Sur o en otras tierras lejanas.

Sus corazones albergan el mismo propósito. Se encuentran reunidas juntas porque aman al Señor; tienen un testimonio y una convicción de Su realidad viviente; oran al Padre en el nombre de Jesús; reconocen el poder de la oración; son esposas y madres; viudas y madres solteras que llevan cargas demasiado pesadas; mujeres recién casadas, y mujeres que no están casadas. Son una vasta concurrencia de mujeres de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días; más de cuatro millones de ustedes pertenecen a esta gran organización; y nadie puede calcular la inmensa fuerza para bien que pueden llegar a ser. Ustedes son las guardianas del hogar; las administradoras del hogar. Al igual que la hermana Dew, les exhorto a que sean firmes y fuertes en defensa de esas grandes virtudes que han sido el fundamento de nuestro progreso social. Cuando están unidas, su poder no tiene límites; pueden lograr lo que quieran. Y cuánto, cuánto se les necesita en un mundo en el que los valores se están viniendo abajo, donde el adversario parece tener tanto control.

Siento gran respeto y admiración por ustedes, las jovencitas que hace muy poco tiempo ingresaron a la Sociedad de Socorro; en gran parte han podido soportar la tormenta que las azotó durante la época de su juventud; se han conservado limpias del mundo; se han mantenido libres de las manchas de la iniquidad; ustedes son la flor y nata de la juventud buena y madura de la Iglesia. Han llegado hasta este punto de su vida, limpias, bellas y virtuosas. Les felicito de todo corazón.

Rindo honor a las mujeres solteras; saben muy bien lo que es la soledad; saben lo que es la ansiedad, el temor y la añoranza vehemente; pero no se han dejado vencer. Ustedes han salido adelante en la vida, haciendo importantes y maravillosas contribuciones a lo largo del camino. Dios las bendiga, mis queridas hermanas y amigas.

Esta noche no puedo dirigirme a todas directamente. He elegido un segmento de esta vasta congregación: a ustedes, las madres. Y quiero además incluir a las que se convertirán en madres. ¡Qué cosa tan maravillosa han logrado como madres! Han dado vida y nutrido a sus hijos; han entrado en una sociedad con nuestro Padre Celestial a fin de dar experiencia terrenal a Sus hijos e hijas. Ellos son hijos de Él y son hijos de ustedes, carne de su carne, por quienes Él las hará responsables. Ustedes se han regocijado por causa de ellos, y, en muchos casos, también han sentido pesar; ellos les han traído la felicidad que nadie más podría traerles; les han traído dolor como nadie más podría hacerlo.

 http://www.lds.org/conference/talk/display/0,5232,89-3-174-39,00.html

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Para el Padre

Por lualcaro - 27 de Enero, 2007, 16:09, Categoría: General

"Y se multiplicará la paz de tus hijos"

Presidente Gordon B. Hinckley

"En lo que toca a su felicidad, en lo que toca a las cosas que les hacen sentirse orgullosos o ponerse tristes, nada, repito que nada, surtirá en ustedes un efecto tan profundo como la forma en que resulten ser sus hijos".

Presidente Gordon B. Hinckley

Los jóvenes han recibido aquí, esta noche, consejos excelentes. Confío en que hayan escuchado bien y que influyan en sus vidas para bien.

He resuelto hablar a los padres de familia. Ustedes ya saben de qué voy a hablar. Sus esposas les habrán recordado que éste sería el tema que trataría en esta ocasión, puesto que se los dije en la conferencia de la Sociedad de Socorro hace dos semanas. Les diré a ustedes algunas de las mismas cosas que les dije a ellas. Les recuerdo que la repetición es una de las leyes del aprendizaje.

Éste es un asunto que tomo con gran seriedad. Es un asunto que me preocupa hondamente. Espero que no lo tomen con ligereza. Se relaciona con lo más valioso que tienen. En lo que toca a su felicidad, en lo que toca a las cosas que les hacen sentirse orgullosos o ponerse tristes, nada, repito que nada, surtirá en ustedes un efecto tan profundo como la forma en que resulten ser sus hijos.

O se alegrarán y se regocijarán por los logros de ellos o llorarán, con la cabeza entre las manos, desconsolados y deshechos de dolor si les llenan de desilusión y de vergüenza. Muchos de ustedes se encuentran en esta reunión con sus hijos, por lo que los felicito de corazón. También los felicito a ellos. Los unos y los otros están en la mejor compañía. Me siento muy orgulloso de muchísimos de nuestros jóvenes: muchachos y niñas. Son inteligentes. Tienen autodisciplina. Saben sopesar las consecuencias de los actos. Tienen la cabeza bien puesta. Esta noche se encuentran en el lugar en el que deben estar. Algunos forman parte de este coro; otros se encuentran entre congregaciones por todo el mundo; otros están en el campo misional; otros prosiguen estudios con gran esfuerzo, dejando a un lado placeres presentes con la mira de oportunidades futuras. Les admiro. Les amo. Y ustedes sienten lo mismo. Son nuestros hijos y nuestras hijas.

http://www.lds.org/conference/talk/display/0,5232,89-3-174-22,00.html

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El maestro perfecto

Por lualcaro - 25 de Enero, 2007, 18:57, Categoría: General

El Salvador, maestro ejemplar

Sermon on the Mount

POR EL ÉLDER WALTER F. GONZÁLEZ

De los Setenta

El Salvador empleó preguntas que nos hacen recordar, que nos hacen razonar y que van dirigidas al corazón, y eso mismo podemos hacer nosotros.

"...Por lo tanto, ¿qué clase de hombres habéis de ser? En verdad os digo, aun como yo soy" (3 Nefi 27:27). Esta invitación del Salvador para ser como Él es afecta todos los aspectos de nuestra vida, incluso nuestra responsabilidad como maestros del Evangelio. Podemos llegar a ser maestros semejantes a Él no sólo gracias a Sus preceptos, sino también a Su modo de enseñar.

El Salvador empleó diversos métodos para influir en la vida de las personas que le rodeaban. Observen, por ejemplo, en cómo hacía las preguntas. Entre las que formuló, algunas aguzaban la memoria de los que le escuchaban, otras tenían por objeto estimular el razonamiento y otras iban dirigidas a los sentimientos de Sus seguidores.

El Salvador empleó diversos métodos para influir en la vida de las personas que le rodeaban. Observen, por ejemplo, en cómo hacía las preguntas. Entre las que formuló, algunas aguzaban la memoria de los que le escuchaban, otras tenían por objeto estimular el razonamiento y otras iban dirigidas a los sentimientos de Sus seguidores.

Preguntas que nos hacen recordar

En cierta ocasión, un abogado, un intérprete de la ley, preguntó al Señor qué debía hacer para heredar la vida eterna, a lo que el Salvador le respondió con otra pregunta, diciendo: "...¿Qué está escrito en la ley? ¿Cómo lees?" (Lucas 10:26).

La respuesta estaba en la memoria del abogado; una vez que respondió correctamente a la pregunta, el Salvador reafirmó la contestación de la persona diciendo: "...Bien has respondido; haz esto, y vivirás" (Lucas 10:28).

En otra ocasión, "iba Jesús por los sembrados en un día de reposo; y sus discípulos tuvieron hambre, y comenzaron a arrancar espigas y a comer" (Mateo 12:1). Los fariseos aprovecharon eso para decir que Sus discípulos estaban quebrantando la ley del día de reposo, a lo que el Salvador respondió con preguntas que tenían por objeto hacer que los fariseos recordaran:

"¿...No habéis leído lo que hizo David, cuando él y los que con él estaban tuvieron hambre; "cómo entró en la casa de Dios, y comió los panes de la proposición, que no les era lícito comer ni a él ni a los que con él estaban, sino solamente a los sacerdotes?" (Mateo 12:3–4).

Tal vez las preguntas que refrescan la memoria sean las más fáciles de utilizar. Este tipo de preguntas tiende a mostrar lo bien que los alumnos conocen la letra de la ley. Cuando era joven y un miembro nuevo, suponía que éste era el tipo de preguntas que los maestros debían plantear, por lo que traté de obtener cierto conocimiento sobre hechos históricos: nombres, fechas, lugares, etc. Eso estuvo bien ya que la mayoría de las preguntas que se hacían en la escuela y en la Iglesia iban dirigidas a los conocimientos que se guardan en la memoria y pretendían conceder a los alumnos la oportunidad de participar en la lección. Eran buenas preguntas, pero no tuvieron un gran impacto en mi conducta o en mi proceso de llegar a ser más como Él es. Es importante destacar que el Salvador también empleó otra clase de preguntas para ayudar a los que le escuchaban en el cometido de llegar a ser como Él es.

Preguntas que nos hacen razonar

Cuando el abogado preguntó: "...¿Y quién es mi prójimo?", el Salvador relató la parábola del buen samaritano y después preguntó: "¿Quién, pues, de estos tres te parece que fue el prójimo del que cayó en manos de los ladrones?" (Lucas 10:29, 36).

Esa pregunta hizo que el abogado, así como los demás presentes, tuvieran que razonar para encontrar la respuesta. Ese tipo de pregunta nos conduce a confiar en nuestra capacidad para descubrir el conocimiento. Preguntas tales como "¿Qué piensan de...?", "¿Qué opinión tienen sobre...?" o "¿Por qué...?" nos ayudan a entendernos unos a otros (véase D. y C. 50:22). Consideren los siguientes ejemplos tomados de las enseñanzas del Salvador:

¿Qué os parece? Si un hombre tiene cien ovejas, y se descarría una de ellas, ¿no deja las noventa y nueve y va por los montes a buscar la que se había descarriado?" (Mateo 18:12; cursiva agregada).

¿Qué os parece? Si un hombre tiene cien ovejas, y se descarría una de ellas, ¿no deja las noventa y nueve y va por los montes a buscar la que se había descarriado?" (Mateo 18:12; cursiva agregada).

"Pero ¿qué os parece? Un hombre tenía dos hijos, y acercándose al primero, le dijo: Hijo, ve hoy a trabajar en mi viña" (Mateo 21:28; cursiva agregada).

A veces, las preguntas retóricas —aquellas a las que no se espera que nadie responda— también pueden contribuir al entendimiento entre el que predica y el que escucha. Nuestro Señor dijo durante el Sermón del monte:

"Porque si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa tendréis? ¿No hacen también lo mismo los publicanos? "Y si saludáis a vuestros hermanos solamente, ¿qué hacéis de más? ¿No hacen también así los gentiles?" (Mateo 5:46–47).

Mi esposa recuerda cómo cambió su vida gracias a una pregunta que le hicieron los misioneros. Ella tenía amplios antecedentes religiosos, por eso un día su hermano la invitó a escuchar a los misioneros. Tras enseñarle la doctrina, los élderes le hicieron una pregunta dirigida a su facultad de razonar: "¿Por qué cree que La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días es la Iglesia verdadera?". Los pensamientos inspirados por esa pregunta la afectaron de tal modo que a los pocos segundos también se vieron conmovidos sus sentimientos. Mientras respondía a la pregunta, los ojos se le llenaron de lágrimas y el Espíritu le testificó, con lo cual se ahondó el proceso de conversión que experimentaba.

Preguntas que van dirigidas al corazón

A todos se nos han hecho preguntas que nos permiten expresar nuestros sentimientos; también sabemos que no los expresaremos a menos que tengamos la certeza de que no se nos va a criticar. Eso mismo sucedía cuando el Salvador dirigía Sus preguntas al corazón de los que le escuchaban.

Estando en las costas de Cesarea de Filipo, el Salvador preguntó a Sus discípulos: "...¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre?". Los discípulos contestaron que algunos decían que era Juan el Bautista, otros que Jeremías o uno de los profetas.

A continuación, el Salvador planteó una pregunta que permitió a los discípulos expresar sus propios sentimientos: "...Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?".

Simón Pedro compartió sus sentimientos: "...Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente".

Nuestro Maestro confirmó la respuesta del apóstol principal al decir: "...Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos" (Mateo 16:13–17; cursiva agregada).

En lo que fue otra ocasión propicia para la enseñanza tras la muerte de Lázaro, el hermano de Marta, el Salvador primero testificó de Sí mismo diciendo: "...Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá. Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente".

Entonces dirigió una pregunta al corazón de Marta: "¿Crees esto?".

Marta pudo expresar sus sentimientos: "...Sí, Señor; yo he creído que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, que has venido al mundo" (Juan 11:25–27; cursiva agregada).

Sabemos que "cuando un hombre habla por el poder del Santo Espíritu, el poder del Espíritu Santo lo lleva al corazón de los hijos de los hombres" (2 Nefi 33:1). Las preguntas apropiadas y dirigidas al corazón pueden invitar al Espíritu en cualquier situación propicia para la enseñanza.

En una reciente reunión familiar, un miembro de la familia habló sobre una pregunta que le había hecho un misionero y que la había conmovido. Tras enseñarle la primera charla, el misionero se limitó a preguntarle: "¿Qué sentimientos ha experimentado con respecto a nuestras enseñanzas?". La pregunta constituyó una conclusión excelente y edificante para la charla.

Entre las preguntas que permiten a la gente expresar sus sentimientos, podrían encontrarse: "¿Por qué cree...?", "¿Cómo se siente con respecto a...?" o "¿Alguno de ustedes ha tenido una experiencia con...?". Todo maestro precisa comprender que cuando se expresan sentimientos, el maestro se halla en terreno sagrado. Los sentimientos siempre se deben respetar y no deben ser objeto de crítica en forma alguna.

Aprendamos de Él

El Salvador es el maestro ejemplar de quien podemos aprender a instruir en nuestros hogares, en la Iglesia y en la comunidad. Tal como dijo a los nefitas: " ...He aquí, yo soy la luz; yo os he dado el ejemplo" (3 Nefi 18:16). O como explicó a Sus discípulos: "En verdad, en verdad os digo que éste es mi evangelio; y vosotros sabéis las cosas que debéis hacer en mi iglesia; pues las obras que me habéis visto hacer, ésas también las haréis; porque aquello que me habéis visto hacer, eso haréis vosotros" (3 Nefi 27:21).

Un ejercicio excelente relacionado con nuestro aprendizaje de cómo ser más como Cristo es observar el tipo de preguntas que formulamos en los momentos en los que surge la oportunidad de enseñar. Realizar preguntas para hacer recordar información nos permitirá enterarnos del conocimiento de las demás personas. Las preguntas que hacen que las personas razonen ayudarán a éstas a descubrir verdades. Las preguntas que permiten la expresión de sentimientos nos conducen a un terreno sagrado en la conversión y la edificación de nuestros seres queridos. Al grado que nos esforcemos por enseñar como el Salvador, llegaremos a ser más como Él es.

(Liahona, Setimbre de 2004. Pag.26)

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Jesus: El lider perfecto

Por lualcaro - 23 de Enero, 2007, 23:04, Categoría: General

Jesús: El líder perfecto

Spencer W. Kimball 

Por el Presidente Spencer W. Kimball

Hay muchísimas cosas que se podrían decir tocante a la extraordinaria capacidad de liderazgo del Señor Jesucristo, mucho más de lo que podría expresarse en un artículo o en un libro, pero quisiera señalar algunos de los atributos y aptitudes que Él demostró tan perfectamente. Estas mismas aptitudes y cualidades resultan importantes para nosotros si es que deseamos tener éxito perdurable como líderes.

Los principios concretos

Jesús sabía quién era y la razón por la que estaba en este planeta, lo cual le permitía guiar a Sus seguidores basado en la certeza personal y no en la incertidumbre o en la debilidad.

Jesús actuaba en base a principios o verdades concretos en vez de limitarse a establecer las reglas sobre la marcha. Por eso, Su estilo de liderazgo era no sólo correcto sino también constante. Muchos de los líderes seculares de hoy son como los camaleones: cambian sus tonos y puntos de vista para adaptarse a la situación, con lo cual sólo confunden a sus socios y seguidores que no pueden estar seguros del curso a seguir. Quienes procuran el poder a expensas de los principios a menudo terminan por hacer casi cualquier cosa para perpetuarlo.

Jesús dijo muchas veces: "Ven, sígueme". El Suyo era un método de "Haz lo que yo hago", más bien que de "Haz lo que yo digo". Su brillante inteligencia innata le hubiera permitido hacer gran ostentación, pero con eso habría dejado atrás a Sus seguidores. Él caminó y obró con aquellos a quienes tenía que servir. El Suyo no fue un liderazgo a la distancia; no temía a las amistades estrechas, ni a que Sus seguidores se desilusionaran si se le acercaban demasiado. La levadura del verdadero liderazgo no puede levantar a nadie a menos que acompañemos y sirvamos a aquellos a quienes tengamos que dirigir.

Jesús se mantuvo virtuoso y así, cuando quienes le rodeaban estaban tan cerca de Él que podían tocar el borde de Su manto, la virtud emanaba de Él (véase Marcos 5:24–34).

El comprender a los demás

Jesús era un líder que escuchaba. Debido a que amaba a los demás con un amor perfecto, escuchaba sin ser condescendiente. Un gran líder es aquel que escucha, no solamente a los demás sino también a su conciencia y a la inspiración de Dios.

Jesús era un líder paciente, persuasivo y amoroso. Cuando Pedro desenvainó la espada y golpeó al siervo del sumo sacerdote cortándole la oreja derecha, Jesús le dijo: "...Mete tu espada en la vaina…" (Juan 18:11). Sin enojo ni agitación, serenamente Él sanó la oreja del siervo (véase Lucas 22:51), y Su reprensión a Pedro fue bondadosa pero firme.

Por amar a Sus seguidores, Jesús estaba en condiciones de decirles la verdad, de ser sencillo y sincero con ellos. Hubo veces en que amonestó a Pedro, precisamente porque lo amaba, y éste, por ser un gran hombre, pudo madurar gracias a esas amonestaciones. Hay un maravilloso pasaje en el libro de Proverbios que todos debemos recordar:

"El oído que escucha las amonestaciones de la vida, entre los sabios morará.

"El que tiene en poco la disciplina menosprecia su alma; mas el que escucha la corrección tiene entendimiento" (Proverbios 15:31–32).

Sabio es el líder o el discípulo que puede hacer frente a las "amonestaciones de la vida". Pedro pudo hacerlo, pues sabía que Jesús lo amaba y fue por eso que el Señor lo preparó para ocupar un alto lugar de responsabilidad en el reino.

Jesús veía el pecado como algo malo, pero también lo veía como algo que provenía de necesidades profundas e insatisfechas de parte del pecador. Esa percepción le permitía condenar el pecado sin condenar al pecador. Del mismo modo, nosotros podemos poner de manifiesto nuestro amor hacia otras personas, aun cuando tengamos la responsabilidad de reprenderlas. Tenemos que ser capaces de ver en lo más profundo de la vida de los demás a fin de percibir las causas básicas de sus fracasos y defectos.

El liderazgo abnegado

El liderazgo del Salvador era abnegado. Siempre puso Sus necesidades y a Sí mismo en segundo plano y dedicó Su tiempo a ayudar a Sus semejantes en todo momento, y lo hizo infatigable, amorosa y eficazmente. Muchos de los problemas del mundo actual son causados por el egoísmo y el egocentrismo de muchas personas que exigen, implacablemente, demasiado de la vida y de los demás a fin de satisfacer sus propias demandas. Esa actitud es completamente contraria a los principios y prácticas que ejemplificó el líder perfecto, Jesús de Nazaret.

El liderazgo de Jesús destacaba la importancia de saber discernir con respecto a otras personas, sin procurar controlarlas. Él se preocupaba por la libertad de Sus seguidores de escoger cuál será su curso; e incluso Él mismo, en aquellos momentos tan trascendentales, tuvo que optar voluntariamente por sufrir en Getsemaní y ser clavado en la cruz del Calvario. Él nos enseñó que no puede haber progreso sin verdadera libertad. Uno de los problemas del liderazgo de manipulación es que no surge del amor que se sienta por los demás sino de una necesidad de aprovecharse de ellos. Esos líderes se concentran en sus propias necesidades y deseos y no en los de los demás.

Jesús tenía la habilidad de contemplar los problemas y a la gente en perspectiva. Él podía calcular el efecto y el impacto a largo plazo de Sus palabras, no sólo en los que las escucharían entonces, sino también en quienes las leerían dos mil años después. Muchas veces, los líderes seculares se apresuran a resolver los problemas deteniendo el sufrimiento presente y de ese modo crean dificultades y sufrimiento mayores más adelante.

La participación

Jesús sabía cómo dar participación a Sus discípulos en el proceso de la vida. Les dio cosas importantes y concretas para hacer a fin de que lograran su propio desarrollo. Otros líderes han tratado de ser tan competentes que se han esforzado por hacerlo todo ellos mismos, lo cual produce escaso progreso en los demás. Jesús confía en Sus seguidores hasta el punto de compartir Su obra con ellos para que progresen. Ésa es una de las lecciones más grandiosas de Su liderazgo. Si hacemos a un lado a otras personas con el propósito de cumplir una tarea más rápida y eficazmente, la tarea se hará pero los seguidores no obtendrán el progreso y el desarrollo que son tan importantes. Debido a que Él sabe que esta vida tiene un gran propósito y que hemos sido puestos en este planeta para obrar y progresar, ese progreso se transforma en uno de los grandes fines de la vida así como en un medio para lograr ese fin. Podemos proporcionar información correctiva a otras personas cuando cometan errores y hacerlo de una forma amable y beneficiosa.

Jesús no tenía temor de exigir lo necesario a aquellos a quienes dirigía. Su liderazgo no era condescendiente ni flojo. Tuvo el valor de llamar a Pedro y a otros hombres diciéndoles que abandonaran sus redes de pescador y lo siguieran, no después de terminada la temporada de pesca ni después de sacar llena otra red, sino de inmediato, en ese momento. Él hacía saber a las personas que creía en ellas y en sus posibilidades, lo cual le permitía ayudarles a expandir su alma por medio de nuevos logros. Gran parte del liderazgo secular es condescendiente y, en muchos aspectos, despectivo hacia la humanidad porque trata a la gente como si fuera necesario mimarla y protegerla de continuo. Jesús creía en Sus seguidores, no sólo por lo que eran sino por lo que podían llegar a ser. Mientras que los demás podrían haber visto en Pedro sólo un pescador, Jesús pudo verlo como un magnífico líder religioso, valiente y fuerte, que dejaría su marca en muchos seres humanos. Si amamos a los demás, podemos ayudarles a progresar exigiendo de ellos cosas razonables y reales.

Jesús confió a las personas verdades y tareas que estaban en proporción a su capacidad. No las abrumó con más de lo que podían hacer, sino que les dio lo suficiente para expandir su alma. Él estaba interesado en los aspectos básicos de la naturaleza humana y en producir cambios perdurables y no simplemente cambios superficiales.

La responsabilidad

Jesús nos enseñó que no solamente somos responsables de nuestras acciones sino también de nuestros pensamientos; es sumamente importante que recordemos eso. Vivimos en una época de "seguros sin culpabilidad" y de "no culpabilidad" también en otros casos de la conducta humana. Por supuesto, no es posible exigir responsabilidad sin principios concretos. Un buen líder tendrá presente que es responsable ante Dios así como ante aquellos a quienes dirige. Al exigirse responsabilidad a sí mismo, estará en mucho mejor posición de asegurarse de que los demás también se responsabilicen de su conducta y actuación. La gente tiende a funcionar de acuerdo con las normas ejemplificadas por sus líderes.

La buena administración del tiempo

Jesús nos enseñó también cuán importante es hacer buen uso del tiempo. Esto no significa que no deba haber nunca recreación, porque debe haber tiempo para la contemplación y la renovación, pero nunca para desperdiciarlo. La administración de nuestro tiempo es asunto de suma importancia y podemos ser buenos administradores sin desesperarnos ni ser entremetidos. El tiempo es algo que no se puede reciclar; cuando se nos va, se nos va para siempre. La tiranía de lo trivial consiste en que anula a las personas y los momentos verdaderamente importantes; lo insignificante esclaviza a lo trascendental y con demasiada frecuencia dejamos que la tiranía continúe. La buena administración del tiempo es, en realidad, una buena administración de nosotros mismos.

El liderazgo secular

Las personas a quienes más queremos, admiramos y respetamos como líderes de la familia humana tienen nuestra admiración porque representan, de muchas formas, las cualidades que Jesús tenía como persona y como líder.

Contrariamente, los líderes que a lo largo de la historia han resultado más nefastos para la humanidad lo fueron precisamente porque carecían casi por completo de las cualidades exhibidas por el Hombre de Galilea. Jesús fue abnegado, ellos fueron egoístas; a Jesús le preocupaba la libertad, a ellos el dominio; Jesús estaba interesado en prestar servicio, ellos en obtener importancia social; Jesús se ocupaba de atender a las necesidades de los demás, ellos se ocuparon sólo de sus propios intereses; Jesús se interesaba en el desarrollo de Sus discípulos, ellos procuraron manipular a los seres humanos; Jesús estaba lleno de compasión combinada con justicia, ellos estaban llenos de crueldad e injusticia.

Quizás no todos podamos ser un ejemplo perfecto de liderazgo, pero todos podemos hacer un sincero esfuerzo por acercarnos a ese grandioso ideal.

Nuestro potencial

Una de las grandes enseñanzas del Hombre de Galilea, el Señor Jesucristo, fue que todos llevamos dentro inmensas posibilidades. Al instarnos a ser perfectos así como nuestro Padre que está en los cielos es perfecto, Jesús hablaba en serio y nos dio a conocer una extraordinaria verdad en cuanto a las posibilidades y al potencial que tenemos. Es una verdad asombrosa, tanto que es difícil contemplarla. Él, que no mentía, procuró con ella atraernos para que avanzáramos por el camino hacia la perfección.

No somos todavía perfectos como Jesús, pero a menos que los que nos rodean puedan percibir que nos esforzamos y mejoramos, no podrán vernos como ejemplos sino que nos verán como personas carentes de seriedad en cuanto a lo que debemos hacer.

Cada uno de nosotros tiene más oportunidades de hacer el bien y de ser bueno de las que en realidad aprovecha; esas oportunidades nos rodean por todas partes. Sea cual sea en la actualidad nuestro círculo de buena influencia, si mejoráramos nuestra actuación aunque fuera un poco, ese círculo se ampliaría. Si nos preocupáramos por mejorar nuestra actuación al respecto, hay muchas personas que aguardan para que les extendamos una mano y las amemos.

Debemos recordar que esos seres humanos que encontramos en los estacionamientos, en las oficinas, en los ascensores y en otros lugares son parte de la humanidad que Dios nos ha dado para que amáramos y sirviéramos. Poco nos beneficiaría hablar de la hermandad de la humanidad si no podemos contemplar a todos los que nos rodean como nuestros hermanos. Si nuestra demostración de sentimientos humanitarios resulta poco llamativa o parece pequeña, debemos recordar la parábola que nos dio Jesús en la cual nos hace notar que la grandeza no siempre es un asunto de tamaño ni de comparación, sino de la calidad de nuestra vida. Si empleamos bien nuestro talento y nuestras habilidades y las oportunidades que nos rodean, eso no pasará inadvertido para Dios. Y a aquellos que obren bien con las oportunidades que se les ofrezcan ¡se les ofrecerán aún más!

Las Escrituras contienen muchos ejemplos maravillosos de líderes que, aunque no eran perfectos como Jesús, fueron sumamente eficientes; el leerlos, y el hacerlo a menudo, nos haría mucho bien. Hay veces en que olvidamos que las Escrituras nos ofrecen siglos de experiencia en liderazgo, y, lo que es más importante, nos dan los principios inalterables de acuerdo con los cuales debe funcionar el verdadero liderazgo a fin de tener éxito. Las Escrituras son el manual de instrucciones para el futuro líder.

El líder perfecto

No necesito justificación por mencionar algunos de los logros de Jesucristo para ayudar a los que quieran tener éxito como líderes.

Si queremos lograr el éxito, ahí está nuestro modelo. Todas las ennoblecedoras, perfectas y hermosas cualidades de la madurez, de la fortaleza y del valor se encuentran en Su Persona. Cuando una enorme y airada muchedumbre, armada hasta los dientes, fue a tomarlo prisionero, Él la enfrentó con resolución y dijo: "...¿A quién buscáis?".

Sorprendidos, los de la muchedumbre respondieron: "...A Jesús nazareno". "...Yo soy", les dijo Jesús de Nazaret con altura y valor y con poder; y ellos "retrocedieron, y cayeron a tierra". Por segunda vez les preguntó: "...¿A quién buscáis?", y después que lo nombraron, les dijo: "...Os he dicho que yo soy; pues si me buscáis a mí, dejad ir a éstos [Sus discípulos]" (Juan 18:4–8).

Tal vez lo más importante que les pueda decir en cuanto a Jesucristo, más allá de todo lo que he dicho, es que Él vive y en verdad posee todas las virtudes y los atributos de los que nos hablan las Escrituras. Si pudiéramos llegar a saber eso, conoceríamos la realidad fundamental del hombre y del universo. Si no aceptamos esa verdad y esa realidad, entonces no tendremos los principios inalterables ni las verdades trascendentales por las cuales podamos vivir con felicidad y prestar servicio. En otras palabras, nos resultará muy difícil llegar a ser líderes productivos a menos que reconozcamos la realidad del líder perfecto, Jesucristo, y le permitamos ser la luz que nos alumbre el camino.

(Véase "Jesús: El líder perfecto", Liahona, agosto de 1983, págs. 7–11.)

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Por lualcaro - 23 de Enero, 2007, 18:29, Categoría: General

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