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Febrero del 2007

El poder del enseñar la doctrina

Por lualcaro - 25 de Febrero, 2007, 0:08, Categoría: General

El poder del enseñar la doctrina

Élder Henry B. Eyring
del Quórum de los Doce Apóstoles

"Podemos enseñar aun a un niño a comprender la doctrina de Jesucristo. Por lo tanto, es posible que, con la ayuda de Dios, enseñemos la doctrina salvadora con simplicidad".

Élder Henry B. Eyring

Ha habido una guerra entre la luz y las tinieblas, entre el bien y el mal, desde antes que el mundo fuese hecho. Esa guerra todavía sigue y las víctimas parecen ir en aumento. Todos tenemos familiares a los que queremos y que están siendo abofeteados por las fuerzas del destructor que desea que todos los hijos de Dios sean miserables. Muchos de nosotros hemos pasado noches en desvelo [debido a eso]. Hemos intentado añadir todas las fuerzas del bien que hemos podido a los poderes que se arremolinan alrededor de las personas que corren peligro; personas a las que queremos. Les hemos dado el mejor ejemplo de que hemos sido capaces. Hemos rogado en oración por ellos. Un sabio profeta, hace ya mucho tiempo, nos dio un consejo acerca de otra fuerza que acaso subestimemos a veces, por lo cual la empleamos muy poco.

Alma era el líder de un pueblo que enfrentaba el peligro de ser destruido por enemigos despiadados. Al verse ante ese peligro, tuvo que escoger qué debía hacer entre varias posibilidades. Podía haber edificado fortificaciones o creado armamentos o adiestrado ejércitos. Pero su única esperanza de lograr la victoria era conseguir la ayuda de Dios y, para obtenerla, sabía que el pueblo debía arrepentirse. Por eso, decidió poner a prueba primero esto:

"Y como la predicación de la palabra tenía gran propensión a impulsar a la gente a hacer lo que era justo --sí, había surtido un efecto más potente en la mente del pueblo que la espada o cualquier otra cosa que les había acontecido-- por tanto, Alma consideró prudente que pusieran a prueba la virtud de la palabra de Dios" (Alma 31:5).

La palabra de Dios es la doctrina que enseñaron Jesucristo y Sus profetas. Alma sabía que las palabras de la doctrina tenían gran poder, que pueden abrir la mente de las personas para que vean las cosas espirituales, lo que no se ve con los ojos naturales. Y pueden abrir el corazón a los sentimientos del amor de Dios y del amor a la verdad. El Salvador se basó en esas dos fuentes de poder, en la sección dieciocho de Doctrina y Convenios, al enseñar Su doctrina a los que Él deseaba que le sirvieran como misioneros. Al escuchar, piensen en ese joven de su familia que se encuentra indeciso en cuanto a prepararse para ir a la misión. Veamos cómo enseñó el Maestro a dos de Sus siervos y cómo podrían ustedes enseñar Su doctrina a ese joven que aman:

"Y ahora, Oliver Cowdery, te hablo a ti, y también a David Whitmer, por vía de mandamiento, porque he aquí, mando a todos los hombres en todas partes que se arrepientan; y os hablo a vosotros, como a Pablo mi apóstol, porque sois llamados con el mismo llamamiento que él.

"Recordad que el valor de las almas es grande a la vista de Dios" (D. y C. 18:9­10).

Comenzó por decirles lo mucho que Él confía en ellos y en seguida acerca el corazón de ellos a Él al decirles lo mucho que Su Padre y Él aman a cada alma. En seguida, menciona el fundamento de Su doctrina: describe cuán poderosos motivos tenemos para amarle:

"porque he aquí, el Señor vuestro Redentor padeció la muerte en la carne; por tanto, sufrió el dolor de todos los hombres, a fin de que todo hombre pudiese arrepentirse y venir a él.

"Y ha resucitado de entre los muertos, para traer a todos los hombres a él, mediante las condiciones del arrepentimiento.

"¡Y cuán grande es su gozo por el alma que se arrepiente!" (D. y C. 18:11­13).

Tras haberles dado la doctrina de Su misión para que ellos abran el corazón, Él les da Su mandamiento:

"Así que, sois llamados a proclamar el arrepentimiento a este pueblo" (D. y C. 18:14).

Por último, Él abre los ojos de ellos para que vean más allá del velo. Lleva a ellos y a nosotros a la existencia futura, descrita en el gran plan de salvación, y donde un día estaremos. Nos habla de amistades maravillosas, que merecen todo nuestro sacrificio por lograrlas:

"Y si acontece que trabajáis todos vuestros días proclamando el arrepentimiento a este pueblo y me traéis aun cuando fuere una sola alma, ¡cuán grande será vuestro gozo con ella en el reino de mi Padre!

"Y ahora, si vuestro gozo será grande con un alma que me hayáis traído al reino de mi Padre, ¡cuán grande no será vuestro gozo si me trajereis muchas almas!" (D. y C. 18:15­16).

En esos pocos pasajes, Él enseña doctrina para abrir nuestro corazón a Su amor. Y enseña doctrina para abrir nuestros ojos a las realidades espirituales, que son invisibles para cualquiera cuya mente no esté iluminada por el Espíritu de verdad.

La necesidad de abrir los ojos y el corazón nos indica que debemos enseñar la doctrina. La doctrina cobra su poder cuando el Espíritu Santo confirma que es verdadera. Debemos preparar a los que enseñemos, lo mejor que podamos, para que reciban los suaves susurros de la voz apacible y delicada. Eso requiere al menos algo de fe en Jesucristo; requiere al menos algo de humildad, algo de la buena disposición para someterse a la voluntad del Salvador para con nosotros. Puede que la persona a la que deseen ayudar tenga poco o nada de esas cualidades, pero ustedes pueden avivar en ellas el deseo de creer. Más que eso, pueden ustedes recibir confianza basándose en otro de los poderes que tiene la doctrina: La verdad prepara su propio camino. El tan sólo oír las palabras de la doctrina puede sembrar la semilla de la fe en el corazón. Y aun una pequeña semilla de fe en Jesucristo invita al Espíritu.

Tenemos más control sobre nuestra propia preparación. Nos deleitamos en la palabra de Dios que se encuentra en las Escrituras y estudiamos las palabras de los profetas vivientes. Ayunamos y oramos para invitar al Espíritu tanto para que esté con nosotros como con la persona a la que deseamos enseñar.

Por motivo de que necesitamos al Espíritu Santo, debemos ser cautelosos y tener cuidado de no enseñar lo que no sea la doctrina verdadera. El Espíritu Santo es el Espíritu de verdad y Él confirmará lo que enseñemos si evitamos especular o hacer interpretaciones personales. Eso puede resultar difícil de hacer. Ustedes sienten afecto por la persona en la que tratan de influir y puede ser que ésta haya hecho caso omiso de la doctrina que se le haya enseñado. Es tentador poner a prueba algo nuevo o sensacional. Pero invitamos al Espíritu Santo a que nos acompañe cuando tenemos cuidado de enseñar únicamente la doctrina verdadera.

Una de las formas más seguras de evitar aun acercarse a la falsa doctrina es resolver enseñar con sencillez. Con la simplicidad se pisa terreno seguro y no se pierde nada importante. Sabemos eso debido a que el Salvador nos ha dicho que debemos enseñar la doctrina más importante a los niños pequeños. Escuchemos el mandato del Señor:

"Y además, si hay padres que tengan hijos en Sión o en cualquiera de sus estacas organizadas, y no les enseñen a comprender la doctrina del arrepentimiento, de la fe en Cristo, el Hijo del Dios viviente, del bautismo y del don del Espíritu Santo por la imposición de manos, al llegar a la edad de ocho años, el pecado será sobre la cabeza de los padres" (D. y C. 68:25).

Podemos enseñar aun a un niño a comprender la doctrina de Jesucristo. Por lo tanto, es posible que, con la ayuda de Dios, enseñemos la doctrina salvadora con simplicidad.

Tenemos la mejor oportunidad con los niños. La mejor época para enseñarles es cuando son pequeños, mientras todavía son inmunes a las tentaciones de su enemigo mortal y falta aún mucho tiempo para que les resulte más difícil oír las palabras de verdad en medio del ruido de sus problemas personales.

Los padres prudentes nunca pierden una oportunidad de reunir a sus hijos para aprender de la doctrina de Jesucristo. Esos momentos son muy escasos en comparación con los esfuerzos del enemigo. Por cada hora en la que se introduce el poder de la doctrina en la vida de un niño puede haber cientos de horas de mensajes y de imágenes que refuten o hagan caso omiso de las verdades salvadoras.

No debemos preguntarnos si estamos demasiado cansados para enseñar la doctrina, ni si no sería preferible pasar un rato de diversión con el niño ni si éste pensará que le predicamos demasiado. Lo que debemos preguntarnos es: "Con tan poco tiempo y tan pocas oportunidades, ¿qué palabras de la doctrina que yo les enseñe fortalecerán a los niños para enfrentar los ataques contra su fe que sin duda los acometerán?". Las palabras que ustedes les hablen hoy día pueden ser las que ellos recuerden. Y hoy día pasará muy pronto.

Los años pasan, enseñamos la doctrina lo mejor que podemos y, aún así, algunos de nuestros hijos no responden. Eso nos causa pesar. Sin embargo, nos infunden esperanza los anales de las familias de las Escrituras. Pensemos en Alma, hijo, y en Enós. En sus momentos difíciles, ellos recordaron las palabras de sus padres, las palabras de la doctrina de Cristo, y eso los salvó. Ellos recordarán lo que ustedes les enseñen de esa sagrada doctrina.

Hay dos dudas que podrían sobrevenirles: si conocerán la doctrina lo suficientemente bien para enseñarla y, si ya han intentado enseñarla, por qué no ven muchos buenos resultados.

En mi propia familia existe el caso de una joven que tuvo la valentía de comenzar a enseñar la doctrina cuando era tan sólo una nueva conversa y con poca instrucción. Y el hecho de que los resultados de lo que ella enseñó no han terminado me brinda paciencia para esperar los frutos de mis propios esfuerzos.

Mary Bommeli era mi bisabuela. Yo nunca la conocí. Su nieta la oyó contar su historia y la escribió.

Mary nació en 1830. Los misioneros enseñaron a la familia de ella en Suiza cuando Mary tenía veinticuatro años. Todavía vivía en la casa paterna y tejía telas en su telar, las que vendía para ayudar a sustentar a su familia en su pequeña granja. Cuando los miembros de la familia oyeron la doctrina del Evangelio restaurado de Jesucristo, supieron que era verdadera y se bautizaron. Los hermanos de Mary fueron llamados al campo misional y salieron sin bolsa ni alforja. El resto de la familia vendió sus posesiones para irse a América a congregarse con los santos.

Como no tenían dinero suficiente para que todos viajasen, Mary se ofreció a quedarse debido a que consideraba que podía ganar lo suficiente con las telas que tejía para mantenerse y ahorrar para el pasaje en barco. Se fue a Berlín a casa de una señora que la empleó para que hiciera telas para la ropa de la familia. Allí vivía en una habitación de la servidumbre e instaló su telar en la sala de estar de la casa.

En aquel entonces la ley prohibía que se enseñara en Berlín la doctrina de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Pero Mary no pudo guardarse para sí las buenas nuevas. La dueña de casa y sus amigas se reunían alrededor del telar para oír lo que la joven suiza les enseñaba; les hablaba de la aparición de nuestro Padre Celestial y Jesucristo a José Smith, de la visitación de ángeles y del Libro de Mormón. Cuando llegó a los relatos de Alma, les enseñó la doctrina de la Resurrección.

Eso estropeó un tanto su tejido. En aquellos días, muchos niños morían muy pequeños. A las mujeres que rodeaban el telar se les habían muerto hijos y, a algunas, varios de ellos. Cuando Mary les enseñó la verdad de que los niños pequeños son herederos del reino celestial y de que ellas podrían estar de nuevo con sus hijos y con el Salvador y con nuestro Padre Celestial, esas madres derramaron copiosas lágrimas. También Mary lloraba, y todas esas lágrimas mojaban la tela que ella iba tejiendo.

Las enseñanzas de Mary dieron pie a un problema más grave. Aunque había rogado a las damas que no hablaran de lo que les había dicho, ellas lo hicieron. Dieron a conocer la feliz doctrina a sus amigas. Y así, una noche, llamaron a la puerta. Era la policía. Se llevaron a Mary a la cárcel. En el trayecto, le pidió al policía que le diera el nombre del juez ante el cual debía comparecer a la mañana siguiente y le preguntó si éste tenía familia y si era buen padre y buen marido. El policía sonrió al describir al juez como un hombre mundano.

En la cárcel, Mary pidió papel y lápiz, y le escribió una carta al juez. En ella le hablaba de la resurrección de Jesucristo como se describe en el Libro de Mormón, del mundo de los espíritus y del largo tiempo que el juez tendría para pensar y sopesar su vida antes de enfrentar el juicio final. Le decía que sabía que él tenía mucho de que arrepentirse, lo cual quebrantaría el corazón de su familia y le haría sentir también a él mucho pesar. Le escribió durante la noche. Por la mañana le pidió al policía que le llevara la carta al juez, lo cual él hizo.

Más tarde, el juez mandó llamar al policía a su despacho. La carta que Mary había escrito era evidencia irrefutable de que ella estaba enseñando el Evangelio y de que, por tanto, estaba infringiendo la ley. No obstante, el policía no tardó en volver a la celda de Mary y le dijo que los cargos contra ella se habían suprimido y que quedaba libre por motivo de lo que había escrito en la carta. El haber enseñado ella la doctrina del Evangelio restaurado de Jesucristo hizo abrir los ojos y el corazón lo bastante para que fuese a parar a la cárcel, y el haber declarado la doctrina del arrepentimiento al juez la hizo salir de la cárcel. (Véase Theresa Snow Hill, Life and Times of Henry Eyring and Mary Bommeli, 1997, págs. 15­22.)

Lo que enseñó Mary Bommeli enterneció a más personas que a las mujeres que se reunían alrededor de su telar y que al juez. Mi padre, nieto de ella, estuvo hablándome durante las noches que precedieron a su muerte y me mencionó los felices reencuentros que pronto tendría en el mundo de los espíritus. A mí casi me parecía ver la radiante luz del sol y las sonrisas que habría en ese paraíso al hablarme él de ello con tanta certeza.

En un momento dado, le pregunté si tenía que arrepentirse de algo. Él sonrió y, riéndose entre dientes, me dijo en un susurro: "No, Hal, me he ido arrepintiendo a lo largo de toda mi vida". La doctrina del paraíso que Mary Bommeli enseñó a aquellas damas era real para su nieto. E incluso la doctrina que ella enseñó al juez dieron forma a la vida de él para bien. Ése no será el final de las enseñanzas de Mary Bommeli. El registro de las palabras de ella llevará la doctrina verdadera a los de su posteridad que aún no han nacido. Gracias a que ella creyó que aun una nueva conversa sabía suficiente doctrina para enseñarla, se abrirán la mente y el corazón de sus descendientes y éstos se fortalecerán en la batalla.

Los descendientes de ustedes se enseñarán la doctrina unos a otros porque ustedes la enseñaron. La doctrina hará más que abrir la mente a las cosas espirituales y el corazón al amor de Dios. Cuando esa doctrina brinda regocijo y paz, también tiene poder para que la gente hable. Al igual que aquellas mujeres de Berlín, los descendientes de ustedes no podrán guardarse la buenas nuevas para sí.

Estoy agradecido de vivir en una época en la que nosotros y nuestras familias tenemos la plenitud del Evangelio restaurado. Estoy agradecido por la misión de amor del Salvador en nuestro favor y por las palabras de vida que Él nos ha dado. Ruego que compartamos esas palabras con los que amamos. Testifico que Dios nuestro Padre vive y que ama a todos Sus hijos. Jesucristo es Su Hijo Unigénito en la carne y nuestro Salvador. Él ha resucitado. Podemos ser limpiados por medio de la obediencia a las leyes y a las ordenanzas del Evangelio de Jesucristo. Las llaves del sacerdocio han sido restauradas. El presidente Gordon B. Hinckley posee esas llaves. Sé que eso es verdadero. En el nombre de Jesucristo. Amén.

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El quórum del sacerdocio

Por lualcaro - 24 de Febrero, 2007, 19:08, Categoría: General

El quórum del sacerdocio

Élder Henry B. Eyring
Del Quórum de los Doce Apóstoles

La fuerza de un quórum procede, en gran medida, de cuán íntegramente estén unidos sus miembros en rectitud.

Élder Henry B. EyringAgradezco estar con ustedes en esta gran reunión del sacerdocio. Todos somos miembros de un quórum del sacerdocio. Tal vez no les parezca extraordinario, pero para mí sí lo es. Fui ordenado diácono en el Sacerdocio Aarónico en una pequeña rama de la Iglesia en la que había una sola familia. No teníamos un centro de reuniones, por lo que nos reuníamos en nuestra casa. Yo era el único diácono y mi hermano el único maestro.

Por lo tanto, sé lo que es ejercer el sacerdocio solo, sin servir con otras personas en un quórum. Era feliz en aquella pequeña rama sin quórum, pues no tenía forma de saber lo que me estaba perdiendo; entonces, mi familia se mudó al otro lado del continente, donde había muchos poseedores del sacerdocio y quórumes fuertes.

Con los años, he aprendido que la fuerza de un quórum no proviene del número de poseedores del sacerdocio que haya en él, ni tampoco viene automáticamente de la edad ni la madurez de sus miembros. Antes bien, la fuerza de un quórum procede, en gran medida, de cuán íntegramente estén unidos sus miembros en rectitud. La unidad de un quórum fuerte del sacerdocio no se parece a nada que haya experimentado en un equipo o club deportivo ni en cualquier otra organización del mundo.

Las palabras de Alma, registradas en el libro de Mosíah, son las que mejor describen la unidad que he sentido en los quórumes más fuertes del sacerdocio:

"Y les mandó que no hubiera contenciones entre uno y otro, sino que fijasen su vista hacia adelante con una sola mira, teniendo una fe y un bautismo, teniendo entrelazados sus corazones con unidad y amor el uno para con el otro"1.

Alma incluso dijo a su pueblo cómo reunir los requisitos para esa unidad. Les dijo que no debían predicar nada excepto el arrepentimiento y la fe en el Señor, que había redimido a Su pueblo2.

Lo que Alma estaba enseñando, y así sucede en cualquier quórum del sacerdocio que he visto unido, es que los corazones de los miembros cambian gracias a la expiación de Jesucristo. Así es como sus corazones se entrelazan.

Entendemos entonces por qué el Señor encomienda a los presidentes de quórum que dirijan en la forma que lo hace. En la sección 107 de Doctrina y Convenios utiliza casi las mismas palabras para describir los deberes del presidente de cada quórum. El presidente del quórum de diáconos debe enseñar a sus miembros su deber "conforme a lo indicado en los convenios"3. El presidente del quórum de maestros debe enseñar a sus miembros sus deberes como "se indican en los convenios"4. Al presidente del quórum de presbíteros, que es el obispo, se le manda "presidir a cuarenta y ocho presbíteros, sentarse en concilio con ellos y enseñarles los deberes de su oficio, cual se indica en los convenios"5.

Al presidente del quórum de élderes se le encomienda de esta manera:

"Además, el deber del presidente del oficio de los élderes es presidir a noventa y seis élderes, sentarse en concilio con ellos y enseñarles de acuerdo con los convenios"6.

Es fácil entender por qué Dios quiere que se enseñe a Sus quórumes "de acuerdo con los convenios". Los convenios son promesas solemnes. Nuestro Padre Celestial nos promete a todos la vida eterna si hacemos convenios y los guardamos. Por ejemplo, recibimos el sacerdocio con el convenio de ser fieles al ayudarle en Su obra. Las personas a las que bautizamos en Su Iglesia prometen tener fe en Jesucristo, arrepentirse y guardar Sus mandamientos. Todo convenio requiere fe en Jesucristo y obediencia a Sus mandamientos a fin de facultarnos para el perdón y un corazón puro, necesarios para heredar la vida eterna, el mayor de todos los dones de Dios.

Tal vez se pregunten, "¿Quiere eso decir que todas las lecciones del quórum deben ser sobre la fe y el arrepentimiento?" Claro que no, pero sí significa que el maestro y los que participen deben desear siempre llevar el Espíritu del Señor al corazón de los miembros que hay en el aula para generar fe y la determinación de arrepentirse y ser limpios.

Ese deseo sobrepasa las paredes del salón donde se reúne el quórum, pues en un quórum realmente unido, ese deseo se extiende a los miembros dondequiera que se encuentren.

Vi eso hace unos años en un quórum de diáconos al que se me llamó a enseñar las clases. De vez en cuando, algunos diáconos no asistían a las reuniones del quórum. Yo sabía que la enseñanza en ese quórum, y en todo quórum, era responsabilidad del presidente que tenía las llaves, quien debía sentarse en concilio con todos ellos. Por tanto, he adquirido el hábito de pedir consejo de aquel a quien Dios ha dado el mando, y le pregunté: "¿Qué cree que debo enseñar?, ¿cuál debería ser mi objetivo?".

Aprendí a seguir su consejo, porque sabía que Dios le había dado la responsabilidad para enseñar a los miembros de su quórum. Un domingo, supe que Dios había honrado el mandato que había dado a un presidente de quórum. Yo enseñaba a los diáconos, cuando me fijé en una silla vacía en la que había un aparato para grabar, y vi que estaba encendido. Después de la reunión, el joven que estaba sentado junto a la silla recogió el aparato y, cuando se disponía a salir, le pregunté por qué había grabado nuestra clase. Sonrió y dijo que otro diácono le había dicho que no iba a estar en el quórum ese día, así que le llevaba la grabadora a su casa para que pudiera escuchar la lección.

Yo había confiado en la responsabilidad que le había sido dada a un joven presidente de quórum, y la ayuda del Cielo llegó. El Espíritu inspiró a los miembros de esa habitación y envió a uno de ellos a un amigo para tratar de fortalecer su fe y guiarlo al arrepentimiento. El diácono que llevaba la grabadora había aprendido de acuerdo con los convenios y tendió la mano para ayudar a su amigo y compañero del quórum, de acuerdo con los convenios.

A los miembros de un quórum del sacerdocio se les instruye de diversas maneras, no sólo a través de las clases. El quórum es una unidad de servicio y los miembros aprenden al servir. Un quórum puede brindar mayor servicio que el que pudieran dar sus miembros individualmente, y ese poder se multiplica sin importar la cantidad de miembros. Cada quórum dispone de un líder con autoridad y responsabilidad para dirigir el servicio del sacerdocio. He visto el poder que se genera cuando se llama a los quórumes a ayudar cuando se produce un desastre. Una y otra vez personas que no son de la Iglesia me han expresado su sorpresa y admiración por la eficacia de la Iglesia para organizarse para ayudar. A ellos les parece un milagro. En todo servicio del sacerdocio, el milagro del poder surge cuando los líderes y los miembros honran la autoridad de los que dirigen el servicio en los quórumes del sacerdocio por toda la tierra.

Los milagros de poder se llevan a cabo cuando los quórumes brindan servicio a los demás o cuando ese servicio lo reciben los propios miembros del quórum. Un presidente de quórum de diáconos se reunió temprano un domingo con sus consejeros y el secretario del quórum antes de la reunión de quórum. Después de considerarlo en consejo con espíritu de oración, se sintió inspirado a llamar a un diácono para que invitara a la siguiente reunión del quórum a otro diácono que nunca había asistido. Sabía que el diácono que nunca había asistido tenía un padre que no era miembro de la Iglesia y que su madre tenía escaso interés en ella.

El diácono asignado aceptó el llamado de su presidente de comunicarse con el joven y fue a verlo. Yo le observé marcharse con actitud reacia, como si se tratara de una tarea difícil. El joven al que invitó a acompañarle al quórum había asistido sólo unas cuantas veces antes de que su familia se mudara. Muchos años después, me hallaba en una conferencia de estaca a miles de kilómetros del lugar donde se había reunido aquel quórum de diáconos. Entre una reunión de la conferencia y otra, un hombre al que no conocía se me acercó y me preguntó si conocía a cierta persona. Mencionó un nombre; se trataba del joven al que el presidente del quórum de diáconos había llamado para buscar y cuidar de una oveja perdida. Aquel hombre me dijo: "¿Podría darle las gracias de mi parte? Soy el abuelo del chico al que invitó al quórum de diáconos hace años. Ahora ya es grande, pero todavía me habla del diácono que lo invitó a ir a la Iglesia con él".

Tenía lágrimas en los ojos, y yo también. Un joven presidente de quórum había sido inspirado a ayudar a un miembro perdido de su quórum enviando a un joven con la misión de servir. Aquel presidente hizo lo que el Maestro hubiera hecho, y en el transcurso, capacitó a un nuevo poseedor del sacerdocio en su deber de servir a los demás, de acuerdo con los convenios. Se entrelazaron corazones que todavía seguían conectados después de más de veinte años y a miles de kilómetros de distancia. La unidad del quórum perdura cuando se edifica en el servicio y a la manera del Señor.

Una de las características que distingue a un quórum fuerte es el sentimiento de hermandad que reina entre sus miembros. Se preocupan los unos por los otros y se ayudan mutuamente. Los presidentes de quórum pueden forjar mejor esa hermandad si recuerdan por qué el Señor desea que haya unidad en el quórum. Obviamente es para que se ayuden mutuamente; pero es más, mucho más: es para que se edifiquen y se animen unos a otros a servir en rectitud con el Maestro en Su obra de ofrecer la vida eterna a los hijos de nuestro Padre Celestial.

El comprender eso cambiará nuestra manera de intentar forjar hermandad en el quórum. Por ejemplo, podría incluso cambiar la forma en que un quórum de diáconos juega al baloncesto. Quizá los miembros esperen forjar la hermandad más que sólo ganar un partido. Podrían invitar a un joven al que siempre se excluye porque no juega muy bien. Si acepta y va, los miembros del quórum probablemente le pasarán la pelota un poco más, al ver que tiene la oportunidad de marcar un tanto, especialmente al joven que probablemente no meta la canasta. Veinte años después quizá no recuerden si ganaron esa noche, pero siempre recordarán cómo jugaron juntos y por qué, y de quién era el equipo. Fue el Señor quien dijo: "Y si no sois uno, no sois míos"7.

El entender por qué el Señor desea que haya hermandad puede cambiar la forma de organizar una fiesta del quórum de élderes. Yo fui a una fiesta que planeó un hombre que era converso. Encontrar el Evangelio había sido lo mejor que le había sucedido, así que invitó a los amigos y vecinos que todavía no eran miembros de la Iglesia. Aún recuerdo el sentimiento de hermandad que reinaba mientras conversábamos con ellos sobre lo que la Iglesia significaba para nosotros. En aquella fiesta sentí más que hermandad con los hermanos del sacerdocio. El Maestro invitó a Sus discípulos a Su primer Quórum de los Doce durante Su ministerio terrenal de esta forma: "Venid en pos de mí, y os haré pescadores de hombres"8. De modo que aquella noche en la fiesta, sentí que me encontraba en la hermandad del Maestro y Sus discípulos, llegando a ser lo que Él desea que seamos.

Fui bendecido con ese mismo sentimiento de hermandad por parte de un líder del sacerdocio cuando yo pertenecía al Sacerdocio Aarónico. Él sabía cómo forjar una hermandad perdurable en el sacerdocio. Acordó con el dueño de un terreno arbolado que pasáramos la tarde cortando madera y la juntáramos en haces para que las viudas tuvieran con qué hacer una lumbre en invierno. Todavía recuerdo la afectuosa hermandad que sentí con mis hermanos del sacerdocio. Pero recuerdo aún más el sentimiento de que estaba haciendo lo que el Salvador haría, por lo que sentí hermandad con Él. Podemos forjar esa preciosa hermandad en nuestros quórumes durante esta vida y poseerla después por siempre, en gloria y en familias, si vivimos de acuerdo con los convenios.

Ruego que acepten la invitación del Señor de estar unidos, de ser uno en nuestros quórumes del sacerdocio. Él ha señalado la senda y nos ha prometido que, con Su ayuda, los quórumes buenos pueden llegar a ser quórumes excepcionales. Es lo que desea para nosotros, y yo sé que necesita quórumes más fuertes para bendecir a los hijos de nuestro Padre Celestial, de acuerdo con los convenios. Tengo fe en que lo hará.

Sé que nuestro Padre Celestial vive. Sé que Su Hijo, Jesucristo, expió nuestros pecados y los de todas las personas que conocemos. Él resucitó; Él vive; guía Su Iglesia y posee las llaves del sacerdocio. Mediante la inspiración que comunica a los que poseen llaves en la Iglesia, Él llama a cada presidente de cada quórum del sacerdocio. Testifico que el sacerdocio le fue restaurado a José Smith con todas sus llaves. Y testifico solemnemente que esas llaves han llegado hasta la actualidad al Presidente de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, que es el presidente de todo el sacerdocio en toda la tierra.

Lo testifico en el sagrado nombre de Jesucristo. Amén.

Notas

1. Mosíah 18:21.

2. Véase Mosíah 18:20.

3. D. y C. 107:85.

4. D. y C. 107:86.

5. D. y C. 107:87.

6. D. y C. 107:89.

7. D. y C. 38:27.

8. Mateo 4:19.

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Los matrimonios misioneros

Por lualcaro - 24 de Febrero, 2007, 18:54, Categoría: General

Los matrimonios misioneros: Las bendiciones del sacrificio y del servicio

Élder Robert D. Hales
Del Quórum de los Doce Apóstoles

Su Padre Celestial les necesita. Su obra, bajo la dirección de nuestro Salvador Jesucristo, precisa aquello que sólo ustedes pueden brindar.

Élder Robert D. HalesHace cuatro años, hablé en este mismo lugar sobre los matrimonios que sirven en misiones de tiempo completo. Mi ruego incluía que "el Espíritu Santo conmueva los corazones y en alguna parte uno o dos cónyuges miren a su compañero… y surja el momento de la verdad [el momento de la decisión]"1. Una hermana me escribió sobre esa experiencia y decía: "Nos hallábamos sentados en la comodidad de nuestra sala de estar disfrutando de la conferencia por la televisión… Sus palabras me conmovieron profundamente. Miré a mi esposo y él me miró a mí. Ese momento cambió mi vida para siempre".

Si se encuentran o si pronto se van a encontrar en la edad de servir como matrimonio misionero, esta tarde me dirijo a ustedes para testificar de las bendiciones que pueden cambiar sus vidas para siempre. Su Padre Celestial les necesita. Su obra, bajo la dirección de nuestro Salvador Jesucristo, precisa aquello que sólo ustedes pueden brindar. Cada experiencia misional requiere fe, sacrificio y servicio, atributos de los que siempre se desprenden abundantes bendiciones.

Mientras analizamos esas bendiciones, es natural que surjan cuatro impedimentos: el temor, la preocupación por la familia, el encontrar la oportunidad misional correcta y las finanzas2. Permítanme agregar otro elemento más importante y más poderoso: la fe. Sólo mediante la fe podremos dar oídos al consejo de Dios cuando dice: "Escogeos hoy a quién sirváis"3. "Elegid hoy servir a Dios el Señor que os hizo"4. Únicamente mediante la prueba de nuestra fe recibiremos las milagrosas bendiciones que anhelamos para nosotros y nuestras familias: "Porque si no hay fe entre los hijos de los hombres, Dios no puede hacer ningún milagro entre ellos; por tanto, no se mostró sino hasta después de su fe"5.

Permítanme exponer algunas de estas bendiciones milagrosas extraídas de las cartas y de los relatos que he recibido en los últimos cuatro años. Una sencilla pareja de Idaho empleó la fe para hacer a un lado su miedo cuando el Señor los llamó a servir en Rusia. Escribieron la siguiente carta de aceptación: "Nadie se hubiera imaginado que recibiríamos esta asignación. No tenemos ni idea de cómo vamos a aprender el idioma o a desenvolvernos para resultar útiles, y si bien aceptamos con gran temor y totalmente por la fe, sabemos que el Señor y Su profeta saben mejor que nadie dónde debemos servir". Diez meses más tarde, el Templo de Estocolmo, Suecia, recibió a treinta santos de una pequeña rama de Rusia dirigidos por ese matrimonio de Idaho que apenas había empezado a defenderse en el idioma. Las Escrituras nos dicen: "Dios ha dispuesto un medio para que el hombre, por la fe, pueda efectuar grandes milagros"6. De ese modo, los hijos de Dios llevan a cabo Su obra "para que también la fe aumente en la tierra… para que la plenitud de mi evangelio sea proclamada por los débiles y sencillos hasta los cabos de la tierra"7.

Otro matrimonio empleó la fe para hacer frente a sus inquietudes familiares. Una hermana fiel escribió: "La decisión de servir en una misión no fue difícil, pero mi madre, de noventa años, se mostraba reticente a nuestra marcha. Sin embargo, la consoló mucho saber que nuestros familiares serían bendecidos gracias a nuestro servicio". Un hermano fiel expresó idénticas preocupaciones sobre el partir del lado de sus ancianos padres, a lo que su padre respondió diciendo: "No nos utilices a tu madre ni a mí como excusa para no servir en una misión con tu esposa. Ora al respecto y sigue la guía del Espíritu".

El Señor tranquilizó a una generación anterior de misioneros que tuvieron que dejar atrás a sus familias con las siguientes palabras: "…y si lo hacen con corazones sumisos… yo, el Señor, les prometo abastecer a sus familias"8.

Las preocupaciones por la familia son reales y no se deben tomar a la ligera, pero también es cierto que no podemos resolverlas sin las bendiciones del Señor; y si nos sacrificamos para servir como matrimonios misioneros de tiempo completo, las bendiciones fluirán. Por ejemplo, a una pareja le preocupaba dejar a su hija más joven que no estaba activa en la Iglesia. Su fiel padre escribió: "Orábamos por ella constantemente y ayunábamos con regularidad. Entonces, durante una conferencia general, el Espíritu me susurró: "Si sirves, no tendrás que preocuparte por tu hija nunca más". Nos reunimos con el obispo y a la semana siguiente de recibido el llamamiento, nuestra hija y su novio anunciaron su enlace. Antes de marcharnos a África, se celebró la boda en nuestra casa. [Entonces reunimos a nuestra familia y] realizamos un consejo familiar… Les di testimonio del Señor y de José Smith… y les dije que me gustaría darle a cada uno una bendición de padre. Comencé por el hijo mayor, en seguida, bendije a su esposa y así seguí hasta llegar a la hija menor… [incluido nuestro nuevo yerno]".

Cuando tengamos en cuenta el servicio misional como matrimonio, es conveniente hacer participar a nuestros familiares de esa misma forma. En las reuniones de consejo familiar, podemos dar a nuestros hijos la oportunidad de expresar su apoyo, de ofrecer la ayuda especial que tal vez nos haga falta y de recibir bendiciones del sacerdocio que los sostengan durante nuestra ausencia. Cuando sea apropiado, también podremos recibir bendiciones del sacerdocio de parte de ellos. Cuando el fiel padre del caso que les he contado bendijo a sus familiares, su yerno sintió la influencia del Espíritu Santo. El padre escribió: "Antes del fin de nuestro primer año, [el] corazón [de nuestro yerno] empezó a enternecerse hacia la Iglesia y justo antes de nuestro regreso a casa una vez terminada nuestra misión, él y nuestra hija vinieron a visitarnos. En la maleta de mi yerno estaba la primera ropa de domingo que se había comprado. Fueron a la Iglesia con nosotros y después de volver a casa se bautizó. Un año más tarde se sellaron en el templo"9.

Aun cuando los detalles de esta historia sean excepcionales, el principio es verdadero para todos lo que le digan al Señor: "A donde me mandes iré"10. Testifico que si ponemos nuestra confianza en el Señor, Él hallará la oportunidad misional indicada para nosotros. Como Él dijo: "Si alguno me sirve… mi Padre le honrará"11.

Al tener en cuenta las oportunidades misionales, muchos de los matrimonios de todo el mundo tienen muchos deseos de prestar servicio, pero no tienen los medios económicos. Si ésa es su situación, recuerden que el indicado llamamiento misional puede no ser un país lejano de nombre exótico. El llamamiento indicado para ustedes puede ser dentro de su propia estaca o área; "…vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas"12. Deliberen en consejo con sus familiares y con su obispo o su presidente de rama. Al comprender los siervos del Señor su situación temporal, ustedes podrán recibir las bendiciones eternas del servicio misional de tiempo completo.

Si hay alguien que no pueda servir a causa de algún grave problema de salud u otra circunstancia atenuante, piense tal persona en realizar una aportación económica para ayudar a los que sí pueden servir. El sacrificio razonable de sus medios no sólo bendecirá a otros misioneros y a aquellos a quienes sirvan, sino que también les bendecirá a ustedes y a su familia.

Ahora bien, quisiera hablar directamente a los que no pudieron prestar servicio misional en su juventud: Quizás a lo largo de los años se hayan sentido acosados por sentimientos de pesar, o tal vez se hayan sentido ineptos por no haber tenido la oportunidad misional de prestar servicio y de progresar cuando eran más jóvenes. El consejo que les doy es: miren hacia el futuro y no hacia el pasado. ¡Empiecen a preparase para su misión como matrimonio misionero mayor hoy día! Ahorren un poco de dinero cada mes. Estudien las Escrituras. Acepten llamamientos de la Iglesia. Oren para sentir el amor del Señor por las demás personas y reciban Su amor y confianza en ustedes. ¡Ustedes podrán algún día reclamar todas las bendiciones del servicio misional!

¡Y qué maravillosas bendiciones son ésas! Tras cincuenta y un años de matrimonio, me preguntaron: "¿Qué parte de su vida quisiera volver a vivir?". No dudé en contestar: "El tiempo en el que mi esposa y yo servimos juntos en la gran obra misional del Señor". Los sentimientos de otro matrimonio misionero hacen eco a los de mi esposa y a los míos: "La decisión de servir en una misión nos proporcionó nuevo vigor, nuevas emociones, nuevos amigos, nuevos lugares y nuevos retos. Nos unió más como marido y mujer; teníamos una meta común y éramos compañeros de verdad. Y lo mejor de todo fue que nos brindó un nuevo progreso espiritual en vez de una jubilación espiritual". Hermanos y hermanas, no caigamos en la jubilación espiritual.

Ahora, permítanme extender un desafío a los obispos y a los presidentes de rama de todo el mundo. ¿Sería posible que durante los próximos seis meses pudieran recomendar a uno o a más matrimonios misioneros además de aquellos que actualmente tengan previsto servir? El recurso más importante del que podrán echar mano para cumplir con este reto son los miembros mayores de su barrio que ya hayan servido como misioneros. En mi barrio, un obispo inspirado convocó una reunión especial de posibles matrimonios misioneros y de ex matrimonios misioneros. Al compartir nuestro testimonio del sacrificio y del servicio, el Espíritu nos testificó a todos que un llamamiento a servir es, de hecho, un llamamiento para "[darnos] Sus ricas bendiciones"13.

He oído de un presidente de estaca que organizó una clase para matrimonios misioneros y así inspirar a los posibles matrimonios misioneros y ayudarles a prepararse para servir. Líderes del sacerdocio, cuando busquen con oración fomentar el servicio misional de tiempo completo, recuerden que cuando se llama a un matrimonio, éste no sólo contribuye a llevar a cabo la obra del Señor en todo el mundo, sino que planta en su familia la semilla del servicio que florecerá en las generaciones venideras. Aún me siento agradecido por la influencia de mis padres, que sirvieron como matrimonio misionero en Inglaterra y dieron un gran ejemplo a su posteridad.

Ahora bien, ustedes los posibles matrimonios misioneros, por favor no aguarden a que el obispo se reúna con ustedes para tratar el tema de servir en una misión. Acudan a él, compartan sus sentimientos. En lo que al servicio misional se refiere, el Señor espera que expresemos nuestros deseos. Así sabremos que el mismo Espíritu que nos mueve a solicitar el llamamiento misional inspirará al profeta a llamarnos a la asignación adecuada.

¡Hay tantos llamamientos! Hay llamamientos para enseñar el Evangelio a los que desean recibir la verdad, incluidos los jóvenes del Sistema Educativo de la Iglesia; llamamientos para trabajar en el servicio humanitario y de bienestar, en los templos, en centros de historia familiar, en oficinas de misión y en emplazamientos históricos; llamamientos para "[realizar] el mayor beneficio para [vuestros] semejantes, y [adelantar] la gloria de aquel que es tu Señor"14.

Tengan en cuenta los siguientes ejemplos: Un matrimonio que fue llamado a la India ayudó a una escuela para niños invidentes a construir instalaciones sanitarias y a adquirir máquinas de escribir en braille. En Hawai un matrimonio nutrió a una pequeña rama que pasó de 20 miembros a 200 y preparó a 70 de ellos para que fueran juntos al templo. En Perú, un matrimonio hizo todas las gestiones necesarias para que se propocionasen medicamentos y juguetes de Navidad a quinientos cincuenta niños de un orfanato. Un matrimonio en Camboya enseñó clases de instituto y proporcionó liderazgo a una rama que, al cabo de tan sólo diez meses, creció hasta alcanzar el número de ciento ochenta miembros. En Rusia, un matrimonio ayudó a los granjeros de una localidad a aumentar sus cosechas de papas [patatas] en once veces más de lo habitual, mientras que un matrimonio en las Filipinas ayudó a casi setecientas familias mal alimentadas a criar conejos y a cultivar hortalizas. En Pensilvania, otro matrimonio ayudó a sesenta personas, la mitad de ellas eran de otras religiones, a preparar los registros genealógicos de sus familias. En Ghana, un matrimonio ayudó a perforar y a acondicionar pozos para que ciento noventa mil habitantes de aldeas y de campos de refugiados cercanos tuvieran agua.

Sean o no los resultados de cada misión así de evidentes al ojo humano, todos los que sirven realizan una contribución incalculable a la vista del Señor, pues a todos los "que dudan, convencedlos"15. Los matrimonios misioneros son modelos y ejemplos de fortaleza para los misioneros de tiempo completo, así como para los líderes del sacerdocio y de las organizaciones auxiliares en todo el mundo. Manifiesto mi gratitud por todos ellos y por los miles más que sirven en tantas funciones, donando millones de horas de servicio a su prójimo.

Mis hermanos y hermanas, si han sentido el deseo de participar en esta obra, sin importar lo callados que sean sus sentimientos, no pospongan el día de su servicio. Éste es el momento de prepararse; éste es el momento de ser llamado, el momento de sacrificarse. Éste es el momento de compartir sus dones y talentos. Éste es el momento de recibir las bendiciones que Dios tiene reservadas para ustedes y para sus familias. "Hay una necesidad constante de más matrimonios misioneros", ha dicho el presidente Hinckley16. A medida que la obra avanza, la necesidad aumenta. Aprovechemos nuestros más ricos años de experiencia, de madurez, de sabiduría y, especialmente, de fe, para satisfacer esa necesidad como sólo nosotros podemos hacerlo.

Por encima de todo, tengan un motivo especial para hacerlo. Gracias a las experiencias de nuestra vida podemos volver la vista hacia atrás y reconocer la bondad de nuestro Padre Celestial y de Su Hijo Jesucristo para con nosotros y para con nuestras familias. Un hermano fiel lo explicó así: "Mi esposa y yo deseamos servir cinco misiones: una por cada hermoso hijo con el que Dios nos ha bendecido". Cualesquiera que hayan sido las bendiciones recibidas individualmente, les testifico que hemos recibido la más grande de todas: "De tal manera amó Dios [nuestro Padre Celestial] al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito"17, y Su Hijo Jesucristo "ama al mundo, al grado de dar su propia vida"18. Expreso mi testimonio especial de que Su sacrificio expiatorio es la manifestación suprema de ese amor.

Los miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días tenemos el gran privilegio de agradecer Su amor mediante el sacrificio y el servicio, y de reclamar así Su santa promesa: "Y el que diere su vida en mi causa, por mi nombre, la hallará otra vez, sí, vida eterna"19. Que actuemos así, es mi sincera oración en el nombre de Jesucristo. Amén.

Notas

1. "Matrimonios misioneros: Una época para servir", Liahona, julio de 2001, pág. 28.

2. Véase Liahona, julio de 2001, pág. 29.

3. Alma 30:8.

4. Moisés 6:33.

5. Éter 12:12, cursiva agregada.

6. Mosíah 8:18.

7. D. y C. 1:21, 23.

8. D. y C. 118:3.

9. Véase D. y C. 31:1–2, 5.

10. "Adonde me mandes iré", Himnos, Nº 175.

11. Juan 12:26.

12. Mateo 6:32; 3 Nefi 13:32.

13. "Llamados a servir", Himnos, Nº 161.

14. D. y C. 81:4.

15. Judas 1:22.

16. "A los obispos de la Iglesia", Reunión Mundial de Capacitación de Líderes, 19 de junio de 2004, pág. 27.

17. Juan 3:16.

18. 2 Nefi 26:24.

19. D. y C. 98:13.

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¿Qué es un quórum?

Por lualcaro - 24 de Febrero, 2007, 18:48, Categoría: General

¿Qué es un quórum?

ÉLDER L. TOM PERRY
Del Quórum de los Doce Apóstoles

Una de las más grandes bendiciones que se pueda recibir al ser poseedor del sacerdocio… es el pertenecer a un quórum del sacerdocio.

ÉLDER L. TOM PERRY"Habiendo sido inspirado por el Espíritu Santo para poner los cimientos de ella y edificarla para la fe santísima.

"Dicha iglesia se organizó y se estableció en el año de tu Señor de mil ochocientos treinta, en el cuarto mes y en el sexto día de mes llamado abril" (D. y C. 21:2–3).

Fue en ese día que José Smith, Oliver Cowdery y otros miembros de las familias Smith y Whitmer se reunieron en el hogar de Peter Whitmer, padre, en Fayette, Condado de Séneca, Nueva York. Después de las debidas canciones y oraciones, se leyó a la gente allí reunida las revelaciones concernientes a la organización de la Iglesia. En esas revelaciones se expusieron el orden del sacerdocio y los deberes de los oficiales de la Iglesia. La organización de la Iglesia de la actualidad se ha edificado siguiendo ese modelo.

"…de acuerdo con el mandamiento previo, el profeta José preguntó a los hermanos presentes para saber si ellos los aceptarían a él y a Oliver Cowdery como sus maestros de las cosas del reino de Dios; y si estaban dispuestos a proceder a organizar la Iglesia de acuerdo con el mandamiento del Señor, a lo cual ellos dieron su consentimiento mediante el voto unánime" (B. H. Roberts, A Comprehensive History of the Church, tomo I, pág. 196).

Y así tenemos el modelo establecido desde el principio mismo: "Y todas las cosas se harán de común acuerdo en la iglesia, con mucha oración y fe, porque recibiréis todas las cosas por la fe…" (D. y C 26:2).

Siento algo muy especial en todo mi ser cuando veo las manos levantadas en escuadra para sostener a los líderes de esta Iglesia. Hoy día los miembros de la Iglesia sostuvieron a dos nuevos miembros del Quórum de los Doce Apóstoles aquí, en el Centro de Conferencias, y mediante la televisión, Internet y el satélite a casi todos los rincones de la tierra.

Élder Uchtdorf y élder Bednar: a ustedes se les ha sostenido para llenar las vacantes originadas por el fallecimiento del élder David B. Haight y del élder Neal A. Maxwell. Como miembro del Quórum de los Doce Apóstoles, les doy la bienvenida con los brazos abiertos al llegar ustedes a ser parte de este sagrado llamamiento que es nuestro. Por supuesto, hoy día extrañamos nuestra asociación con el élder Haight y con el élder Maxwell. El élder Haight se sentó a mi lado en estas conferencias durante los últimos 28 años. El élder Maxwell se sentó al lado de él durante muchos años. ¡Ojalá tuviese yo el espíritu entusiasta del élder Haight o el poder de la palabra del élder Maxwell para expresar mis sentimientos acerca de esta larga relación que he experimentado con esos dos hermanos excepcionales! Ellos han contribuido tanto a mi vida y cómo extraño su continua asociación.

Tenemos una rica tradición en lo que se refiere a la obra de los Doce a medida que hemos viajado por todo el mundo proclamando el Evangelio de Jesucristo. Por ejemplo: fue el domingo, el 4 de junio de 1837, cuando el profeta José Smith se acercó al hermano Heber C. Kimball en el Templo de Kirtland y le susurró diciendo: "Hermano Heber, el Espíritu del Señor me ha susurrado: "Permite que mi siervo Heber vaya a Inglaterra y proclame mi Evangelio y abra la puerta de la salvación a aquella nación" " (citado en Orson F. Whitney, Life of Heber C. Kimball, 1945, pág. 104).

El relato de Heber C. Kimball y de Brigham Young, al dejar su hogar para dirigirse a Inglaterra, ciertamente demuestra el sacrificio que estaban dispuestos a hacer por los llamamientos que habían recibido. El relato dice así: "14 de septiembre [l839], el presidente Brigham Young dejó su hogar en Montrose para empezar la misión en Inglaterra. Estaba tan enfermo que no pudo llegar al río Mississippi, a una distancia de 150 metros, sin ayuda. Después de cruzar el río, cabalgó detrás de Isaac Barlow hasta mi casa, donde siguió enfermo hasta el 18 de septiembre. Dejó a su esposa enferma, con un bebé de tan sólo tres semanas de nacido, y todos los demás hijos estaban enfermos y no podían ayudarse unos a otros. Ninguno de ellos podía ir al pozo por un balde de agua y sólo tenían la ropa que llevaban puesta, ya que la turba de Misuri se había llevado casi todo lo que él tenía. El día 17, la hermana Mary Ann Young consiguió que un jovencito la llevara en su carreta a mi casa para que pudiese cuidar y consolar al hermano Brigham…" (citado en Life of Heber C. Kimball, pág. 265).

La familia de Heber C. Kimball también estaba enferma. Charles Hubbard envió a su hijo con un tiro de caballos y una carreta para ayudarlos en el viaje. El élder Kimball registra: "…sentía como si las entrañas mismas se me fueran a derretir al tener que dejar a mi familia en esas condiciones, casi en los brazos de la muerte. Me parecía algo imposible de soportar. Le indiqué al conductor que se detuviera. Entonces le dije al hermano Brigham: "Esto es muy duro, ¿no es cierto? Levantémonos y despidámonos alegremente". Nos pusimos de pie en el carro, y agitando tres veces los sombreros en el aire, gritamos: "¡Viva! ¡Viva Israel!" ". La hermana Young y la hermana Kimball salieron a la puerta y se despidieron, lo que les dio a Brigham y a Heber mucho consuelo y continuaron sin "bolsa ni alforja" hacia Inglaterra ("El sacrificio al prestar servicio", Liahona, enero de 1996, pág. 47).

La Guía para el Estudio de las Escrituras, declara que apóstol significa: "el que es enviado" (Guía para el Estudio de la Escrituras, pág. 18). El llamamiento de apóstol es el de ser un testigo especial del nombre de Jesucristo en todo el mundo, sobre todo de Su divinidad y de Su resurrección de entre los muertos. Los doce hombres que tienen ese alto llamamiento constituyen un consejo administrativo para la obra del ministerio… Hoy día, doce hombres con ese mismo llamamiento y ordenación divinos constituyen el Quórum de los Doce Apóstoles de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.

En la actualidad, un apóstol sigue siendo "el que es enviado". Las condiciones que enfrentamos hoy son diferentes de las de los primeros hermanos, a medida que hacían sus viajes para cumplir con sus asignaciones. Nuestra manera de viajar a los cuatro rincones de la tierra es muy diferente de los primeros hermanos. Sin embargo, nuestra asignación sigue siendo la misma que dio el Salvador a Sus Doce, cuando les instruyó: "Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo…" (Mateo 28:19–20).

Para ustedes dos, nuevos Apóstoles, les prometo que habrá una nueva comprensión de lo que significa pertenecer a un quórum. Deseo que lo que sentimos por nuestro Consejo y el respeto que le tenemos pudiese ser transmitido a todo quórum de la Iglesia. ¿Podrían ustedes, los quórumes de diáconos, de maestros, de presbíteros, de élderes y de sumos sacerdotes, escuchar por un momento lo que yo creo que es una de las más grandes bendiciones que se pueda recibir al ser poseedor del sacerdocio? Esa bendición especial es el pertenecer a un quórum del sacerdocio.

El presidente Stephen L Richards, hace muchos años, nos brindó un maravilloso consejo sobre el gobierno de la Iglesia. Sus palabras son las siguientes:

"…la extraordinaria fuerza intelectual del gobierno de la Iglesia radica en gobernar por medio de consejos… Puedo apreciar la sabiduría, la sabiduría de Dios, en la creación de consejos: para gobernar Su reino. En el espíritu en el que trabajamos, hombres de aparentes puntos de vista divergentes y de muy diferentes experiencias se reúnen bajo la influencia de ese espíritu y al tomar consejo entre sí, pueden llegar a un acuerdo… Sin vacilar, les aseguro que, si se reúnen en consejo para deliberar, como se supone que lo hagan, Dios les dará las soluciones a los problemas que enfrentan…" (véase "Fortalezcamos los consejos", Liahona, enero de 1994, pág. 89).

¿Y cuáles son los grandes beneficios que ustedes experimentarán al pertenecer a un quórum? De nuevo, Stephen L Richards dijo: "Un quórum tiene tres funciones: primero, es una clase; segundo, es una fraternidad; tercero, es una unidad de servicio" (véase "Llamados por Dios", Liahona, noviembre de 2002, pág. 7).

Yo veo esa característica distintiva en las funciones del Quórum de los Doce Apóstoles. Somos una clase al estudiar juntos las doctrinas del reino. ¿Se pueden imaginar lo especial que sería la experiencia de estar en una reunión de quórum y que los élderes Ezra Taft Benson, Mark E. Petersen, LeGrand Richards, Howard W. Hunter, Bruce R. McConkie, David B. Haight o Neal A. Maxwell nos enseñaran la doctrina del Evangelio? Notarán que sólo he mencionado a quienes han terminado su ministerio terrenal para no mostrar favoritismo entre los apóstoles de la actualidad. Esa misma bendición puede ser de ustedes en cada uno de sus quórumes. Las palabras de los apóstoles, pasados y presentes, siguen vivas en las Escrituras, en los discursos de las conferencias, en las revistas de la Iglesia, en los devocionales, etc. Están disponibles para llevar el poder de la doctrina del reino a la clase de su quórum. Hagan que la clase de su quórum aumente su conocimiento del Evangelio de nuestro Señor y Salvador.

En nuestro quórum existe una hermandad especial. En él procuramos elevarnos, inspirarnos y bendecirnos unos a otros de acuerdo con el espíritu de nuestro llamamiento. Si uno de nosotros tiene preocupaciones, los otros once están deseosos de animarle y de aligerar su carga. En ocasiones nos regocijamos juntos por logros alcanzados; en momentos de dolor, lloramos juntos. ¡Nunca sentimos que tenemos que enfrentar solos nuestros problemas! Siempre recibimos consejo, apoyo, ayuda y aliento de los miembros de nuestro Quórum.

En el libro Priesthood and Church Government [El sacerdocio y el gobierno de la Iglesia], leemos esta declaración acerca de la hermandad que debe existir en los quórumes del sacerdocio: "El sacerdocio es una gran hermandad sostenida por las leyes eternas e inmutables que constituyen el marco del Evangelio. El sentimiento de hermandad debe palparse en el quórum. El primer interés de un quórum debe ser ayudar a todos los miembros que tengan necesidades, tanto temporales como mentales o espirituales. El espíritu de hermandad debe ser la fuerza directora en todos los planes y funciones del quórum. Si sabia y constantemente se cultiva ese espíritu, no habrá ninguna otra organización que atraiga más a los poseedores del sacerdocio" (Sacerdocio Aarónico, Manual 3, Lección 21, pág. 85). Animamos a cada quórum del sacerdocio de la Iglesia que cultive tal hermandad.

Finalmente, el único propósito de nuestro quórum es prestar servicio. Quizá nuestros profundos sentimientos en cuanto a esa responsabilidad se podrían describir en una epístola de Wilford Woodruff fechada el 26 de octubre de 1886, que en ese entonces servía como Presidente del Consejo de los Doce Apóstoles: "Les diré a los apóstoles que nuestra responsabilidad es muy grande… ¿Qué clase de hombres habéis de ser? La tierra entera está madurando en la iniquidad y la Sión de Dios debe estar preparada para la venida del Esposo. Debemos humillarnos ante el Señor y ser dignos de ser llenos del espíritu de nuestro llamamiento, del Espíritu Santo y de las revelaciones de Jesucristo, para que conozcamos la intención y la voluntad de Dios con respecto a nosotros y estemos preparados para magnificar nuestros llamamientos y llevar a cabo la rectitud y ser valientes en el testimonio de Jesucristo hasta el fin… Nunca ha habido un momento en que la obra de Dios haya requerido un testimonio y una labor más fieles de parte de los apóstoles y de los élderes que hoy día" ("An Epistle", Deseret News Weekly, 24 de noviembre de 1886, pág. 712). Hagan de cada uno de sus quórumes una gran organización de servicio para el beneficio de toda la humanidad.

Y ahora esta advertencia de las Escrituras:

"Por tanto, aprenda todo varón su deber, así como a obrar con toda diligencia en el oficio al cual fuere nombrado.

"El que sea perezoso no será considerado digno de permanecer, y quien no aprenda su deber y no se presente aprobado, no será considerado digno de permanecer" (D. y C. 107:99–100).

Así que les digo a ustedes, las dos Autoridades Generales que se han unido a nuestro Quórum, y a todos ustedes, los hermanos que pertenecen al sacerdocio de Dios, que Dios nos bendiga a cado uno en nuestros llamamientos para dar servicio. Que nuestra fe nos fortalezca a medida que servimos en rectitud, guardando fielmente los mandamientos. Que nuestro testimonio siempre se fortalezca a medida que buscamos la fuente de la verdad eterna. Que la hermandad que existe en nuestro quórum sea de consuelo, fortaleza y seguridad a medida que pasamos por esta fase terrenal de nuestra existencia. Que el gozo de prestar servicio en el Evangelio permanezca por siempre en nuestro corazón al seguir adelante para cumplir con nuestros deberes y nuestras responsabilidades como siervos en el reino de nuestro Padre Celestial, es mi humilde oración en el nombre de Jesucristo. Amén.

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El matrimonio y la familia

Por lualcaro - 24 de Febrero, 2007, 18:42, Categoría: General

El matrimonio y la familia: Nuestra sagrada responsabilidad

ÉLDER W. DOUGLAS SHUMWAY
De los Setenta

En una sociedad en la que a menudo se evade el matrimonio, se evita la paternidad y se degrada a las familias, tenemos la responsabilidad de honrar nuestro matrimonio, de educar a nuestros hijos y de fortalecer nuestras familias.

ÉLDER W. DOUGLAS SHUMWAYPoco después de casarme, mis tres hermanos y yo, nos encontramos en la oficina de mi padre para realizar una reunión de negocios. Al terminar nuestra reunión y disponernos a salir, nuestro padre se detuvo, nos miró y dijo: "Muchachos, no están tratando a sus esposas como deberían hacerlo, deben demostrarles más bondad y respeto". Las palabras de mi padre me llegaron al alma.

Hoy somos testigos de un ataque sin fin al matrimonio y a la familia. Ellos parecen ser los principales blancos del adversario para el menosprecio y la destrucción. En una sociedad en la que a menudo se evade el matrimonio, se evita la paternidad y se degrada a las familias, tenemos la responsabilidad de honrar nuestro matrimonio, de educar a nuestros hijos y de fortalecer nuestras familias.

Honrar el matrimonio requiere que los cónyuges se amen, se respeten y sean leales el uno hacia el otro. Se nos ha dado la sagrada instrucción de "amarás a tu esposa con todo tu corazón, y te allegarás a ella y a ninguna otra" (D. y C. 42:22).

El profeta Malaquías enseñó: "… Porque Jehová ha atestiguado entre ti y la mujer de tu juventud, contra la cual has sido desleal, siendo ella tu compañera, y la mujer de tu pacto… Guardaos… y no seáis desleales con la mujer de vuestra juventud" (Malaquías 2:14–15). En verdad, es un privilegio pasar la vida junto a la mujer de nuestra juventud, guardar los convenios, adquirir sabiduría y compartir amor ahora y en toda la eternidad.

Me acuerdo de la expresión: "Cuando la satisfacción o la seguridad de la otra persona llega a ser tan significativa como la satisfacción o la seguridad personal, entonces existe el amor" (Harry Stack Sullivan, Conceptions of Modern Psychiatry, 1940, pág. 42–43).

Se supone que el matrimonio es, y debe ser, una relación amorosa, vinculante y armoniosa entre un hombre y una mujer. Cuando los cónyuges entienden que a la familia la decretó Dios y que el matrimonio puede estar lleno de promesas y bendiciones que se extienden hasta las eternidades, la separación y el divorcio rara vez se llegarán a considerar en un hogar Santo de los Últimos Días. Las parejas se darán cuenta de que las ordenanzas y los convenios sagrados realizados en la Casa del Señor les proporcionarán los medios para regresar a la presencia de Dios.

A los padres se les ha dado el sagrado deber de "cri[ar] [a los hijos] en disciplina… del Señor" (Efesios 6:4). "El primer mandamiento que Dios les dio a Adán y a Eva tenía que ver con el potencial que, como esposo y esposa, tenían de ser padres" ("La Familia: Una proclamación para el mundo", Liahona, octubre de 1998, pág. 24). Entonces nuestra responsabilidad no sólo es el bienestar de nuestro cónyuge sino que se extiende al cuidado atento de nuestros hijos, porque "… herencia de Jehová son los hijos" (Salmos 127:3). Podemos escoger educar así a nuestros hijos y "[enseñarles]… a orar y a andar rectamente delante del Señor" (D. y C. 68:28). Como padres, debemos considerar a nuestros hijos como dones de Dios y debemos comprometernos para hacer de nuestro hogar un lugar para amar, enseñar y educar a nuestros hijos e hijas.

El presidente Thomas S. Monson nos recuerda: "El manto de liderazgo no es la capa de la comodidad sino el peso de la responsabilidad… La juventud necesita menos críticos y más ejemplos buenos. Dentro de cien años no tendrá ninguna importancia el tipo de casa en la que hayamos vivido, cuánto dinero hayamos tenido en la cuenta de ahorros ni la apariencia de nuestra ropa, pero el mundo quizá sea un poco mejor por la influencia que hayamos tenido en la vida de un niño" ("En pos de la vida plena", Liahona, agosto de 1988, pág. 7).

Aunque a veces nos sintamos cansados, impacientes o muy ocupados para atender a nuestros hijos, nunca debemos olvidar el infinito valor de lo que tenemos en nuestro hogar: nuestros hijos e hijas. Lo que tengamos que hacer, ya sea una cita de negocios o un nuevo auto, es de poco valor comparado con el valor de una alma joven.

John Gunther, un padre que perdió a su hijo a causa de cáncer al cerebro, nos instó: quienes todavía tengan "hijos e hijas, abrácenlos con una mayor sensación de dicha por tenerlos con ustedes" (Death Be Not Proud, 1949, pág. 259).

El presidente Harold B. Lee contó que el gran educador, Horace Mann, "quien era el orador en la dedicación de una escuela para varones, dijo en su discurso: "Si esta escuela, que ha costado tantos millones, logra salvar a un solo muchacho, ha valido la pena todo ese gasto". Después de la reunión uno de sus amigos se le acercó y le dijo: "Parece que te dejaste llevar por el entusiasmo, ¿no?… Dijiste que si esta escuela que ha costado miles de dólares logra salvar a un solo muchacho, ¿habrá valido la pena el costo? No creo que hayas querido decir realmente eso" ". Horace Mann lo miró y dijo: "Sí, amigo. Si ese joven fuera tu hijo, ¿no crees que se justificaría?" " (Véase "Un paladín de la juventud", élder Vaughn J. Featherstone, Liahona, enero de 1988, pág. 26).

El amar, proteger y educar a nuestros hijos están entre las cosas más sagradas y eternamente importantes que hagamos. Las posesiones materiales se desvanecerán, la película o la canción más popular de hoy será irrelevante mañana, pero un hijo o una hija es eterno.

"… la familia es la parte central del plan del Creador para el destino eterno de Sus hijos" ("La Familia: Una proclamación para el mundo"). Por lo tanto, los padres y los hijos deben trabajar en forma unida para fortalecer las relaciones familiares, cultivándolas todos los días.

Tengo un hermano que trabajaba en una gran universidad y que nos contó acerca de un atleta, destacado corredor de vallas, que era ciego. Rex le preguntó: "¿Nunca te caes?", a lo que el atleta respondió: "Tengo que ser exacto. Mido antes de saltar. Una vez no lo hice y casi me mato". Luego el joven habló de las incontables horas que su padre le dedicó durante muchos años para enseñarle, ayudarle y mostrarle cómo saltar vallas, hasta que llegó a ser uno de los mejores.

¿Cómo iba a fallar ese joven con un equipo como ése, el de un padre y un hijo?

Jóvenes y jovencitas, ustedes pueden ser una gran influencia positiva en sus hogares al ayudar a lograr objetivos familiares dignos. Nunca olvidaré la noche de hogar hace años, en la que se colocó el nombre de cada integrante de la familia en un sombrero. El nombre que se escogía sería el "amigo secreto" durante la semana. Ya se imaginarán el amor que llenó mi corazón cuando llegué a casa al martes siguiente después del trabajo para limpiar el garaje, tal como lo había prometido, y lo encontré ya barrido. Había una nota pegada en la puerta del garaje que decía: "Espero que hayas tenido un buen día, tu amigo secreto". Y el viernes por la noche al sacar la colcha de la cama descubrí una barra de mi dulce favorito, envuelta cuidadosamente en papel blanco, con una nota que decía: "¡Papá, te quiero mucho! Gracias, tu amigo secreto". Luego ocurrió algo mejor. Cuando regresé a casa tarde un domingo, después de asistir a una reunión vespertina, encontré en mi lugar de la mesa del comedor una servilleta hermosamente colocada, y escrito en ella: "SUPER PAPÁ" con letras grandes, y entre paréntesis: "Tu amigo secreto". Realicen su noche de hogar, porque allí se enseña el Evangelio, se obtiene un testimonio y se fortalece a la familia.

Aunque el adversario busque destruir los elementos claves necesarios para un matrimonio feliz y una familia recta, permítanme asegurarles que el Evangelio de Jesucristo provee las herramientas y enseñanzas necesarias para combatir y vencer al agresor en esta guerra. Si tan sólo honramos nuestro matrimonio impartiendo más amor y abnegación a nuestro cónyuge; educamos a nuestros hijos con delicada persuasión y con el mejor maestro, el cual es el ejemplo, y fortalecemos la espiritualidad de nuestra familia por medio de la noche de hogar constante, y la oración y el estudio de las Escrituras, les testifico que el Salvador viviente, Jesucristo, nos guiará y nos dará la victoria en nuestros esfuerzos por alcanzar la unidad familiar eterna. Lo testifico en el nombre de Jesucristo. Amén.

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Un mensaje de esperanza para las familias

Por lualcaro - 24 de Febrero, 2007, 18:40, Categoría: General

Con todo el sentimiento de un tierno padre: Un mensaje de esperanza para las familias

ÉLDER ROBERT E. HALES
Del Quórum de los Doce Apóstoles

No importa cuán malvado llegue a ser el mundo, en nuestras familias puede haber paz y, si hacemos lo correcto, seremos guiados y protegidos.

ÉLDER ROBERT E. HALESTal como lo profetizó Pablo, vivimos en "tiempos peligrosos"1. "Satanás [ha estado yendo] por todas partes extraviando el corazón de los del pueblo"2 y su influencia sigue creciendo. Pero no importa cuán malvado llegue a ser el mundo, en nuestras familias puede haber paz y, si hacemos lo correcto, seremos guiados y protegidos.

El himno que a menudo entonaban nuestros antepasados pioneros nos dice qué hacer: "Ceñid los lomos con valor; jamás os puede Dios dejar"3. Ese valor y esa fe son lo que necesitamos como padres y familias en estos últimos días.

Lehi tenía ese valor; él amaba a su familia y se regocijaba en el hecho de que algunos de sus hijos guardaban los mandamientos del Señor. Pero debe haberse sentido acongojado cuando sus hijos, "Lamán y Lemuel no comieron del fruto" que representaba el amor de Dios. Él "temía en gran manera por Lamán y Lemuel; sí, temía que fueran desterrados de la presencia del Señor"4.

Todo padre se enfrenta con tales momentos de temor, pero, si ejercemos nuestra fe al enseñar a nuestros hijos y al hacer todo cuanto podamos para ayudarles, nuestros temores disminuirán. Lehi ciñó sus lomos y con fe "exhortó [a sus hijos], con todo el sentimiento de un tierno padre, a que escucharan sus consejos, para que quizá el Señor tuviera misericordia de ellos y… les mandó que guardaran los mandamientos del Señor"5.

También nosotros debemos tener la fe necesaria para enseñar a nuestros hijos y pedirles que guarden los mandamientos, pero no podemos permitir que sus decisiones debiliten nuestra fe. Nuestra dignidad no se medirá por la rectitud de nuestros hijos. Lehi no se vio privado de la bendición de deleitarse con el fruto del árbol de la vida simplemente porque Lamán y Lemuel no quisieron participar de él. Hay veces que, como padres, sentimos que hemos fallado si nuestros hijos cometen errores o se desvían. Ningún padre que haga todo lo posible por amar, enseñar, orar y velar por ellos, habrá fracasado. Su fe, sus oraciones y esfuerzos serán consagrados para el bien de sus hijos.

El Señor desea que nosotros, como padres, guardemos Sus mandamientos. Él ha dicho: "[Enseña] a tus hijos e hijas la luz y la verdad, conforme a los mandamientos; …[pon] tu propia casa en orden"… "[procura ser] más [diligente] y [atento] en el hogar"6.

Quisiera que todos recordásemos que ninguna familia ha alcanzado la perfección y que todas ellas están sujetas a las condiciones de la mortalidad. A todos se nos concede el don del albedrío, para escoger por nosotros mismos y para aprender de las consecuencias de nuestras decisiones.

Cualquiera de nosotros puede tener en su familia un cónyuge, un hijo, un padre o madre o algún pariente que esté sufriendo de algún modo, ya sea mental, física, emocional o espiritualmente, y por momentos nosotros mismos podemos experimentar esas tribulaciones. En resumen, la vida mortal no es fácil.

Cada familia tiene sus propias circunstancias particulares, pero el Evangelio de Jesucristo trata cada uno de esos desafíos y ésa es la razón por la que debemos enseñarlo a nuestros hijos.

En "La familia: Una proclamación para el mundo", se declara:

"Los padres tienen la responsabilidad sagrada de educar a sus hijos dentro del amor y la rectitud, de proveer para sus necesidades físicas y espirituales, de enseñarles a amar y a servirse el uno al otro, de guardar los mandamientos de Dios y de ser ciudadanos respetuosos de la ley dondequiera que vivan. Los esposos y las esposas, madres y padres, serán responsables ante Dios del cumplimiento de estas obligaciones"7.

El cumplir con estas obligaciones es la clave para proteger a nuestra familia en los últimos días.

Moisés aconsejó: "Y estas palabras… las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes"8. Nuestra familia debe estar en nuestros pensamientos continuamente.

Moisés comprendió la necesidad de una enseñanza constante, pues él creció en tiempos difíciles. Cuando Moisés nació, Faraón había decretado que todo niño varón hebreo en Egipto fuera arrojado al río, pero los padres de Moisés tomaron muy en serio su deber como tales.

En las Escrituras leemos: "Por la fe Moisés, cuando nació, fue escondido por sus padres… y [ellos] no temieron el decreto del rey"9. Cuando Moisés llegó a una edad en la que ya no lo podían ocultar, su madre, Jocabed, tomó una arquilla de juncos y la calafateó con asfalto y brea y colocó a su hijo en ella. Entonces la guió río abajo, hacia un lugar seguro, donde la hija del faraón tomaba sus baños.

Sin dejar nada librado al azar, Jocabed también envió una ayuda inspirada, a su hija María, para ver lo que acontecía. Cuando la hija del faraón, la princesa, encontró al pequeño, María valientemente se ofreció para llamar a una nodriza hebrea. La nodriza era Jocabed, la madre de Moisés10.

Gracias a la fidelidad de esa madre, la vida de Moisés fue preservada. Con el tiempo él llegó a enterarse de quién era realmente y "dejó a Egipto, no temiendo la ira del rey"11.

Me uno a los fieles padres en todas partes para declarar que nosotros sabemos quiénes somos, entendemos nuestras responsabilidades como padres y no tememos la ira del príncipe de las tinieblas, pues confiamos en la luz del Señor.

Al igual que lo hizo Jocabed, criamos a nuestras familias en un mundo perverso y hostil, un mundo tan peligroso como lo eran las cortes de Egipto que gobernaba Faraón. Pero, al igual que Jocabed, también nosotros entretejemos una arquilla o cesta protectora alrededor de nuestros hijos, a la que llamamos "familia", y les guiamos por lugares seguros donde nuestras enseñanzas se ven reafirmadas en el hogar y en la Iglesia.

Finalmente, los encaminamos hacia la mayor de todas las instituciones de enseñanza divina: el santo templo, donde un día ellos se puedan arrodillar, rodeados por los fieles miembros de su familia, para ser sellados por esta vida y por toda la eternidad a un compañero digno o una compañera digna. Lo que hayan aprendido de nosotros, lo enseñarán a sus hijos y así continuará la obra de las familias eternas.

En el transcurso de la vida, en los momentos en los que nuestros hijos se encuentren separados de nosotros, el Señor proporciona "Marías" inspiradas para que velen por ellos, personas tales como los líderes del sacerdocio y de las organizaciones auxiliares, maestros, parientes y amigos dignos. Algunas veces el Espíritu nos indica a los padres que debemos buscar ayuda especial fuera del círculo inmediato, tales como médicos y terapeutas especializados. El Espíritu nos hará saber en qué casos hacerlo y la manera en que tal ayuda deberá conseguirse.

Pero la mayor de todas las ayudas para la familia llega por medio del Evangelio, viene de nuestro Padre Celestial, mediante la guía del Espíritu Santo, en las doctrinas y los principios, y por conducto del sacerdocio. Permítanme mencionarles cinco importantes elementos que nos ayudarán como padres a fortalecer a nuestra familia.

Llevar a cabo consejos familiares. Hay veces que pareciera que temiéramos a nuestros hijos y nos abstenemos de darles consejos por temor de ofenderlos. Son enormes las bendiciones que resultan de aconsejarnos mutuamente como familia, mostrando un interés genuino por la vida de los integrantes de nuestra familia. De vez en cuando, los consejos familiares pueden dar participación a la familia entera en una noche de hogar u otra actividad especial, pero, en forma regular, también debemos llevar a cabo consejos individuales con cada uno de nuestros hijos.

Sin este intercambio personal, nuestros hijos se sentirán inclinados a pensar que papá y mamá o el abuelo y la abuela no entienden o no están interesados en los desafíos a los que ellos se enfrentan. Al prestar amorosa atención y evitar las interrupciones, el Espíritu nos ayudará a discernir cómo podemos servir de ayuda a nuestros hijos y enseñarles.

Por ejemplo, les enseñaremos que ellos pueden escoger sus acciones pero no las consecuencias de ellas. También podemos pacientemente ayudarles a entender cómo las consecuencias de sus acciones pueden llegar a afectarlos en su propia vida.

A veces, cuando a nuestras enseñanzas no se les preste atención y cuando no se cumplan nuestras expectativas, debemos asegurarnos de dejar abierta la puerta de nuestro corazón.

En la parábola del hijo pródigo encontramos una potente lección para toda familia y especialmente para los padres. Cuando el hijo menor "[volvió] en sí",12 decidió regresar a su hogar.

¿Cómo sabía él que su padre no lo rechazaría? Lo sabía porque conocía a su padre. Por encima de los inevitables malos entendidos, los conflictos y el proceder insensato de juventud de su hijo, puedo ver a ese padre aguardándolo con un corazón tierno y compasivo, una blanda respuesta, un oído dispuesto a escuchar y un abrazo de perdón. También puedo imaginar al hijo sabiendo que podía regresar al seno familiar pues conocía la clase de hogar que le aguardaba. Las Escrituras dicen: "Y cuando aún estaba lejos, lo vio su padre, y fue movido a misericordia, y corrió, y se echó sobre su cuello, y le besó"13.

Yo testifico que nuestro Padre Celestial siempre deja la puerta abierta. También testifico que nunca es demasiado tarde para abrir la puerta que hay entre nosotros y nuestros hijos con palabras sencillas tales como: "Te amo", "lo siento" y "por favor, perdóname". Podemos empezar ahora a crear un hogar al cual ellos deseen regresar, no sólo ahora sino en las eternidades.

También podemos ayudar a nuestros hijos obedientes a dejar abierta la puerta del perdón al expresar nuestro amor y agradecimiento hacia ellos, al ayudarlos a regocijarse en el arrepentimiento de sus hermanos o hermanas.

Con la puerta de nuestro corazón abierta, debemos aprender cómo aplicar las Escrituras a nuestra vida.

A menudo hablamos sobre enseñar a nuestros hijos de las Escrituras, pero, ¿cómo lo hacemos?

Hace varios años le estaba enseñando a nuestro joven hijo sobre la vida y las experiencias del hermano de Jared. A pesar de que la historia era interesante, mi hijo no estaba compenetrado. Tiene mucho significado cuando les preguntamos a nuestros hijos: "¿Qué quiere decir esto para ti?". Entonces le pregunté qué significado tenía el relato para él personalmente, a lo que respondió: "¿Sabes?, no es muy diferente de lo que hizo José Smith en la arboleda cuando oró y obtuvo una respuesta".

"Tú tienes más o menos la edad de José Smith", le dije, "¿crees que una oración como la suya te ayudaría?". De pronto, ya no estábamos hablando de un relato de mucho tiempo atrás, en una tierra lejana, sino que hablábamos de él, nuestro hijo, sobre su vida, sus necesidades y el modo en que la oración podía ayudarlo.

Como padres, tenemos la responsabilidad de ayudar a nuestros hijos a "[aplicar] todas las Escrituras [de hecho, todo aspecto del Evangelio de Jesucristo] a nosotros mismos [y a nuestros hijos], para [el] provecho [y la] instrucción [de nuestras familias]"14.

¿Estamos aplicando todas las experiencias que nuestros hijos viven en el Evangelio a las necesidades reales que tienen en su vida? ¿Les estamos enseñando en cuanto al don del Espíritu Santo, el arrepentimiento, la Expiación, la Santa Cena y la bendición de la reunión sacramental para hacer frente a los desafíos en su vida? Puesto que no hay suficiente tiempo en las reuniones formales para enseñar a nuestros hijos todo cuanto deben saber, debemos aprovechar todos los momentos propicios para la enseñanza.

Esos momentos son invalorables. Se presentan cuando estamos trabajando, divirtiéndonos y esforzándonos juntos. Cuando se hacen presentes, el Espíritu del Señor nos ayuda a saber qué decir e inspira a nuestros hijos a aceptar nuestra enseñanza.

¡Qué dicha y qué bendición es tener el Espíritu en nuestro hogar! ¡Y qué bendición es invitarlo por medio de la oración, del estudio de las Escrituras, al expresarnos con consideración y al demostrar respeto los unos por los otros! Preparémonos para los momentos propicios para la enseñanza al orar como oró Alma por su hijo, "con mucha fe"15 y con toda la energía de nuestro ser mediante el ayuno, el estudio de las Escrituras, el arrepentimiento de nuestros pecados y al permitir que el Espíritu Santo nos llene el corazón con amor, perdón y compasión; entonces llenará nuestros hogares. Después debemos confiar en el Buen Pastor.

La madre de Moisés, Jocabed, guió a su hijo por el río con fe en el "Pastor… de [nuestras] almas"16. Como padres, también nosotros podemos confiar en que el Buen Pastor nos guiará. Isaías prometió que Él "pastoreará suavemente"17 a todos aquellos que tengan responsabilidad para con los jóvenes.

Él nos ayudará a confiar en los principios del albedrío, la oposición y la Expiación, y a honrarlos, aun cuando nuestros hijos tomen decisiones imprudentes. Mediante Su Espíritu, Él nos ayudará a enseñar a nuestros hijos a enfrentar todo reto, toda prueba y tribulación en la vida al recordarles que son hijos de Dios. A nosotros nos inspirará con formas de ayudarles a ponerse "toda la armadura de Dios"18, a fin de estar en condiciones de resistir "los ardientes dardos del adversario"19 con "el escudo de la fe"20 y "la espada del Espíritu"21. Al estar nuestros hijos espiritualmente armados y fortalecidos, Él les bendecirá para que perseveren fielmente hasta el fin y regresen al hogar, dignos de vivir en la presencia de nuestro Padre Celestial para siempre.

Por todo eso, nos entristecerá ver a los miembros de nuestra familia ser blanco de las piedras y de las flechas de la experiencia terrenal, pero nos asombraremos ante el amor que Jesús les da. Gracias a Él, las sacudidas no los destruirán, sino que los ablandarán, los fortalecerán y santificarán.

A los padres y las familias en todas partes del mundo les testifico que el Señor Jesucristo es poderoso para salvar. Él es el Sanador, el Redentor, el Pastor que rescata, que dejará a las noventa y nueve ovejas para ir tras la que está perdida. Si estamos buscando la salvación de "esas" almas perdidas en nuestras familias, les doy testimonio de que están dentro del alcance del Señor. Nosotros le ayudaremos a rescatarlas si vivimos el Evangelio fielmente, nos sellamos en el templo y somos leales a los convenios que hacemos en él.

Todo padre puede encontrar consuelo en las palabras del élder Orson F. Whitney refiriéndose a las enseñanzas de José Smith:

"El profeta José Smith dijo —y jamás enseñó una doctrina más consoladora— que el sellamiento eterno de padres fieles y las divinas promesas que se les hayan hecho por su valiente servicio en la Causa de la Verdad los salvarán no sólo a ellos, sino también a su posteridad. Aunque algunas ovejas se descarríen, el ojo del Pastor está sobre ellas, y tarde o temprano sentirán los tentáculos de la Divina Providencia extenderse hacia ellas y acercarlas de nuevo al rebaño. Ellos volverán, ya sea en esta vida o en la vida venidera. Tendrán que pagar su deuda a la justicia; sufrirán por sus pecados y tal vez anden por caminos espinosos; pero si esto finalmente los conduce, como al hijo pródigo, al corazón y al hogar de un padre amoroso que perdona, la dolorosa experiencia no habrá sido en vano. Oren por sus hijos descuidados y desobedientes; manténganse cerca de ellos mediante su fe. Continúen con esperanza y confianza hasta que vean la salvación de Dios"22.

Expreso mi testimonio especial de que Jesús dio Su vida, haciendo posible la salvación y la exaltación de todas las familias de la tierra. Con todo el sentimiento de un tierno padre, expreso mi amor y el amor que nuestro Padre Celestial tiene por ustedes y sus familias.

Que podamos juntar a nuestros seres queridos a nuestro alrededor y "[ceñirnos] los lomos con valor; [pues] jamás [nos] puede Dios dejar". Con fe, valentía y amor, las familias en verdad serán eternas, lo testifico en el nombre de Jesucristo. Amén.

NOTAS

1. 2 Timoteo 3:1.

2. 3 Nefi 2:3.

3. "¡Oh, está todo bien!", Himnos, Nº 17.

4. 1 Nefi 8:35–36.

5. 1 Nefi 8:37–38.

6. D. y C. 93:42–43, 50.

7. Liahona, octubre de 1988, pág. 24.

8. Deuteronomio 6:7.

9. Hebreos 11:23.

10. Véase Éxodo 2:3–10; véase también Jerrie W. Hurd, Our Sisters in the Bible, 1983, págs. 36–37.

11. Véase Hebreos 11:24–27.

12. Lucas 15:17.

13. Lucas 15:20.

14. 1 Nefi 19:23.

15. Mosíah 27:14.

16. 1 Pedro 2:25.

17. Isaías 40:11.

18. Véase Efesios 6:11, 13; véase también D. y C. 27:15.

19. 1 Nefi 15:24; D. y C. 3:8; véase también Efesios 6:16.

20. Efesios 6:16; D. y C. 27:17.

21. Efesios 6:17; véase también D. y C. 27:18.

22. En Conference Report, abril de 1929, pág. 110.

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Corazón de madre

Por lualcaro - 24 de Febrero, 2007, 18:38, Categoría: General

“Corazón de madre”

JULIE B. BECK
Primera Consejera de la Presidencia General de las Mujeres Jóvenes

Al cultivar un “corazón de madre”, cada niña y cada mujer se prepara para su misión divina y eterna de maternidad.

JULIE B. BECKA menudo he oído a mi padre describir a mi madre como una mujer con “corazón de madre”, lo cual es cierto. Su influencia maternal la han sentido muchos centenares, o quizás miles, de personas, dado que ella ha refinado su función de madre en grado superlativo. Su testimonio del Evangelio restaurado de Jesucristo y la clara percepción de su identidad y propósito han guiado su vida.

Ella tardó más que la mayoría de las mujeres en conocer al que sería su marido, pero antes de casarse, dedicó su vida a progresar. Aunque era poco común en su tiempo, prosiguió estudios universitarios y era una destacada profesional. Después de casarse, los hijos llegaron en rápida sucesión, y dentro de unos años, era madre de una familia numerosa. Todo el conocimiento que había adquirido, todas sus facultades y dones naturales, y toda su preparación, ella los invirtió en una organización que no tenía límites terrenales. Como hija de Dios fiel a sus convenios, se había preparado toda la vida para la maternidad.

¿Qué es tener “corazón de madre” y cómo se logra tenerlo? Se aprenden algunas de esas cualidades en las Escrituras. Parafrasearé Proverbios: “Mujer… [con corazón de madre]… ¿quién la hallará? Porque su estima sobrepasa largamente a la de las piedras preciosas… con voluntad trabaja con sus manos… y planta viña del fruto de sus manos… Alarga su mano al pobre… Fuerza y honor son su vestidura… Abre su boca con sabiduría, y la ley de clemencia está en su lengua. Considera los caminos de su casa, y no come el pan de balde” (Proverbios 31:10,13, 16, 20, 25–27). La mujer con “corazón de madre” tiene un testimonio del Evangelio restaurado y enseña los principios del Evangelio con convicción; guarda los convenios sagrados que ha hecho en los santos templos; comparte sus talentos y sus conocimientos con generosidad; adquiere toda la instrucción que sus circunstancias le permiten, elevando su intelecto y su espíritu con el deseo de enseñar lo que aprenda a las generaciones que la siguen.

Si tiene hijos, es una “buena madre” (véase 1 Nefi 1:1) que observa y enseña las normas de conducta en absoluta conformidad con las enseñanzas de los profetas vivientes. Enseña “a sus hijos a orar y a andar rectamente delante del Señor” (D. y C. 68:28). En lugar de prestar oídos a las opiniones y a las verdades parciales del mundo, sabe que las normas del Evangelio se basan en verdades eternas e invariables; cree que la “responsabilidad primordial de… criar a [sus] hijos” es una “responsabilidad sagrada”, fundamental y digna (véase La familia: Una proclamación para el mundo). Alimentarlos físicamente es tan honroso como alimentarlos espiritualmente. Ella “no [se cansa] de hacer lo bueno” y se deleita en servir a su familia, puesto que sabe que “de las cosas pequeñas proceden las grandes” (D. y C. 64:33).

Cuánto anhelo que toda niña y toda mujer tengan un testimonio de su potencial eterno de ser madres si guardan sus convenios terrenales. “Cada una es… una amada hija espiritual de padres celestiales y, como tal, cada una tiene… un destino divino” (La familia: Una proclamación para el mundo). Como hijas espirituales de Dios, las mujeres “recibieron sus primeras lecciones en el mundo de los espíritus, y fueron preparad[as] para venir” (D. y C. 138:56) a la tierra; “se hallaban entre los nobles y grandes” (D. y C. 138:55) que “se regocijaban” (Job 38:7) por la creación de la tierra porque se les daría un cuerpo físico junto con la oportunidad de ser “probados” en una esfera mortal (véase Abraham 3:25).

Desearon trabajar codo a codo con hombres justos a fin de alcanzar las metas eternas que ni ellas ni ellos podrían alcanzar cada uno por su lado.

La función de la mujer no comenzó en la tierra y no termina aquí. La mujer que valora la maternidad en la tierra valorará la maternidad en el mundo venidero, y “donde esté [su] tesoro, allí estará también [su] corazón” (Mateo 6:21). Al cultivar un “corazón de madre”, cada niña y cada mujer se prepara para su misión divina y eterna de maternidad. “Cualquier principio de inteligencia que [logre] en esta vida se levantará con [ella] en la resurrección; y si en esta vida una persona adquiere más conocimiento e inteligencia que otra, por medio de su diligencia y obediencia, hasta ese grado le llevará la ventaja en el mundo venidero” (D. y C. 130:18–19).

He visto en la vida que algunos de los más auténticos “corazones de madre” laten en el pecho de mujeres que no criarán a hijos propios en esta tierra, pero ellas saben que “todas las cosas tienen que acontecer en su hora” y que están “poniendo los cimientos de una gran obra” (D. y C. 64:32–33). Al guardar sus convenios, están invirtiendo en un gran y prestigioso futuro porque saben que “a quienes guarden su segundo estado, les será aumentada gloria sobre su cabeza para siempre jamás” (Abraham 3:26).

Hace poco estuve en un parque donde conocí a un grupo de mujeres con “corazón de madre”. Son mujeres jóvenes y fieles a sus convenios, inteligentes y con licenciaturas de respetadas universidades. Dedicaban sus muchos dones a proyectar la cena para aquel día y a compartir ideas sobre el gobierno de una casa. Enseñaban a pequeños de dos años a ser bondadosos unos con otros, calmaban a los bebés, consolaban a los chiquitines que se quejaban de algo y les enjugaban las lágrimas. Pregunté a una de esas madres cómo pudo trasladar sus talentos de tan buen grado a la función de madre. Ella me respondió: “Sé quién soy y lo que debo hacer. Todo lo demás deriva de eso”. Esa joven madre edificará la fe y el carácter en la próxima generación con una oración familiar a la vez, una sesión de estudio de las Escrituras, un libro leído en voz alta, una canción, una comida familiar tras otra. Se ha embarcado en una gran obra y sabe que “herencia de Jehová son los hijos… [y]… [bienaventurada la mujer] que llenó su aljaba de ellos” (Salmos 127:3, 5). Ella sabe que la influencia de una madre recta y concienzuda que persevera día tras día es mucho más perdurable, mucho más poderosa y mucho más prestigiosa que cualquier puesto o institución terrenales inventados por el hombre. Entiende que, si es digna, tiene el potencial de ser bendecida como Rebeca de antaño de llegar a ser “madre de millares de millares” (Génesis 24:60).

Las mujeres fieles a sus convenios que tienen corazón de madre saben que, ya sea que la maternidad llegue temprano o tarde, ya sea que sean bendecidas con “su aljaba” llena de hijos aquí en la vida terrenal o no, ya sea que sean solteras, casadas o que hayan quedado solas a cargo de sus hijos, en los santos templos son “[investidas] con poder de lo alto” (D. y C. 38:32) y que, con esa investidura, reciben las bendiciones prometidas y “las creen y las [aceptan]” (véase Hebreos 11:13).

Toda niña y toda mujer que hace y guarda convenios sagrados puede tener “corazón de madre”. No hay límite para lo que una mujer con “corazón de madre” puede llevar a cabo. Las mujeres justas han cambiado el rumbo de la historia y continuarán haciéndolo, y su influencia se extenderá y crecerá a un ritmo cada vez más rápido a lo largo de las eternidades. Cuán agradecida estoy al Señor por confiar a las mujeres la divina misión de la maternidad. Al igual que la madre Eva, “me regocijo” (véase Moisés 5:11) por saber esto. En el nombre de Jesucristo. Amén.

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El ser padre

Por lualcaro - 24 de Febrero, 2007, 18:36, Categoría: General

El ser padre, un llamamiento eterno

ÉLDER L. TOM PERRY
Del Quórum de los Doce Apóstoles

Prestemos atención a la voz de los profetas quienes, desde el principio de los tiempos, nos han amonestado acerca de la importancia de los padres en el hogar.

ÉLDER L. TOM PERRY Al contemplar detenidamente el mundo actual, se hace cada vez más evidente que Satanás se esmera sin respiro a fin de esclavizar las almas de los hombres. Su blanco principal es la unidad fundamental de la sociedad: la familia.

Durante el transcurso de las últimas décadas, Satanás ha hecho una agresiva campaña para denigrar a esa organización, la más básica e importante de todas. Su éxito se vuelve cada vez más obvio, y a diario se ven, se reportan y se escuchan hechos desalentadores que tienen que ver con el desmoronamiento de muchas familias. Con la decadencia de la familia, presenciamos los terribles efectos de dicho deterioro en nuestra sociedad: más delitos, problemas de comportamiento, pobreza, consumo de drogas, y la lista sigue aumentando.

A mi modo de ver, el visor de la mira telescópica de Satanás apunta a los esposos y padres. Por ejemplo, los medios de comunicación actuales lanzan ataques despiadados de burla y menosprecio a los maridos y a los padres en sus funciones que Dios les ha dado.

Ejemplos de las Escrituras

Tal vez sea útil refutar con las Escrituras la forma en que los medios de comunicación presentan a los maridos y a los padres, puesto que en ellas tenemos tantos excelentes modelos.

El Padre y el Salvador. En el Nuevo Testamento alcanzamos a vislumbrar la relación del Salvador con el Padre. Una de las vislumbres más vívidas es lo que ocurrió en el huerto momentos antes de que fuese traicionado.

“…y puesto [Jesús] de rodillas, oró,

“diciendo: Padre, si quieres, pasa de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya.

“Y se le apareció un ángel del cielo para fortalecerle”1.

Moisés y Jetro. En Éxodo contamos con el ejemplo de Jetro, el suegro de Moisés, que observaba la forma en que su yerno gobernaba a los hijos de Israel:

“Viendo el suegro de Moisés todo lo que él hacía con el pueblo, dijo: ¿Qué es esto que haces tú con el pueblo? ¿Por qué te sientas tú solo, y todo el pueblo está delante de ti desde la mañana hasta la tarde?

“Y Moisés respondió a su suegro: Porque el pueblo viene a mí para consultar a Dios…

“Entonces el suegro de Moisés le dijo: No está bien lo que haces.

“Desfallecerás del todo, tú, y también este pueblo que está contigo; porque el trabajo es demasiado pesado para ti; no podrás hacerlo tú solo”2.

A continuación Jetro enseñó a Moisés cómo delegar esta responsabilidad al llamar a hombres capaces y temerosos de Dios y dejar que ellos juzgaran como gobernantes en Israel:

“Ellos juzgarán al pueblo en todo tiempo; y todo asunto grave lo traerán a ti, y ellos juzgarán todo asunto pequeño. Así aliviarás la carga sobre ti, y la llevarán ellos contigo”3.

Alma. En el Libro de Mormón tenemos el relato de Alma, hijo de Alma, el cual se contaba entre los rebeldes que obraban toda clase de iniquidad. Alma padre oró con mucha fe para que su hijo fuera traído al conocimiento de la verdad, una oración que fue contestada de manera muy especial:

“Ahora bien, aconteció que mientras se ocupaba en destruir la iglesia de Dios… el ángel del Señor; y descendió como en una nube; y les habló como con voz de trueno…

“y tan grande fue su asombro que cayeron por tierra, y no comprendieron las palabras que les habló.

“Sin embargo, clamó otra vez, diciendo: Alma, levántate y acércate, pues ¿por qué persigues tú la iglesia de Dios? Porque el Señor ha dicho: Ésta es mi iglesia, y yo la estableceré; y nada la hará caer sino la transgresión de mi pueblo.

“Y dijo además el ángel: He aquí, el Señor ha oído las oraciones de su pueblo, y también las oraciones de su siervo Alma, que es tu padre; porque él ha orado con mucha fe en cuanto a ti, para que seas traído al conocimiento de la verdad; por tanto, con este fin he venido para convencerte del poder y la autoridad de Dios, para que las oraciones de sus siervos sean contestadas según su fe”4.

Cuando Alma joven se recuperó de esa experiencia, era un hombre cambiado.

La función del padre se va desvaneciendo

Satanás, como parte de un plan minuciosamente creado a fin de destruir a la familia, procura reducir la función del padre. La falta de la influencia positiva del padre en el hogar se manifiesta en el incremento de violencia entre los jóvenes, los delitos juveniles, el aumento de pobreza y la falta de seguridad económica5. La familia necesita del padre a modo de ancla.

No cabe duda de que a estas alturas, tras siglos de experiencia, hemos aprendido que la familia básica proporciona el fundamento más estable y seguro para la sociedad, y que es básica en la preparación de los jóvenes para sus responsabilidades futuras. Ya deberíamos haber aprendido que los estilos de estructuras familiares alternativas no han funcionado, ni jamás lo harán. La Primera Presidencia y el Quórum de los Doce Apóstoles lo afirmaron claramente en “La familia: una proclamación para el mundo”.

“Nosotros, la Primera Presidencia y el Consejo de los Doce Apóstoles de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, solemnemente proclamamos que el matrimonio entre el hombre y la mujer es ordenado por Dios y que la familia es la parte central del plan del Creador para el destino eterno de Sus hijos.

“Todos los seres humanos, hombres y mujeres, son creados a la imagen de Dios. Cada uno es un amado hijo o hija espiritual de padres celestiales y, como tal, cada uno tiene una naturaleza y un destino divinos. El ser hombre o mujer es una característica esencial de la identidad y el propósito eternos de los seres humanos en la vida premortal, mortal y eterna…

“El primer mandamiento que Dios les dio a Adán y a Eva tenía que ver con el potencial que, como esposo y esposa, tenían de ser padres. Declaramos que el mandamiento que Dios dio a Sus hijos de multiplicarse y henchir la tierra permanece inalterable. También declaramos que Dios ha mandado que los sagrados poderes de la procreación se deben utilizar sólo entre el hombre y la mujer legítimamente casados, como esposo y esposa…

“Por designio divino, el padre debe presidir sobre la familia con amor y rectitud y tiene la responsabilidad de protegerla y de proveerle las cosas necesarias de la vida. La responsabilidad primordial de la madre es criar a los hijos. En estas responsabilidades sagradas, el padre y la madre, como iguales, están obligados a ayudarse mutuamente. Las incapacidades físicas, la muerte u otras circunstancias pueden requerir una adaptación individual. Otros familiares deben ayudar cuando sea necesario…

“Advertimos a las personas que violan los convenios de castidad, que abusan de su cónyuge o de sus hijos, o que no cumplen con sus responsabilidades familiares, que un día deberán responder ante Dios. Aún más, advertimos que la desintegración de la familia traerá sobre el individuo, las comunidades y las naciones las calamidades predichas por los profetas antiguos y modernos”6.

La función del padre

En vista de advertencias tan urgentes sobre el futuro de los hijos de nuestro Padre Celestial, las madres y los padres deben hacerse un examen de conciencia a fin de asegurarse de que estén siguiendo las indicaciones del Señor sobre cómo edificar familias eternas. Para los padres, la pregunta es: ¿qué espera el Señor que hagamos?

Una vez que se ha establecido una familia, las funciones del padre incluyen lo siguiente:

1. El padre es cabeza de familia.

“La paternidad es liderazgo, el liderazgo más importante. Siempre lo ha sido, y siempre lo será. Padre, con la ayuda, el consejo y el aliento de tu compañera eterna, tú presides en el hogar. No se trata de que tú seas más digno o estés mejor preparado, sino que tiene que ver con [una asignación divina]”7.

El liderazgo que presten en sus hogares debe incluir dirigir a la familia al adorar.

“Tú presides cuando la familia se sienta a la mesa y cuando hace la oración familiar. Presides la noche de hogar y, con la guía del Espíritu del Señor, te aseguras de que tus hijos reciban la enseñanza adecuada con respecto a principios correctos. Tu responsabilidad principal consiste en brindar la dirección relacionada con toda la vida familiar.

“Ofreces bendiciones de padre. Tomas parte activa en el establecimiento de reglas y disciplina familiares. Como director de tu hogar, haces planes y te sacrificas para lograr las bendiciones de una familia unida y feliz. A fin de convertir esto en una hermosa realidad, toda tu vida debe girar alrededor de tu familia”8.

Tal como aconsejó el presidente Joseph F. Smith: “Hermanos, en el hogar son demasiado limitados la devoción religiosa, el amor y el temor de Dios; la mundanería, el egoísmo, la indiferencia y la falta de reverencia en la familia son excesivos; de lo contrario, no existirían tan abundantemente alrededor. De manera que es el hogar lo que debe reformarse. Hoy, mañana, procuren efectuar un cambio en su hogar…”9.

Recuerden, hermanos, que en su función de líder de la familia, tienen a sus esposas por compañeras. Como enseñó el presidente Gordon B. Hinckley: “En esta Iglesia, el hombre no camina delante de su esposa ni detrás de ella, sino al lado de ella. Son mutuamente iguales…”10. Desde el principio, Dios ha indicado a la humanidad que el matrimonio debe de juntar a marido y mujer en unión11, por lo cual en la familia no hay presidente ni vicepresidenta. Ambos cónyuges trabajan juntos eternamente por el bien de la familia. Al liderar, guiar y dirigir a su familia, se unen en palabra, obra y acción. Se encuentran en igualdad de condiciones, y así, juntos y unánimes, avanzan en la planificación y organización de los asuntos familiares.

2. El padre es maestro.

El consejo del presidente Joseph F. Smith se aplica hoy en día: “No dejen a sus hijos en manos de especialistas… sino instrúyanlos por su propio precepto y ejemplo, en su propio hogar. Sean ustedes mismos especialistas de la verdad”12.

“Cuando reconoces la importancia de enseñar a tus hijos, te vuelves humilde, ya que inmediatamente comprendes que sólo puedes lograrlo por medio del precepto y del ejemplo. No puedes ser de una manera y enseñar con eficacia lo contrario. Debes vivir, estudiar y orar para lograr la constante compañía del Espíritu Santo. Debes purificarte y organizar tu vida de tal modo que tu ejemplo y dirección reflejen la luz del Evangelio de Jesucristo.

“Debes planificar tu día según la guía recibida del Espíritu del Señor, buscando afanosamente tanto tu bienestar como el de tu familia antes de que las otras preocupaciones enceguezcan el cuidado que debes brindar a las primeras responsabilidades. Tal como los profetas vivientes nos han enseñado: ‘Ningún éxito en la vida puede compensar el fracaso en el hogar’ (David O. McKay, en Conference Report, abril de 1964, pág. 5; citado de J. E. McCulloch, Home: The Savior of Civilization, 1924, pág. 42)”13.

3. El padre es la fuente de sustento temporal.

El presidente Ezra Taft Benson lo expresó con claridad: “El Señor le ha dado al hombre la responsabilidad de proporcionar el sustento a su familia, de tal manera que la esposa pueda cumplir con su función de madre en el hogar… a veces la madre trabaja fuera de la casa animada por su marido, e incluso ante la insistencia de él… [por] las conveniencias que puede comprar el dinero extra. Hermanos, en esos casos no sólo sufrirá la familia, sino que su desarrollo espiritual y su progreso quedarán obstaculizados”14.

Padres, por decreto divino, ustedes han de presidir sus familias. Tal responsabilidad es seria, y debido a que es eterna, es la más importante que jamás asumirán. Denle a la familia la prioridad debida. Es la parte de sus vidas que perdurará más allá de la tumba. Testifico que la siguiente declaración es verdadera:

“La posición de los hombres dentro de la familia, especialmente los que poseen el Sacerdocio de Melquisedec, es de suma importancia, y se la debe reconocer y guardar en el orden y con la autoridad que Dios confirió al varón cuando lo colocó a la cabeza del hogar”.

“No hay autoridad más alta en los asuntos relacionados con la organización familiar que la del padre, especialmente cuando preside esa organización un hombre que posee el Sacerdocio Mayor… El orden patriarcal es de origen divino y continuará a través de esta vida y de la eternidad. De modo que existe una razón particular por la que hombres, mujeres y niños deben entender este orden y esta autoridad en los hogares del pueblo de Dios, y procurar convertirlo en lo que Dios tuvo por objeto que fuese: una habitación y preparación para la exaltación más elevada de Sus hijos. En el hogar, la autoridad presidente siempre se confiere al padre, y no hay otra más primordial que ésta en todos los asuntos del hogar y de la familia”15.

Ahora bien, no identifiqué varias de las citas que presenté, pues lo hice a propósito, pero estarán claramente anotadas en la edición de mayo de las revistas Ensign y Liahona. Les invito a estudiar dichas fuentes y repasar estos mensajes de la conferencia; son revistas magníficas que desde luego deberían estar en todo hogar, de esa manera el espíritu de esta conferencia puede vivir en sus páginas durante todo el año.

Prestemos atención a la voz de los profetas quienes, desde el principio de los tiempos, nos han advertido acerca de la importancia de los padres en el hogar. Que tomemos una determinación más plena de cumplir con los deberes y responsabilidades que el Señor nos ha dado como padres en Sión es mi humilde plegaria, en el nombre de Jesucristo. Amén.

NOTAS

1. Lucas 22:41–43.

2. Éxodo 18:14–15, 17–18.

3. Éxodo 18:22.

4. Mosíah 27:10–14.

5. Véase David Blankenhorn, Fatherless America: Confronting Our Most Urgent Social Problem, 1995, introducción, págs. 25–48; David Popenoe, Life Without Father, 1996, págs. 52–78.

6. Liahona, enero de 1996, pág. 117.

7. El Quórum de los Doce Apóstoles, Padre, considera tus obras: Un mensaje de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días (folleto. 1973); reimpreso en Ensign, junio de 2002, pág. 16.

8. Ensign, junio de 2002, pág. 16.

9. “Worship in the Home”, Improvement Era, diciembre de 1903, pág. 138.

10. En Conference Report, octubre de 1996, pág. 68; o, Ensign, noviembre de 1996, pág. 49. Presidente Gordon B. Hinckley, Liahona, enero de 1997, pág. 59.

11. Véase Génesis 2:24.

12. Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: Joseph F. Smith, 1999, pág. 373.

13. Ensign, junio de 2002, pág. 14.

14. En Conference Report, octubre de 1987, págs. 60–61; o Ensign, noviembre de 1977, pág. 49.

15. Joseph F. Smith, “The Rights of Fatherhood,” Juvenile Instructor, 1 de marzo de 1902, pág. 146

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Los pastores de Israel

Por lualcaro - 24 de Febrero, 2007, 18:24, Categoría: General

PRESIDENTE GORDON B. HINCKLEY
Conferencia General
Octubre de 2003

Le doy gracias al Señor por los buenos obispos de esta Iglesia... Que encuentren la paz que proviene sólo de Dios a aquellos que le sirven.

PRESIDENTE GORDON B. HINCKLEY 

Hermanos, en esta ocasión haré algo poco común: repetiré algunas partes de un discurso que pronuncié hace 15 años en una reunión general del Sacerdocio. Hablaré sobre los obispos de la Iglesia y también les hablaré a ellos, ese maravilloso grupo de hombres que en un sentido muy real son los pastores de Israel.

Todos los que participamos en esta conferencia rendimos cuenta a un obispo o a un presidente de rama. Enorme es el peso que ellos llevan sobre sus hombros, e invito a todo miembro de la Iglesia a hacer todo lo posible para que resulten más livianas las cargas que tienen nuestros obispos y presidentes de rama en su labor.

Debemos orar por ellos; ellos necesitan ayuda al llevar esa pesada carga. Podemos apoyarles más y ser menos dependientes de ellos; podemos ayudarles de muchas maneras y agradecerles todo lo que hacen por nosotros. Los estamos agotando en poco tiempo debido a las cargas que imponemos sobre ellos.

Tenemos más de 18.000 obispos en la Iglesia y cada uno de ellos ha sido llamado por el espíritu de profecía y revelación, y ha sido apartado y ordenado por medio de la imposición de manos. Cada uno de ellos tiene las llaves de la presidencia de su barrio; cada uno es sumo sacerdote, el sumo sacerdote presidente de su barrio; cada uno tiene sobre sus hombros tremendas responsabilidades de mayordomía; cada uno se erige como el padre de su gente.

Ninguno recibe sueldo por el servicio que presta; ningún obispo de barrio recibe compensación de la Iglesia por su trabajo como obispo.

Leer más: http://www.lds.org/conference/talk/display/0,5232,89-3-402-19,00.html

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El matrimonio eterno

Por lualcaro - 24 de Febrero, 2007, 18:02, Categoría: General

El matrimonio eterno

ÉLDER F. BURTON HOWARD
De los Setenta

Si queremos que algo dure para siempre, debemos tratarlo de forma diferente... llega a ser algo especial porque en eso lo hemos convertido.

ÉLDER F. BURTON HOWARD

Hace algunos años, mi esposa y yo fuimos a una recepción nupcial que se llevó a cabo al aire libre. Horas antes, habíamos estado en el templo, donde la joven pareja que conocíamos se había casado por esta vida y la eternidad. Se amaban mucho y las circunstancias en las que se conocieron habían sido casi milagrosas. Se derramaron muchas lágrimas de felicidad. Al final de un día perfecto, esperábamos nuestro turno para saludar a la pareja. Delante de nosotros estaba un amigo cercano de la familia; se acercó a los recién casados y con su hermosa voz de tenor les cantó las conmovedoras palabras del libro de Rut: "...a dondequiera que tú fueres, iré yo, y dondequiera que vivieres, viviré. Tu pueblo será mi pueblo, y tu Dios mi Dios. Donde tú murieres, moriré yo..." (Rut 1:16–17).

Nos sentimos profundamente conmovidos y animados al pensar en su futura felicidad, supongo que, en parte, porque mi esposa y yo hemos tenido colgadas esas mismas palabras en la pared de nuestra casa durante muchos años.

Lamentablemente, la importancia de esas hermosas palabras está disminuyendo; hoy día demasiados matrimonios terminan en divorcio; el egoísmo, el pecado y la conveniencia personal a menudo se anteponen a los convenios y al compromiso.

El matrimonio eterno es un principio que se estableció antes de la fundación del mundo y se instituyó en esta tierra antes de que la muerte se introdujese en ella. Adán y Eva fueron dados el uno al otro por Dios en el jardín del Edén antes de la Caída. La Escritura dice: "...El día en que creó Dios al hombre, a semejanza de Dios lo hizo. Varón y hembra los creó; y los bendijo..." (Génesis 5:1–2; cursiva agregada).

Los profetas han enseñado de manera uniforme que el elemento máximo y culminante del gran plan de Dios para bendecir a Sus hijos es el matrimonio eterno.

El presidente Ezra Taft Benson declaró: "La fidelidad al convenio del matrimonio trae el gozo pleno aquí en la tierra y recompensas gloriosas en el más allá" (The Teachings of Ezra Taft Benson, págs. 533–534). El presidente Howard W. Hunter describió el matrimonio celestial como la "ordenanza suprema del Evangelio", y aclaró que aunque el lograrlo tome "más tiempo [para algunos], tal vez más allá de esta vida terrenal", no será denegado a ninguna persona digna (Teachings of Howard W. Hunter, págs. 132, 140). El presidente Gordon B. Hinckley ha dicho que el matrimonio eterno es "una cosa maravillosa", un "don más precioso que todos los demás" ("The Marriage That Endures", Ensign, mayo de 1974, pág. 23).

Sin embargo, a pesar de la magnificencia y la gloria de este don, no es gratuito; de hecho, es condicional, y aunque haya sido otorgado, puede ser retirado si no guardamos las condiciones del convenio que lo acompaña. En la sección 131 de Doctrina y Convenios se nos dice:

"En la gloria celestial hay tres cielos o grados; y para alcanzar el más alto, el hombre (esto significa la mujer también) tiene que entrar en este orden del sacerdocio [es decir, el nuevo y sempiterno convenio del matrimonio]..." (D. y C. 131:1–2).

Un convenio es una promesa sagrada; nosotros prometemos hacer ciertas cosas y Dios se compromete a hacer otras. A aquellos que guarden el convenio del matrimonio Dios les promete la plenitud de Su gloria, vidas eternas, progenie eterna, la exaltación en el reino celestial y una plenitud de gozo. Todos sabemos esto, pero a veces no pensamos mucho en lo que nosotros tenemos que hacer para recibir estas bendiciones. Las Escrituras parecen decir claramente que hay por lo menos tres obligaciones inherentes a este convenio.

Primero, el matrimonio eterno es para siempre. Eterno implica un desarrollo y un progreso continuos; significa que el marido y su esposa tratarán sinceramente de perfeccionarse; significa que la relación matrimonial no se abandonará frívolamente cuando surja el primer desacuerdo o cuando los tiempos se pongan difíciles; significa que el amor será más y más fuerte con el tiempo y que se extenderá más allá de la tumba; significa que cada cónyuge será bendecido con la compañía del otro para siempre, y que los problemas y las diferencias tendrán que solucionarse porque no van a desaparecer. Eterno significa arrepentimiento, perdón, longanimidad, paciencia, esperanza, caridad, amor y humildad. Todas esas cosas forman parte de todo lo que sea eterno; y, por cierto, las tenemos que aprender y practicar si queremos lograr un matrimonio eterno.

Segundo, el matrimonio eterno es ordenado por Dios. Esto significa que los contrayentes del convenio del matrimonio están de acuerdo en invitar a Dios a ser parte del mismo, en orar juntos, en guardar los mandamientos, en mantener los deseos y las pasiones dentro de ciertos límites que los profetas han señalado; significa que son compañeros iguales y que serán rectos y puros fuera y dentro del hogar. Esto es una parte de lo que significa ser ordenado por Dios.

Tercero, el matrimonio eterno es una clase de asociación con Dios; Él promete una continuación de las vidas a aquellos que se sellen en el templo. En el mandamiento que se dio a Adán y Eva de multiplicarse y henchir la tierra va implícito un lazo de unidad con el Creador. Hay una obligación de enseñar el Evangelio a los hijos porque también son hijos del Padre Celestial. Por eso tenemos la noche de hogar y el estudio de las Escrituras, conversamos sobre el Evangelio y prestamos servicio al prójimo. También parece haber una obligación de apoyarse y sostenerse mutuamente en los llamamientos y en la función que cada uno tiene que desempeñar. ¿Cómo podemos decir que somos uno con Dios si no nos sostenemos el uno al otro cuando se llama a la esposa a servir en la Primaria y al esposo en el obispado?

De manera que el convenio del matrimonio implica por lo menos estas cosas y probablemente otras. No creo que me equivoque cuando digo que aquellos que maltratan a su cónyuge en forma verbal o física, o los que degradan, rebajan o ejercen un injusto dominio en el matrimonio no están guardando el convenio; tampoco lo hacen aquellos que desatienden los mandamientos o que no sostienen a sus líderes. Aun los que rechazan los llamamientos, o los que descuidan a sus vecinos o en forma ligera adoptan las costumbres del mundo corren peligro. Si no guardamos nuestra parte del convenio, ninguna promesa tenemos. Más que todo, pienso que no se puede lograr un matrimonio celestial sin el compromiso de hacerlo funcionar. La mayor parte de lo que sé al respecto lo he aprendido de mi compañera: hemos estado casados durante 47 años y desde el principio, ella sabía la clase de matrimonio que quería.

Comenzamos como estudiantes universitarios pobres, pero la visión que tenía para nuestro matrimonio la simbolizaba un juego de cubiertos de plata. Tal como se hace hoy en día, cuando nos casamos fuimos a una tienda y seleccionamos los regalos que queríamos recibir. En vez de escoger la vajilla y los aparatos electrodomésticos que necesitábamos y esperábamos recibir, ella pidió un juego de cubiertos de plata. Escogió el estilo y el número de piezas que quería, y anotó cuchillos, tenedores y cucharas en el registro de la tienda y nada más. No pidió toallas, ni tostadora, ni televisor, sólo cuchillos, tenedores y cucharas.

La boda se llevó a cabo; nuestros amigos y los amigos de nuestros padres nos hicieron obsequios. Nos fuimos a nuestra corta luna de miel y decidimos que abriríamos los presentes al regresar. Al hacerlo, nos quedamos sorprendidos; entre todos los regalos no había ningún cuchillo ni un tenedor. Hicimos bromas de la situación y continuamos con nuestra vida.

Nos nacieron dos hijos mientras estábamos en la universidad; no teníamos dinero extra, pero cuando mi esposa trabajó a tiempo parcial como jueza de elecciones, o cuando alguna persona le obsequiaba algo de dinero por su cumpleaños, ella, sin comentarlo, lo guardaba y cuando tenía lo suficiente, iba a la tienda para comprar un tenedor o una cuchara. Nos tomó varios años acumular suficientes piezas y usarlas. Cuando por fin tuvimos un juego para cuatro personas, empezamos a invitar a algunos amigos a cenar.

Antes de que llegaran, solíamos tener una corta conversación en la cocina y hablábamos de qué cubiertos íbamos a usar, los gastados que no hacían juego, o los especiales de plata. En aquellos días por lo general yo votaba por los inoxidables; era más fácil ya que sólo se ponían en la lavadora de vajilla después de comer y se solucionaba el asunto. Por otro lado, los cubiertos de plata daban mucho trabajo. Mi esposa los tenía escondidos debajo de la cama para que un ladrón no los encontrase con facilidad. Ella había insistido en que yo comprara un paño especial para envolverlos para que no se pusieran negros. Cada pieza iba en su bolsa y no era muy fácil tenerlas listas. Cuando se usaban los cubiertos de plata, teníamos que lavarlos a mano, pieza por pieza, secarlos para que no quedara ni una mancha, envolverlos y con cuidado esconderlos otra vez para que no los fuesen a robar. Si descubríamos una mancha, mi esposa me mandaba a la tienda para comprar un producto especial para limpiar plata, y juntos, con esmero, los lustrábamos para quitarles las manchas.

Al pasar los años, compramos otras piezas y veía con asombro cómo las cuidaba mi esposa. Ella no era una persona que se enojara con facilidad; sin embargo, recuerdo el día en que uno de nuestros hijos de alguna manera consiguió uno de los tenedores de plata para ir a cavar en el jardín de atrás. Ese intento se encontró con una encendida mirada y con la advertencia de ni siquiera pensarlo, ¡nunca! Me di cuenta de que el juego de plata nunca se utilizaba para las cenas que ella cocinaba en el barrio, nunca fue parte de las cenas que ella preparaba y enviaba para los enfermos o necesitados; nunca fue parte de los paseos de fin de semana ni tampoco de los días de campamento. De hecho, nunca se utilizaba en ningún lado y, al pasar el tiempo, ni siquiera lo usábamos en nuestra mesa muy a menudo. Solíamos juzgar, sin que ellos se dieran cuenta, si algunos amigos eran dignos de usar nuestros cubiertos de plata; al llegar a cenar, encontraban puestos los cubiertos de acero inoxidable.

Llegó el momento en fuimos llamados a la misión. Un día llegué y mi esposa me dijo que tenía que alquilar una caja de seguridad para el juego de plata; ella no quería que lo lleváramos ni que lo dejáramos, y no quería perderlo.

Durante años pensé que tan sólo era un tanto excéntrica, hasta que un día me di cuenta de que por mucho tiempo ella había sabido algo que yo apenas empezaba a entender: Si queremos que algo dure para siempre, debemos tratarlo de forma diferente. Lo cubrimos, lo protegemos, nunca lo maltratamos ni lo dejamos a la intemperie; no lo convertimos en algo común y corriente. Si alguna vez se le quita el brillo, lo pulimos con amor hasta que brille como nuevo; llega a ser algo especial porque en eso lo hemos convertido y se torna más valioso con el transcurso del tiempo.

El matrimonio eterno es así. Debemos tratarlo de esa manera. Ruego que lo veamos como el don invalorable que es. En el nombre de Jesucristo. Amén.

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Papá, ¿estás despierto?

Por lualcaro - 24 de Febrero, 2007, 17:49, Categoría: General

Élder F. Melvin Hammond
De los Setenta 

Conferencia General
Octubre de 2002

¿Se preguntan sus hijos si ustedes están dormidos en lo que respecta a las cosas que tienen más importancia para ellos?

Élder F. Melvin Hammond

Hace poco, el élder Pace, el élder Condie y yo nos reunimos con la Primera Presidencia. Al entrar en la sala, el presidente Hinckley nos miró con detenimiento y luego, con una sonrisa, dijo: "¿Cómo pueden tres hombres de pelo blanco ser la Presidencia de los Hombres Jóvenes de esta Iglesia?". Sólo le respondimos: "Porque usted nos llamó, Presidente".

Jovencitos, esperamos que estén entusiasmados con el programa "Sacerdocio Aarónico: Cumplir nuestro deber a Dios". Ha sido presentado a todo el Sacerdocio Aarónico en el mundo y tiene como fin bendecirles espiritual, física, social y mentalmente. Los requisitos son importantes y requerirán el máximo de sus esfuerzos. Podrán establecer metas personales y lograrlas con la ayuda de sus padres y extraordinarios líderes. Por toda la Iglesia se percibe un gran entusiasmo relacionado con este programa. Queremos que cada uno de ustedes cumpla los requisitos y reciba el anhelado premio "Mi deber a Dios".

Hace muchos años llevé a nuestro único hijo, que era sólo un niño, en su primer viaje de campamento y pesca. El cañón era empinado y el descenso era difícil; pero la pesca era excelente. Cada vez que un pez mordía mi anzuelo, le daba la caña al emocionado muchacho, quien, con gritos de alegría, terminaba de sacar la bella trucha. En las sombras y la frescura de la tarde que caía, empezamos a subir la elevada montaña. Él se apresuró antes que yo y me decía: "Vamos, papá; a que te gano a llegar hasta arriba". El reto cayó en oídos sordos. Su pequeño cuerpo literalmente parecía volar alrededor de cada obstáculo y cuando parecía que yo iba a desfallecer con cada paso, él llegó a la cima y se volvió para darme ánimo. Después de cenar nos arrodillamos para orar; su vocecita se elevó dulcemente hacia los cielos en una plegaria para dar fin a nuestro día. Después nos metimos en una gran bolsa de dormir y luego de empujar y tirar un poco, su cuerpecito se acurrucó fuertemente contra el mío para recibir calor y seguridad durante la noche. Al contemplar a mi hijo a mi lado, de pronto sentí una ola de amor pasar por mi cuerpo con tal fuerza que hizo que se me salieran las lágrimas. En ese preciso momento, él me abrazó y dijo:

Leer más: http://www.lds.org/conference/talk/display/0,5232,89-3-316-30,00.html

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No es bueno que el hombre ni la mujer estén solos

Por lualcaro - 24 de Febrero, 2007, 17:24, Categoría: General

Sheri L. Dew
Segunda Consejera de la Presidencia General de la Sociedad de Socorro
Conferencia General
Octubre de 2001

"Es posible que ningún matrimonio ni familia, ni barrio ni estaca alcance la plenitud de su potencial hasta que esposos y esposas, madres y padres, y hombres y mujeres trabajen juntos en unidad de propósito".

Sheri L. Dew

Durante casi cinco años, he tenido la bendición de prestar servicio con las hermanas de la Sociedad de Socorro y los líderes del sacerdocio desde el África hasta el Amazonas. Esas experiencias que he tenido con ustedes han fortalecido para mí la importancia de un principio fundamental del Evangelio. Quisiera dirigir mis palabras acerca de ese principio, en especial a los jóvenes adultos de la Iglesia, tanto varones como mujeres, que están a punto de emprender la fase más difícil de sus vidas.

Este verano me lastimé un hombro y no pude utilizar el brazo por semanas. Nunca me había dado cuenta cuánto depende un brazo del otro para el equilibrio, ni cuánto menos podía levantar con un solo brazo que con los dos, ni de que había cosas que definitivamente no podía hacer. Esa discapacidad no sólo avivó mi respeto por quienes afrontan tan bien sus limitaciones físicas, sino que me ayudó a darme cuenta cuánto más pueden hacer los dos brazos juntos.

Por lo general, dos son mejores que uno1, como lo confirmó nuestro Padre cuando declaró que "no era bueno que el hombre estuviese solo"2e hizo ayuda idónea para Adán, alguien que tuviera dones singulares que le brindaría "equilibrio", le ayudaría a compartir las dificultades de la vida terrenal y le permitiría hacer cosas que por sí solo no podría. Ya que "en el Señor, ni el varón es sin la mujer, ni la mujer sin el varón"3.

Satanás comprende el poder que tienen el hombre y la mujer unidos en rectitud. Él sigue resentido por haber sido expulsado a un exilio eterno después de que Miguel guiara en contra de él a las huestes del cielo, compuestas de hombresymujeres valientes unidos en la causa de Cristo. Según las sobrias palabras de Pedro, "el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar"4. Lucifer está resuelto a devorar matrimonios y familias, ya que la disolución de éstos es una amenaza para la salvación de todos sus integrantes y para la fortaleza del reino mismo del Señor. Por tanto, Satanás trata de confundirnos en lo que respecta a las mayordomías y naturalezas particulares que poseemos como hombres y mujeres. Él nos bombardea con mensajes distorsionados acerca del sexo, el matrimonio, la familia y todas las relaciones de los sexos masculino y femenino. Él desea hacernos creer que el hombre y la mujer son tan iguales que nuestros dones exclusivos no son necesarios, o que son tan diferentes que nunca podremos comprendernos unos a otros. Ninguna de esas cosas es cierta.

Leer más: http://www.lds.org/conference/talk/display/0,5232,89-3-238-4,00.html

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El presidente de estaca

Por lualcaro - 24 de Febrero, 2007, 17:05, Categoría: General

El presidente de estaca

Presidente Gordon B. Hinckley

"[Los] presidentes de estaca han sido llamados bajo la misma inspiración con la que se ha llamado a las Autoridades Generales. Ruego por éstos, mis amados hermanos, para que el Espíritu del Señor descanse sobre ellos".

Presidente Gordon B. Hinckley

Ahora me complace compartir unas palabras con ustedes. Primeramente, gracias por estar aquí. Nunca he visto algo semejante. Debí haber traído mis binoculares para ver a los que están sentados en la galería. En todo este recinto sólo he contado cinco asientos vacíos. Es un gran placer estar aquí.

Mis hermanos, ¡qué maravilloso es el sacerdocio de Dios! No hay nada que se le compare. Se recibe únicamente por la imposición de manos de aquellos que tengan la autoridad para conferirlo. En esta dispensación, ese conferimiento se remonta a la época de Juan el Bautista y los apóstoles del Señor: Pedro, Santiago y Juan. Ellos vinieron a la tierra y físicamente colocaron las manos sobre la cabeza de José Smith y Oliver Cowdery, y con voces audibles, pronunciaron las palabras del conferimiento de este maravilloso poder. Desde entonces, todo hombre que lo ha recibido lo ha hecho por medio de la imposición de manos de uno que a su vez lo recibió de la misma manera hasta llegar a su conferimiento original.

No es para una clase específica. Todo hombre digno, sin tomar en cuenta nacionalidad, antecedentes étnicos o cualquier otro factor, puede recibir el sacerdocio. La obediencia a los mandamientos de Dios se convierte en el factor determinante. Su conferimiento se basa únicamente en la dignidad ante el Señor.

Éste conlleva el derecho y la autoridad de gobernar en la Iglesia de Cristo. Recuerdo las experiencias que tuve hace mucho, cuando era miembro del Consejo de los Doce. Asistí a una conferencia de estaca, donde el presidente era un hombre de riqueza y afluencia. Era un hombre de mucho éxito, de acuerdo con las normas del mundo. Vivía en una casa sumamente espléndida. Me recogió en el aeropuerto en un automóvil hermoso; almorzamos en un restaurante de primera clase, y, sin embargo, demostró humildad en su oficina; estaba ansioso por aprender y siempre dispuesto a hacer lo correcto en la administración de los asuntos de su estaca.

Después asistí a otra conferencia. El presidente me fue a recoger en un automóvil muy usado. Nos detuvimos en un lugar de comida rápida para comer un bocado. Su casa era sumamente modesta --arreglada, limpia y tranquila-- pero sin mobiliario opulento. Era carpintero de oficio; no poseía ninguna de las cosas extravagantes del mundo. Él, también, era un maravilloso presidente de estaca que efectuaba su deber de manera extraordinaria. Era una persona magnífica en todo respecto.

Ésa es la maravilla del sacerdocio. La riqueza no es un factor; la educación no es un factor; los honores de los hombres no son un factor. El factor predominante es el ser aceptados ante el Señor.

Todas las Autoridades aquí presentes podrían testificar que en la reorganización de estacas han tenido experiencias extraordinarias e inspiradoras. Recuerdo la asignación de reorganizar una estaca hace más o menos cuarenta años. El presidente había fallecido repentinamente. Las Autoridades me pidieron que fuera y hablara en el funeral y reorganizara la estaca. Nunca lo había hecho; era nuevo como Autoridad General; iba a estar totalmente solo.

http://www.lds.org/conference/talk/display/0,5232,89-3-115-21,00.html

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Por qué hacemos algunas de las cosas que hacemos

Por lualcaro - 24 de Febrero, 2007, 16:57, Categoría: 15-Respuestas

Por qué hacemos algunas de las cosas que hacemos

Presidente Gordon B. Hinckley

Presidente Gordon B. Hinckley

La gente nos pregunta por qué patrocinamos una institución tan grande y costosa que básicamente se concentra en la educación secular. La pregunta es apropiada. Ese patrocinio tiene una base doctrinal.

El Señor ha decretado por medio de la revelación:

"Enseñaos diligentemente, y mi gracia os acompañará, para que seáis más perfectamente instruidos en teoría, en principio, en doctrina, en la ley del evangelio, en todas las cosas que pertenecen al reino de Dios, que os conviene comprender;

"de cosas tanto en el cielo como en la tierra, y debajo de la tierra; cosas que han sido, que son y que pronto han de acontecer; cosas que existen en el país, cosas que existen en el extranjero, las guerras y perplejidades de las naciones, y los juicios que se ciernen sobre el país; y también el conocimiento de los países y de los reinos,

"a fin de que estéis preparados en todas las cosas, cuando de nuevo os envíe a magnificar el llamamiento al cual os he nombrado y la misión con la que os he comisionado" (D. y C. 88:78­80).

Resulta obvio entonces que estamos obligados a aprender no sólo lo relacionado con lo eclesiástico sino también con lo secular. En la Iglesia existe una tradición en cuanto a eso. En Kirtland había una Escuela de los Profetas; en Nauvoo la Sala de los Setenta que se utilizaba con fines educativos, y además se había proyectado edificar una universidad.

Cuando los santos llegaron a los valles del Oeste, se establecieron academias para capacitar a la juventud, y en 1850 nuestros antepasados pioneros aprobaron los estatutos de la Universidad de Utah. La Universidad Brigham Young se fundó mucho más tarde, sobreviviendo a la mayoría de las academias de la Iglesia. Ha crecido hasta tener inscritos en la actualidad más de 27.000 alumnos. Es un grupo numeroso de estudiantes, pero es una fracción muy pequeña de los jóvenes de la Iglesia que son dignos de obtener educación universitaria. Podemos dar cabida a relativamente unos pocos; pero si no podemos dar cupo a todos, ¿por qué se lo damos a algunos? La respuesta es que, si no podemos dar cabida a todos, démosla a todos los que podamos. El número de alumnos a los cuales se puede dar cupo dentro de la universidad es limitado, pero la influencia de ella es ilimitada. Se están realizando enormes esfuerzos por aumentar y expandir esa influencia.

¡Cuán afortunados son aquellos que tienen la oportunidad de asistir! Llego al borde del enojo cuando escucho protestas entre los alumnos o el personal docente. Estoy agradecido de poder decir que, con unas pocas excepciones, tanto los que llegan a aprender como los que enseñan agradecen esa gran bendición y son conscientes de ella.

http://www.lds.org/conference/talk/display/0,5232,89-3-5-21,00.html

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Los pastores del rebaño

Por lualcaro - 24 de Febrero, 2007, 16:51, Categoría: General

Presidente Gordon B. Hinckley

"Siento un profundo aprecio por nuestros obispos. Me siento hondamente agradecido por la revelación del Todopoderoso por la cual este oficio se creó y funciona".

Presidente Gordon B. Hinckley

Mis queridos hermanos, es un gran honor y una gran responsabilidad dirigirles la palabra. Ruego que el Señor me bendiga.

¡Qué excepcional hermandad es ésta, compuesta de cientos de miles de hombres y de muchachos que han sido ordenados al sacerdocio de Dios! ¡Qué imponente agrupación sería ésta si estuviésemos todos congregados en una sola y gran reunión! Asombraría al mundo. No hay nada que se le iguale que yo sepa.

Ustedes constituyen el eje de la Iglesia, mis hermanos. De entre ustedes vienen los obispos y los presidentes de rama, los presidentes de distrito y de estaca, los Setenta Autoridades de Área y todas las Autoridades Generales.

Ustedes, los hombres jóvenes, son lo esencial del gran programa misional cuya influencia se hace sentir en todo el mundo. En conjunto, ustedes son hombres y muchachos que se han vestido de toda la armadura de Dios para sacar adelante Su obra en la tierra.

Cada vez que nos juntamos en una de estas reuniones, lamento que no podamos dar cabida a todos los que desean venir. Desde el momento en que se abrieron las puertas del Tabernáculo esta noche, entró una multitud de hombres jóvenes con sus padres. Es de esperar que el nuevo salón de asambleas se termine en un año a partir de ahora y entonces podremos dar cabida a todos los que deseen venir.

Y deseo decir a ustedes, hermanos, a los que llegamos por transmisión de radio y vía satélite, que nos sentimos unidos con ustedes.

Pienso, mis hermanos, que nuestro Padre Celestial está contento con nosotros. Creo que debe ser un gran consuelo para Él contemplar a los cientos de miles de hombres y de muchachos que le aman, que llevan un testimonio de Él y de Su hijo Amado en el corazón, que brindan dirección a Su Iglesia, que están a la cabeza de sus familias en las que hay rectitud y donde se enseña y se ejemplifica la verdad.

Tenemos un numeroso grupo de hombres, jóvenes y mayores. No hay casi nada que no podamos realizar si trabajamos juntos y unidos con una sola voluntad, con un solo propósito y con un solo corazón.

http://www.lds.org/conference/talk/display/0,5232,89-3-12-22,00.html

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La enseñanza del Evangelio

Por lualcaro - 24 de Febrero, 2007, 5:04, Categoría: General

Élder Dallin H. Oaks
"En nuestros sagrados llamamientos como maestros del Evangelio, ningún esfuerzo es demasiado bueno para la obra del Señor y el progreso de Sus hijos".

Élder Dallin H. Oaks

Un conocido autor escribió un libro acerca de su mejor maestro. El poderoso impacto que este maestro tuvo en el estudiante se basó en la convicción del joven de que su maestro realmente se interesaba por él y quería que aprendiera e hiciera lo que le ayudaría a encontrar la felicidad. El autor concluyó su tributo con esta pregunta: "¿Han tenido ustedes alguna vez un verdadero maestro? ¿Un maestro que les haya considerado como materia prima, pero a la vez una materia tan preciosa como una joya que, con sabiduría, podría pulirse hasta lograr un espléndido brillo? Si tienen la fortuna de encontrarse con maestros de tal calibre, nunca les será difícil regresar a ellos"1.

I.

Cada uno de los miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días es, o será, un maestro. Cada uno de nosotros tiene un interés esencial en el contenido y en la eficacia de la enseñanza del Evangelio. Queremos que todos tengan excelentes maestros del Evangelio y que esos maestros nos ayuden a encontrar la manera de regresar, no sólo a ellos sino a nuestro Padre Celestial.

Nuestra preocupación en cuanto a la enseñanza del Evangelio no se limita solamente a aquellos que son llamados a enseñar en los quórumes del sacerdocio, en la Primaria, la Sociedad de Socorro, la Escuela Dominical, las Mujeres Jóvenes o en otra asignación. En el grandioso plan de salvación del Señor no hay maestros más importantes que los padres que enseñan constantemente a sus hijos mediante el ejemplo y el precepto. Cada uno de nosotros enseña mediante el ejemplo a quienes nos rodean. Aun los niños se enseñan mutuamente. Cada misionero es un maestro. Y cada líder es un maestro. Tal como hace años lo enseñó el presidente Hinckley, "la enseñanza eficaz es la esencia misma del liderazgo en la Iglesia"2.

La enseñanza del Evangelio es universal e importante. Realmente "no existe mayor responsabilidad que ninguno de nosotros pueda tener que la de ser maestros de los hijos de Dios"3. La ocupación de nuestro Salvador fue la de maestro; Él fue el Maestro ideal y nos invita a todos a emularlo en ese gran servicio4.

Hace varios años la Primera Presidencia asignó al Quórum de los Doce el cometido de revitalizar la enseñanza en la Iglesia. Los Doce, con la ayuda de los Setenta, aceptaron el desafío y ahora, después de años de preparación y con la participación de magníficos maestros del Evangelio, eruditos, escritores y otras personas, la Primera Presidencia acaba de iniciar un esfuerzo a través de toda la Iglesia "para revitalizar y mejorar la enseñanza". Dicha carta dice: "Este énfasis renovado tiene por objeto mejorar la enseñanza en el hogar y en las reuniones de la Iglesia, así como ayudar a nutrir a los miembros con la buena palabra de Dios"5.

Recientemente publicamos un folleto de diez páginas titulado Cómo mejorar la enseñanza del Evangelio -- Una guía para el líder. Actualmente se están distribuyendo ejemplares entre todos los líderes y a cada oficial de quórumes y organizaciones auxiliares de la Iglesia. Como ahí se explica, nuestra preocupación en cuanto a "la enseñanza del Evangelio en la Iglesia" incluye lo que los padres enseñan cada día en sus hogares así como la obra de los maestros en los quórumes y en las organizaciones auxiliares.

http://www.lds.org/conference/talk/display/0,5232,89-3-5-29,00.html

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El obispado

Por lualcaro - 24 de Febrero, 2007, 5:02, Categoría: General

El obispo y sus consejeros

Presidente Boyd K. Packer

"La Iglesia no es más grande que un barrio. . . Todo lo necesario para nuestra redención, con excepción del templo, se encuentra en el barrio. Y ahora estamos teniendo templos cada vez más cercanos".

Presidente Boyd K. Packer

Anoche en la sesión del sacerdocio, el presidente Hinckley rindió tributo a nuestros obispos, los aconsejó y les dio una bendición. Según la regla de los dos testigos que nos explicó el élder Oaks ayer, yo soy un segundo testigo.

Hace algunos años serví con Emery Wight en un sumo consejo de estaca. Durante 10 años, Emery había servido como obispo del Barrio Harper, en una zona rural. Lucille, su esposa, fue nuestra presidenta de la Sociedad de Socorro de estaca.

Lucille me contó que una mañana de primavera fue a su casa un vecino que quería hablar con Emery. Ella le dijo que su esposo se encontraba arando. El vecino entonces le confió su preocupación. Más temprano esa mañana, al pasar por el campo notó que, en un surco a medio terminar, la yunta de caballos de Emery estaba inmóvil y con las riendas recogidas sobre el arado. Pero Emery no se encontraba allí. El vecino no pensó que ocurriera nada malo hasta que, más tarde, cuando volvió a pasar por el campo, vio que la yunta no se había movido de allí. Él saltó la cerca y cruzó el campo hasta donde se hallaban los caballos, pero Emery no estaba por ningún lado; entonces corrió de inmediato a hablar con Lucille.

Con mucha calma, Lucille le respondió: "Ah, no se preocupe; sin duda alguien ha tenido algún problema y vino a buscar al obispo".

La sola imagen de aquella yunta de caballos parada en medio del campo durante horas simboliza la devoción de los obispos de la Iglesia y de los consejeros que les ayudan. Bien podría decirse, en sentido figurado, que todo obispo y todo consejero deja su yunta en un surco a medio terminar cuando alguien necesita su ayuda.

A través de los años, he pasado muchas veces por ese campo. Es un recordatorio del sacrificio y del servicio de aquellos que son llamados a servir en los obispados de barrio, y también de sus esposas y familiares sin cuyo sostén no podrían servir.

 http://www.lds.org/conference/talk/display/0,5232,89-3-12-24,00.html

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Fortaleciendo a nuestra familia

Por lualcaro - 24 de Febrero, 2007, 4:58, Categoría: General

El fortalecimiento de las familias: nuestro deber sagrado

Élder Robert D. Hales
del Quórum de los Doce Apóstoles

"La clave para fortalecer nuestras familias es hacer que el Espíritu del Señor more en nuestros hogares. La meta de nuestras familias es estar en el camino estrecho y angosto".

Élder Robert D. Hales

El fortalecimiento de las familias es nuestro deber sagrado como padres, hijos, parientes, líderes, maestros y miembros individuales de la Iglesia.

La importancia de fortalecer en forma espiritual a las familias se enseña claramente en las Escrituras. Nuestro padre Adán y nuestra madre Eva enseñaron el Evangelio a sus hijos e hijas. El Señor aceptó los sacrificios de Abel, quien lo amaba; Caín, por otra parte, "amó a Satanás más que a Dios" y cometió serios pecados. Adán y Eva "se lamentaban ante el Señor por causa de Caín y sus hermanos", pero nunca dejaron de enseñar el Evangelio a sus hijos (véase Moisés 5:12, 18, 20, 27; 6:1, 58).

Debemos entender que cada uno de nuestros hijos viene con variados dones y talentos; algunos, como Abel, parecen haber recibido los dones de la fe al nacer. Otros luchan con cada decisión que toman. Como padres, nunca debemos permitir que las búsquedas o las luchas de nuestros hijos nos hagan ceder o perder la fe en el Señor.

Alma, hijo, mientras le "agobiaba este tormento. . . [y le] atribulaba el recuerdo de [sus] muchos pecados", recordó haber escuchado a su padre enseñar sobre la venida de "Jesucristo, un Hijo de Dios, para expiar los pecados del mundo" (Alma 36:17). Las palabras de su padre le guiaron hacia la conversión. De la misma manera, nuestros hijos recordarán nuestras enseñanzas y testimonio.

Los 2.000 soldados jóvenes del ejército de Helamán testificaron que sus justas madres les habían enseñado de manera poderosa principios del Evangelio (véase Alma 56:47­48).

En una época de gran búsqueda espiritual, Enós dijo: ". . .las palabras que frecuentemente había oído a mi padre hablar, en cuanto a la vida eterna. . . penetraron en mi corazón profundamente" (Enós 1:3).

En Doctrina y Convenios el Señor dice que los padres deben enseñar a sus hijos "a comprender la doctrina del arrepentimiento, de la fe en Cristo, el Hijo del Dios viviente, del bautismo y del don del Espíritu Santo por la imposición de manos, al llegar a la edad de ocho años. . .

"Y también enseñarán a sus hijos a orar y a andar rectamente delante del Señor" (D. y C. 68:25, 28).

A medida que enseñamos el Evangelio a nuestros hijos mediante la palabra y el ejemplo, nuestras familias se fortalecen y se fortifican espiritualmente.

http://www.lds.org/conference/talk/display/0,5232,89-3-12-14,00.html

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La responsabilidad de los padres

Por lualcaro - 24 de Febrero, 2007, 4:51, Categoría: General

Las manos de los padres

Élder Jeffrey R. Holland
del Quórum de los Doce Apóstoles

"Seguramente, lo más grande de esas cosas [que se requerirá de los padres] será el haber hecho todo lo que pudieron para lograr la felicidad y la seguridad espiritual de los hijos que tienen que nutrir".

Élder Jeffrey R. Holland

En este fin de semana de Pascua, deseo agradecer no sólo al Señor Jesucristo resucitado, sino también a Su verdadero Padre, nuestro Padre espiritual y Dios, quien, por aceptar el sacrificio de Su Hijo primogénito y perfecto, bendijo a todos Sus hijos en aquellas horas de expiación y redención. Nunca como en la época de Pascua hay tanto significado en esa declaración de Juan el Amado, que elogia al Padre así como al Hijo: "Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna"1.

Soy padre, uno inadecuado por cierto, pero no puedo comprender la angustia que debió haber sido para Dios, en Su cielo, presenciar el profundo sufrimiento y crucifixión de Su amado Hijo en tal forma. Todo Su impulso e instinto deben haber querido evitarlo, enviar ángeles para intervenir; pero Él no intervino. Él soportó lo que vio porque era la única manera que un pago salvador y vicario podría llevarse a cabo por los pecados de todos Sus otros hijos desde Adán y Eva hasta el fin del mundo. Estoy eternamente agradecido por un Padre perfecto y Su Hijo perfecto, ninguno de los cuales pasó la amarga copa ni abandonó al resto de nosotros que somos imperfectos, que nos quedamos cortos y tropezamos, y que con demasiada frecuencia no hacemos lo señalado.

Al considerar la belleza de lo ocurrido entre Cristo y Su Padre en esa primera temporada de Pascua, se nos recuerda que la relación entre Ellos es uno de los temas más dulces y más emotivos que se manifiestan a través del ministerio del Salvador. El ser entero de Jesús, Su propósito y deleite totales se centraban en complacer a Su Padre y en obedecer Su voluntad. Parecía estar siempre pensando en Él; parecía estar siempre orando a Él. A diferencia de nosotros, Él no necesitaba una crisis, ni cambios desalentadores en los acontecimientos para dirigir Sus esperanzas hacia el cielo. Él ya estaba, instintiva y ansiosamente, mirando hacia allá.

En todo Su ministerio terrenal parece que Cristo nunca tuvo ni un solo momento de vanidad o de interés propio. Cuando un joven trató de llamarlo "bueno", Él desvió el cumplido diciendo que sólo uno merecía tal alabanza: Su padre.

En los comienzos de Su ministerio, dijo con humildad: "No puedo yo hacer nada por mí mismo. . . no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me envió, la del Padre"2.

Luego de Sus enseñanzas, que asombraban a los que le escuchaban debido al poder y a la autoridad que encerraban, Él diría: "Mi doctrina no es mía, sino de aquel que me envió. . . no he venido de mí mismo, pero el que me envió es verdadero"3. Más tarde, diría otra vez: ". . .yo no he hablado por mi propia cuenta; el Padre que me envió, él me dio mandamiento de lo que he de decir, y de lo que he de hablar"4.

http://www.lds.org/conference/talk/display/0,5232,89-3-12-5,00.html

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Enséñad diligentemente

Por lualcaro - 24 de Febrero, 2007, 4:47, Categoría: General

Enséñenles la palabra de Dios con toda diligencia

Élder L. Tom Perry
del Quórum de los Doce Apóstoles

"Nuestra enseñanza será eficaz si la enfrentamos en forma humilde por medio de la oración y del estudio".

Élder L. Tom Perry

El domingo por la mañana, el 9 de diciembre de 1849 a las 8 horas, cerca de 30 niños entre las edades de 8 a 13 años llegaron a una pequeña sala de clases que se había construido en una casa. Golpearon sus zapatos en el umbral de la puerta, se sacudieron la nieve de los abrigos y gorros y luego se sentaron en simples bancas. Quedaron a la espera de que comenzara la clase. Hacía frío y afuera nevaba, pero la chimenea irradiaba un resplandor cálido y amigable. Los ojos de Richard Ballantyne brillaban cuando pidió orden para empezar la Escuela Dominical. Dirigió a los niños y a las niñas en un himno y luego dio una ferviente oración en voz baja dedicando ese cuarto de su hogar para enseñar el Evangelio de Jesucristo a los niños. Su voz era sonora y sus palabras fluían, como sucede cuando se emiten con reverencia y emoción. Así fue como se fundó la primera Escuela Dominical en el Valle del Lago Salado.

El organizar una Escuela Dominical no era ajeno para él, ya que lo había hecho en su nativa Escocia en la Iglesia Presbiteriana del Socorro, de la cual era miembro activo. Era su naturaleza tener el gran deseo de educar gente joven en el conocimiento del Evangelio. Había sido criado en un hogar en donde a su padre le gustaba repetir de memoria capítulos enteros de la Biblia y luego recitarlos a sus hijos. Era un hogar en donde no se tomaban ni siquiera un sorbo de agua sin antes quitarse el sombrero y dar gracias, como también era la costumbre hacerlo antes de comer.

Corrían rumores en los alrededores de su hogar en Escocia de que se había levantado un nuevo profeta en América. Al principio Richard prestó poca atención a esos rumores, pero a medida que sus dudas religiosas se fueron haciendo más desconcertantes, abiertamente buscó más luz y conocimiento. En el año 1841, el élder Orson Pratt fue a Edimburgo. Richard escuchó su mensaje e investigó la Iglesia durante un año; finalmente se convirtió y fue bautizado en el Mar del Norte. Él dijo: "Estaba tan convencido de que José Smith era un profeta y de que el Libro de Mormón era la palabra de Dios, y de que si no lo aceptaba sería maldecido". Como fue el caso de muchos de esos primeros conversos a la Iglesia, él vendió su negocio y emigró a los Estados Unidos, llevando consigo a su madre y a algunos de sus hermanos y hermanas. Llegaron a Nauvoo el 11 de noviembre de 1843, en una época en que había gran tumulto en la ciudad. Finalmente abandonaron Illinois e hicieron el viaje a Winter Quarters. Allí se casó y al poco tiempo hizo los preparativos para la larga jornada hacia el oeste. Llegaron al Valle del Lago Salado en septiembre de 1848 y comenzó de inmediato a construir una casa. Fue en esa casa en donde se llevó a cabo la primera Escuela Dominical en el valle. Cuando se construyó la capilla, el antiguo barrio 14, la Escuela Dominical se trasladó al nuevo centro de reuniones.

El hermano Ballantyne tuvo el deseo ferviente de enseñar el Evangelio de nuestro Señor y Salvador a la gente joven durante toda su vida. Doy gracias a Conway Ballantyne Sonne, un primo mío, por esta historia de la primera Escuela Dominical (de Conway B. Sonne, Knight of the Kindom: The Story of Richard B. Ballantyne, 1949, págs. 7­48).

http://www.lds.org/conference/talk/display/0,5232,89-3-12-2,00.html

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El quórum del sacerdocio

Por lualcaro - 22 de Febrero, 2007, 22:55, Categoría: General

El quórum del sacerdocio

Élder D. Todd Christofferson
de la Presidencia de los Setenta

"Decídanse ahora a hacer todo lo posible por lograr que su quórum del sacerdocio sea digno del nombre, sea fiel a su misión".

Élder D. Todd Christofferson

En 1918, el hermano George Goates era granjero y cultivaba remolacha azucarera en Lehi, Utah. Ese año el invierno empezó temprano y congeló gran parte de su cosecha de remolacha todavía por recoger. La siega fue lenta y difícil para el hermano Goates y su hijo Francis, un niño. Entretanto, una epidemia de gripe cundía por todo el lugar. La terrible enfermedad ya había truncado la vida de Charles, otro de sus hijos, y de tres hijitos de éste, dos niñitas y un varón; en el transcurso de sólo seis días, el apesadumbrado George Goates había hecho tres viajes a Ogden, Utah (entre Ogden y Lehi hay aproximadamente 115 kilómetros), con el fin de llevar los cuerpos para sepultarlos. Al final de ese espantoso período, George y Francis Goates tomaron su carromato y se dirigieron al campo de remolachas.

En el camino se cruzaron con muchas carretas conducidas por granjeros vecinos cargadas de remolachas que se dirigían a la fábrica azucarera. Al encontrarse, cada uno de los conductores lo saludaba con la mano y le decía: "¿Qué tal, tío George?", "Lo lamento mucho, George", "¡Qué pena, George!", "¡Acá estamos tus amigos, George!".

En la última carreta iba Jasper Rolfe, "el pecoso", que lo saludó alegremente, diciendo: "¡Aquí van todas, George!".

El hermano Goates se volvió hacia Francis y comentó: "¡Ojalá fueran todas las nuestras!".

Al llegar a la entrada de la granja, Francis bajó de un brinco y abrió el portón para que su padre entrara en el campo con el carromato. George detuvo a los animales y miró a su alrededor: ¡No había una sola remolacha en todo el campo! Entonces se dio cuenta de lo que Jasper Rolfe había querido decir con sus palabras: "¡Aquí van todas, George!"

El hermano Goates bajó de su carromato, recogió un puñado de la fértil tierra oscura que tanto amaba, y otro de tallos, y contempló un momento esos símbolos de su labor sin poder creerlo.

 http://www.lds.org/conference/talk/display/0,5232,89-3-15-16,00.html

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Los padres en Sión

Por lualcaro - 22 de Febrero, 2007, 4:33, Categoría: General

Los padres en Sión

Presidente Boyd K. Packer
Presidente en funciones del Quórum de los Doce Apóstoles

"Quiero instar a los líderes a considerar más detenidamente el hogar para que no extiendan llamamientos ni programen actividades que impongan cargas innecesarias sobre los padres y las familias".

Presidente Boyd K. Packer

En 1831 el Señor dio una revelación a los padres de Sión1. Es precisamente sobre los padres que deseo hablar.

He servido como miembro del Quórum de los Doce desde hace veintiocho años y serví otros nueve como Ayudante de los Doce, lo cual hace un total de treinta y siete años, exactamente la mitad de mi vida.

Pero tengo otro llamamiento que ha durado más tiempo aún. Soy padre y abuelo. Me llevó unos cuantos años ganarme el título de abuelo y otros veinte años el de bisabuelo. Estos títulos --padre, abuelo, madre y abuela-- conllevan responsabilidad y una autoridad que deriva, en parte, de la experiencia. La experiencia es una poderosa maestra.

Mi llamamiento en el sacerdocio define mi posición en la Iglesia y el título de abuelo, mi posición en la familia. Quiero referirme a los dos en forma conjunta.

El ser padre o madre es una de las ocupaciones más importantes a las cuales puedan dedicarse los Santos de los Últimos Días. Muchos miembros se enfrentan con conflictos al esforzarse por equilibrar sus responsabilidades de padres con su fiel servicio en la Iglesia.

Hay cosas que son de importancia fundamental para el bienestar de una familia y que se encuentran únicamente al ir a la Iglesia. Allí están el sacerdocio, el cual faculta al hombre para guiar y bendecir a su esposa e hijos, y los convenios que los unen eternamente.

A los miembros de la Iglesia se les mandó "re[unirse] a menudo"2 y se les mandó que "al estar reunidos os instruyáis y os edifiquéis unos a otros"3. Mosíah y Alma dieron la misma instrucción a los de su pueblo4.

Se nos ha mandado "volver el corazón de los padres hacia los hijos, y el corazón de los hijos hacia los padres"5.

El Señor llamó a José Smith, hijo, por su nombre y le dijo: ". . .No has guardado los mandamientos, y debes ser reprendido. . ."6. Él no había enseñado a sus hijos. Ésa es la única ocasión en la que se emplea el vocablo reprender para corregirle.

Su consejero, Frederick G. Williams, cayó bajo la misma condenación: "no has enseñado a tus hijos e hijas la luz y la verdad"7. A Sidney Rigdon se le dijo lo mismo, al igual que al obispo Newel K. Whitney8, a lo que el Señor añadió: "Lo que digo a uno lo digo a todos"9.

http://www.lds.org/conference/talk/display/0,5232,89-3-15-8,00.html

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