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24 de Febrero, 2007

El quórum del sacerdocio

Por lualcaro - 24 de Febrero, 2007, 19:08, Categoría: General

El quórum del sacerdocio

Élder Henry B. Eyring
Del Quórum de los Doce Apóstoles

La fuerza de un quórum procede, en gran medida, de cuán íntegramente estén unidos sus miembros en rectitud.

Élder Henry B. EyringAgradezco estar con ustedes en esta gran reunión del sacerdocio. Todos somos miembros de un quórum del sacerdocio. Tal vez no les parezca extraordinario, pero para mí sí lo es. Fui ordenado diácono en el Sacerdocio Aarónico en una pequeña rama de la Iglesia en la que había una sola familia. No teníamos un centro de reuniones, por lo que nos reuníamos en nuestra casa. Yo era el único diácono y mi hermano el único maestro.

Por lo tanto, sé lo que es ejercer el sacerdocio solo, sin servir con otras personas en un quórum. Era feliz en aquella pequeña rama sin quórum, pues no tenía forma de saber lo que me estaba perdiendo; entonces, mi familia se mudó al otro lado del continente, donde había muchos poseedores del sacerdocio y quórumes fuertes.

Con los años, he aprendido que la fuerza de un quórum no proviene del número de poseedores del sacerdocio que haya en él, ni tampoco viene automáticamente de la edad ni la madurez de sus miembros. Antes bien, la fuerza de un quórum procede, en gran medida, de cuán íntegramente estén unidos sus miembros en rectitud. La unidad de un quórum fuerte del sacerdocio no se parece a nada que haya experimentado en un equipo o club deportivo ni en cualquier otra organización del mundo.

Las palabras de Alma, registradas en el libro de Mosíah, son las que mejor describen la unidad que he sentido en los quórumes más fuertes del sacerdocio:

"Y les mandó que no hubiera contenciones entre uno y otro, sino que fijasen su vista hacia adelante con una sola mira, teniendo una fe y un bautismo, teniendo entrelazados sus corazones con unidad y amor el uno para con el otro"1.

Alma incluso dijo a su pueblo cómo reunir los requisitos para esa unidad. Les dijo que no debían predicar nada excepto el arrepentimiento y la fe en el Señor, que había redimido a Su pueblo2.

Lo que Alma estaba enseñando, y así sucede en cualquier quórum del sacerdocio que he visto unido, es que los corazones de los miembros cambian gracias a la expiación de Jesucristo. Así es como sus corazones se entrelazan.

Entendemos entonces por qué el Señor encomienda a los presidentes de quórum que dirijan en la forma que lo hace. En la sección 107 de Doctrina y Convenios utiliza casi las mismas palabras para describir los deberes del presidente de cada quórum. El presidente del quórum de diáconos debe enseñar a sus miembros su deber "conforme a lo indicado en los convenios"3. El presidente del quórum de maestros debe enseñar a sus miembros sus deberes como "se indican en los convenios"4. Al presidente del quórum de presbíteros, que es el obispo, se le manda "presidir a cuarenta y ocho presbíteros, sentarse en concilio con ellos y enseñarles los deberes de su oficio, cual se indica en los convenios"5.

Al presidente del quórum de élderes se le encomienda de esta manera:

"Además, el deber del presidente del oficio de los élderes es presidir a noventa y seis élderes, sentarse en concilio con ellos y enseñarles de acuerdo con los convenios"6.

Es fácil entender por qué Dios quiere que se enseñe a Sus quórumes "de acuerdo con los convenios". Los convenios son promesas solemnes. Nuestro Padre Celestial nos promete a todos la vida eterna si hacemos convenios y los guardamos. Por ejemplo, recibimos el sacerdocio con el convenio de ser fieles al ayudarle en Su obra. Las personas a las que bautizamos en Su Iglesia prometen tener fe en Jesucristo, arrepentirse y guardar Sus mandamientos. Todo convenio requiere fe en Jesucristo y obediencia a Sus mandamientos a fin de facultarnos para el perdón y un corazón puro, necesarios para heredar la vida eterna, el mayor de todos los dones de Dios.

Tal vez se pregunten, "¿Quiere eso decir que todas las lecciones del quórum deben ser sobre la fe y el arrepentimiento?" Claro que no, pero sí significa que el maestro y los que participen deben desear siempre llevar el Espíritu del Señor al corazón de los miembros que hay en el aula para generar fe y la determinación de arrepentirse y ser limpios.

Ese deseo sobrepasa las paredes del salón donde se reúne el quórum, pues en un quórum realmente unido, ese deseo se extiende a los miembros dondequiera que se encuentren.

Vi eso hace unos años en un quórum de diáconos al que se me llamó a enseñar las clases. De vez en cuando, algunos diáconos no asistían a las reuniones del quórum. Yo sabía que la enseñanza en ese quórum, y en todo quórum, era responsabilidad del presidente que tenía las llaves, quien debía sentarse en concilio con todos ellos. Por tanto, he adquirido el hábito de pedir consejo de aquel a quien Dios ha dado el mando, y le pregunté: "¿Qué cree que debo enseñar?, ¿cuál debería ser mi objetivo?".

Aprendí a seguir su consejo, porque sabía que Dios le había dado la responsabilidad para enseñar a los miembros de su quórum. Un domingo, supe que Dios había honrado el mandato que había dado a un presidente de quórum. Yo enseñaba a los diáconos, cuando me fijé en una silla vacía en la que había un aparato para grabar, y vi que estaba encendido. Después de la reunión, el joven que estaba sentado junto a la silla recogió el aparato y, cuando se disponía a salir, le pregunté por qué había grabado nuestra clase. Sonrió y dijo que otro diácono le había dicho que no iba a estar en el quórum ese día, así que le llevaba la grabadora a su casa para que pudiera escuchar la lección.

Yo había confiado en la responsabilidad que le había sido dada a un joven presidente de quórum, y la ayuda del Cielo llegó. El Espíritu inspiró a los miembros de esa habitación y envió a uno de ellos a un amigo para tratar de fortalecer su fe y guiarlo al arrepentimiento. El diácono que llevaba la grabadora había aprendido de acuerdo con los convenios y tendió la mano para ayudar a su amigo y compañero del quórum, de acuerdo con los convenios.

A los miembros de un quórum del sacerdocio se les instruye de diversas maneras, no sólo a través de las clases. El quórum es una unidad de servicio y los miembros aprenden al servir. Un quórum puede brindar mayor servicio que el que pudieran dar sus miembros individualmente, y ese poder se multiplica sin importar la cantidad de miembros. Cada quórum dispone de un líder con autoridad y responsabilidad para dirigir el servicio del sacerdocio. He visto el poder que se genera cuando se llama a los quórumes a ayudar cuando se produce un desastre. Una y otra vez personas que no son de la Iglesia me han expresado su sorpresa y admiración por la eficacia de la Iglesia para organizarse para ayudar. A ellos les parece un milagro. En todo servicio del sacerdocio, el milagro del poder surge cuando los líderes y los miembros honran la autoridad de los que dirigen el servicio en los quórumes del sacerdocio por toda la tierra.

Los milagros de poder se llevan a cabo cuando los quórumes brindan servicio a los demás o cuando ese servicio lo reciben los propios miembros del quórum. Un presidente de quórum de diáconos se reunió temprano un domingo con sus consejeros y el secretario del quórum antes de la reunión de quórum. Después de considerarlo en consejo con espíritu de oración, se sintió inspirado a llamar a un diácono para que invitara a la siguiente reunión del quórum a otro diácono que nunca había asistido. Sabía que el diácono que nunca había asistido tenía un padre que no era miembro de la Iglesia y que su madre tenía escaso interés en ella.

El diácono asignado aceptó el llamado de su presidente de comunicarse con el joven y fue a verlo. Yo le observé marcharse con actitud reacia, como si se tratara de una tarea difícil. El joven al que invitó a acompañarle al quórum había asistido sólo unas cuantas veces antes de que su familia se mudara. Muchos años después, me hallaba en una conferencia de estaca a miles de kilómetros del lugar donde se había reunido aquel quórum de diáconos. Entre una reunión de la conferencia y otra, un hombre al que no conocía se me acercó y me preguntó si conocía a cierta persona. Mencionó un nombre; se trataba del joven al que el presidente del quórum de diáconos había llamado para buscar y cuidar de una oveja perdida. Aquel hombre me dijo: "¿Podría darle las gracias de mi parte? Soy el abuelo del chico al que invitó al quórum de diáconos hace años. Ahora ya es grande, pero todavía me habla del diácono que lo invitó a ir a la Iglesia con él".

Tenía lágrimas en los ojos, y yo también. Un joven presidente de quórum había sido inspirado a ayudar a un miembro perdido de su quórum enviando a un joven con la misión de servir. Aquel presidente hizo lo que el Maestro hubiera hecho, y en el transcurso, capacitó a un nuevo poseedor del sacerdocio en su deber de servir a los demás, de acuerdo con los convenios. Se entrelazaron corazones que todavía seguían conectados después de más de veinte años y a miles de kilómetros de distancia. La unidad del quórum perdura cuando se edifica en el servicio y a la manera del Señor.

Una de las características que distingue a un quórum fuerte es el sentimiento de hermandad que reina entre sus miembros. Se preocupan los unos por los otros y se ayudan mutuamente. Los presidentes de quórum pueden forjar mejor esa hermandad si recuerdan por qué el Señor desea que haya unidad en el quórum. Obviamente es para que se ayuden mutuamente; pero es más, mucho más: es para que se edifiquen y se animen unos a otros a servir en rectitud con el Maestro en Su obra de ofrecer la vida eterna a los hijos de nuestro Padre Celestial.

El comprender eso cambiará nuestra manera de intentar forjar hermandad en el quórum. Por ejemplo, podría incluso cambiar la forma en que un quórum de diáconos juega al baloncesto. Quizá los miembros esperen forjar la hermandad más que sólo ganar un partido. Podrían invitar a un joven al que siempre se excluye porque no juega muy bien. Si acepta y va, los miembros del quórum probablemente le pasarán la pelota un poco más, al ver que tiene la oportunidad de marcar un tanto, especialmente al joven que probablemente no meta la canasta. Veinte años después quizá no recuerden si ganaron esa noche, pero siempre recordarán cómo jugaron juntos y por qué, y de quién era el equipo. Fue el Señor quien dijo: "Y si no sois uno, no sois míos"7.

El entender por qué el Señor desea que haya hermandad puede cambiar la forma de organizar una fiesta del quórum de élderes. Yo fui a una fiesta que planeó un hombre que era converso. Encontrar el Evangelio había sido lo mejor que le había sucedido, así que invitó a los amigos y vecinos que todavía no eran miembros de la Iglesia. Aún recuerdo el sentimiento de hermandad que reinaba mientras conversábamos con ellos sobre lo que la Iglesia significaba para nosotros. En aquella fiesta sentí más que hermandad con los hermanos del sacerdocio. El Maestro invitó a Sus discípulos a Su primer Quórum de los Doce durante Su ministerio terrenal de esta forma: "Venid en pos de mí, y os haré pescadores de hombres"8. De modo que aquella noche en la fiesta, sentí que me encontraba en la hermandad del Maestro y Sus discípulos, llegando a ser lo que Él desea que seamos.

Fui bendecido con ese mismo sentimiento de hermandad por parte de un líder del sacerdocio cuando yo pertenecía al Sacerdocio Aarónico. Él sabía cómo forjar una hermandad perdurable en el sacerdocio. Acordó con el dueño de un terreno arbolado que pasáramos la tarde cortando madera y la juntáramos en haces para que las viudas tuvieran con qué hacer una lumbre en invierno. Todavía recuerdo la afectuosa hermandad que sentí con mis hermanos del sacerdocio. Pero recuerdo aún más el sentimiento de que estaba haciendo lo que el Salvador haría, por lo que sentí hermandad con Él. Podemos forjar esa preciosa hermandad en nuestros quórumes durante esta vida y poseerla después por siempre, en gloria y en familias, si vivimos de acuerdo con los convenios.

Ruego que acepten la invitación del Señor de estar unidos, de ser uno en nuestros quórumes del sacerdocio. Él ha señalado la senda y nos ha prometido que, con Su ayuda, los quórumes buenos pueden llegar a ser quórumes excepcionales. Es lo que desea para nosotros, y yo sé que necesita quórumes más fuertes para bendecir a los hijos de nuestro Padre Celestial, de acuerdo con los convenios. Tengo fe en que lo hará.

Sé que nuestro Padre Celestial vive. Sé que Su Hijo, Jesucristo, expió nuestros pecados y los de todas las personas que conocemos. Él resucitó; Él vive; guía Su Iglesia y posee las llaves del sacerdocio. Mediante la inspiración que comunica a los que poseen llaves en la Iglesia, Él llama a cada presidente de cada quórum del sacerdocio. Testifico que el sacerdocio le fue restaurado a José Smith con todas sus llaves. Y testifico solemnemente que esas llaves han llegado hasta la actualidad al Presidente de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, que es el presidente de todo el sacerdocio en toda la tierra.

Lo testifico en el sagrado nombre de Jesucristo. Amén.

Notas

1. Mosíah 18:21.

2. Véase Mosíah 18:20.

3. D. y C. 107:85.

4. D. y C. 107:86.

5. D. y C. 107:87.

6. D. y C. 107:89.

7. D. y C. 38:27.

8. Mateo 4:19.

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Los matrimonios misioneros

Por lualcaro - 24 de Febrero, 2007, 18:54, Categoría: 11-Compartiendo el Evangelio

Los matrimonios misioneros: Las bendiciones del sacrificio y del servicio

Élder Robert D. Hales
Del Quórum de los Doce Apóstoles

Su Padre Celestial les necesita. Su obra, bajo la dirección de nuestro Salvador Jesucristo, precisa aquello que sólo ustedes pueden brindar.

Élder Robert D. HalesHace cuatro años, hablé en este mismo lugar sobre los matrimonios que sirven en misiones de tiempo completo. Mi ruego incluía que "el Espíritu Santo conmueva los corazones y en alguna parte uno o dos cónyuges miren a su compañero… y surja el momento de la verdad [el momento de la decisión]"1. Una hermana me escribió sobre esa experiencia y decía: "Nos hallábamos sentados en la comodidad de nuestra sala de estar disfrutando de la conferencia por la televisión… Sus palabras me conmovieron profundamente. Miré a mi esposo y él me miró a mí. Ese momento cambió mi vida para siempre".

Si se encuentran o si pronto se van a encontrar en la edad de servir como matrimonio misionero, esta tarde me dirijo a ustedes para testificar de las bendiciones que pueden cambiar sus vidas para siempre. Su Padre Celestial les necesita. Su obra, bajo la dirección de nuestro Salvador Jesucristo, precisa aquello que sólo ustedes pueden brindar. Cada experiencia misional requiere fe, sacrificio y servicio, atributos de los que siempre se desprenden abundantes bendiciones.

Mientras analizamos esas bendiciones, es natural que surjan cuatro impedimentos: el temor, la preocupación por la familia, el encontrar la oportunidad misional correcta y las finanzas2. Permítanme agregar otro elemento más importante y más poderoso: la fe. Sólo mediante la fe podremos dar oídos al consejo de Dios cuando dice: "Escogeos hoy a quién sirváis"3. "Elegid hoy servir a Dios el Señor que os hizo"4. Únicamente mediante la prueba de nuestra fe recibiremos las milagrosas bendiciones que anhelamos para nosotros y nuestras familias: "Porque si no hay fe entre los hijos de los hombres, Dios no puede hacer ningún milagro entre ellos; por tanto, no se mostró sino hasta después de su fe"5.

Permítanme exponer algunas de estas bendiciones milagrosas extraídas de las cartas y de los relatos que he recibido en los últimos cuatro años. Una sencilla pareja de Idaho empleó la fe para hacer a un lado su miedo cuando el Señor los llamó a servir en Rusia. Escribieron la siguiente carta de aceptación: "Nadie se hubiera imaginado que recibiríamos esta asignación. No tenemos ni idea de cómo vamos a aprender el idioma o a desenvolvernos para resultar útiles, y si bien aceptamos con gran temor y totalmente por la fe, sabemos que el Señor y Su profeta saben mejor que nadie dónde debemos servir". Diez meses más tarde, el Templo de Estocolmo, Suecia, recibió a treinta santos de una pequeña rama de Rusia dirigidos por ese matrimonio de Idaho que apenas había empezado a defenderse en el idioma. Las Escrituras nos dicen: "Dios ha dispuesto un medio para que el hombre, por la fe, pueda efectuar grandes milagros"6. De ese modo, los hijos de Dios llevan a cabo Su obra "para que también la fe aumente en la tierra… para que la plenitud de mi evangelio sea proclamada por los débiles y sencillos hasta los cabos de la tierra"7.

Otro matrimonio empleó la fe para hacer frente a sus inquietudes familiares. Una hermana fiel escribió: "La decisión de servir en una misión no fue difícil, pero mi madre, de noventa años, se mostraba reticente a nuestra marcha. Sin embargo, la consoló mucho saber que nuestros familiares serían bendecidos gracias a nuestro servicio". Un hermano fiel expresó idénticas preocupaciones sobre el partir del lado de sus ancianos padres, a lo que su padre respondió diciendo: "No nos utilices a tu madre ni a mí como excusa para no servir en una misión con tu esposa. Ora al respecto y sigue la guía del Espíritu".

El Señor tranquilizó a una generación anterior de misioneros que tuvieron que dejar atrás a sus familias con las siguientes palabras: "…y si lo hacen con corazones sumisos… yo, el Señor, les prometo abastecer a sus familias"8.

Las preocupaciones por la familia son reales y no se deben tomar a la ligera, pero también es cierto que no podemos resolverlas sin las bendiciones del Señor; y si nos sacrificamos para servir como matrimonios misioneros de tiempo completo, las bendiciones fluirán. Por ejemplo, a una pareja le preocupaba dejar a su hija más joven que no estaba activa en la Iglesia. Su fiel padre escribió: "Orábamos por ella constantemente y ayunábamos con regularidad. Entonces, durante una conferencia general, el Espíritu me susurró: "Si sirves, no tendrás que preocuparte por tu hija nunca más". Nos reunimos con el obispo y a la semana siguiente de recibido el llamamiento, nuestra hija y su novio anunciaron su enlace. Antes de marcharnos a África, se celebró la boda en nuestra casa. [Entonces reunimos a nuestra familia y] realizamos un consejo familiar… Les di testimonio del Señor y de José Smith… y les dije que me gustaría darle a cada uno una bendición de padre. Comencé por el hijo mayor, en seguida, bendije a su esposa y así seguí hasta llegar a la hija menor… [incluido nuestro nuevo yerno]".

Cuando tengamos en cuenta el servicio misional como matrimonio, es conveniente hacer participar a nuestros familiares de esa misma forma. En las reuniones de consejo familiar, podemos dar a nuestros hijos la oportunidad de expresar su apoyo, de ofrecer la ayuda especial que tal vez nos haga falta y de recibir bendiciones del sacerdocio que los sostengan durante nuestra ausencia. Cuando sea apropiado, también podremos recibir bendiciones del sacerdocio de parte de ellos. Cuando el fiel padre del caso que les he contado bendijo a sus familiares, su yerno sintió la influencia del Espíritu Santo. El padre escribió: "Antes del fin de nuestro primer año, [el] corazón [de nuestro yerno] empezó a enternecerse hacia la Iglesia y justo antes de nuestro regreso a casa una vez terminada nuestra misión, él y nuestra hija vinieron a visitarnos. En la maleta de mi yerno estaba la primera ropa de domingo que se había comprado. Fueron a la Iglesia con nosotros y después de volver a casa se bautizó. Un año más tarde se sellaron en el templo"9.

Aun cuando los detalles de esta historia sean excepcionales, el principio es verdadero para todos lo que le digan al Señor: "A donde me mandes iré"10. Testifico que si ponemos nuestra confianza en el Señor, Él hallará la oportunidad misional indicada para nosotros. Como Él dijo: "Si alguno me sirve… mi Padre le honrará"11.

Al tener en cuenta las oportunidades misionales, muchos de los matrimonios de todo el mundo tienen muchos deseos de prestar servicio, pero no tienen los medios económicos. Si ésa es su situación, recuerden que el indicado llamamiento misional puede no ser un país lejano de nombre exótico. El llamamiento indicado para ustedes puede ser dentro de su propia estaca o área; "…vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas"12. Deliberen en consejo con sus familiares y con su obispo o su presidente de rama. Al comprender los siervos del Señor su situación temporal, ustedes podrán recibir las bendiciones eternas del servicio misional de tiempo completo.

Si hay alguien que no pueda servir a causa de algún grave problema de salud u otra circunstancia atenuante, piense tal persona en realizar una aportación económica para ayudar a los que sí pueden servir. El sacrificio razonable de sus medios no sólo bendecirá a otros misioneros y a aquellos a quienes sirvan, sino que también les bendecirá a ustedes y a su familia.

Ahora bien, quisiera hablar directamente a los que no pudieron prestar servicio misional en su juventud: Quizás a lo largo de los años se hayan sentido acosados por sentimientos de pesar, o tal vez se hayan sentido ineptos por no haber tenido la oportunidad misional de prestar servicio y de progresar cuando eran más jóvenes. El consejo que les doy es: miren hacia el futuro y no hacia el pasado. ¡Empiecen a preparase para su misión como matrimonio misionero mayor hoy día! Ahorren un poco de dinero cada mes. Estudien las Escrituras. Acepten llamamientos de la Iglesia. Oren para sentir el amor del Señor por las demás personas y reciban Su amor y confianza en ustedes. ¡Ustedes podrán algún día reclamar todas las bendiciones del servicio misional!

¡Y qué maravillosas bendiciones son ésas! Tras cincuenta y un años de matrimonio, me preguntaron: "¿Qué parte de su vida quisiera volver a vivir?". No dudé en contestar: "El tiempo en el que mi esposa y yo servimos juntos en la gran obra misional del Señor". Los sentimientos de otro matrimonio misionero hacen eco a los de mi esposa y a los míos: "La decisión de servir en una misión nos proporcionó nuevo vigor, nuevas emociones, nuevos amigos, nuevos lugares y nuevos retos. Nos unió más como marido y mujer; teníamos una meta común y éramos compañeros de verdad. Y lo mejor de todo fue que nos brindó un nuevo progreso espiritual en vez de una jubilación espiritual". Hermanos y hermanas, no caigamos en la jubilación espiritual.

Ahora, permítanme extender un desafío a los obispos y a los presidentes de rama de todo el mundo. ¿Sería posible que durante los próximos seis meses pudieran recomendar a uno o a más matrimonios misioneros además de aquellos que actualmente tengan previsto servir? El recurso más importante del que podrán echar mano para cumplir con este reto son los miembros mayores de su barrio que ya hayan servido como misioneros. En mi barrio, un obispo inspirado convocó una reunión especial de posibles matrimonios misioneros y de ex matrimonios misioneros. Al compartir nuestro testimonio del sacrificio y del servicio, el Espíritu nos testificó a todos que un llamamiento a servir es, de hecho, un llamamiento para "[darnos] Sus ricas bendiciones"13.

He oído de un presidente de estaca que organizó una clase para matrimonios misioneros y así inspirar a los posibles matrimonios misioneros y ayudarles a prepararse para servir. Líderes del sacerdocio, cuando busquen con oración fomentar el servicio misional de tiempo completo, recuerden que cuando se llama a un matrimonio, éste no sólo contribuye a llevar a cabo la obra del Señor en todo el mundo, sino que planta en su familia la semilla del servicio que florecerá en las generaciones venideras. Aún me siento agradecido por la influencia de mis padres, que sirvieron como matrimonio misionero en Inglaterra y dieron un gran ejemplo a su posteridad.

Ahora bien, ustedes los posibles matrimonios misioneros, por favor no aguarden a que el obispo se reúna con ustedes para tratar el tema de servir en una misión. Acudan a él, compartan sus sentimientos. En lo que al servicio misional se refiere, el Señor espera que expresemos nuestros deseos. Así sabremos que el mismo Espíritu que nos mueve a solicitar el llamamiento misional inspirará al profeta a llamarnos a la asignación adecuada.

¡Hay tantos llamamientos! Hay llamamientos para enseñar el Evangelio a los que desean recibir la verdad, incluidos los jóvenes del Sistema Educativo de la Iglesia; llamamientos para trabajar en el servicio humanitario y de bienestar, en los templos, en centros de historia familiar, en oficinas de misión y en emplazamientos históricos; llamamientos para "[realizar] el mayor beneficio para [vuestros] semejantes, y [adelantar] la gloria de aquel que es tu Señor"14.

Tengan en cuenta los siguientes ejemplos: Un matrimonio que fue llamado a la India ayudó a una escuela para niños invidentes a construir instalaciones sanitarias y a adquirir máquinas de escribir en braille. En Hawai un matrimonio nutrió a una pequeña rama que pasó de 20 miembros a 200 y preparó a 70 de ellos para que fueran juntos al templo. En Perú, un matrimonio hizo todas las gestiones necesarias para que se propocionasen medicamentos y juguetes de Navidad a quinientos cincuenta niños de un orfanato. Un matrimonio en Camboya enseñó clases de instituto y proporcionó liderazgo a una rama que, al cabo de tan sólo diez meses, creció hasta alcanzar el número de ciento ochenta miembros. En Rusia, un matrimonio ayudó a los granjeros de una localidad a aumentar sus cosechas de papas [patatas] en once veces más de lo habitual, mientras que un matrimonio en las Filipinas ayudó a casi setecientas familias mal alimentadas a criar conejos y a cultivar hortalizas. En Pensilvania, otro matrimonio ayudó a sesenta personas, la mitad de ellas eran de otras religiones, a preparar los registros genealógicos de sus familias. En Ghana, un matrimonio ayudó a perforar y a acondicionar pozos para que ciento noventa mil habitantes de aldeas y de campos de refugiados cercanos tuvieran agua.

Sean o no los resultados de cada misión así de evidentes al ojo humano, todos los que sirven realizan una contribución incalculable a la vista del Señor, pues a todos los "que dudan, convencedlos"15. Los matrimonios misioneros son modelos y ejemplos de fortaleza para los misioneros de tiempo completo, así como para los líderes del sacerdocio y de las organizaciones auxiliares en todo el mundo. Manifiesto mi gratitud por todos ellos y por los miles más que sirven en tantas funciones, donando millones de horas de servicio a su prójimo.

Mis hermanos y hermanas, si han sentido el deseo de participar en esta obra, sin importar lo callados que sean sus sentimientos, no pospongan el día de su servicio. Éste es el momento de prepararse; éste es el momento de ser llamado, el momento de sacrificarse. Éste es el momento de compartir sus dones y talentos. Éste es el momento de recibir las bendiciones que Dios tiene reservadas para ustedes y para sus familias. "Hay una necesidad constante de más matrimonios misioneros", ha dicho el presidente Hinckley16. A medida que la obra avanza, la necesidad aumenta. Aprovechemos nuestros más ricos años de experiencia, de madurez, de sabiduría y, especialmente, de fe, para satisfacer esa necesidad como sólo nosotros podemos hacerlo.

Por encima de todo, tengan un motivo especial para hacerlo. Gracias a las experiencias de nuestra vida podemos volver la vista hacia atrás y reconocer la bondad de nuestro Padre Celestial y de Su Hijo Jesucristo para con nosotros y para con nuestras familias. Un hermano fiel lo explicó así: "Mi esposa y yo deseamos servir cinco misiones: una por cada hermoso hijo con el que Dios nos ha bendecido". Cualesquiera que hayan sido las bendiciones recibidas individualmente, les testifico que hemos recibido la más grande de todas: "De tal manera amó Dios [nuestro Padre Celestial] al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito"17, y Su Hijo Jesucristo "ama al mundo, al grado de dar su propia vida"18. Expreso mi testimonio especial de que Su sacrificio expiatorio es la manifestación suprema de ese amor.

Los miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días tenemos el gran privilegio de agradecer Su amor mediante el sacrificio y el servicio, y de reclamar así Su santa promesa: "Y el que diere su vida en mi causa, por mi nombre, la hallará otra vez, sí, vida eterna"19. Que actuemos así, es mi sincera oración en el nombre de Jesucristo. Amén.

Notas

1. "Matrimonios misioneros: Una época para servir", Liahona, julio de 2001, pág. 28.

2. Véase Liahona, julio de 2001, pág. 29.

3. Alma 30:8.

4. Moisés 6:33.

5. Éter 12:12, cursiva agregada.

6. Mosíah 8:18.

7. D. y C. 1:21, 23.

8. D. y C. 118:3.

9. Véase D. y C. 31:1–2, 5.

10. "Adonde me mandes iré", Himnos, Nº 175.

11. Juan 12:26.

12. Mateo 6:32; 3 Nefi 13:32.

13. "Llamados a servir", Himnos, Nº 161.

14. D. y C. 81:4.

15. Judas 1:22.

16. "A los obispos de la Iglesia", Reunión Mundial de Capacitación de Líderes, 19 de junio de 2004, pág. 27.

17. Juan 3:16.

18. 2 Nefi 26:24.

19. D. y C. 98:13.

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¿Qué es un quórum?

Por lualcaro - 24 de Febrero, 2007, 18:48, Categoría: General

¿Qué es un quórum?

ÉLDER L. TOM PERRY
Del Quórum de los Doce Apóstoles

Una de las más grandes bendiciones que se pueda recibir al ser poseedor del sacerdocio… es el pertenecer a un quórum del sacerdocio.

ÉLDER L. TOM PERRY"Habiendo sido inspirado por el Espíritu Santo para poner los cimientos de ella y edificarla para la fe santísima.

"Dicha iglesia se organizó y se estableció en el año de tu Señor de mil ochocientos treinta, en el cuarto mes y en el sexto día de mes llamado abril" (D. y C. 21:2–3).

Fue en ese día que José Smith, Oliver Cowdery y otros miembros de las familias Smith y Whitmer se reunieron en el hogar de Peter Whitmer, padre, en Fayette, Condado de Séneca, Nueva York. Después de las debidas canciones y oraciones, se leyó a la gente allí reunida las revelaciones concernientes a la organización de la Iglesia. En esas revelaciones se expusieron el orden del sacerdocio y los deberes de los oficiales de la Iglesia. La organización de la Iglesia de la actualidad se ha edificado siguiendo ese modelo.

"…de acuerdo con el mandamiento previo, el profeta José preguntó a los hermanos presentes para saber si ellos los aceptarían a él y a Oliver Cowdery como sus maestros de las cosas del reino de Dios; y si estaban dispuestos a proceder a organizar la Iglesia de acuerdo con el mandamiento del Señor, a lo cual ellos dieron su consentimiento mediante el voto unánime" (B. H. Roberts, A Comprehensive History of the Church, tomo I, pág. 196).

Y así tenemos el modelo establecido desde el principio mismo: "Y todas las cosas se harán de común acuerdo en la iglesia, con mucha oración y fe, porque recibiréis todas las cosas por la fe…" (D. y C 26:2).

Siento algo muy especial en todo mi ser cuando veo las manos levantadas en escuadra para sostener a los líderes de esta Iglesia. Hoy día los miembros de la Iglesia sostuvieron a dos nuevos miembros del Quórum de los Doce Apóstoles aquí, en el Centro de Conferencias, y mediante la televisión, Internet y el satélite a casi todos los rincones de la tierra.

Élder Uchtdorf y élder Bednar: a ustedes se les ha sostenido para llenar las vacantes originadas por el fallecimiento del élder David B. Haight y del élder Neal A. Maxwell. Como miembro del Quórum de los Doce Apóstoles, les doy la bienvenida con los brazos abiertos al llegar ustedes a ser parte de este sagrado llamamiento que es nuestro. Por supuesto, hoy día extrañamos nuestra asociación con el élder Haight y con el élder Maxwell. El élder Haight se sentó a mi lado en estas conferencias durante los últimos 28 años. El élder Maxwell se sentó al lado de él durante muchos años. ¡Ojalá tuviese yo el espíritu entusiasta del élder Haight o el poder de la palabra del élder Maxwell para expresar mis sentimientos acerca de esta larga relación que he experimentado con esos dos hermanos excepcionales! Ellos han contribuido tanto a mi vida y cómo extraño su continua asociación.

Tenemos una rica tradición en lo que se refiere a la obra de los Doce a medida que hemos viajado por todo el mundo proclamando el Evangelio de Jesucristo. Por ejemplo: fue el domingo, el 4 de junio de 1837, cuando el profeta José Smith se acercó al hermano Heber C. Kimball en el Templo de Kirtland y le susurró diciendo: "Hermano Heber, el Espíritu del Señor me ha susurrado: "Permite que mi siervo Heber vaya a Inglaterra y proclame mi Evangelio y abra la puerta de la salvación a aquella nación" " (citado en Orson F. Whitney, Life of Heber C. Kimball, 1945, pág. 104).

El relato de Heber C. Kimball y de Brigham Young, al dejar su hogar para dirigirse a Inglaterra, ciertamente demuestra el sacrificio que estaban dispuestos a hacer por los llamamientos que habían recibido. El relato dice así: "14 de septiembre [l839], el presidente Brigham Young dejó su hogar en Montrose para empezar la misión en Inglaterra. Estaba tan enfermo que no pudo llegar al río Mississippi, a una distancia de 150 metros, sin ayuda. Después de cruzar el río, cabalgó detrás de Isaac Barlow hasta mi casa, donde siguió enfermo hasta el 18 de septiembre. Dejó a su esposa enferma, con un bebé de tan sólo tres semanas de nacido, y todos los demás hijos estaban enfermos y no podían ayudarse unos a otros. Ninguno de ellos podía ir al pozo por un balde de agua y sólo tenían la ropa que llevaban puesta, ya que la turba de Misuri se había llevado casi todo lo que él tenía. El día 17, la hermana Mary Ann Young consiguió que un jovencito la llevara en su carreta a mi casa para que pudiese cuidar y consolar al hermano Brigham…" (citado en Life of Heber C. Kimball, pág. 265).

La familia de Heber C. Kimball también estaba enferma. Charles Hubbard envió a su hijo con un tiro de caballos y una carreta para ayudarlos en el viaje. El élder Kimball registra: "…sentía como si las entrañas mismas se me fueran a derretir al tener que dejar a mi familia en esas condiciones, casi en los brazos de la muerte. Me parecía algo imposible de soportar. Le indiqué al conductor que se detuviera. Entonces le dije al hermano Brigham: "Esto es muy duro, ¿no es cierto? Levantémonos y despidámonos alegremente". Nos pusimos de pie en el carro, y agitando tres veces los sombreros en el aire, gritamos: "¡Viva! ¡Viva Israel!" ". La hermana Young y la hermana Kimball salieron a la puerta y se despidieron, lo que les dio a Brigham y a Heber mucho consuelo y continuaron sin "bolsa ni alforja" hacia Inglaterra ("El sacrificio al prestar servicio", Liahona, enero de 1996, pág. 47).

La Guía para el Estudio de las Escrituras, declara que apóstol significa: "el que es enviado" (Guía para el Estudio de la Escrituras, pág. 18). El llamamiento de apóstol es el de ser un testigo especial del nombre de Jesucristo en todo el mundo, sobre todo de Su divinidad y de Su resurrección de entre los muertos. Los doce hombres que tienen ese alto llamamiento constituyen un consejo administrativo para la obra del ministerio… Hoy día, doce hombres con ese mismo llamamiento y ordenación divinos constituyen el Quórum de los Doce Apóstoles de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.

En la actualidad, un apóstol sigue siendo "el que es enviado". Las condiciones que enfrentamos hoy son diferentes de las de los primeros hermanos, a medida que hacían sus viajes para cumplir con sus asignaciones. Nuestra manera de viajar a los cuatro rincones de la tierra es muy diferente de los primeros hermanos. Sin embargo, nuestra asignación sigue siendo la misma que dio el Salvador a Sus Doce, cuando les instruyó: "Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo…" (Mateo 28:19–20).

Para ustedes dos, nuevos Apóstoles, les prometo que habrá una nueva comprensión de lo que significa pertenecer a un quórum. Deseo que lo que sentimos por nuestro Consejo y el respeto que le tenemos pudiese ser transmitido a todo quórum de la Iglesia. ¿Podrían ustedes, los quórumes de diáconos, de maestros, de presbíteros, de élderes y de sumos sacerdotes, escuchar por un momento lo que yo creo que es una de las más grandes bendiciones que se pueda recibir al ser poseedor del sacerdocio? Esa bendición especial es el pertenecer a un quórum del sacerdocio.

El presidente Stephen L Richards, hace muchos años, nos brindó un maravilloso consejo sobre el gobierno de la Iglesia. Sus palabras son las siguientes:

"…la extraordinaria fuerza intelectual del gobierno de la Iglesia radica en gobernar por medio de consejos… Puedo apreciar la sabiduría, la sabiduría de Dios, en la creación de consejos: para gobernar Su reino. En el espíritu en el que trabajamos, hombres de aparentes puntos de vista divergentes y de muy diferentes experiencias se reúnen bajo la influencia de ese espíritu y al tomar consejo entre sí, pueden llegar a un acuerdo… Sin vacilar, les aseguro que, si se reúnen en consejo para deliberar, como se supone que lo hagan, Dios les dará las soluciones a los problemas que enfrentan…" (véase "Fortalezcamos los consejos", Liahona, enero de 1994, pág. 89).

¿Y cuáles son los grandes beneficios que ustedes experimentarán al pertenecer a un quórum? De nuevo, Stephen L Richards dijo: "Un quórum tiene tres funciones: primero, es una clase; segundo, es una fraternidad; tercero, es una unidad de servicio" (véase "Llamados por Dios", Liahona, noviembre de 2002, pág. 7).

Yo veo esa característica distintiva en las funciones del Quórum de los Doce Apóstoles. Somos una clase al estudiar juntos las doctrinas del reino. ¿Se pueden imaginar lo especial que sería la experiencia de estar en una reunión de quórum y que los élderes Ezra Taft Benson, Mark E. Petersen, LeGrand Richards, Howard W. Hunter, Bruce R. McConkie, David B. Haight o Neal A. Maxwell nos enseñaran la doctrina del Evangelio? Notarán que sólo he mencionado a quienes han terminado su ministerio terrenal para no mostrar favoritismo entre los apóstoles de la actualidad. Esa misma bendición puede ser de ustedes en cada uno de sus quórumes. Las palabras de los apóstoles, pasados y presentes, siguen vivas en las Escrituras, en los discursos de las conferencias, en las revistas de la Iglesia, en los devocionales, etc. Están disponibles para llevar el poder de la doctrina del reino a la clase de su quórum. Hagan que la clase de su quórum aumente su conocimiento del Evangelio de nuestro Señor y Salvador.

En nuestro quórum existe una hermandad especial. En él procuramos elevarnos, inspirarnos y bendecirnos unos a otros de acuerdo con el espíritu de nuestro llamamiento. Si uno de nosotros tiene preocupaciones, los otros once están deseosos de animarle y de aligerar su carga. En ocasiones nos regocijamos juntos por logros alcanzados; en momentos de dolor, lloramos juntos. ¡Nunca sentimos que tenemos que enfrentar solos nuestros problemas! Siempre recibimos consejo, apoyo, ayuda y aliento de los miembros de nuestro Quórum.

En el libro Priesthood and Church Government [El sacerdocio y el gobierno de la Iglesia], leemos esta declaración acerca de la hermandad que debe existir en los quórumes del sacerdocio: "El sacerdocio es una gran hermandad sostenida por las leyes eternas e inmutables que constituyen el marco del Evangelio. El sentimiento de hermandad debe palparse en el quórum. El primer interés de un quórum debe ser ayudar a todos los miembros que tengan necesidades, tanto temporales como mentales o espirituales. El espíritu de hermandad debe ser la fuerza directora en todos los planes y funciones del quórum. Si sabia y constantemente se cultiva ese espíritu, no habrá ninguna otra organización que atraiga más a los poseedores del sacerdocio" (Sacerdocio Aarónico, Manual 3, Lección 21, pág. 85). Animamos a cada quórum del sacerdocio de la Iglesia que cultive tal hermandad.

Finalmente, el único propósito de nuestro quórum es prestar servicio. Quizá nuestros profundos sentimientos en cuanto a esa responsabilidad se podrían describir en una epístola de Wilford Woodruff fechada el 26 de octubre de 1886, que en ese entonces servía como Presidente del Consejo de los Doce Apóstoles: "Les diré a los apóstoles que nuestra responsabilidad es muy grande… ¿Qué clase de hombres habéis de ser? La tierra entera está madurando en la iniquidad y la Sión de Dios debe estar preparada para la venida del Esposo. Debemos humillarnos ante el Señor y ser dignos de ser llenos del espíritu de nuestro llamamiento, del Espíritu Santo y de las revelaciones de Jesucristo, para que conozcamos la intención y la voluntad de Dios con respecto a nosotros y estemos preparados para magnificar nuestros llamamientos y llevar a cabo la rectitud y ser valientes en el testimonio de Jesucristo hasta el fin… Nunca ha habido un momento en que la obra de Dios haya requerido un testimonio y una labor más fieles de parte de los apóstoles y de los élderes que hoy día" ("An Epistle", Deseret News Weekly, 24 de noviembre de 1886, pág. 712). Hagan de cada uno de sus quórumes una gran organización de servicio para el beneficio de toda la humanidad.

Y ahora esta advertencia de las Escrituras:

"Por tanto, aprenda todo varón su deber, así como a obrar con toda diligencia en el oficio al cual fuere nombrado.

"El que sea perezoso no será considerado digno de permanecer, y quien no aprenda su deber y no se presente aprobado, no será considerado digno de permanecer" (D. y C. 107:99–100).

Así que les digo a ustedes, las dos Autoridades Generales que se han unido a nuestro Quórum, y a todos ustedes, los hermanos que pertenecen al sacerdocio de Dios, que Dios nos bendiga a cado uno en nuestros llamamientos para dar servicio. Que nuestra fe nos fortalezca a medida que servimos en rectitud, guardando fielmente los mandamientos. Que nuestro testimonio siempre se fortalezca a medida que buscamos la fuente de la verdad eterna. Que la hermandad que existe en nuestro quórum sea de consuelo, fortaleza y seguridad a medida que pasamos por esta fase terrenal de nuestra existencia. Que el gozo de prestar servicio en el Evangelio permanezca por siempre en nuestro corazón al seguir adelante para cumplir con nuestros deberes y nuestras responsabilidades como siervos en el reino de nuestro Padre Celestial, es mi humilde oración en el nombre de Jesucristo. Amén.

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El matrimonio y la familia

Por lualcaro - 24 de Febrero, 2007, 18:42, Categoría: General

El matrimonio y la familia: Nuestra sagrada responsabilidad

ÉLDER W. DOUGLAS SHUMWAY
De los Setenta

En una sociedad en la que a menudo se evade el matrimonio, se evita la paternidad y se degrada a las familias, tenemos la responsabilidad de honrar nuestro matrimonio, de educar a nuestros hijos y de fortalecer nuestras familias.

ÉLDER W. DOUGLAS SHUMWAYPoco después de casarme, mis tres hermanos y yo, nos encontramos en la oficina de mi padre para realizar una reunión de negocios. Al terminar nuestra reunión y disponernos a salir, nuestro padre se detuvo, nos miró y dijo: "Muchachos, no están tratando a sus esposas como deberían hacerlo, deben demostrarles más bondad y respeto". Las palabras de mi padre me llegaron al alma.

Hoy somos testigos de un ataque sin fin al matrimonio y a la familia. Ellos parecen ser los principales blancos del adversario para el menosprecio y la destrucción. En una sociedad en la que a menudo se evade el matrimonio, se evita la paternidad y se degrada a las familias, tenemos la responsabilidad de honrar nuestro matrimonio, de educar a nuestros hijos y de fortalecer nuestras familias.

Honrar el matrimonio requiere que los cónyuges se amen, se respeten y sean leales el uno hacia el otro. Se nos ha dado la sagrada instrucción de "amarás a tu esposa con todo tu corazón, y te allegarás a ella y a ninguna otra" (D. y C. 42:22).

El profeta Malaquías enseñó: "… Porque Jehová ha atestiguado entre ti y la mujer de tu juventud, contra la cual has sido desleal, siendo ella tu compañera, y la mujer de tu pacto… Guardaos… y no seáis desleales con la mujer de vuestra juventud" (Malaquías 2:14–15). En verdad, es un privilegio pasar la vida junto a la mujer de nuestra juventud, guardar los convenios, adquirir sabiduría y compartir amor ahora y en toda la eternidad.

Me acuerdo de la expresión: "Cuando la satisfacción o la seguridad de la otra persona llega a ser tan significativa como la satisfacción o la seguridad personal, entonces existe el amor" (Harry Stack Sullivan, Conceptions of Modern Psychiatry, 1940, pág. 42–43).

Se supone que el matrimonio es, y debe ser, una relación amorosa, vinculante y armoniosa entre un hombre y una mujer. Cuando los cónyuges entienden que a la familia la decretó Dios y que el matrimonio puede estar lleno de promesas y bendiciones que se extienden hasta las eternidades, la separación y el divorcio rara vez se llegarán a considerar en un hogar Santo de los Últimos Días. Las parejas se darán cuenta de que las ordenanzas y los convenios sagrados realizados en la Casa del Señor les proporcionarán los medios para regresar a la presencia de Dios.

A los padres se les ha dado el sagrado deber de "cri[ar] [a los hijos] en disciplina… del Señor" (Efesios 6:4). "El primer mandamiento que Dios les dio a Adán y a Eva tenía que ver con el potencial que, como esposo y esposa, tenían de ser padres" ("La Familia: Una proclamación para el mundo", Liahona, octubre de 1998, pág. 24). Entonces nuestra responsabilidad no sólo es el bienestar de nuestro cónyuge sino que se extiende al cuidado atento de nuestros hijos, porque "… herencia de Jehová son los hijos" (Salmos 127:3). Podemos escoger educar así a nuestros hijos y "[enseñarles]… a orar y a andar rectamente delante del Señor" (D. y C. 68:28). Como padres, debemos considerar a nuestros hijos como dones de Dios y debemos comprometernos para hacer de nuestro hogar un lugar para amar, enseñar y educar a nuestros hijos e hijas.

El presidente Thomas S. Monson nos recuerda: "El manto de liderazgo no es la capa de la comodidad sino el peso de la responsabilidad… La juventud necesita menos críticos y más ejemplos buenos. Dentro de cien años no tendrá ninguna importancia el tipo de casa en la que hayamos vivido, cuánto dinero hayamos tenido en la cuenta de ahorros ni la apariencia de nuestra ropa, pero el mundo quizá sea un poco mejor por la influencia que hayamos tenido en la vida de un niño" ("En pos de la vida plena", Liahona, agosto de 1988, pág. 7).

Aunque a veces nos sintamos cansados, impacientes o muy ocupados para atender a nuestros hijos, nunca debemos olvidar el infinito valor de lo que tenemos en nuestro hogar: nuestros hijos e hijas. Lo que tengamos que hacer, ya sea una cita de negocios o un nuevo auto, es de poco valor comparado con el valor de una alma joven.

John Gunther, un padre que perdió a su hijo a causa de cáncer al cerebro, nos instó: quienes todavía tengan "hijos e hijas, abrácenlos con una mayor sensación de dicha por tenerlos con ustedes" (Death Be Not Proud, 1949, pág. 259).

El presidente Harold B. Lee contó que el gran educador, Horace Mann, "quien era el orador en la dedicación de una escuela para varones, dijo en su discurso: "Si esta escuela, que ha costado tantos millones, logra salvar a un solo muchacho, ha valido la pena todo ese gasto". Después de la reunión uno de sus amigos se le acercó y le dijo: "Parece que te dejaste llevar por el entusiasmo, ¿no?… Dijiste que si esta escuela que ha costado miles de dólares logra salvar a un solo muchacho, ¿habrá valido la pena el costo? No creo que hayas querido decir realmente eso" ". Horace Mann lo miró y dijo: "Sí, amigo. Si ese joven fuera tu hijo, ¿no crees que se justificaría?" " (Véase "Un paladín de la juventud", élder Vaughn J. Featherstone, Liahona, enero de 1988, pág. 26).

El amar, proteger y educar a nuestros hijos están entre las cosas más sagradas y eternamente importantes que hagamos. Las posesiones materiales se desvanecerán, la película o la canción más popular de hoy será irrelevante mañana, pero un hijo o una hija es eterno.

"… la familia es la parte central del plan del Creador para el destino eterno de Sus hijos" ("La Familia: Una proclamación para el mundo"). Por lo tanto, los padres y los hijos deben trabajar en forma unida para fortalecer las relaciones familiares, cultivándolas todos los días.

Tengo un hermano que trabajaba en una gran universidad y que nos contó acerca de un atleta, destacado corredor de vallas, que era ciego. Rex le preguntó: "¿Nunca te caes?", a lo que el atleta respondió: "Tengo que ser exacto. Mido antes de saltar. Una vez no lo hice y casi me mato". Luego el joven habló de las incontables horas que su padre le dedicó durante muchos años para enseñarle, ayudarle y mostrarle cómo saltar vallas, hasta que llegó a ser uno de los mejores.

¿Cómo iba a fallar ese joven con un equipo como ése, el de un padre y un hijo?

Jóvenes y jovencitas, ustedes pueden ser una gran influencia positiva en sus hogares al ayudar a lograr objetivos familiares dignos. Nunca olvidaré la noche de hogar hace años, en la que se colocó el nombre de cada integrante de la familia en un sombrero. El nombre que se escogía sería el "amigo secreto" durante la semana. Ya se imaginarán el amor que llenó mi corazón cuando llegué a casa al martes siguiente después del trabajo para limpiar el garaje, tal como lo había prometido, y lo encontré ya barrido. Había una nota pegada en la puerta del garaje que decía: "Espero que hayas tenido un buen día, tu amigo secreto". Y el viernes por la noche al sacar la colcha de la cama descubrí una barra de mi dulce favorito, envuelta cuidadosamente en papel blanco, con una nota que decía: "¡Papá, te quiero mucho! Gracias, tu amigo secreto". Luego ocurrió algo mejor. Cuando regresé a casa tarde un domingo, después de asistir a una reunión vespertina, encontré en mi lugar de la mesa del comedor una servilleta hermosamente colocada, y escrito en ella: "SUPER PAPÁ" con letras grandes, y entre paréntesis: "Tu amigo secreto". Realicen su noche de hogar, porque allí se enseña el Evangelio, se obtiene un testimonio y se fortalece a la familia.

Aunque el adversario busque destruir los elementos claves necesarios para un matrimonio feliz y una familia recta, permítanme asegurarles que el Evangelio de Jesucristo provee las herramientas y enseñanzas necesarias para combatir y vencer al agresor en esta guerra. Si tan sólo honramos nuestro matrimonio impartiendo más amor y abnegación a nuestro cónyuge; educamos a nuestros hijos con delicada persuasión y con el mejor maestro, el cual es el ejemplo, y fortalecemos la espiritualidad de nuestra familia por medio de la noche de hogar constante, y la oración y el estudio de las Escrituras, les testifico que el Salvador viviente, Jesucristo, nos guiará y nos dará la victoria en nuestros esfuerzos por alcanzar la unidad familiar eterna. Lo testifico en el nombre de Jesucristo. Amén.

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Un mensaje de esperanza para las familias

Por lualcaro - 24 de Febrero, 2007, 18:40, Categoría: General

Con todo el sentimiento de un tierno padre: Un mensaje de esperanza para las familias

ÉLDER ROBERT E. HALES
Del Quórum de los Doce Apóstoles

No importa cuán malvado llegue a ser el mundo, en nuestras familias puede haber paz y, si hacemos lo correcto, seremos guiados y protegidos.

ÉLDER ROBERT E. HALESTal como lo profetizó Pablo, vivimos en "tiempos peligrosos"1. "Satanás [ha estado yendo] por todas partes extraviando el corazón de los del pueblo"2 y su influencia sigue creciendo. Pero no importa cuán malvado llegue a ser el mundo, en nuestras familias puede haber paz y, si hacemos lo correcto, seremos guiados y protegidos.

El himno que a menudo entonaban nuestros antepasados pioneros nos dice qué hacer: "Ceñid los lomos con valor; jamás os puede Dios dejar"3. Ese valor y esa fe son lo que necesitamos como padres y familias en estos últimos días.

Lehi tenía ese valor; él amaba a su familia y se regocijaba en el hecho de que algunos de sus hijos guardaban los mandamientos del Señor. Pero debe haberse sentido acongojado cuando sus hijos, "Lamán y Lemuel no comieron del fruto" que representaba el amor de Dios. Él "temía en gran manera por Lamán y Lemuel; sí, temía que fueran desterrados de la presencia del Señor"4.

Todo padre se enfrenta con tales momentos de temor, pero, si ejercemos nuestra fe al enseñar a nuestros hijos y al hacer todo cuanto podamos para ayudarles, nuestros temores disminuirán. Lehi ciñó sus lomos y con fe "exhortó [a sus hijos], con todo el sentimiento de un tierno padre, a que escucharan sus consejos, para que quizá el Señor tuviera misericordia de ellos y… les mandó que guardaran los mandamientos del Señor"5.

También nosotros debemos tener la fe necesaria para enseñar a nuestros hijos y pedirles que guarden los mandamientos, pero no podemos permitir que sus decisiones debiliten nuestra fe. Nuestra dignidad no se medirá por la rectitud de nuestros hijos. Lehi no se vio privado de la bendición de deleitarse con el fruto del árbol de la vida simplemente porque Lamán y Lemuel no quisieron participar de él. Hay veces que, como padres, sentimos que hemos fallado si nuestros hijos cometen errores o se desvían. Ningún padre que haga todo lo posible por amar, enseñar, orar y velar por ellos, habrá fracasado. Su fe, sus oraciones y esfuerzos serán consagrados para el bien de sus hijos.

El Señor desea que nosotros, como padres, guardemos Sus mandamientos. Él ha dicho: "[Enseña] a tus hijos e hijas la luz y la verdad, conforme a los mandamientos; …[pon] tu propia casa en orden"… "[procura ser] más [diligente] y [atento] en el hogar"6.

Quisiera que todos recordásemos que ninguna familia ha alcanzado la perfección y que todas ellas están sujetas a las condiciones de la mortalidad. A todos se nos concede el don del albedrío, para escoger por nosotros mismos y para aprender de las consecuencias de nuestras decisiones.

Cualquiera de nosotros puede tener en su familia un cónyuge, un hijo, un padre o madre o algún pariente que esté sufriendo de algún modo, ya sea mental, física, emocional o espiritualmente, y por momentos nosotros mismos podemos experimentar esas tribulaciones. En resumen, la vida mortal no es fácil.

Cada familia tiene sus propias circunstancias particulares, pero el Evangelio de Jesucristo trata cada uno de esos desafíos y ésa es la razón por la que debemos enseñarlo a nuestros hijos.

En "La familia: Una proclamación para el mundo", se declara:

"Los padres tienen la responsabilidad sagrada de educar a sus hijos dentro del amor y la rectitud, de proveer para sus necesidades físicas y espirituales, de enseñarles a amar y a servirse el uno al otro, de guardar los mandamientos de Dios y de ser ciudadanos respetuosos de la ley dondequiera que vivan. Los esposos y las esposas, madres y padres, serán responsables ante Dios del cumplimiento de estas obligaciones"7.

El cumplir con estas obligaciones es la clave para proteger a nuestra familia en los últimos días.

Moisés aconsejó: "Y estas palabras… las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes"8. Nuestra familia debe estar en nuestros pensamientos continuamente.

Moisés comprendió la necesidad de una enseñanza constante, pues él creció en tiempos difíciles. Cuando Moisés nació, Faraón había decretado que todo niño varón hebreo en Egipto fuera arrojado al río, pero los padres de Moisés tomaron muy en serio su deber como tales.

En las Escrituras leemos: "Por la fe Moisés, cuando nació, fue escondido por sus padres… y [ellos] no temieron el decreto del rey"9. Cuando Moisés llegó a una edad en la que ya no lo podían ocultar, su madre, Jocabed, tomó una arquilla de juncos y la calafateó con asfalto y brea y colocó a su hijo en ella. Entonces la guió río abajo, hacia un lugar seguro, donde la hija del faraón tomaba sus baños.

Sin dejar nada librado al azar, Jocabed también envió una ayuda inspirada, a su hija María, para ver lo que acontecía. Cuando la hija del faraón, la princesa, encontró al pequeño, María valientemente se ofreció para llamar a una nodriza hebrea. La nodriza era Jocabed, la madre de Moisés10.

Gracias a la fidelidad de esa madre, la vida de Moisés fue preservada. Con el tiempo él llegó a enterarse de quién era realmente y "dejó a Egipto, no temiendo la ira del rey"11.

Me uno a los fieles padres en todas partes para declarar que nosotros sabemos quiénes somos, entendemos nuestras responsabilidades como padres y no tememos la ira del príncipe de las tinieblas, pues confiamos en la luz del Señor.

Al igual que lo hizo Jocabed, criamos a nuestras familias en un mundo perverso y hostil, un mundo tan peligroso como lo eran las cortes de Egipto que gobernaba Faraón. Pero, al igual que Jocabed, también nosotros entretejemos una arquilla o cesta protectora alrededor de nuestros hijos, a la que llamamos "familia", y les guiamos por lugares seguros donde nuestras enseñanzas se ven reafirmadas en el hogar y en la Iglesia.

Finalmente, los encaminamos hacia la mayor de todas las instituciones de enseñanza divina: el santo templo, donde un día ellos se puedan arrodillar, rodeados por los fieles miembros de su familia, para ser sellados por esta vida y por toda la eternidad a un compañero digno o una compañera digna. Lo que hayan aprendido de nosotros, lo enseñarán a sus hijos y así continuará la obra de las familias eternas.

En el transcurso de la vida, en los momentos en los que nuestros hijos se encuentren separados de nosotros, el Señor proporciona "Marías" inspiradas para que velen por ellos, personas tales como los líderes del sacerdocio y de las organizaciones auxiliares, maestros, parientes y amigos dignos. Algunas veces el Espíritu nos indica a los padres que debemos buscar ayuda especial fuera del círculo inmediato, tales como médicos y terapeutas especializados. El Espíritu nos hará saber en qué casos hacerlo y la manera en que tal ayuda deberá conseguirse.

Pero la mayor de todas las ayudas para la familia llega por medio del Evangelio, viene de nuestro Padre Celestial, mediante la guía del Espíritu Santo, en las doctrinas y los principios, y por conducto del sacerdocio. Permítanme mencionarles cinco importantes elementos que nos ayudarán como padres a fortalecer a nuestra familia.

Llevar a cabo consejos familiares. Hay veces que pareciera que temiéramos a nuestros hijos y nos abstenemos de darles consejos por temor de ofenderlos. Son enormes las bendiciones que resultan de aconsejarnos mutuamente como familia, mostrando un interés genuino por la vida de los integrantes de nuestra familia. De vez en cuando, los consejos familiares pueden dar participación a la familia entera en una noche de hogar u otra actividad especial, pero, en forma regular, también debemos llevar a cabo consejos individuales con cada uno de nuestros hijos.

Sin este intercambio personal, nuestros hijos se sentirán inclinados a pensar que papá y mamá o el abuelo y la abuela no entienden o no están interesados en los desafíos a los que ellos se enfrentan. Al prestar amorosa atención y evitar las interrupciones, el Espíritu nos ayudará a discernir cómo podemos servir de ayuda a nuestros hijos y enseñarles.

Por ejemplo, les enseñaremos que ellos pueden escoger sus acciones pero no las consecuencias de ellas. También podemos pacientemente ayudarles a entender cómo las consecuencias de sus acciones pueden llegar a afectarlos en su propia vida.

A veces, cuando a nuestras enseñanzas no se les preste atención y cuando no se cumplan nuestras expectativas, debemos asegurarnos de dejar abierta la puerta de nuestro corazón.

En la parábola del hijo pródigo encontramos una potente lección para toda familia y especialmente para los padres. Cuando el hijo menor "[volvió] en sí",12 decidió regresar a su hogar.

¿Cómo sabía él que su padre no lo rechazaría? Lo sabía porque conocía a su padre. Por encima de los inevitables malos entendidos, los conflictos y el proceder insensato de juventud de su hijo, puedo ver a ese padre aguardándolo con un corazón tierno y compasivo, una blanda respuesta, un oído dispuesto a escuchar y un abrazo de perdón. También puedo imaginar al hijo sabiendo que podía regresar al seno familiar pues conocía la clase de hogar que le aguardaba. Las Escrituras dicen: "Y cuando aún estaba lejos, lo vio su padre, y fue movido a misericordia, y corrió, y se echó sobre su cuello, y le besó"13.

Yo testifico que nuestro Padre Celestial siempre deja la puerta abierta. También testifico que nunca es demasiado tarde para abrir la puerta que hay entre nosotros y nuestros hijos con palabras sencillas tales como: "Te amo", "lo siento" y "por favor, perdóname". Podemos empezar ahora a crear un hogar al cual ellos deseen regresar, no sólo ahora sino en las eternidades.

También podemos ayudar a nuestros hijos obedientes a dejar abierta la puerta del perdón al expresar nuestro amor y agradecimiento hacia ellos, al ayudarlos a regocijarse en el arrepentimiento de sus hermanos o hermanas.

Con la puerta de nuestro corazón abierta, debemos aprender cómo aplicar las Escrituras a nuestra vida.

A menudo hablamos sobre enseñar a nuestros hijos de las Escrituras, pero, ¿cómo lo hacemos?

Hace varios años le estaba enseñando a nuestro joven hijo sobre la vida y las experiencias del hermano de Jared. A pesar de que la historia era interesante, mi hijo no estaba compenetrado. Tiene mucho significado cuando les preguntamos a nuestros hijos: "¿Qué quiere decir esto para ti?". Entonces le pregunté qué significado tenía el relato para él personalmente, a lo que respondió: "¿Sabes?, no es muy diferente de lo que hizo José Smith en la arboleda cuando oró y obtuvo una respuesta".

"Tú tienes más o menos la edad de José Smith", le dije, "¿crees que una oración como la suya te ayudaría?". De pronto, ya no estábamos hablando de un relato de mucho tiempo atrás, en una tierra lejana, sino que hablábamos de él, nuestro hijo, sobre su vida, sus necesidades y el modo en que la oración podía ayudarlo.

Como padres, tenemos la responsabilidad de ayudar a nuestros hijos a "[aplicar] todas las Escrituras [de hecho, todo aspecto del Evangelio de Jesucristo] a nosotros mismos [y a nuestros hijos], para [el] provecho [y la] instrucción [de nuestras familias]"14.

¿Estamos aplicando todas las experiencias que nuestros hijos viven en el Evangelio a las necesidades reales que tienen en su vida? ¿Les estamos enseñando en cuanto al don del Espíritu Santo, el arrepentimiento, la Expiación, la Santa Cena y la bendición de la reunión sacramental para hacer frente a los desafíos en su vida? Puesto que no hay suficiente tiempo en las reuniones formales para enseñar a nuestros hijos todo cuanto deben saber, debemos aprovechar todos los momentos propicios para la enseñanza.

Esos momentos son invalorables. Se presentan cuando estamos trabajando, divirtiéndonos y esforzándonos juntos. Cuando se hacen presentes, el Espíritu del Señor nos ayuda a saber qué decir e inspira a nuestros hijos a aceptar nuestra enseñanza.

¡Qué dicha y qué bendición es tener el Espíritu en nuestro hogar! ¡Y qué bendición es invitarlo por medio de la oración, del estudio de las Escrituras, al expresarnos con consideración y al demostrar respeto los unos por los otros! Preparémonos para los momentos propicios para la enseñanza al orar como oró Alma por su hijo, "con mucha fe"15 y con toda la energía de nuestro ser mediante el ayuno, el estudio de las Escrituras, el arrepentimiento de nuestros pecados y al permitir que el Espíritu Santo nos llene el corazón con amor, perdón y compasión; entonces llenará nuestros hogares. Después debemos confiar en el Buen Pastor.

La madre de Moisés, Jocabed, guió a su hijo por el río con fe en el "Pastor… de [nuestras] almas"16. Como padres, también nosotros podemos confiar en que el Buen Pastor nos guiará. Isaías prometió que Él "pastoreará suavemente"17 a todos aquellos que tengan responsabilidad para con los jóvenes.

Él nos ayudará a confiar en los principios del albedrío, la oposición y la Expiación, y a honrarlos, aun cuando nuestros hijos tomen decisiones imprudentes. Mediante Su Espíritu, Él nos ayudará a enseñar a nuestros hijos a enfrentar todo reto, toda prueba y tribulación en la vida al recordarles que son hijos de Dios. A nosotros nos inspirará con formas de ayudarles a ponerse "toda la armadura de Dios"18, a fin de estar en condiciones de resistir "los ardientes dardos del adversario"19 con "el escudo de la fe"20 y "la espada del Espíritu"21. Al estar nuestros hijos espiritualmente armados y fortalecidos, Él les bendecirá para que perseveren fielmente hasta el fin y regresen al hogar, dignos de vivir en la presencia de nuestro Padre Celestial para siempre.

Por todo eso, nos entristecerá ver a los miembros de nuestra familia ser blanco de las piedras y de las flechas de la experiencia terrenal, pero nos asombraremos ante el amor que Jesús les da. Gracias a Él, las sacudidas no los destruirán, sino que los ablandarán, los fortalecerán y santificarán.

A los padres y las familias en todas partes del mundo les testifico que el Señor Jesucristo es poderoso para salvar. Él es el Sanador, el Redentor, el Pastor que rescata, que dejará a las noventa y nueve ovejas para ir tras la que está perdida. Si estamos buscando la salvación de "esas" almas perdidas en nuestras familias, les doy testimonio de que están dentro del alcance del Señor. Nosotros le ayudaremos a rescatarlas si vivimos el Evangelio fielmente, nos sellamos en el templo y somos leales a los convenios que hacemos en él.

Todo padre puede encontrar consuelo en las palabras del élder Orson F. Whitney refiriéndose a las enseñanzas de José Smith:

"El profeta José Smith dijo —y jamás enseñó una doctrina más consoladora— que el sellamiento eterno de padres fieles y las divinas promesas que se les hayan hecho por su valiente servicio en la Causa de la Verdad los salvarán no sólo a ellos, sino también a su posteridad. Aunque algunas ovejas se descarríen, el ojo del Pastor está sobre ellas, y tarde o temprano sentirán los tentáculos de la Divina Providencia extenderse hacia ellas y acercarlas de nuevo al rebaño. Ellos volverán, ya sea en esta vida o en la vida venidera. Tendrán que pagar su deuda a la justicia; sufrirán por sus pecados y tal vez anden por caminos espinosos; pero si esto finalmente los conduce, como al hijo pródigo, al corazón y al hogar de un padre amoroso que perdona, la dolorosa experiencia no habrá sido en vano. Oren por sus hijos descuidados y desobedientes; manténganse cerca de ellos mediante su fe. Continúen con esperanza y confianza hasta que vean la salvación de Dios"22.

Expreso mi testimonio especial de que Jesús dio Su vida, haciendo posible la salvación y la exaltación de todas las familias de la tierra. Con todo el sentimiento de un tierno padre, expreso mi amor y el amor que nuestro Padre Celestial tiene por ustedes y sus familias.

Que podamos juntar a nuestros seres queridos a nuestro alrededor y "[ceñirnos] los lomos con valor; [pues] jamás [nos] puede Dios dejar". Con fe, valentía y amor, las familias en verdad serán eternas, lo testifico en el nombre de Jesucristo. Amén.

NOTAS

1. 2 Timoteo 3:1.

2. 3 Nefi 2:3.

3. "¡Oh, está todo bien!", Himnos, Nº 17.

4. 1 Nefi 8:35–36.

5. 1 Nefi 8:37–38.

6. D. y C. 93:42–43, 50.

7. Liahona, octubre de 1988, pág. 24.

8. Deuteronomio 6:7.

9. Hebreos 11:23.

10. Véase Éxodo 2:3–10; véase también Jerrie W. Hurd, Our Sisters in the Bible, 1983, págs. 36–37.

11. Véase Hebreos 11:24–27.

12. Lucas 15:17.

13. Lucas 15:20.

14. 1 Nefi 19:23.

15. Mosíah 27:14.

16. 1 Pedro 2:25.

17. Isaías 40:11.

18. Véase Efesios 6:11, 13; véase también D. y C. 27:15.

19. 1 Nefi 15:24; D. y C. 3:8; véase también Efesios 6:16.

20. Efesios 6:16; D. y C. 27:17.

21. Efesios 6:17; véase también D. y C. 27:18.

22. En Conference Report, abril de 1929, pág. 110.

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Corazón de madre

Por lualcaro - 24 de Febrero, 2007, 18:38, Categoría: General

“Corazón de madre”

JULIE B. BECK
Primera Consejera de la Presidencia General de las Mujeres Jóvenes

Al cultivar un “corazón de madre”, cada niña y cada mujer se prepara para su misión divina y eterna de maternidad.

JULIE B. BECKA menudo he oído a mi padre describir a mi madre como una mujer con “corazón de madre”, lo cual es cierto. Su influencia maternal la han sentido muchos centenares, o quizás miles, de personas, dado que ella ha refinado su función de madre en grado superlativo. Su testimonio del Evangelio restaurado de Jesucristo y la clara percepción de su identidad y propósito han guiado su vida.

Ella tardó más que la mayoría de las mujeres en conocer al que sería su marido, pero antes de casarse, dedicó su vida a progresar. Aunque era poco común en su tiempo, prosiguió estudios universitarios y era una destacada profesional. Después de casarse, los hijos llegaron en rápida sucesión, y dentro de unos años, era madre de una familia numerosa. Todo el conocimiento que había adquirido, todas sus facultades y dones naturales, y toda su preparación, ella los invirtió en una organización que no tenía límites terrenales. Como hija de Dios fiel a sus convenios, se había preparado toda la vida para la maternidad.

¿Qué es tener “corazón de madre” y cómo se logra tenerlo? Se aprenden algunas de esas cualidades en las Escrituras. Parafrasearé Proverbios: “Mujer… [con corazón de madre]… ¿quién la hallará? Porque su estima sobrepasa largamente a la de las piedras preciosas… con voluntad trabaja con sus manos… y planta viña del fruto de sus manos… Alarga su mano al pobre… Fuerza y honor son su vestidura… Abre su boca con sabiduría, y la ley de clemencia está en su lengua. Considera los caminos de su casa, y no come el pan de balde” (Proverbios 31:10,13, 16, 20, 25–27). La mujer con “corazón de madre” tiene un testimonio del Evangelio restaurado y enseña los principios del Evangelio con convicción; guarda los convenios sagrados que ha hecho en los santos templos; comparte sus talentos y sus conocimientos con generosidad; adquiere toda la instrucción que sus circunstancias le permiten, elevando su intelecto y su espíritu con el deseo de enseñar lo que aprenda a las generaciones que la siguen.

Si tiene hijos, es una “buena madre” (véase 1 Nefi 1:1) que observa y enseña las normas de conducta en absoluta conformidad con las enseñanzas de los profetas vivientes. Enseña “a sus hijos a orar y a andar rectamente delante del Señor” (D. y C. 68:28). En lugar de prestar oídos a las opiniones y a las verdades parciales del mundo, sabe que las normas del Evangelio se basan en verdades eternas e invariables; cree que la “responsabilidad primordial de… criar a [sus] hijos” es una “responsabilidad sagrada”, fundamental y digna (véase La familia: Una proclamación para el mundo). Alimentarlos físicamente es tan honroso como alimentarlos espiritualmente. Ella “no [se cansa] de hacer lo bueno” y se deleita en servir a su familia, puesto que sabe que “de las cosas pequeñas proceden las grandes” (D. y C. 64:33).

Cuánto anhelo que toda niña y toda mujer tengan un testimonio de su potencial eterno de ser madres si guardan sus convenios terrenales. “Cada una es… una amada hija espiritual de padres celestiales y, como tal, cada una tiene… un destino divino” (La familia: Una proclamación para el mundo). Como hijas espirituales de Dios, las mujeres “recibieron sus primeras lecciones en el mundo de los espíritus, y fueron preparad[as] para venir” (D. y C. 138:56) a la tierra; “se hallaban entre los nobles y grandes” (D. y C. 138:55) que “se regocijaban” (Job 38:7) por la creación de la tierra porque se les daría un cuerpo físico junto con la oportunidad de ser “probados” en una esfera mortal (véase Abraham 3:25).

Desearon trabajar codo a codo con hombres justos a fin de alcanzar las metas eternas que ni ellas ni ellos podrían alcanzar cada uno por su lado.

La función de la mujer no comenzó en la tierra y no termina aquí. La mujer que valora la maternidad en la tierra valorará la maternidad en el mundo venidero, y “donde esté [su] tesoro, allí estará también [su] corazón” (Mateo 6:21). Al cultivar un “corazón de madre”, cada niña y cada mujer se prepara para su misión divina y eterna de maternidad. “Cualquier principio de inteligencia que [logre] en esta vida se levantará con [ella] en la resurrección; y si en esta vida una persona adquiere más conocimiento e inteligencia que otra, por medio de su diligencia y obediencia, hasta ese grado le llevará la ventaja en el mundo venidero” (D. y C. 130:18–19).

He visto en la vida que algunos de los más auténticos “corazones de madre” laten en el pecho de mujeres que no criarán a hijos propios en esta tierra, pero ellas saben que “todas las cosas tienen que acontecer en su hora” y que están “poniendo los cimientos de una gran obra” (D. y C. 64:32–33). Al guardar sus convenios, están invirtiendo en un gran y prestigioso futuro porque saben que “a quienes guarden su segundo estado, les será aumentada gloria sobre su cabeza para siempre jamás” (Abraham 3:26).

Hace poco estuve en un parque donde conocí a un grupo de mujeres con “corazón de madre”. Son mujeres jóvenes y fieles a sus convenios, inteligentes y con licenciaturas de respetadas universidades. Dedicaban sus muchos dones a proyectar la cena para aquel día y a compartir ideas sobre el gobierno de una casa. Enseñaban a pequeños de dos años a ser bondadosos unos con otros, calmaban a los bebés, consolaban a los chiquitines que se quejaban de algo y les enjugaban las lágrimas. Pregunté a una de esas madres cómo pudo trasladar sus talentos de tan buen grado a la función de madre. Ella me respondió: “Sé quién soy y lo que debo hacer. Todo lo demás deriva de eso”. Esa joven madre edificará la fe y el carácter en la próxima generación con una oración familiar a la vez, una sesión de estudio de las Escrituras, un libro leído en voz alta, una canción, una comida familiar tras otra. Se ha embarcado en una gran obra y sabe que “herencia de Jehová son los hijos… [y]… [bienaventurada la mujer] que llenó su aljaba de ellos” (Salmos 127:3, 5). Ella sabe que la influencia de una madre recta y concienzuda que persevera día tras día es mucho más perdurable, mucho más poderosa y mucho más prestigiosa que cualquier puesto o institución terrenales inventados por el hombre. Entiende que, si es digna, tiene el potencial de ser bendecida como Rebeca de antaño de llegar a ser “madre de millares de millares” (Génesis 24:60).

Las mujeres fieles a sus convenios que tienen corazón de madre saben que, ya sea que la maternidad llegue temprano o tarde, ya sea que sean bendecidas con “su aljaba” llena de hijos aquí en la vida terrenal o no, ya sea que sean solteras, casadas o que hayan quedado solas a cargo de sus hijos, en los santos templos son “[investidas] con poder de lo alto” (D. y C. 38:32) y que, con esa investidura, reciben las bendiciones prometidas y “las creen y las [aceptan]” (véase Hebreos 11:13).

Toda niña y toda mujer que hace y guarda convenios sagrados puede tener “corazón de madre”. No hay límite para lo que una mujer con “corazón de madre” puede llevar a cabo. Las mujeres justas han cambiado el rumbo de la historia y continuarán haciéndolo, y su influencia se extenderá y crecerá a un ritmo cada vez más rápido a lo largo de las eternidades. Cuán agradecida estoy al Señor por confiar a las mujeres la divina misión de la maternidad. Al igual que la madre Eva, “me regocijo” (véase Moisés 5:11) por saber esto. En el nombre de Jesucristo. Amén.

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El ser padre

Por lualcaro - 24 de Febrero, 2007, 18:36, Categoría: General

El ser padre, un llamamiento eterno

ÉLDER L. TOM PERRY
Del Quórum de los Doce Apóstoles

Prestemos atención a la voz de los profetas quienes, desde el principio de los tiempos, nos han amonestado acerca de la importancia de los padres en el hogar.

ÉLDER L. TOM PERRY Al contemplar detenidamente el mundo actual, se hace cada vez más evidente que Satanás se esmera sin respiro a fin de esclavizar las almas de los hombres. Su blanco principal es la unidad fundamental de la sociedad: la familia.

Durante el transcurso de las últimas décadas, Satanás ha hecho una agresiva campaña para denigrar a esa organización, la más básica e importante de todas. Su éxito se vuelve cada vez más obvio, y a diario se ven, se reportan y se escuchan hechos desalentadores que tienen que ver con el desmoronamiento de muchas familias. Con la decadencia de la familia, presenciamos los terribles efectos de dicho deterioro en nuestra sociedad: más delitos, problemas de comportamiento, pobreza, consumo de drogas, y la lista sigue aumentando.

A mi modo de ver, el visor de la mira telescópica de Satanás apunta a los esposos y padres. Por ejemplo, los medios de comunicación actuales lanzan ataques despiadados de burla y menosprecio a los maridos y a los padres en sus funciones que Dios les ha dado.

Ejemplos de las Escrituras

Tal vez sea útil refutar con las Escrituras la forma en que los medios de comunicación presentan a los maridos y a los padres, puesto que en ellas tenemos tantos excelentes modelos.

El Padre y el Salvador. En el Nuevo Testamento alcanzamos a vislumbrar la relación del Salvador con el Padre. Una de las vislumbres más vívidas es lo que ocurrió en el huerto momentos antes de que fuese traicionado.

“…y puesto [Jesús] de rodillas, oró,

“diciendo: Padre, si quieres, pasa de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya.

“Y se le apareció un ángel del cielo para fortalecerle”1.

Moisés y Jetro. En Éxodo contamos con el ejemplo de Jetro, el suegro de Moisés, que observaba la forma en que su yerno gobernaba a los hijos de Israel:

“Viendo el suegro de Moisés todo lo que él hacía con el pueblo, dijo: ¿Qué es esto que haces tú con el pueblo? ¿Por qué te sientas tú solo, y todo el pueblo está delante de ti desde la mañana hasta la tarde?

“Y Moisés respondió a su suegro: Porque el pueblo viene a mí para consultar a Dios…

“Entonces el suegro de Moisés le dijo: No está bien lo que haces.

“Desfallecerás del todo, tú, y también este pueblo que está contigo; porque el trabajo es demasiado pesado para ti; no podrás hacerlo tú solo”2.

A continuación Jetro enseñó a Moisés cómo delegar esta responsabilidad al llamar a hombres capaces y temerosos de Dios y dejar que ellos juzgaran como gobernantes en Israel:

“Ellos juzgarán al pueblo en todo tiempo; y todo asunto grave lo traerán a ti, y ellos juzgarán todo asunto pequeño. Así aliviarás la carga sobre ti, y la llevarán ellos contigo”3.

Alma. En el Libro de Mormón tenemos el relato de Alma, hijo de Alma, el cual se contaba entre los rebeldes que obraban toda clase de iniquidad. Alma padre oró con mucha fe para que su hijo fuera traído al conocimiento de la verdad, una oración que fue contestada de manera muy especial:

“Ahora bien, aconteció que mientras se ocupaba en destruir la iglesia de Dios… el ángel del Señor; y descendió como en una nube; y les habló como con voz de trueno…

“y tan grande fue su asombro que cayeron por tierra, y no comprendieron las palabras que les habló.

“Sin embargo, clamó otra vez, diciendo: Alma, levántate y acércate, pues ¿por qué persigues tú la iglesia de Dios? Porque el Señor ha dicho: Ésta es mi iglesia, y yo la estableceré; y nada la hará caer sino la transgresión de mi pueblo.

“Y dijo además el ángel: He aquí, el Señor ha oído las oraciones de su pueblo, y también las oraciones de su siervo Alma, que es tu padre; porque él ha orado con mucha fe en cuanto a ti, para que seas traído al conocimiento de la verdad; por tanto, con este fin he venido para convencerte del poder y la autoridad de Dios, para que las oraciones de sus siervos sean contestadas según su fe”4.

Cuando Alma joven se recuperó de esa experiencia, era un hombre cambiado.

La función del padre se va desvaneciendo

Satanás, como parte de un plan minuciosamente creado a fin de destruir a la familia, procura reducir la función del padre. La falta de la influencia positiva del padre en el hogar se manifiesta en el incremento de violencia entre los jóvenes, los delitos juveniles, el aumento de pobreza y la falta de seguridad económica5. La familia necesita del padre a modo de ancla.

No cabe duda de que a estas alturas, tras siglos de experiencia, hemos aprendido que la familia básica proporciona el fundamento más estable y seguro para la sociedad, y que es básica en la preparación de los jóvenes para sus responsabilidades futuras. Ya deberíamos haber aprendido que los estilos de estructuras familiares alternativas no han funcionado, ni jamás lo harán. La Primera Presidencia y el Quórum de los Doce Apóstoles lo afirmaron claramente en “La familia: una proclamación para el mundo”.

“Nosotros, la Primera Presidencia y el Consejo de los Doce Apóstoles de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, solemnemente proclamamos que el matrimonio entre el hombre y la mujer es ordenado por Dios y que la familia es la parte central del plan del Creador para el destino eterno de Sus hijos.

“Todos los seres humanos, hombres y mujeres, son creados a la imagen de Dios. Cada uno es un amado hijo o hija espiritual de padres celestiales y, como tal, cada uno tiene una naturaleza y un destino divinos. El ser hombre o mujer es una característica esencial de la identidad y el propósito eternos de los seres humanos en la vida premortal, mortal y eterna…

“El primer mandamiento que Dios les dio a Adán y a Eva tenía que ver con el potencial que, como esposo y esposa, tenían de ser padres. Declaramos que el mandamiento que Dios dio a Sus hijos de multiplicarse y henchir la tierra permanece inalterable. También declaramos que Dios ha mandado que los sagrados poderes de la procreación se deben utilizar sólo entre el hombre y la mujer legítimamente casados, como esposo y esposa…

“Por designio divino, el padre debe presidir sobre la familia con amor y rectitud y tiene la responsabilidad de protegerla y de proveerle las cosas necesarias de la vida. La responsabilidad primordial de la madre es criar a los hijos. En estas responsabilidades sagradas, el padre y la madre, como iguales, están obligados a ayudarse mutuamente. Las incapacidades físicas, la muerte u otras circunstancias pueden requerir una adaptación individual. Otros familiares deben ayudar cuando sea necesario…

“Advertimos a las personas que violan los convenios de castidad, que abusan de su cónyuge o de sus hijos, o que no cumplen con sus responsabilidades familiares, que un día deberán responder ante Dios. Aún más, advertimos que la desintegración de la familia traerá sobre el individuo, las comunidades y las naciones las calamidades predichas por los profetas antiguos y modernos”6.

La función del padre

En vista de advertencias tan urgentes sobre el futuro de los hijos de nuestro Padre Celestial, las madres y los padres deben hacerse un examen de conciencia a fin de asegurarse de que estén siguiendo las indicaciones del Señor sobre cómo edificar familias eternas. Para los padres, la pregunta es: ¿qué espera el Señor que hagamos?

Una vez que se ha establecido una familia, las funciones del padre incluyen lo siguiente:

1. El padre es cabeza de familia.

“La paternidad es liderazgo, el liderazgo más importante. Siempre lo ha sido, y siempre lo será. Padre, con la ayuda, el consejo y el aliento de tu compañera eterna, tú presides en el hogar. No se trata de que tú seas más digno o estés mejor preparado, sino que tiene que ver con [una asignación divina]”7.

El liderazgo que presten en sus hogares debe incluir dirigir a la familia al adorar.

“Tú presides cuando la familia se sienta a la mesa y cuando hace la oración familiar. Presides la noche de hogar y, con la guía del Espíritu del Señor, te aseguras de que tus hijos reciban la enseñanza adecuada con respecto a principios correctos. Tu responsabilidad principal consiste en brindar la dirección relacionada con toda la vida familiar.

“Ofreces bendiciones de padre. Tomas parte activa en el establecimiento de reglas y disciplina familiares. Como director de tu hogar, haces planes y te sacrificas para lograr las bendiciones de una familia unida y feliz. A fin de convertir esto en una hermosa realidad, toda tu vida debe girar alrededor de tu familia”8.

Tal como aconsejó el presidente Joseph F. Smith: “Hermanos, en el hogar son demasiado limitados la devoción religiosa, el amor y el temor de Dios; la mundanería, el egoísmo, la indiferencia y la falta de reverencia en la familia son excesivos; de lo contrario, no existirían tan abundantemente alrededor. De manera que es el hogar lo que debe reformarse. Hoy, mañana, procuren efectuar un cambio en su hogar…”9.

Recuerden, hermanos, que en su función de líder de la familia, tienen a sus esposas por compañeras. Como enseñó el presidente Gordon B. Hinckley: “En esta Iglesia, el hombre no camina delante de su esposa ni detrás de ella, sino al lado de ella. Son mutuamente iguales…”10. Desde el principio, Dios ha indicado a la humanidad que el matrimonio debe de juntar a marido y mujer en unión11, por lo cual en la familia no hay presidente ni vicepresidenta. Ambos cónyuges trabajan juntos eternamente por el bien de la familia. Al liderar, guiar y dirigir a su familia, se unen en palabra, obra y acción. Se encuentran en igualdad de condiciones, y así, juntos y unánimes, avanzan en la planificación y organización de los asuntos familiares.

2. El padre es maestro.

El consejo del presidente Joseph F. Smith se aplica hoy en día: “No dejen a sus hijos en manos de especialistas… sino instrúyanlos por su propio precepto y ejemplo, en su propio hogar. Sean ustedes mismos especialistas de la verdad”12.

“Cuando reconoces la importancia de enseñar a tus hijos, te vuelves humilde, ya que inmediatamente comprendes que sólo puedes lograrlo por medio del precepto y del ejemplo. No puedes ser de una manera y enseñar con eficacia lo contrario. Debes vivir, estudiar y orar para lograr la constante compañía del Espíritu Santo. Debes purificarte y organizar tu vida de tal modo que tu ejemplo y dirección reflejen la luz del Evangelio de Jesucristo.

“Debes planificar tu día según la guía recibida del Espíritu del Señor, buscando afanosamente tanto tu bienestar como el de tu familia antes de que las otras preocupaciones enceguezcan el cuidado que debes brindar a las primeras responsabilidades. Tal como los profetas vivientes nos han enseñado: ‘Ningún éxito en la vida puede compensar el fracaso en el hogar’ (David O. McKay, en Conference Report, abril de 1964, pág. 5; citado de J. E. McCulloch, Home: The Savior of Civilization, 1924, pág. 42)”13.

3. El padre es la fuente de sustento temporal.

El presidente Ezra Taft Benson lo expresó con claridad: “El Señor le ha dado al hombre la responsabilidad de proporcionar el sustento a su familia, de tal manera que la esposa pueda cumplir con su función de madre en el hogar… a veces la madre trabaja fuera de la casa animada por su marido, e incluso ante la insistencia de él… [por] las conveniencias que puede comprar el dinero extra. Hermanos, en esos casos no sólo sufrirá la familia, sino que su desarrollo espiritual y su progreso quedarán obstaculizados”14.

Padres, por decreto divino, ustedes han de presidir sus familias. Tal responsabilidad es seria, y debido a que es eterna, es la más importante que jamás asumirán. Denle a la familia la prioridad debida. Es la parte de sus vidas que perdurará más allá de la tumba. Testifico que la siguiente declaración es verdadera:

“La posición de los hombres dentro de la familia, especialmente los que poseen el Sacerdocio de Melquisedec, es de suma importancia, y se la debe reconocer y guardar en el orden y con la autoridad que Dios confirió al varón cuando lo colocó a la cabeza del hogar”.

“No hay autoridad más alta en los asuntos relacionados con la organización familiar que la del padre, especialmente cuando preside esa organización un hombre que posee el Sacerdocio Mayor… El orden patriarcal es de origen divino y continuará a través de esta vida y de la eternidad. De modo que existe una razón particular por la que hombres, mujeres y niños deben entender este orden y esta autoridad en los hogares del pueblo de Dios, y procurar convertirlo en lo que Dios tuvo por objeto que fuese: una habitación y preparación para la exaltación más elevada de Sus hijos. En el hogar, la autoridad presidente siempre se confiere al padre, y no hay otra más primordial que ésta en todos los asuntos del hogar y de la familia”15.

Ahora bien, no identifiqué varias de las citas que presenté, pues lo hice a propósito, pero estarán claramente anotadas en la edición de mayo de las revistas Ensign y Liahona. Les invito a estudiar dichas fuentes y repasar estos mensajes de la conferencia; son revistas magníficas que desde luego deberían estar en todo hogar, de esa manera el espíritu de esta conferencia puede vivir en sus páginas durante todo el año.

Prestemos atención a la voz de los profetas quienes, desde el principio de los tiempos, nos han advertido acerca de la importancia de los padres en el hogar. Que tomemos u