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Enseñanzas de Heber J. Grant

Por lualcaro - 22 de Junio, 2007, 16:50, Categoría: General

Cuando enseñemos el Evangelio, debemos concentrarnos en los sencillos y fundamentales principios y mandamientos.

No es la contemplación del alimento que consideramos delicioso lo que nos sirve de provecho sino el ingerirlo y el digerirlo. Tampoco es un gran banquete lo que nos da más fortaleza y comodidad, ni nos sirve para efectuar bien nuestra parte en la batalla de la vida, sino por el contrario, en muchos casos, el alimento más sencillo proporciona el mejor provecho perdurable a los que participan de él. Del mismo modo, no siempre el festín preparado por los eruditos aumenta nuestra fortaleza para cumplir noble y valientemente nuestro deber en la batalla de la vida, sino que, en muchos casos, las enseñanzas de los más humildes nos conmueven el corazón y el alma toda, lo cual intensifica nuestra fortaleza para seguir adelante y cumplir con nuestro deber en nuestro diario empeño por superarnos4.

Las organizaciones de la Iglesia deben tener como objetivo la edificación de un testimonio firme en la mente y en el corazón de los santos, sobre todo, en la juventud, un testimonio de la veracidad del Evangelio restaurado, del mesiazgo de nuestro Señor Jesucristo, de la divinidad de la misión del profeta José Smith, del origen divino de esta Iglesia que fue establecida por Dios y Su Hijo por conducto del Profeta, y del hecho de que ésta es y siempre será la Iglesia de Jesucristo con todo lo que esto connota, todo ello con la finalidad de que los santos tengan esos testimonios, de que guarden los mandamientos del Señor, de que aumenten constantemente su conocimiento de la Verdad, lo que les permitirá vivir de tal forma que puedan recibir la salvación, la exaltación y la felicidad eterna en el Reino Celestial, y, por último, para que, a su vez, lleven a otras personas del mundo al conocimiento y al testimonio de la verdad tanto por medio de su precepto como de su ejemplo, a fin de llevarlos a recibir esas mismas bendiciones5.

Creo que el maestro o la maestra que tiene amor por Dios y un conocimiento de Él, que tiene amor por Jesucristo y un testimonio de Su divinidad, que tiene un testimonio de la divina misión del profeta José Smith y que inculca esas cosas en el corazón y en el alma de los niños a los que enseña se ha consagrado a una de las labores más nobles, más espléndidas y más notables a las que pueda consagrarse una persona6.

Enseñen y vivan los primeros principios del Evangelio y dejen que los misterios del cielo esperen hasta que lleguen ustedes allí7.

Del mismo modo que cantamos con frecuencia nuestros himnos… nunca es bastante repetir los mandamientos del Señor a este pueblo ni instar a los santos a vivir de conformidad con ellos8.

En muchísimas ocasiones, personas me han dicho: "Estoy harto de oír lo mismo una y otra vez. No hace falta repetir las cosas". A muchos hombres les parecen mal los discursos que oyen porque los consideran repeticiones… Al parecer, el Señor ve la necesidad de la repetición para inculcar en el ánimo de las personas el mensaje que Él tenga que dar. Nuestro Salvador, al enseñar, repetía una y otra vez, con diferentes palabras, el mismo concepto, evidentemente para fijarlo indeleblemente en la mente y en el corazón de los que le oían9.

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