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Noviembre del 2007

Dos nuevos folletos de la Iglesia

Por lualcaro - 28 de Noviembre, 2007, 4:31, Categoría: 12-Recursos SUD

"Dios ama a Sus hijos" y "Deja que la virtud engalane tus pensamientos"
Dos nuevos folletos de la Iglesia están disponibles para descargar
desde la página web del Área Sudamérica Sur
"Dios ama a Sus hijos"
Este mensaje va dirigido a los Santos de los Últimos Días que tienen problemas con la atracción hacia personas de su mismo sexo y que a veces se sienten desalentados, pero que sinceramente desean llevar una vida que sea agradable a nuestro Padre Celestial.
"La preferencia por personas del mismo sexo puede resultar muy poderosa, pero mediante la fe en la Expiación usted puede recibir el poder para resistir toda conducta indebida y de esa manera mantener una vida libre de pecado."
"Deja que la virtud engalane tus pensamientos"
"El adversario intenta frustrar el plan de felicidad del Señor al proponer que el único objetivo de la intimidad física es la satisfacción personal. La pornografía fomenta esa idea destructiva y
egoísta; la pornografía muestra o describe el cuerpo humano o la conducta sexual de una manera que despierta sentimientos sensuales..."
"A medida que aprenda y aplique el Evangelio de Jesucristo en su vida, usted tendrá la capacidad de resistir al adversario. Si “deja que la virtud engalane [sus] pensamientos incesantemente” (véase D. y C. 121:45), aumentará su conocimiento, su fortaleza y su capacidad. Podrá recibir la imagen de Dios en el rostro y nacer espiritualmente de Él (véase Alma 5:14). "

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Relatos animados del Libro de Mormon (1)

Por lualcaro - 24 de Noviembre, 2007, 22:50, Categoría: 12-Recursos SUD

Encontre este video en internet y deseaba compartirlo con otros sud, especialmente con aquellos que tenemos niños pequeños.

Nefi y las planchas de Bronce

Online Videos by Veoh.com

Tengo varios de estos relatos animados de las escrituras apenas pueda los ire publicando.  

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Un discípulo y un amigo

Por lualcaro - 24 de Noviembre, 2007, 18:45, Categoría: General

Conferencia General
abril de 1998

Obispo Richard C. Edgley
Primer Consejero del Obispado Presidente

"La cuestión no es cómo nos definen otras personas sino cómo nos define el Salvador".

Obispo Richard C. Edgley

Hace algunos años, cuando yo trabajaba en el mundo de los negocios, nuestro director de personal, que era católico devoto, fue a mi oficina con su secretaria, llamada Darlene. En seguida pude notar que Darlene no estaba allí por voluntad propia y que habría preferido estar en otro lugar. Lo primero que me dijo el director de personal fue: "Por favor, explíquele a Darlene que los mormones son cristianos. Hemos estado discutiendo más de media hora y no he podido convencerla al respecto. Ella necesita que usted se lo diga".

Lo primero que pensé fue si habría hecho yo mismo algo para que Darlene pusiera en duda mi fe y mi lealtad hacia el Salvador. Pero en seguida me di cuenta de que sus dudas no estaban directamente relacionadas conmigo.

Después de invitarlos a que tomaran asiento, le pregunté a Darlene por qué pensaba que no éramos cristianos; ella me respondió que así se lo había dicho su pastor. Le pregunté si sabía cuál era el nombre oficial de nuestra Iglesia y contestó que no. La conocía, dijo, con el nombre de Iglesia Mormona. Le expliqué entonces que el nombre es La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, y le pregunté si no le parecía una denominación extraña para una iglesia que no se suponía que fuera cristiana. A continuación, le pedí a mi amigo católico que, en base al sinnúmero de horas que habíamos conversado durante nuestros viajes en avión, al alojarnos en hoteles, al compartir cenas y en otras ocasiones, le explicara algunas de las cosas que había aprendido sobre nosotros relacionadas con Cristo, Sus enseñanzas y nuestras creencias. Él se las explicó entonces quizás de manera más convincente de lo que yo habría podido hacer.

La respuesta de Darlene fue que su pastor le había dicho que nosotros no creíamos en la Biblia y que la habíamos reemplazado con el Libro de Mormón. Yo le contesté declarándole nuestro octavo Artículo de Fe: "Nosotros creemos que la Biblia es la palabra de Dios hasta donde esté traducida correctamente; también creemos que el Libro de Mormón es la palabra de Dios".

Entonces le expliqué que el Libro de Mormón es otra Escritura que complementa la Biblia y provee otro testimonio de Jesucristo, y que expone y aclara varias de las enseñanzas más sagradas e importantes de Cristo. Su respuesta fue: "El pastor dice que no es posible que el Libro de Mormón contenga las enseñanzas de Cristo porque no pudo haber más revelaciones después de la muerte de los Apóstoles; por tanto, no hay más Escrituras después de la Biblia". La interrogante que le presenté fue: "En una época de cambio tan veloz en este mundo turbulento y atribulado con tantos problemas difíciles, ¿no le extrañaría pensar por qué un Padre amoroso habría de cesar de comunicarse con Sus hijos, a quienes ama tanto que aun sacrificó por ellos a Su Hijo Unigénito?". La polémica continuó durante quince o veinte minutos, en los que yo traté de explicarle nuestra interpretación literal de la Expiación y de la Resurrección, y de otras doctrinas importantes del Salvador. Terminé luego con el testimonio más fuerte que podía darle de un Padre amoroso y de un Hijo sumiso.

Leer más...... http://www.lds.org/conference/talk/display/0,5232,89-3-16-4,00.html 

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En Busca del Don Celestial (libro-e)

Por lualcaro - 24 de Noviembre, 2007, 3:50, Categoría: 12-Recursos SUD

En Busca del Don Celestial

Magnifico libro escrito por Joseph Fielding McConkie (hijo del Elder Bruce R.McConkie) profesor emerito de escritura antigua en la Universidad Brigham Young. El titulo en ingles es In Search of the Spirit (En Busca del Espiritu). Aqui algunos titulos de los capitulos que contiene:

  • ¿PUEDO SABER CON CERTEZA?

  • ¿MANIFESTACION O CONFIRMACION?

  • ¿COMO APRENDIO CRISTO EL EVANGELIO?

  • LA PREPARACION ESPIRITUAL DE JOSE SMITH
  • PROCESO DEL CRECIMIENTO

Realmente una joya de la literatura sud, disponible desde nuestro alojamiento aqui:

http://www.4shared.com/file/22119765/2c0b6432/En_Busca_del_Don_Celestial_-_Joseph_F1_McConkie.html

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Manual para el Maestro: Principios de Liderazgo

Por lualcaro - 11 de Noviembre, 2007, 22:18, Categoría: 12-Recursos SUD

Religión 180R, "Principios de liderazgo", presenta a los alumnos los principios y métodos de liderazgo que les ayudarán a dirigir de una manera que complazca a Jesucristo, que es el líder perfecto. Como dijo el presidente Spencer W. Kimball: "…nos resultará muy difícil llegar a ser líderes productivos a menos que reconozcamos la realidad de ese líder perfecto, Jesucristo, y le permitamos ser la luz que alumbre nuestro camino" ("Jesús: El líder perfecto", Liahona, agosto de 1983, pág. 11).

Hace dos años tuve la inquietud de dar un curso sobre liderazgo en el grupo de sumo sacerdotes de barrio y estuve revisando las revistas Liahona y los manuales de la Iglesia pero no estaba satisfecho con lo que habia encontrado, hasta que conversando con un miembro de mi barrio que es consejero de la estaca me dijo que el tenia un diskett con este manual que hoy pongo a su alcanse. Este manual contiene las mejores enseñanzas que he podido encontrar sobre liderazgo, espero que les ayude.

Baja este manual desde nuestro alojamiento aqui:

http://www.4shared.com/file/21164366/c3a98304/PRINCIPIOS_DE_LIDERAZGO.html

Espero sus comentarios

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Damos testimonio de Él

Por lualcaro - 11 de Noviembre, 2007, 22:08, Categoría: General

Presidente Gordon B. Hinckley

Conferencia General
abril de 1998

"Seamos verdaderos discípulos de Cristo al observar la Regla de Oro, y como queramos que los demás hagan con nosotros, así también hagamos nosotros con ellos".

Presidente Gordon B. Hinckley

Mis amados hermanos y hermanas, les damos una cordial bienvenida a esta conferencia general que ha llegado a ser una gran conferencia mundial de la Iglesia.

Esta reunión se oirá y se verá en todo Estados Unidos y en Canadá, así como en muchas otras partes del mundo. Creo que no hay nada que se compare con ella. Felicito y agradezco a todos los que han tenido que ver con los complicados detalles logísticos de esta gran tarea.

Nos hemos reunido para adorar al Señor, para declarar Su divinidad y la realidad de que Él vive. Nos hemos reunido para reiterar nuestro amor por Él y nuestro conocimiento de Su amor por nosotros. Nadie, pese a lo que se diga, puede disminuir ese amor.

Hay algunos que lo intentan. Por ejemplo, hay personas de otros credos que no nos consideran cristianos. Eso no es importante. Lo que importa es la forma en que nos consideremos a nosotros mismos. Reconocemos sin vacilación que existen diferencias entre nosotros; si no fuera así, no habría habido necesidad de la restauración del Evangelio. Hace poco, el presidente Packer y el élder Ballard hablaron de eso en otros contextos.

Confío en que no discutamos por este asunto. No hay razón para hacerlo un tema de debate. Sencillamente, de un modo apacible y sin disculparnos, testificamos que Dios se ha manifestado a Sí mismo y a Su Hijo Amado al dar comienzo a esta plena y última dispensación de Su obra.

No debemos volvernos descorteses al hablar de las diferencias doctrinales. No hay lugar para la aspereza. Sin embargo, nunca podemos abandonar ni acomodar a otros pareceres el conocimiento que hemos recibido por revelación y por otorgamiento directo de las llaves y de la autoridad bajo la manos de los que las poseían en la antigüedad. No olvidemos nunca que ésta es la restauración de lo que fue instituido por el Salvador del mundo, y no una reforma de práctica y doctrina falsas que tal vez surgiera con el correr de los siglos.

Podemos respetar otras religiones, y debemos hacerlo. Debemos reconocer el gran bien que realizan; debemos enseñar a nuestros hijos a ser tolerantes y amistosos con las personas que no sean de nuestra fe. Podemos trabajar, y trabajamos, con personas de otras religiones en defensa de los valores que han hecho nuestra civilización grande y nuestra sociedad distintiva.

Por ejemplo, no hace mucho tiempo fue a mi despacho un clérigo protestante que es un líder muy eficaz en la interminable contienda contra la pornografía. Nos sentimos agradecidos a él. Nos unimos a él y a sus colaboradores y le brindamos apoyo económico a su organización.

Podemos trabajar y trabajamos con personas de otras religiones en diversas tareas en la sempiterna lucha contra los males sociales que amenazan los preciados valores que son tan importantes para todos nosotros. Si bien estas personas no son de nuestra fe, son nuestros amigos, nuestros vecinos y nuestros colaboradores en una variedad de causas. Es un placer para nosotros prestar nuestras fuerzas a sus labores.

Pero en todo eso no hay acomodo doctrinal. No es necesario que lo haya y no debe haberlo de nuestra parte. Sí hay un grado de compañerismo y hermandad al trabajar juntos.

Al llevar a cabo nuestra misión especial, trabajamos bajo el mandato que nos ha dado el Señor Resucitado que ha hablado en ésta la última dispensación. Ésta es Su exclusiva y maravillosa causa. Damos testimonio de Él; pero no hace falta que lo hagamos con arrogancia ni con aire de superioridad.

Como lo dijo Pedro, somos "linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios". ¿Por qué? Para que anunciemos "las virtudes de aquel que [nos] llamó de las tinieblas a su luz admirable" (1 Pedro 2:9).

El considerarnos más santos que los demás es una actitud indigna de nosotros. Tengo en mi poder la carta de un hombre de nuestra comunidad que no es miembro de la Iglesia. En ella dice que a su hijita la han aislado sus compañeros de escuela que son Santos de los Últimos Días y menciona que se cuenta por ahí que un niño Santo de los Últimos Días le arrancó una medalla religiosa del cuello a otro niño. Espero que eso no sea verdad. Si lo es, pido disculpas a los que hayan sido agraviados.

Elevémonos por encima de ese tipo de comportamiento y enseñemos a nuestros hijos a hacer lo mismo. Seamos verdaderos discípulos de Cristo al observar la Regla de Oro, y como queramos que los demás hagan con nosotros, así también hagamos nosotros con ellos. Fortalezcamos nuestra propia fe y la de nuestros hijos, al mismo tiempo que seamos corteses con los que no son de nuestra fe. El amor y el respeto echarán por tierra todo elemento de animosidad. Nuestra bondad puede convertirse en la defensa más persuasiva de aquello en lo que creemos.

Leer más: http://www.lds.org/conference/talk/display/0,5232,89-3-16-1,00.html

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