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02-El Camino del Discipulado

¿Libre albedrío o inspiración?

Por lualcaro - 16 de Mayo, 2008, 1:51, Categoría: General

"Existe un sutil equilibrio entre el libre albedrío y la inspiración; se espera que hagamos todo lo que esté a nuestro alcance y luego busquemos una respuesta del Señor, una confirmación de que hemos llegado a la conclusión correcta…
El Señor posee toda sabiduría, todo conocimiento y todo poder, sabe cómo gobernar, controlar y dirigirnos en una manera perfecta; nos permite determinar lo que debemos hacer, pero espera que lo consultemos con Él en oración.
Si aprendéis a utilizar el libre albedrío que Dios os ha concedido, si tratáis de tomar vuestras propias decisiones, si lográis llegar a conclusiones que sean buenas y correctas, y si consultáis con el Señor y obtenéis su aprobación respecto a las conclusiones a las que habéis llegado, entonces habréis recibido revelación...". (“¿Libre albedrío o inspiración?”, Bruce R. McConkie)

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"Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón"

Por lualcaro - 6 de Enero, 2008, 5:35, Categoría: General

Conferencia General
abril de 1998

Presidente James E. Faust
Segundo Consejero de la Primera Presidencia

"Las ordenanzas y los convenios. . . son los medios que el Señor ha proporcionado para que nos conduzcan a la vida eterna".

Presidente James E. Faust

Mis queridos hermanos, hermanas y amigos:

Con humildad me encuentro ante este púlpito que por más de cien años ha sido santificado por la palabra de Dios expresada en infinidad de mensajes inspirados, los que han elevado espiritualmente el alma de quienes los han escuchado. En concordancia con este legado, ruego que nuestro corazón sea receptivo a todo lo que se diga en esta conferencia.

Hoy deseo hablar acerca de las bendiciones que emanan de los convenios hechos con el Señor. Como base, comenzaré con el convenio que el Señor hizo con la Casa de Israel: "Pero este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice Jehová: Daré mi ley en su mente y la escribiré en su corazón; y yo seré a ellos por Dios, y ellos me serán por pueblo"1.

Ese convenio es universal para todos los seres de cualquier raza que hayan sido "bautizados en Cristo"2. Como Pablo declaró: "Y si vosotros sois de Cristo, ciertamente linaje de Abraham sois, y herederos según la promesa"3.

Los convenios no son simplemente rituales externos, sino medios reales y eficaces para cambiar: "El nuevo nacimiento viene por el Espíritu de Dios mediante las ordenanzas"4. Debemos siempre honrar y guardar sagrados los convenios de salvación que hemos hecho con el Señor y, si lo hacemos, Él nos ha prometido: ". . .recibirás revelación tras revelación, conocimiento sobre conocimiento, a fin de que conozcas los misterios y las cosas apacibles, aquello que trae gozo, aquello que trae la vida eterna"5.

Muchos convenios son indispensables para la felicidad tanto aquí como en la vida venidera. Entre los más importantes se encuentran los convenios del matrimonio hechos entre marido y mujer; de esos convenios emana la dicha más grande de la vida.

El convenio del bautismo, con la ordenanza de la confirmación que le acompaña, abre la puerta para la vida eterna.

El juramento y convenio del sacerdocio contienen la promesa mediante la cual los élderes dignos de la Iglesia recibirán ". . .todo lo que [el] Padre tiene. . ."6.

Los convenios del templo son la base para obtener las bendiciones más grandes que el Señor tiene para nosotros.

Nosotros tenemos el gran privilegio de participar de la Santa Cena, la Cena del Señor. La renovación de nuestros convenios bautismales al participar de la Santa Cena nos protege contra toda clase de mal. Al participar dignamente del pan y del agua santificados, en memoria del sacrificio del Salvador, testificamos ante Dios el Padre que estamos dispuestos a tomar sobre nosotros el nombre de Su Hijo, y a recordarle siempre, y a guardar Sus mandamientos qué Él nos ha dado. Si hacemos eso, siempre tendremos Su Espíritu con nosotros7. Si participamos de la Santa Cena con regularidad y somos fieles a esos convenios, la ley estará en nuestras entrañas y estará escrita en nuestro corazón. Permítanme contar un relato del "Church News" con el fin de ilustrar lo antedicho:

Leer más ...... http://www.lds.org/conference/talk/display/0,5232,89-3-16-6,00.html

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El sorprendente camino del gozo

Por lualcaro - 3 de Diciembre, 2007, 5:23, Categoría: General

El Presidente H. Ross Workman, de la Misión Hawaii, Honolulu, delineó "el sorprendente camino al gozo" en un discurso devocional en la Universidad de Brigham Young-Hawaii, el 8 de Febrero de 2001.

"Tiene una fórmula interesante este asunto del gozo", dijo el Presidente Workman. "El Señor nos ha dado una fórmula para el gozo y es una fórmula sorprendente... para que puedas tener gozo tienes que darlo". El Presidente Workman dijo que no podemos obtener una plenitud de gozo a menos que tengamos un cuerpo físico, pero la naturaleza dual del espíritu y el cuerpo a veces hace al gozo "un poco más difícil de encontrar".

"Cuando nuestros espíritus están vestidos con este cuerpo de carne y sangre tenemos dos personalidades. Nuestros espíritus, enseñados a los pies de Dios, desean ser como Dios, desean la justicia, entienden lo que significa ser bueno y lo que significa ser malo. Nuestros cuerpos físicos desean sólo el placer y la evasión del sufrimiento", dijo el Pte. Workman.

El Pte. Workman dijo que aún Jesucristo soportó esta naturaleza dual en el Jardín de Getsemaní antes de tomar sobre sí "el sufrimiento más grande conocido por la humanidad". El Salvador se arrodilló y oró ante su Padre y dijo "Padre, si quieres pasa de mí esta copa".

"Jesucristo, el más grande espíritu jamás nacido de Dios, fue vestido con un cuerpo mortal y deseó las mismas cosas que nuestro cuerpo mortal desea - sólo el placer y la evasión de la pena. Pero en la misma frase nuestro Salvador dijo, ' No se haga mi voluntad, sino la tuya'".

"Aquí hay una grandiosa clave en el sorprendente camino al gozo - el rendir nuestra voluntad a la sumisión", dijo el Pte. Workman. El dijo que Adán mostró un ejemplo de cómo someterse totalmente cuando sacrificó lo mejor de sus rebaños. El Presidente Workman también habló extensamente sobre el ejemplo de Abraham al mostrarse presto a sacrificar aún a su hijo Isaac".

En sus comentarios finales, dijo: "El gozo es este: Nunca sacrificar lo que más quieres por lo que quieres inmediatamente".

Articulo de JPMarichal publicado en Ezine SUD

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Un discípulo y un amigo

Por lualcaro - 24 de Noviembre, 2007, 18:45, Categoría: General

Conferencia General
abril de 1998

Obispo Richard C. Edgley
Primer Consejero del Obispado Presidente

"La cuestión no es cómo nos definen otras personas sino cómo nos define el Salvador".

Obispo Richard C. Edgley

Hace algunos años, cuando yo trabajaba en el mundo de los negocios, nuestro director de personal, que era católico devoto, fue a mi oficina con su secretaria, llamada Darlene. En seguida pude notar que Darlene no estaba allí por voluntad propia y que habría preferido estar en otro lugar. Lo primero que me dijo el director de personal fue: "Por favor, explíquele a Darlene que los mormones son cristianos. Hemos estado discutiendo más de media hora y no he podido convencerla al respecto. Ella necesita que usted se lo diga".

Lo primero que pensé fue si habría hecho yo mismo algo para que Darlene pusiera en duda mi fe y mi lealtad hacia el Salvador. Pero en seguida me di cuenta de que sus dudas no estaban directamente relacionadas conmigo.

Después de invitarlos a que tomaran asiento, le pregunté a Darlene por qué pensaba que no éramos cristianos; ella me respondió que así se lo había dicho su pastor. Le pregunté si sabía cuál era el nombre oficial de nuestra Iglesia y contestó que no. La conocía, dijo, con el nombre de Iglesia Mormona. Le expliqué entonces que el nombre es La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, y le pregunté si no le parecía una denominación extraña para una iglesia que no se suponía que fuera cristiana. A continuación, le pedí a mi amigo católico que, en base al sinnúmero de horas que habíamos conversado durante nuestros viajes en avión, al alojarnos en hoteles, al compartir cenas y en otras ocasiones, le explicara algunas de las cosas que había aprendido sobre nosotros relacionadas con Cristo, Sus enseñanzas y nuestras creencias. Él se las explicó entonces quizás de manera más convincente de lo que yo habría podido hacer.

La respuesta de Darlene fue que su pastor le había dicho que nosotros no creíamos en la Biblia y que la habíamos reemplazado con el Libro de Mormón. Yo le contesté declarándole nuestro octavo Artículo de Fe: "Nosotros creemos que la Biblia es la palabra de Dios hasta donde esté traducida correctamente; también creemos que el Libro de Mormón es la palabra de Dios".

Entonces le expliqué que el Libro de Mormón es otra Escritura que complementa la Biblia y provee otro testimonio de Jesucristo, y que expone y aclara varias de las enseñanzas más sagradas e importantes de Cristo. Su respuesta fue: "El pastor dice que no es posible que el Libro de Mormón contenga las enseñanzas de Cristo porque no pudo haber más revelaciones después de la muerte de los Apóstoles; por tanto, no hay más Escrituras después de la Biblia". La interrogante que le presenté fue: "En una época de cambio tan veloz en este mundo turbulento y atribulado con tantos problemas difíciles, ¿no le extrañaría pensar por qué un Padre amoroso habría de cesar de comunicarse con Sus hijos, a quienes ama tanto que aun sacrificó por ellos a Su Hijo Unigénito?". La polémica continuó durante quince o veinte minutos, en los que yo traté de explicarle nuestra interpretación literal de la Expiación y de la Resurrección, y de otras doctrinas importantes del Salvador. Terminé luego con el testimonio más fuerte que podía darle de un Padre amoroso y de un Hijo sumiso.

Leer más...... http://www.lds.org/conference/talk/display/0,5232,89-3-16-4,00.html 

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Damos testimonio de Él

Por lualcaro - 11 de Noviembre, 2007, 22:08, Categoría: General

Presidente Gordon B. Hinckley

Conferencia General
abril de 1998

"Seamos verdaderos discípulos de Cristo al observar la Regla de Oro, y como queramos que los demás hagan con nosotros, así también hagamos nosotros con ellos".

Presidente Gordon B. Hinckley

Mis amados hermanos y hermanas, les damos una cordial bienvenida a esta conferencia general que ha llegado a ser una gran conferencia mundial de la Iglesia.

Esta reunión se oirá y se verá en todo Estados Unidos y en Canadá, así como en muchas otras partes del mundo. Creo que no hay nada que se compare con ella. Felicito y agradezco a todos los que han tenido que ver con los complicados detalles logísticos de esta gran tarea.

Nos hemos reunido para adorar al Señor, para declarar Su divinidad y la realidad de que Él vive. Nos hemos reunido para reiterar nuestro amor por Él y nuestro conocimiento de Su amor por nosotros. Nadie, pese a lo que se diga, puede disminuir ese amor.

Hay algunos que lo intentan. Por ejemplo, hay personas de otros credos que no nos consideran cristianos. Eso no es importante. Lo que importa es la forma en que nos consideremos a nosotros mismos. Reconocemos sin vacilación que existen diferencias entre nosotros; si no fuera así, no habría habido necesidad de la restauración del Evangelio. Hace poco, el presidente Packer y el élder Ballard hablaron de eso en otros contextos.

Confío en que no discutamos por este asunto. No hay razón para hacerlo un tema de debate. Sencillamente, de un modo apacible y sin disculparnos, testificamos que Dios se ha manifestado a Sí mismo y a Su Hijo Amado al dar comienzo a esta plena y última dispensación de Su obra.

No debemos volvernos descorteses al hablar de las diferencias doctrinales. No hay lugar para la aspereza. Sin embargo, nunca podemos abandonar ni acomodar a otros pareceres el conocimiento que hemos recibido por revelación y por otorgamiento directo de las llaves y de la autoridad bajo la manos de los que las poseían en la antigüedad. No olvidemos nunca que ésta es la restauración de lo que fue instituido por el Salvador del mundo, y no una reforma de práctica y doctrina falsas que tal vez surgiera con el correr de los siglos.

Podemos respetar otras religiones, y debemos hacerlo. Debemos reconocer el gran bien que realizan; debemos enseñar a nuestros hijos a ser tolerantes y amistosos con las personas que no sean de nuestra fe. Podemos trabajar, y trabajamos, con personas de otras religiones en defensa de los valores que han hecho nuestra civilización grande y nuestra sociedad distintiva.

Por ejemplo, no hace mucho tiempo fue a mi despacho un clérigo protestante que es un líder muy eficaz en la interminable contienda contra la pornografía. Nos sentimos agradecidos a él. Nos unimos a él y a sus colaboradores y le brindamos apoyo económico a su organización.

Podemos trabajar y trabajamos con personas de otras religiones en diversas tareas en la sempiterna lucha contra los males sociales que amenazan los preciados valores que son tan importantes para todos nosotros. Si bien estas personas no son de nuestra fe, son nuestros amigos, nuestros vecinos y nuestros colaboradores en una variedad de causas. Es un placer para nosotros prestar nuestras fuerzas a sus labores.

Pero en todo eso no hay acomodo doctrinal. No es necesario que lo haya y no debe haberlo de nuestra parte. Sí hay un grado de compañerismo y hermandad al trabajar juntos.

Al llevar a cabo nuestra misión especial, trabajamos bajo el mandato que nos ha dado el Señor Resucitado que ha hablado en ésta la última dispensación. Ésta es Su exclusiva y maravillosa causa. Damos testimonio de Él; pero no hace falta que lo hagamos con arrogancia ni con aire de superioridad.

Como lo dijo Pedro, somos "linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios". ¿Por qué? Para que anunciemos "las virtudes de aquel que [nos] llamó de las tinieblas a su luz admirable" (1 Pedro 2:9).

El considerarnos más santos que los demás es una actitud indigna de nosotros. Tengo en mi poder la carta de un hombre de nuestra comunidad que no es miembro de la Iglesia. En ella dice que a su hijita la han aislado sus compañeros de escuela que son Santos de los Últimos Días y menciona que se cuenta por ahí que un niño Santo de los Últimos Días le arrancó una medalla religiosa del cuello a otro niño. Espero que eso no sea verdad. Si lo es, pido disculpas a los que hayan sido agraviados.

Elevémonos por encima de ese tipo de comportamiento y enseñemos a nuestros hijos a hacer lo mismo. Seamos verdaderos discípulos de Cristo al observar la Regla de Oro, y como queramos que los demás hagan con nosotros, así también hagamos nosotros con ellos. Fortalezcamos nuestra propia fe y la de nuestros hijos, al mismo tiempo que seamos corteses con los que no son de nuestra fe. El amor y el respeto echarán por tierra todo elemento de animosidad. Nuestra bondad puede convertirse en la defensa más persuasiva de aquello en lo que creemos.

Leer más: http://www.lds.org/conference/talk/display/0,5232,89-3-16-1,00.html

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