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06-El Gozo de la Paternidad

Mantengan una comunicación eficaz

Por lualcaro - 5 de Junio, 2007, 2:42, Categoría: General

Communicate effectively
Las buenas aptitudes de comunicación ayudan a su familia a expresarse amor y respeto mutuo, a enfrentar los desafíos de la vida y a desarrollar sentimientos de seguridad y autoestima.

Cuando aprenden a comunicarse dentro de la familia, los hijos adquieren una aptitud valiosa que les servirá toda la vida.

Escuchen detenidamente para comprender
Comuniquen sus ideas de manera que los demás las entiendan
Hablen con amor
Ataque el problema, y no a la persona
Cómo establecer relaciones de confianza
Piense antes de hablar o de actuar
Hacer del hogar un refugio
Cómo mejorar la comunicación dentro del matrimonio
Pasen tiempo juntos
Ayuda para padres o madres solos

Articulo publicado en: http://www.mormon.org/learn/0,8672,1152-3,00.html

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Pasen tiempo juntos

Por lualcaro - 19 de Mayo, 2007, 6:41, Categoría: General

Spending time together
Una familia fuerte requiere atención constante. Su familia necesita que se le dedique tanto calidad de tiempo como cantidad de tiempo.

Si lo desea, ponga a prueba las siguientes ideas:

  • Haga una lista de las actividades de la semana.¿Cuánto tiempo dedica a la familia?
  • Si no está dedicando suficiente tiempo a la familia, decida qué actividades le están quitando ese tiempo.
  • Busque maneras de reducir el tiempo que dedica a esas actividades para que tenga más tiempo para la familia.
  • Planee dedicar tiempo a la familia, y déle la más alta prioridad.
Recuerde que por lo general no hay tiempo; por lo que hay que apartar tiempo para realizar una determinada actividad.

Planifique tiempo para dedicar a cada uno de los miembros de su familia
Siéntense a la mesa para comer juntos
Apaguen el televisor y la computadora
Ayude a sus hijos con las tareas escolares
http://www.mormon.org/learn/0,8672,1185-3,00.html

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Los padres tienen la responsabilidad de enseñar a sus hijos los principios del Evangelio.

Por lualcaro - 12 de Abril, 2007, 6:54, Categoría: General

Heber J. Grant

Creo que puedo decir sin temor a equivocarme que el deseo más ferviente de todo fiel Santo de los Últimos Días es que sus hijos crezcan en la disciplina y la amonestación del Evangelio, guardando los mandamientos de Dios, a fin de que sean salvos en Su reino. Es sencillamente absurdo imaginar que si al niño se le siembran en la mente las semillas de la falsedad y de la maldad a lo largo de la vida, podrán ustedes, de una sola vez, sembrar en esa mente las semillas de la verdad y hacerlas producir toda una cosecha de verdad… Consideraríamos un perfecto tonto al agricultor que pidiese a todos los que pasaran por su granja que tirasen en el terreno unas cuantas semillas de malas hierbas, que hiciesen eso durante un periodo de veinte años, y que entonces esperara tener toda una cosecha de grano y que fuese muy buena.

Yo puedo saberme las tablas de multiplicar y también mi esposa, pero no por eso puedo esperar que mis hijos nazcan con el conocimiento de las tablas de multiplicar en la cabeza. Yo puedo saber que el Evangelio es verdadero y mi esposa también puede saberlo, pero no se me ocurriría ni por un momento que mis hijos nacieran con ese conocimiento. Recibimos un testimonio del Evangelio porque obedecemos las leyes y las ordenanzas de él; y nuestros hijos recibirán ese conocimiento exactamente de la misma manera; y si no les enseñamos, y si ellos no caminan por el estrecho y angosto camino que conduce a la vida eterna, jamás recibirán ese conocimiento. He oído a personas decir que sus hijos han nacido herederos de todas las promesas del nuevo y sempiterno convenio, y que crecerían con un conocimiento del Evangelio hicieran lo que hiciesen. Quiero decirles que ésa no es doctrina verdadera y que es totalmente contraria al mandamiento de nuestro Padre Celestial. A los Santos de los Últimos Días se les ha dado la responsabilidad, que no es una petición, de enseñar a sus hijos:

"Y además, si hay padres que tengan hijos en Sión o en cualquiera de sus estacas organizadas, y no les enseñen a comprender la doctrina del arrepentimiento, de la fe en Cristo, el Hijo del Dios viviente, del bautismo y del don del Espíritu Santo por la imposición de manos, al llegar a la edad de ocho años, el pecado será sobre la cabeza de los padres.

"Porque ésta será una ley para los habitantes de Sión, o en cualquiera de sus estacas que se hayan organizado.

"Y sus hijos serán bautizados para la remisión de sus pecados cuando tengan ocho años de edad, y recibirán la imposición de manos.

"Y también enseñarán a sus hijos a orar y a andar rectamente delante del Señor" [D. y C. 68:25–28]…

Todo padre de familia que ama el Evangelio está listo y dispuesto a ir a los extremos de la tierra a predicarlo, y uno de los mayores regocijos que hombre alguno puede tener es ser hallado llevando almas al conocimiento de la verdad. Debe ser un regocijo mucho mayor para nosotros enseñar a nuestros hijos el plan de salvación7.

Entre los primeros mandamientos que el Señor dio a Adán y Eva, les dijo: "multiplicaos; llenad la tierra" [Génesis 1:28]. Él ha repetido ese mandamiento en nuestra época. Nuevamente ha revelado en ésta, la última dispensación, el principio de la eternidad del convenio del matrimonio. Ha restaurado en la tierra la autoridad para hacer ese convenio y ha dicho que es la única manera debida y apropiada de unir a marido y mujer, y el único medio por el cual la sagrada relación familiar puede llevarse más allá del sepulcro y por la eternidad. Él ha dicho que esta relación eterna puede establecerse únicamente mediante las ordenanzas que se administran en los santos templos del Señor y que, por consiguiente, los de Su pueblo deben casarse sólo en Su templo de conformidad con tales ordenanzas.

El Señor nos ha dicho que es el deber de todo marido y mujer obedecer el mandamiento que se dio a Adán de multiplicarse y llenar la tierra, a fin de que las legiones de espíritus selectos que esperan recibir su tabernáculo de carne puedan venir aquí y seguir progresando bajo el grandioso plan de Dios para llegar a ser almas perfectas, puesto que sin el tabernáculo de carne no pueden progresar ni avanzar hacia el destino que Dios ha trazado para ellos. Por eso, todo marido y mujer debe llegar a ser, respectivamente, padre y madre en Israel de hijos que les nazcan bajo el santo y eterno convenio.

Al traer a la tierra a esos espíritus escogidos, todo padre y toda madre asume, para con el espíritu en su tabernáculo de carne y también para con el Señor, por haber aprovechado la oportunidad ofrecida por Él, una obligación de la índole más sagrada, por motivo de que la trayectoria que ha de seguir ese espíritu en las eternidades venideras, las bendiciones o los castigos que le aguarden en la existencia venidera, dependerán en gran parte de la atención, de las enseñanzas y del modo como críen los padres a ese espíritu.

Ningún padre ni ninguna madre puede librarse de esa obligación y responsabilidad, y el Señor nos hará estrictamente responsables del debido cumplimiento de esa obligación y responsabilidad. Ése es el deber más elevado que los mortales puedan tomar sobre sí.

Por consiguiente, la maternidad viene a ser un santo llamamiento, una dedicación sagrada a la misión de llevar a cabo los planes del Señor, una santa dedicación a la crianza, a la educación y a la formación en cuerpo, mente y espíritu de los que guardaron su primer estado y han venido a esta tierra, a su segundo estado "para ver si harán todas las cosas que el Señor su Dios les mandare" [Abraham 3:25]. Guiarlos para que guarden su segundo estado es la obra de la madre, "y a quienes guarden su segundo estado, les será aumentada gloria sobre su cabeza para siempre jamás" [Abraham 3:26]…

La maternidad está cerca de la divinidad. Es el servicio más elevado y más santo que puede emprender el ser humano, y pone junto a los ángeles a la mujer que honra su santo llamamiento y servicio. A ustedes, las madres de Israel, decimos, Dios las bendiga y las proteja, y les dé fortaleza y valentía, fe y conocimiento, así como el santo amor y la consagración al deber que les permita cumplir en toda su medida el sagrado llamamiento que tienen. A ustedes, las madres, y a ustedes, las que algún día serán madres, decimos: Sean castas, consérvense puras, vivan con rectitud, a fin de que su posteridad, hasta la última generación, las llame bienaventuradas"8.

He oído a hombres y mujeres decir que ellos iban a dejar que sus hijos llegaran a la madurez antes de procurar enseñarles los principios del Evangelio, que no iban a forzarlos a aprender el Evangelio en la niñez, antes de que pudiesen comprenderlo. Cuando oigo a hombres y mujeres decir eso, pienso que carecen de fe en los principios del Evangelio y que no lo comprenden como debieran. El Señor ha dicho que es nuestro deber enseñar a nuestros hijos cuando son pequeños, y yo prefiero fiarme de la palabra del Señor en lugar de confiar en la palabra de los que no están obedeciendo Sus mandamientos. Es insensatez suponer que nuestros hijos crecerán con un conocimiento del Evangelio sin enseñárselo. Algunos hombres y mujeres sostienen: "Y bien, soy Santo de los Últimos Días; nos casamos en el templo y fuimos sellados ante el altar por un hombre que posee el sacerdocio de Dios, según el nuevo y sempiterno convenio; nuestros hijos inevitablemente van a crecer y van a ser buenos Santos de los Últimos Días; no puede ser de otra manera"… Pero quiero decirles que nuestros hijos no sabrán que el Evangelio es verdadero si no lo estudian y obtienen un testimonio por sí mismos. Los padres se están engañando si se imaginan que sus hijos nacerán con un conocimiento del Evangelio. Desde luego, tendrán mayor derecho a las bendiciones de Dios por haber nacido bajo el nuevo y sempiterno convenio, y será natural para ellos crecer y cumplir sus deberes; pero el diablo sabe eso y, por lo tanto, se esfuerza con mayor ahínco por alejar a nuestros hijos de la verdad9.

Ruego al Señor que dé a los padres entendimiento para que se den cuenta de los peligros y de las tentaciones a que sus hijos están expuestos, que reciban orientación para vigorizar espiritualmente a sus hijos, así como para guiarlos y enseñarles a vivir como el Señor desea que vivan10.

¿Qué nos estamos esforzando por alcanzar? ¿Bienes? ¿Riquezas? Si hemos aceptado el Evangelio de Jesucristo y vivimos de acuerdo con él, entonces nos estamos esforzando por alcanzar la vida eterna. Entonces estamos procurando salvar nuestras almas. Y después de salvar nuestras propias almas, estamos procurando la salvación de nuestros hijos… Deseo afirmar que la mejor herencia que pueden dejar a sus hijos e hijas serán los caudales de bendiciones que recibirán por la comprensión que ustedes les den del reino de Dios y la dedicación de ellos a él11.

Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: Heber J. Grant

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Padres o Madres solos

Por lualcaro - 13 de Marzo, 2007, 3:03, Categoría: General

Help for single parents
Ayuda para padres o madres solos

Las responsabilidades de ser un padre o madre sin pareja pueden ser abrumadoras.Al criar solo(a) a la familia, se está esforzando por satisfacer sus propias necesidades y también las de los hijos.

Otras personas que han enfrentado el mismo desafío ofrecen las siguientes sugerencias:

  • El desahogarse ayuda a aligerar la carga.Hable de sus problemas con un familiar o amigo bondadoso.
  • Si usted puede perdonar, dará un importante ejemplo a los hijos.Tome tiempo para llorar y para dejar atrás el pasado.
  • Si enfrenta los desafíos con una actitud positiva, los hijos observarán su ejemplo y aprenderán a hacer lo mismo.
Concéntrese en lo que puede hacer
Fije metas
Permita que otras personas le ayuden
Hable acerca de su situación
Pase tiempo con los hijos
Mantengan una comunicación eficaz
Pasen tiempo juntos

http://mormon.org/learn/0,8672,1204-3,00.html

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Un mensaje de esperanza para las familias

Por lualcaro - 24 de Febrero, 2007, 18:40, Categoría: General

Con todo el sentimiento de un tierno padre: Un mensaje de esperanza para las familias

ÉLDER ROBERT E. HALES
Del Quórum de los Doce Apóstoles

No importa cuán malvado llegue a ser el mundo, en nuestras familias puede haber paz y, si hacemos lo correcto, seremos guiados y protegidos.

ÉLDER ROBERT E. HALESTal como lo profetizó Pablo, vivimos en "tiempos peligrosos"1. "Satanás [ha estado yendo] por todas partes extraviando el corazón de los del pueblo"2 y su influencia sigue creciendo. Pero no importa cuán malvado llegue a ser el mundo, en nuestras familias puede haber paz y, si hacemos lo correcto, seremos guiados y protegidos.

El himno que a menudo entonaban nuestros antepasados pioneros nos dice qué hacer: "Ceñid los lomos con valor; jamás os puede Dios dejar"3. Ese valor y esa fe son lo que necesitamos como padres y familias en estos últimos días.

Lehi tenía ese valor; él amaba a su familia y se regocijaba en el hecho de que algunos de sus hijos guardaban los mandamientos del Señor. Pero debe haberse sentido acongojado cuando sus hijos, "Lamán y Lemuel no comieron del fruto" que representaba el amor de Dios. Él "temía en gran manera por Lamán y Lemuel; sí, temía que fueran desterrados de la presencia del Señor"4.

Todo padre se enfrenta con tales momentos de temor, pero, si ejercemos nuestra fe al enseñar a nuestros hijos y al hacer todo cuanto podamos para ayudarles, nuestros temores disminuirán. Lehi ciñó sus lomos y con fe "exhortó [a sus hijos], con todo el sentimiento de un tierno padre, a que escucharan sus consejos, para que quizá el Señor tuviera misericordia de ellos y… les mandó que guardaran los mandamientos del Señor"5.

También nosotros debemos tener la fe necesaria para enseñar a nuestros hijos y pedirles que guarden los mandamientos, pero no podemos permitir que sus decisiones debiliten nuestra fe. Nuestra dignidad no se medirá por la rectitud de nuestros hijos. Lehi no se vio privado de la bendición de deleitarse con el fruto del árbol de la vida simplemente porque Lamán y Lemuel no quisieron participar de él. Hay veces que, como padres, sentimos que hemos fallado si nuestros hijos cometen errores o se desvían. Ningún padre que haga todo lo posible por amar, enseñar, orar y velar por ellos, habrá fracasado. Su fe, sus oraciones y esfuerzos serán consagrados para el bien de sus hijos.

El Señor desea que nosotros, como padres, guardemos Sus mandamientos. Él ha dicho: "[Enseña] a tus hijos e hijas la luz y la verdad, conforme a los mandamientos; …[pon] tu propia casa en orden"… "[procura ser] más [diligente] y [atento] en el hogar"6.

Quisiera que todos recordásemos que ninguna familia ha alcanzado la perfección y que todas ellas están sujetas a las condiciones de la mortalidad. A todos se nos concede el don del albedrío, para escoger por nosotros mismos y para aprender de las consecuencias de nuestras decisiones.

Cualquiera de nosotros puede tener en su familia un cónyuge, un hijo, un padre o madre o algún pariente que esté sufriendo de algún modo, ya sea mental, física, emocional o espiritualmente, y por momentos nosotros mismos podemos experimentar esas tribulaciones. En resumen, la vida mortal no es fácil.

Cada familia tiene sus propias circunstancias particulares, pero el Evangelio de Jesucristo trata cada uno de esos desafíos y ésa es la razón por la que debemos enseñarlo a nuestros hijos.

En "La familia: Una proclamación para el mundo", se declara:

"Los padres tienen la responsabilidad sagrada de educar a sus hijos dentro del amor y la rectitud, de proveer para sus necesidades físicas y espirituales, de enseñarles a amar y a servirse el uno al otro, de guardar los mandamientos de Dios y de ser ciudadanos respetuosos de la ley dondequiera que vivan. Los esposos y las esposas, madres y padres, serán responsables ante Dios del cumplimiento de estas obligaciones"7.

El cumplir con estas obligaciones es la clave para proteger a nuestra familia en los últimos días.

Moisés aconsejó: "Y estas palabras… las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes"8. Nuestra familia debe estar en nuestros pensamientos continuamente.

Moisés comprendió la necesidad de una enseñanza constante, pues él creció en tiempos difíciles. Cuando Moisés nació, Faraón había decretado que todo niño varón hebreo en Egipto fuera arrojado al río, pero los padres de Moisés tomaron muy en serio su deber como tales.

En las Escrituras leemos: "Por la fe Moisés, cuando nació, fue escondido por sus padres… y [ellos] no temieron el decreto del rey"9. Cuando Moisés llegó a una edad en la que ya no lo podían ocultar, su madre, Jocabed, tomó una arquilla de juncos y la calafateó con asfalto y brea y colocó a su hijo en ella. Entonces la guió río abajo, hacia un lugar seguro, donde la hija del faraón tomaba sus baños.

Sin dejar nada librado al azar, Jocabed también envió una ayuda inspirada, a su hija María, para ver lo que acontecía. Cuando la hija del faraón, la princesa, encontró al pequeño, María valientemente se ofreció para llamar a una nodriza hebrea. La nodriza era Jocabed, la madre de Moisés10.

Gracias a la fidelidad de esa madre, la vida de Moisés fue preservada. Con el tiempo él llegó a enterarse de quién era realmente y "dejó a Egipto, no temiendo la ira del rey"11.

Me uno a los fieles padres en todas partes para declarar que nosotros sabemos quiénes somos, entendemos nuestras responsabilidades como padres y no tememos la ira del príncipe de las tinieblas, pues confiamos en la luz del Señor.

Al igual que lo hizo Jocabed, criamos a nuestras familias en un mundo perverso y hostil, un mundo tan peligroso como lo eran las cortes de Egipto que gobernaba Faraón. Pero, al igual que Jocabed, también nosotros entretejemos una arquilla o cesta protectora alrededor de nuestros hijos, a la que llamamos "familia", y les guiamos por lugares seguros donde nuestras enseñanzas se ven reafirmadas en el hogar y en la Iglesia.

Finalmente, los encaminamos hacia la mayor de todas las instituciones de enseñanza divina: el santo templo, donde un día ellos se puedan arrodillar, rodeados por los fieles miembros de su familia, para ser sellados por esta vida y por toda la eternidad a un compañero digno o una compañera digna. Lo que hayan aprendido de nosotros, lo enseñarán a sus hijos y así continuará la obra de las familias eternas.

En el transcurso de la vida, en los momentos en los que nuestros hijos se encuentren separados de nosotros, el Señor proporciona "Marías" inspiradas para que velen por ellos, personas tales como los líderes del sacerdocio y de las organizaciones auxiliares, maestros, parientes y amigos dignos. Algunas veces el Espíritu nos indica a los padres que debemos buscar ayuda especial fuera del círculo inmediato, tales como médicos y terapeutas especializados. El Espíritu nos hará saber en qué casos hacerlo y la manera en que tal ayuda deberá conseguirse.

Pero la mayor de todas las ayudas para la familia llega por medio del Evangelio, viene de nuestro Padre Celestial, mediante la guía del Espíritu Santo, en las doctrinas y los principios, y por conducto del sacerdocio. Permítanme mencionarles cinco importantes elementos que nos ayudarán como padres a fortalecer a nuestra familia.

Llevar a cabo consejos familiares. Hay veces que pareciera que temiéramos a nuestros hijos y nos abstenemos de darles consejos por temor de ofenderlos. Son enormes las bendiciones que resultan de aconsejarnos mutuamente como familia, mostrando un interés genuino por la vida de los integrantes de nuestra familia. De vez en cuando, los consejos familiares pueden dar participación a la familia entera en una noche de hogar u otra actividad especial, pero, en forma regular, también debemos llevar a cabo consejos individuales con cada uno de nuestros hijos.

Sin este intercambio personal, nuestros hijos se sentirán inclinados a pensar que papá y mamá o el abuelo y la abuela no entienden o no están interesados en los desafíos a los que ellos se enfrentan. Al prestar amorosa atención y evitar las interrupciones, el Espíritu nos ayudará a discernir cómo podemos servir de ayuda a nuestros hijos y enseñarles.

Por ejemplo, les enseñaremos que ellos pueden escoger sus acciones pero no las consecuencias de ellas. También podemos pacientemente ayudarles a entender cómo las consecuencias de sus acciones pueden llegar a afectarlos en su propia vida.

A veces, cuando a nuestras enseñanzas no se les preste atención y cuando no se cumplan nuestras expectativas, debemos asegurarnos de dejar abierta la puerta de nuestro corazón.

En la parábola del hijo pródigo encontramos una potente lección para toda familia y especialmente para los padres. Cuando el hijo menor "[volvió] en sí",12 decidió regresar a su hogar.

¿Cómo sabía él que su padre no lo rechazaría? Lo sabía porque conocía a su padre. Por encima de los inevitables malos entendidos, los conflictos y el proceder insensato de juventud de su hijo, puedo ver a ese padre aguardándolo con un corazón tierno y compasivo, una blanda respuesta, un oído dispuesto a escuchar y un abrazo de perdón. También puedo imaginar al hijo sabiendo que podía regresar al seno familiar pues conocía la clase de hogar que le aguardaba. Las Escrituras dicen: "Y cuando aún estaba lejos, lo vio su padre, y fue movido a misericordia, y corrió, y se echó sobre su cuello, y le besó"13.

Yo testifico que nuestro Padre Celestial siempre deja la puerta abierta. También testifico que nunca es demasiado tarde para abrir la puerta que hay entre nosotros y nuestros hijos con palabras sencillas tales como: "Te amo", "lo siento" y "por favor, perdóname". Podemos empezar ahora a crear un hogar al cual ellos deseen regresar, no sólo ahora sino en las eternidades.

También podemos ayudar a nuestros hijos obedientes a dejar abierta la puerta del perdón al expresar nuestro amor y agradecimiento hacia ellos, al ayudarlos a regocijarse en el arrepentimiento de sus hermanos o hermanas.

Con la puerta de nuestro corazón abierta, debemos aprender cómo aplicar las Escrituras a nuestra vida.

A menudo hablamos sobre enseñar a nuestros hijos de las Escrituras, pero, ¿cómo lo hacemos?

Hace varios años le estaba enseñando a nuestro joven hijo sobre la vida y las experiencias del hermano de Jared. A pesar de que la historia era interesante, mi hijo no estaba compenetrado. Tiene mucho significado cuando les preguntamos a nuestros hijos: "¿Qué quiere decir esto para ti?". Entonces le pregunté qué significado tenía el relato para él personalmente, a lo que respondió: "¿Sabes?, no es muy diferente de lo que hizo José Smith en la arboleda cuando oró y obtuvo una respuesta".

"Tú tienes más o menos la edad de José Smith", le dije, "¿crees que una oración como la suya te ayudaría?". De pronto, ya no estábamos hablando de un relato de mucho tiempo atrás, en una tierra lejana, sino que hablábamos de él, nuestro hijo, sobre su vida, sus necesidades y el modo en que la oración podía ayudarlo.

Como padres, tenemos la responsabilidad de ayudar a nuestros hijos a "[aplicar] todas las Escrituras [de hecho, todo aspecto del Evangelio de Jesucristo] a nosotros mismos [y a nuestros hijos], para [el] provecho [y la] instrucción [de nuestras familias]"14.

¿Estamos aplicando todas las experiencias que nuestros hijos viven en el Evangelio a las necesidades reales que tienen en su vida? ¿Les estamos enseñando en cuanto al don del Espíritu Santo, el arrepentimiento, la Expiación, la Santa Cena y la bendición de la reunión sacramental para hacer frente a los desafíos en su vida? Puesto que no hay suficiente tiempo en las reuniones formales para enseñar a nuestros hijos todo cuanto deben saber, debemos aprovechar todos los momentos propicios para la enseñanza.

Esos momentos son invalorables. Se presentan cuando estamos trabajando, divirtiéndonos y esforzándonos juntos. Cuando se hacen presentes, el Espíritu del Señor nos ayuda a saber qué decir e inspira a nuestros hijos a aceptar nuestra enseñanza.

¡Qué dicha y qué bendición es tener el Espíritu en nuestro hogar! ¡Y qué bendición es invitarlo por medio de la oración, del estudio de las Escrituras, al expresarnos con consideración y al demostrar respeto los unos por los otros! Preparémonos para los momentos propicios para la enseñanza al orar como oró Alma por su hijo, "con mucha fe"15 y con toda la energía de nuestro ser mediante el ayuno, el estudio de las Escrituras, el arrepentimiento de nuestros pecados y al permitir que el Espíritu Santo nos llene el corazón con amor, perdón y compasión; entonces llenará nuestros hogares. Después debemos confiar en el Buen Pastor.

La madre de Moisés, Jocabed, guió a su hijo por el río con fe en el "Pastor… de [nuestras] almas"16. Como padres, también nosotros podemos confiar en que el Buen Pastor nos guiará. Isaías prometió que Él "pastoreará suavemente"17 a todos aquellos que tengan responsabilidad para con los jóvenes.

Él nos ayudará a confiar en los principios del albedrío, la oposición y la Expiación, y a honrarlos, aun cuando nuestros hijos tomen decisiones imprudentes. Mediante Su Espíritu, Él nos ayudará a enseñar a nuestros hijos a enfrentar todo reto, toda prueba y tribulación en la vida al recordarles que son hijos de Dios. A nosotros nos inspirará con formas de ayudarles a ponerse "toda la armadura de Dios"18, a fin de estar en condiciones de resistir "los ardientes dardos del adversario"19 con "el escudo de la fe"20 y "la espada del Espíritu"21. Al estar nuestros hijos espiritualmente armados y fortalecidos, Él les bendecirá para que perseveren fielmente hasta el fin y regresen al hogar, dignos de vivir en la presencia de nuestro Padre Celestial para siempre.

Por todo eso, nos entristecerá ver a los miembros de nuestra familia ser blanco de las piedras y de las flechas de la experiencia terrenal, pero nos asombraremos ante el amor que Jesús les da. Gracias a Él, las sacudidas no los destruirán, sino que los ablandarán, los fortalecerán y santificarán.

A los padres y las familias en todas partes del mundo les testifico que el Señor Jesucristo es poderoso para salvar. Él es el Sanador, el Redentor, el Pastor que rescata, que dejará a las noventa y nueve ovejas para ir tras la que está perdida. Si estamos buscando la salvación de "esas" almas perdidas en nuestras familias, les doy testimonio de que están dentro del alcance del Señor. Nosotros le ayudaremos a rescatarlas si vivimos el Evangelio fielmente, nos sellamos en el templo y somos leales a los convenios que hacemos en él.

Todo padre puede encontrar consuelo en las palabras del élder Orson F. Whitney refiriéndose a las enseñanzas de José Smith:

"El profeta José Smith dijo —y jamás enseñó una doctrina más consoladora— que el sellamiento eterno de padres fieles y las divinas promesas que se les hayan hecho por su valiente servicio en la Causa de la Verdad los salvarán no sólo a ellos, sino también a su posteridad. Aunque algunas ovejas se descarríen, el ojo del Pastor está sobre ellas, y tarde o temprano sentirán los tentáculos de la Divina Providencia extenderse hacia ellas y acercarlas de nuevo al rebaño. Ellos volverán, ya sea en esta vida o en la vida venidera. Tendrán que pagar su deuda a la justicia; sufrirán por sus pecados y tal vez anden por caminos espinosos; pero si esto finalmente los conduce, como al hijo pródigo, al corazón y al hogar de un padre amoroso que perdona, la dolorosa experiencia no habrá sido en vano. Oren por sus hijos descuidados y desobedientes; manténganse cerca de ellos mediante su fe. Continúen con esperanza y confianza hasta que vean la salvación de Dios"22.

Expreso mi testimonio especial de que Jesús dio Su vida, haciendo posible la salvación y la exaltación de todas las familias de la tierra. Con todo el sentimiento de un tierno padre, expreso mi amor y el amor que nuestro Padre Celestial tiene por ustedes y sus familias.

Que podamos juntar a nuestros seres queridos a nuestro alrededor y "[ceñirnos] los lomos con valor; [pues] jamás [nos] puede Dios dejar". Con fe, valentía y amor, las familias en verdad serán eternas, lo testifico en el nombre de Jesucristo. Amén.

NOTAS

1. 2 Timoteo 3:1.

2. 3 Nefi 2:3.

3. "¡Oh, está todo bien!", Himnos, Nº 17.

4. 1 Nefi 8:35–36.

5. 1 Nefi 8:37–38.

6. D. y C. 93:42–43, 50.

7. Liahona, octubre de 1988, pág. 24.

8. Deuteronomio 6:7.

9. Hebreos 11:23.

10. Véase Éxodo 2:3–10; véase también Jerrie W. Hurd, Our Sisters in the Bible, 1983, págs. 36–37.

11. Véase Hebreos 11:24–27.

12. Lucas 15:17.

13. Lucas 15:20.

14. 1 Nefi 19:23.

15. Mosíah 27:14.

16. 1 Pedro 2:25.

17. Isaías 40:11.

18. Véase Efesios 6:11, 13; véase también D. y C. 27:15.

19. 1 Nefi 15:24; D. y C. 3:8; véase también Efesios 6:16.

20. Efesios 6:16; D. y C. 27:17.

21. Efesios 6:17; véase también D. y C. 27:18.

22. En Conference Report, abril de 1929, pág. 110.

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Corazón de madre

Por lualcaro - 24 de Febrero, 2007, 18:38, Categoría: General

“Corazón de madre”

JULIE B. BECK
Primera Consejera de la Presidencia General de las Mujeres Jóvenes

Al cultivar un “corazón de madre”, cada niña y cada mujer se prepara para su misión divina y eterna de maternidad.

JULIE B. BECKA menudo he oído a mi padre describir a mi madre como una mujer con “corazón de madre”, lo cual es cierto. Su influencia maternal la han sentido muchos centenares, o quizás miles, de personas, dado que ella ha refinado su función de madre en grado superlativo. Su testimonio del Evangelio restaurado de Jesucristo y la clara percepción de su identidad y propósito han guiado su vida.

Ella tardó más que la mayoría de las mujeres en conocer al que sería su marido, pero antes de casarse, dedicó su vida a progresar. Aunque era poco común en su tiempo, prosiguió estudios universitarios y era una destacada profesional. Después de casarse, los hijos llegaron en rápida sucesión, y dentro de unos años, era madre de una familia numerosa. Todo el conocimiento que había adquirido, todas sus facultades y dones naturales, y toda su preparación, ella los invirtió en una organización que no tenía límites terrenales. Como hija de Dios fiel a sus convenios, se había preparado toda la vida para la maternidad.

¿Qué es tener “corazón de madre” y cómo se logra tenerlo? Se aprenden algunas de esas cualidades en las Escrituras. Parafrasearé Proverbios: “Mujer… [con corazón de madre]… ¿quién la hallará? Porque su estima sobrepasa largamente a la de las piedras preciosas… con voluntad trabaja con sus manos… y planta viña del fruto de sus manos… Alarga su mano al pobre… Fuerza y honor son su vestidura… Abre su boca con sabiduría, y la ley de clemencia está en su lengua. Considera los caminos de su casa, y no come el pan de balde” (Proverbios 31:10,13, 16, 20, 25–27). La mujer con “corazón de madre” tiene un testimonio del Evangelio restaurado y enseña los principios del Evangelio con convicción; guarda los convenios sagrados que ha hecho en los santos templos; comparte sus talentos y sus conocimientos con generosidad; adquiere toda la instrucción que sus circunstancias le permiten, elevando su intelecto y su espíritu con el deseo de enseñar lo que aprenda a las generaciones que la siguen.

Si tiene hijos, es una “buena madre” (véase 1 Nefi 1:1) que observa y enseña las normas de conducta en absoluta conformidad con las enseñanzas de los profetas vivientes. Enseña “a sus hijos a orar y a andar rectamente delante del Señor” (D. y C. 68:28). En lugar de prestar oídos a las opiniones y a las verdades parciales del mundo, sabe que las normas del Evangelio se basan en verdades eternas e invariables; cree que la “responsabilidad primordial de… criar a [sus] hijos” es una “responsabilidad sagrada”, fundamental y digna (véase La familia: Una proclamación para el mundo). Alimentarlos físicamente es tan honroso como alimentarlos espiritualmente. Ella “no [se cansa] de hacer lo bueno” y se deleita en servir a su familia, puesto que sabe que “de las cosas pequeñas proceden las grandes” (D. y C. 64:33).

Cuánto anhelo que toda niña y toda mujer tengan un testimonio de su potencial eterno de ser madres si guardan sus convenios terrenales. “Cada una es… una amada hija espiritual de padres celestiales y, como tal, cada una tiene… un destino divino” (La familia: Una proclamación para el mundo). Como hijas espirituales de Dios, las mujeres “recibieron sus primeras lecciones en el mundo de los espíritus, y fueron preparad[as] para venir” (D. y C. 138:56) a la tierra; “se hallaban entre los nobles y grandes” (D. y C. 138:55) que “se regocijaban” (Job 38:7) por la creación de la tierra porque se les daría un cuerpo físico junto con la oportunidad de ser “probados” en una esfera mortal (véase Abraham 3:25).

Desearon trabajar codo a codo con hombres justos a fin de alcanzar las metas eternas que ni ellas ni ellos podrían alcanzar cada uno por su lado.

La función de la mujer no comenzó en la tierra y no termina aquí. La mujer que valora la maternidad en la tierra valorará la maternidad en el mundo venidero, y “donde esté [su] tesoro, allí estará también [su] corazón” (Mateo 6:21). Al cultivar un “corazón de madre”, cada niña y cada mujer se prepara para su misión divina y eterna de maternidad. “Cualquier principio de inteligencia que [logre] en esta vida se levantará con [ella] en la resurrección; y si en esta vida una persona adquiere más conocimiento e inteligencia que otra, por medio de su diligencia y obediencia, hasta ese grado le llevará la ventaja en el mundo venidero” (D. y C. 130:18–19).

He visto en la vida que algunos de los más auténticos “corazones de madre” laten en el pecho de mujeres que no criarán a hijos propios en esta tierra, pero ellas saben que “todas las cosas tienen que acontecer en su hora” y que están “poniendo los cimientos de una gran obra” (D. y C. 64:32–33). Al guardar sus convenios, están invirtiendo en un gran y prestigioso futuro porque saben que “a quienes guarden su segundo estado, les será aumentada gloria sobre su cabeza para siempre jamás” (Abraham 3:26).

Hace poco estuve en un parque donde conocí a un grupo de mujeres con “corazón de madre”. Son mujeres jóvenes y fieles a sus convenios, inteligentes y con licenciaturas de respetadas universidades. Dedicaban sus muchos dones a proyectar la cena para aquel día y a compartir ideas sobre el gobierno de una casa. Enseñaban a pequeños de dos años a ser bondadosos unos con otros, calmaban a los bebés, consolaban a los chiquitines que se quejaban de algo y les enjugaban las lágrimas. Pregunté a una de esas madres cómo pudo trasladar sus talentos de tan buen grado a la función de madre. Ella me respondió: “Sé quién soy y lo que debo hacer. Todo lo demás deriva de eso”. Esa joven madre edificará la fe y el carácter en la próxima generación con una oración familiar a la vez, una sesión de estudio de las Escrituras, un libro leído en voz alta, una canción, una comida familiar tras otra. Se ha embarcado en una gran obra y sabe que “herencia de Jehová son los hijos… [y]… [bienaventurada la mujer] que llenó su aljaba de ellos” (Salmos 127:3, 5). Ella sabe que la influencia de una madre recta y concienzuda que persevera día tras día es mucho más perdurable, mucho más poderosa y mucho más prestigiosa que cualquier puesto o institución terrenales inventados por el hombre. Entiende que, si es digna, tiene el potencial de ser bendecida como Rebeca de antaño de llegar a ser “madre de millares de millares” (Génesis 24:60).

Las mujeres fieles a sus convenios que tienen corazón de madre saben que, ya sea que la maternidad llegue temprano o tarde, ya sea que sean bendecidas con “su aljaba” llena de hijos aquí en la vida terrenal o no, ya sea que sean solteras, casadas o que hayan quedado solas a cargo de sus hijos, en los santos templos son “[investidas] con poder de lo alto” (D. y C. 38:32) y que, con esa investidura, reciben las bendiciones prometidas y “las creen y las [aceptan]” (véase Hebreos 11:13).

Toda niña y toda mujer que hace y guarda convenios sagrados puede tener “corazón de madre”. No hay límite para lo que una mujer con “corazón de madre” puede llevar a cabo. Las mujeres justas han cambiado el rumbo de la historia y continuarán haciéndolo, y su influencia se extenderá y crecerá a un ritmo cada vez más rápido a lo largo de las eternidades. Cuán agradecida estoy al Señor por confiar a las mujeres la divina misión de la maternidad. Al igual que la madre Eva, “me regocijo” (véase Moisés 5:11) por saber esto. En el nombre de Jesucristo. Amén.

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El ser padre

Por lualcaro - 24 de Febrero, 2007, 18:36, Categoría: General

El ser padre, un llamamiento eterno

ÉLDER L. TOM PERRY
Del Quórum de los Doce Apóstoles

Prestemos atención a la voz de los profetas quienes, desde el principio de los tiempos, nos han amonestado acerca de la importancia de los padres en el hogar.

ÉLDER L. TOM PERRY Al contemplar detenidamente el mundo actual, se hace cada vez más evidente que Satanás se esmera sin respiro a fin de esclavizar las almas de los hombres. Su blanco principal es la unidad fundamental de la sociedad: la familia.

Durante el transcurso de las últimas décadas, Satanás ha hecho una agresiva campaña para denigrar a esa organización, la más básica e importante de todas. Su éxito se vuelve cada vez más obvio, y a diario se ven, se reportan y se escuchan hechos desalentadores que tienen que ver con el desmoronamiento de muchas familias. Con la decadencia de la familia, presenciamos los terribles efectos de dicho deterioro en nuestra sociedad: más delitos, problemas de comportamiento, pobreza, consumo de drogas, y la lista sigue aumentando.

A mi modo de ver, el visor de la mira telescópica de Satanás apunta a los esposos y padres. Por ejemplo, los medios de comunicación actuales lanzan ataques despiadados de burla y menosprecio a los maridos y a los padres en sus funciones que Dios les ha dado.

Ejemplos de las Escrituras

Tal vez sea útil refutar con las Escrituras la forma en que los medios de comunicación presentan a los maridos y a los padres, puesto que en ellas tenemos tantos excelentes modelos.

El Padre y el Salvador. En el Nuevo Testamento alcanzamos a vislumbrar la relación del Salvador con el Padre. Una de las vislumbres más vívidas es lo que ocurrió en el huerto momentos antes de que fuese traicionado.

“…y puesto [Jesús] de rodillas, oró,

“diciendo: Padre, si quieres, pasa de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya.

“Y se le apareció un ángel del cielo para fortalecerle”1.

Moisés y Jetro. En Éxodo contamos con el ejemplo de Jetro, el suegro de Moisés, que observaba la forma en que su yerno gobernaba a los hijos de Israel:

“Viendo el suegro de Moisés todo lo que él hacía con el pueblo, dijo: ¿Qué es esto que haces tú con el pueblo? ¿Por qué te sientas tú solo, y todo el pueblo está delante de ti desde la mañana hasta la tarde?

“Y Moisés respondió a su suegro: Porque el pueblo viene a mí para consultar a Dios…

“Entonces el suegro de Moisés le dijo: No está bien lo que haces.

“Desfallecerás del todo, tú, y también este pueblo que está contigo; porque el trabajo es demasiado pesado para ti; no podrás hacerlo tú solo”2.

A continuación Jetro enseñó a Moisés cómo delegar esta responsabilidad al llamar a hombres capaces y temerosos de Dios y dejar que ellos juzgaran como gobernantes en Israel:

“Ellos juzgarán al pueblo en todo tiempo; y todo asunto grave lo traerán a ti, y ellos juzgarán todo asunto pequeño. Así aliviarás la carga sobre ti, y la llevarán ellos contigo”3.

Alma. En el Libro de Mormón tenemos el relato de Alma, hijo de Alma, el cual se contaba entre los rebeldes que obraban toda clase de iniquidad. Alma padre oró con mucha fe para que su hijo fuera traído al conocimiento de la verdad, una oración que fue contestada de manera muy especial:

“Ahora bien, aconteció que mientras se ocupaba en destruir la iglesia de Dios… el ángel del Señor; y descendió como en una nube; y les habló como con voz de trueno…

“y tan grande fue su asombro que cayeron por tierra, y no comprendieron las palabras que les habló.

“Sin embargo, clamó otra vez, diciendo: Alma, levántate y acércate, pues ¿por qué persigues tú la iglesia de Dios? Porque el Señor ha dicho: Ésta es mi iglesia, y yo la estableceré; y nada la hará caer sino la transgresión de mi pueblo.

“Y dijo además el ángel: He aquí, el Señor ha oído las oraciones de su pueblo, y también las oraciones de su siervo Alma, que es tu padre; porque él ha orado con mucha fe en cuanto a ti, para que seas traído al conocimiento de la verdad; por tanto, con este fin he venido para convencerte del poder y la autoridad de Dios, para que las oraciones de sus siervos sean contestadas según su fe”4.

Cuando Alma joven se recuperó de esa experiencia, era un hombre cambiado.

La función del padre se va desvaneciendo

Satanás, como parte de un plan minuciosamente creado a fin de destruir a la familia, procura reducir la función del padre. La falta de la influencia positiva del padre en el hogar se manifiesta en el incremento de violencia entre los jóvenes, los delitos juveniles, el aumento de pobreza y la falta de seguridad económica5. La familia necesita del padre a modo de ancla.

No cabe duda de que a estas alturas, tras siglos de experiencia, hemos aprendido que la familia básica proporciona el fundamento más estable y seguro para la sociedad, y que es básica en la preparación de los jóvenes para sus responsabilidades futuras. Ya deberíamos haber aprendido que los estilos de estructuras familiares alternativas no han funcionado, ni jamás lo harán. La Primera Presidencia y el Quórum de los Doce Apóstoles lo afirmaron claramente en “La familia: una proclamación para el mundo”.

“Nosotros, la Primera Presidencia y el Consejo de los Doce Apóstoles de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, solemnemente proclamamos que el matrimonio entre el hombre y la mujer es ordenado por Dios y que la familia es la parte central del plan del Creador para el destino eterno de Sus hijos.

“Todos los seres humanos, hombres y mujeres, son creados a la imagen de Dios. Cada uno es un amado hijo o hija espiritual de padres celestiales y, como tal, cada uno tiene una naturaleza y un destino divinos. El ser hombre o mujer es una característica esencial de la identidad y el propósito eternos de los seres humanos en la vida premortal, mortal y eterna…

“El primer mandamiento que Dios les dio a Adán y a Eva tenía que ver con el potencial que, como esposo y esposa, tenían de ser padres. Declaramos que el mandamiento que Dios dio a Sus hijos de multiplicarse y henchir la tierra permanece inalterable. También declaramos que Dios ha mandado que los sagrados poderes de la procreación se deben utilizar sólo entre el hombre y la mujer legítimamente casados, como esposo y esposa…

“Por designio divino, el padre debe presidir sobre la familia con amor y rectitud y tiene la responsabilidad de protegerla y de proveerle las cosas necesarias de la vida. La responsabilidad primordial de la madre es criar a los hijos. En estas responsabilidades sagradas, el padre y la madre, como iguales, están obligados a ayudarse mutuamente. Las incapacidades físicas, la muerte u otras circunstancias pueden requerir una adaptación individual. Otros familiares deben ayudar cuando sea necesario…

“Advertimos a las personas que violan los convenios de castidad, que abusan de su cónyuge o de sus hijos, o que no cumplen con sus responsabilidades familiares, que un día deberán responder ante Dios. Aún más, advertimos que la desintegración de la familia traerá sobre el individuo, las comunidades y las naciones las calamidades predichas por los profetas antiguos y modernos”6.

La función del padre

En vista de advertencias tan urgentes sobre el futuro de los hijos de nuestro Padre Celestial, las madres y los padres deben hacerse un examen de conciencia a fin de asegurarse de que estén siguiendo las indicaciones del Señor sobre cómo edificar familias eternas. Para los padres, la pregunta es: ¿qué espera el Señor que hagamos?

Una vez que se ha establecido una familia, las funciones del padre incluyen lo siguiente:

1. El padre es cabeza de familia.

“La paternidad es liderazgo, el liderazgo más importante. Siempre lo ha sido, y siempre lo será. Padre, con la ayuda, el consejo y el aliento de tu compañera eterna, tú presides en el hogar. No se trata de que tú seas más digno o estés mejor preparado, sino que tiene que ver con [una asignación divina]”7.

El liderazgo que presten en sus hogares debe incluir dirigir a la familia al adorar.

“Tú presides cuando la familia se sienta a la mesa y cuando hace la oración familiar. Presides la noche de hogar y, con la guía del Espíritu del Señor, te aseguras de que tus hijos reciban la enseñanza adecuada con respecto a principios correctos. Tu responsabilidad principal consiste en brindar la dirección relacionada con toda la vida familiar.

“Ofreces bendiciones de padre. Tomas parte activa en el establecimiento de reglas y disciplina familiares. Como director de tu hogar, haces planes y te sacrificas para lograr las bendiciones de una familia unida y feliz. A fin de convertir esto en una hermosa realidad, toda tu vida debe girar alrededor de tu familia”8.

Tal como aconsejó el presidente Joseph F. Smith: “Hermanos, en el hogar son demasiado limitados la devoción religiosa, el amor y el temor de Dios; la mundanería, el egoísmo, la indiferencia y la falta de reverencia en la familia son excesivos; de lo contrario, no existirían tan abundantemente alrededor. De manera que es el hogar lo que debe reformarse. Hoy, mañana, procuren efectuar un cambio en su hogar…”9.

Recuerden, hermanos, que en su función de líder de la familia, tienen a sus esposas por compañeras. Como enseñó el presidente Gordon B. Hinckley: “En esta Iglesia, el hombre no camina delante de su esposa ni detrás de ella, sino al lado de ella. Son mutuamente iguales…”10. Desde el principio, Dios ha indicado a la humanidad que el matrimonio debe de juntar a marido y mujer en unión11, por lo cual en la familia no hay presidente ni vicepresidenta. Ambos cónyuges trabajan juntos eternamente por el bien de la familia. Al liderar, guiar y dirigir a su familia, se unen en palabra, obra y acción. Se encuentran en igualdad de condiciones, y así, juntos y unánimes, avanzan en la planificación y organización de los asuntos familiares.

2. El padre es maestro.

El consejo del presidente Joseph F. Smith se aplica hoy en día: “No dejen a sus hijos en manos de especialistas… sino instrúyanlos por su propio precepto y ejemplo, en su propio hogar. Sean ustedes mismos especialistas de la verdad”12.

“Cuando reconoces la importancia de enseñar a tus hijos, te vuelves humilde, ya que inmediatamente comprendes que sólo puedes lograrlo por medio del precepto y del ejemplo. No puedes ser de una manera y enseñar con eficacia lo contrario. Debes vivir, estudiar y orar para lograr la constante compañía del Espíritu Santo. Debes purificarte y organizar tu vida de tal modo que tu ejemplo y dirección reflejen la luz del Evangelio de Jesucristo.

“Debes planificar tu día según la guía recibida del Espíritu del Señor, buscando afanosamente tanto tu bienestar como el de tu familia antes de que las otras preocupaciones enceguezcan el cuidado que debes brindar a las primeras responsabilidades. Tal como los profetas vivientes nos han enseñado: ‘Ningún éxito en la vida puede compensar el fracaso en el hogar’ (David O. McKay, en Conference Report, abril de 1964, pág. 5; citado de J. E. McCulloch, Home: The Savior of Civilization, 1924, pág. 42)”13.

3. El padre es la fuente de sustento temporal.

El presidente Ezra Taft Benson lo expresó con claridad: “El Señor le ha dado al hombre la responsabilidad de proporcionar el sustento a su familia, de tal manera que la esposa pueda cumplir con su función de madre en el hogar… a veces la madre trabaja fuera de la casa animada por su marido, e incluso ante la insistencia de él… [por] las conveniencias que puede comprar el dinero extra. Hermanos, en esos casos no sólo sufrirá la familia, sino que su desarrollo espiritual y su progreso quedarán obstaculizados”14.

Padres, por decreto divino, ustedes han de presidir sus familias. Tal responsabilidad es seria, y debido a que es eterna, es la más importante que jamás asumirán. Denle a la familia la prioridad debida. Es la parte de sus vidas que perdurará más allá de la tumba. Testifico que la siguiente declaración es verdadera:

“La posición de los hombres dentro de la familia, especialmente los que poseen el Sacerdocio de Melquisedec, es de suma importancia, y se la debe reconocer y guardar en el orden y con la autoridad que Dios confirió al varón cuando lo colocó a la cabeza del hogar”.

“No hay autoridad más alta en los asuntos relacionados con la organización familiar que la del padre, especialmente cuando preside esa organización un hombre que posee el Sacerdocio Mayor… El orden patriarcal es de origen divino y continuará a través de esta vida y de la eternidad. De modo que existe una razón particular por la que hombres, mujeres y niños deben entender este orden y esta autoridad en los hogares del pueblo de Dios, y procurar convertirlo en lo que Dios tuvo por objeto que fuese: una habitación y preparación para la exaltación más elevada de Sus hijos. En el hogar, la autoridad presidente siempre se confiere al padre, y no hay otra más primordial que ésta en todos los asuntos del hogar y de la familia”15.

Ahora bien, no identifiqué varias de las citas que presenté, pues lo hice a propósito, pero estarán claramente anotadas en la edición de mayo de las revistas Ensign y Liahona. Les invito a estudiar dichas fuentes y repasar estos mensajes de la conferencia; son revistas magníficas que desde luego deberían estar en todo hogar, de esa manera el espíritu de esta conferencia puede vivir en sus páginas durante todo el año.

Prestemos atención a la voz de los profetas quienes, desde el principio de los tiempos, nos han advertido acerca de la importancia de los padres en el hogar. Que tomemos una determinación más plena de cumplir con los deberes y responsabilidades que el Señor nos ha dado como padres en Sión es mi humilde plegaria, en el nombre de Jesucristo. Amén.

NOTAS

1. Lucas 22:41–43.

2. Éxodo 18:14–15, 17–18.

3. Éxodo 18:22.

4. Mosíah 27:10–14.

5. Véase David Blankenhorn, Fatherless America: Confronting Our Most Urgent Social Problem, 1995, introducción, págs. 25–48; David Popenoe, Life Without Father, 1996, págs. 52–78.

6. Liahona, enero de 1996, pág. 117.

7. El Quórum de los Doce Apóstoles, Padre, considera tus obras: Un mensaje de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días (folleto. 1973); reimpreso en Ensign, junio de 2002, pág. 16.

8. Ensign, junio de 2002, pág. 16.

9. “Worship in the Home”, Improvement Era, diciembre de 1903, pág. 138.

10. En Conference Report, octubre de 1996, pág. 68; o, Ensign, noviembre de 1996, pág. 49. Presidente Gordon B. Hinckley, Liahona, enero de 1997, pág. 59.

11. Véase Génesis 2:24.

12. Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: Joseph F. Smith, 1999, pág. 373.

13. Ensign, junio de 2002, pág. 14.

14. En Conference Report, octubre de 1987, págs. 60–61; o Ensign, noviembre de 1977, pág. 49.

15. Joseph F. Smith, “The Rights of Fatherhood,” Juvenile Instructor, 1 de marzo de 1902, pág. 146

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Papá, ¿estás despierto?

Por lualcaro - 24 de Febrero, 2007, 17:49, Categoría: General

Élder F. Melvin Hammond
De los Setenta 

Conferencia General
Octubre de 2002

¿Se preguntan sus hijos si ustedes están dormidos en lo que respecta a las cosas que tienen más importancia para ellos?

Élder F. Melvin Hammond

Hace poco, el élder Pace, el élder Condie y yo nos reunimos con la Primera Presidencia. Al entrar en la sala, el presidente Hinckley nos miró con detenimiento y luego, con una sonrisa, dijo: "¿Cómo pueden tres hombres de pelo blanco ser la Presidencia de los Hombres Jóvenes de esta Iglesia?". Sólo le respondimos: "Porque usted nos llamó, Presidente".

Jovencitos, esperamos que estén entusiasmados con el programa "Sacerdocio Aarónico: Cumplir nuestro deber a Dios". Ha sido presentado a todo el Sacerdocio Aarónico en el mundo y tiene como fin bendecirles espiritual, física, social y mentalmente. Los requisitos son importantes y requerirán el máximo de sus esfuerzos. Podrán establecer metas personales y lograrlas con la ayuda de sus padres y extraordinarios líderes. Por toda la Iglesia se percibe un gran entusiasmo relacionado con este programa. Queremos que cada uno de ustedes cumpla los requisitos y reciba el anhelado premio "Mi deber a Dios".

Hace muchos años llevé a nuestro único hijo, que era sólo un niño, en su primer viaje de campamento y pesca. El cañón era empinado y el descenso era difícil; pero la pesca era excelente. Cada vez que un pez mordía mi anzuelo, le daba la caña al emocionado muchacho, quien, con gritos de alegría, terminaba de sacar la bella trucha. En las sombras y la frescura de la tarde que caía, empezamos a subir la elevada montaña. Él se apresuró antes que yo y me decía: "Vamos, papá; a que te gano a llegar hasta arriba". El reto cayó en oídos sordos. Su pequeño cuerpo literalmente parecía volar alrededor de cada obstáculo y cuando parecía que yo iba a desfallecer con cada paso, él llegó a la cima y se volvió para darme ánimo. Después de cenar nos arrodillamos para orar; su vocecita se elevó dulcemente hacia los cielos en una plegaria para dar fin a nuestro día. Después nos metimos en una gran bolsa de dormir y luego de empujar y tirar un poco, su cuerpecito se acurrucó fuertemente contra el mío para recibir calor y seguridad durante la noche. Al contemplar a mi hijo a mi lado, de pronto sentí una ola de amor pasar por mi cuerpo con tal fuerza que hizo que se me salieran las lágrimas. En ese preciso momento, él me abrazó y dijo:

Leer más: http://www.lds.org/conference/talk/display/0,5232,89-3-316-30,00.html

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Fortaleciendo a nuestra familia

Por lualcaro - 24 de Febrero, 2007, 4:58, Categoría: General

El fortalecimiento de las familias: nuestro deber sagrado

Élder Robert D. Hales
del Quórum de los Doce Apóstoles

"La clave para fortalecer nuestras familias es hacer que el Espíritu del Señor more en nuestros hogares. La meta de nuestras familias es estar en el camino estrecho y angosto".

Élder Robert D. Hales

El fortalecimiento de las familias es nuestro deber sagrado como padres, hijos, parientes, líderes, maestros y miembros individuales de la Iglesia.

La importancia de fortalecer en forma espiritual a las familias se enseña claramente en las Escrituras. Nuestro padre Adán y nuestra madre Eva enseñaron el Evangelio a sus hijos e hijas. El Señor aceptó los sacrificios de Abel, quien lo amaba; Caín, por otra parte, "amó a Satanás más que a Dios" y cometió serios pecados. Adán y Eva "se lamentaban ante el Señor por causa de Caín y sus hermanos", pero nunca dejaron de enseñar el Evangelio a sus hijos (véase Moisés 5:12, 18, 20, 27; 6:1, 58).

Debemos entender que cada uno de nuestros hijos viene con variados dones y talentos; algunos, como Abel, parecen haber recibido los dones de la fe al nacer. Otros luchan con cada decisión que toman. Como padres, nunca debemos permitir que las búsquedas o las luchas de nuestros hijos nos hagan ceder o perder la fe en el Señor.

Alma, hijo, mientras le "agobiaba este tormento. . . [y le] atribulaba el recuerdo de [sus] muchos pecados", recordó haber escuchado a su padre enseñar sobre la venida de "Jesucristo, un Hijo de Dios, para expiar los pecados del mundo" (Alma 36:17). Las palabras de su padre le guiaron hacia la conversión. De la misma manera, nuestros hijos recordarán nuestras enseñanzas y testimonio.

Los 2.000 soldados jóvenes del ejército de Helamán testificaron que sus justas madres les habían enseñado de manera poderosa principios del Evangelio (véase Alma 56:47­48).

En una época de gran búsqueda espiritual, Enós dijo: ". . .las palabras que frecuentemente había oído a mi padre hablar, en cuanto a la vida eterna. . . penetraron en mi corazón profundamente" (Enós 1:3).

En Doctrina y Convenios el Señor dice que los padres deben enseñar a sus hijos "a comprender la doctrina del arrepentimiento, de la fe en Cristo, el Hijo del Dios viviente, del bautismo y del don del Espíritu Santo por la imposición de manos, al llegar a la edad de ocho años. . .

"Y también enseñarán a sus hijos a orar y a andar rectamente delante del Señor" (D. y C. 68:25, 28).

A medida que enseñamos el Evangelio a nuestros hijos mediante la palabra y el ejemplo, nuestras familias se fortalecen y se fortifican espiritualmente.

http://www.lds.org/conference/talk/display/0,5232,89-3-12-14,00.html

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La responsabilidad de los padres

Por lualcaro - 24 de Febrero, 2007, 4:51, Categoría: General

Las manos de los padres

Élder Jeffrey R. Holland
del Quórum de los Doce Apóstoles

"Seguramente, lo más grande de esas cosas [que se requerirá de los padres] será el haber hecho todo lo que pudieron para lograr la felicidad y la seguridad espiritual de los hijos que tienen que nutrir".

Élder Jeffrey R. Holland

En este fin de semana de Pascua, deseo agradecer no sólo al Señor Jesucristo resucitado, sino también a Su verdadero Padre, nuestro Padre espiritual y Dios, quien, por aceptar el sacrificio de Su Hijo primogénito y perfecto, bendijo a todos Sus hijos en aquellas horas de expiación y redención. Nunca como en la época de Pascua hay tanto significado en esa declaración de Juan el Amado, que elogia al Padre así como al Hijo: "Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna"1.

Soy padre, uno inadecuado por cierto, pero no puedo comprender la angustia que debió haber sido para Dios, en Su cielo, presenciar el profundo sufrimiento y crucifixión de Su amado Hijo en tal forma. Todo Su impulso e instinto deben haber querido evitarlo, enviar ángeles para intervenir; pero Él no intervino. Él soportó lo que vio porque era la única manera que un pago salvador y vicario podría llevarse a cabo por los pecados de todos Sus otros hijos desde Adán y Eva hasta el fin del mundo. Estoy eternamente agradecido por un Padre perfecto y Su Hijo perfecto, ninguno de los cuales pasó la amarga copa ni abandonó al resto de nosotros que somos imperfectos, que nos quedamos cortos y tropezamos, y que con demasiada frecuencia no hacemos lo señalado.

Al considerar la belleza de lo ocurrido entre Cristo y Su Padre en esa primera temporada de Pascua, se nos recuerda que la relación entre Ellos es uno de los temas más dulces y más emotivos que se manifiestan a través del ministerio del Salvador. El ser entero de Jesús, Su propósito y deleite totales se centraban en complacer a Su Padre y en obedecer Su voluntad. Parecía estar siempre pensando en Él; parecía estar siempre orando a Él. A diferencia de nosotros, Él no necesitaba una crisis, ni cambios desalentadores en los acontecimientos para dirigir Sus esperanzas hacia el cielo. Él ya estaba, instintiva y ansiosamente, mirando hacia allá.

En todo Su ministerio terrenal parece que Cristo nunca tuvo ni un solo momento de vanidad o de interés propio. Cuando un joven trató de llamarlo "bueno", Él desvió el cumplido diciendo que sólo uno merecía tal alabanza: Su padre.

En los comienzos de Su ministerio, dijo con humildad: "No puedo yo hacer nada por mí mismo. . . no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me envió, la del Padre"2.

Luego de Sus enseñanzas, que asombraban a los que le escuchaban debido al poder y a la autoridad que encerraban, Él diría: "Mi doctrina no es mía, sino de aquel que me envió. . . no he venido de mí mismo, pero el que me envió es verdadero"3. Más tarde, diría otra vez: ". . .yo no he hablado por mi propia cuenta; el Padre que me envió, él me dio mandamiento de lo que he de decir, y de lo que he de hablar"4.

http://www.lds.org/conference/talk/display/0,5232,89-3-12-5,00.html

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Los padres en Sión

Por lualcaro - 22 de Febrero, 2007, 4:33, Categoría: General

Los padres en Sión

Presidente Boyd K. Packer
Presidente en funciones del Quórum de los Doce Apóstoles

"Quiero instar a los líderes a considerar más detenidamente el hogar para que no extiendan llamamientos ni programen actividades que impongan cargas innecesarias sobre los padres y las familias".

Presidente Boyd K. Packer

En 1831 el Señor dio una revelación a los padres de Sión1. Es precisamente sobre los padres que deseo hablar.

He servido como miembro del Quórum de los Doce desde hace veintiocho años y serví otros nueve como Ayudante de los Doce, lo cual hace un total de treinta y siete años, exactamente la mitad de mi vida.

Pero tengo otro llamamiento que ha durado más tiempo aún. Soy padre y abuelo. Me llevó unos cuantos años ganarme el título de abuelo y otros veinte años el de bisabuelo. Estos títulos --padre, abuelo, madre y abuela-- conllevan responsabilidad y una autoridad que deriva, en parte, de la experiencia. La experiencia es una poderosa maestra.

Mi llamamiento en el sacerdocio define mi posición en la Iglesia y el título de abuelo, mi posición en la familia. Quiero referirme a los dos en forma conjunta.

El ser padre o madre es una de las ocupaciones más importantes a las cuales puedan dedicarse los Santos de los Últimos Días. Muchos miembros se enfrentan con conflictos al esforzarse por equilibrar sus responsabilidades de padres con su fiel servicio en la Iglesia.

Hay cosas que son de importancia fundamental para el bienestar de una familia y que se encuentran únicamente al ir a la Iglesia. Allí están el sacerdocio, el cual faculta al hombre para guiar y bendecir a su esposa e hijos, y los convenios que los unen eternamente.

A los miembros de la Iglesia se les mandó "re[unirse] a menudo"2 y se les mandó que "al estar reunidos os instruyáis y os edifiquéis unos a otros"3. Mosíah y Alma dieron la misma instrucción a los de su pueblo4.

Se nos ha mandado "volver el corazón de los padres hacia los hijos, y el corazón de los hijos hacia los padres"5.

El Señor llamó a José Smith, hijo, por su nombre y le dijo: ". . .No has guardado los mandamientos, y debes ser reprendido. . ."6. Él no había enseñado a sus hijos. Ésa es la única ocasión en la que se emplea el vocablo reprender para corregirle.

Su consejero, Frederick G. Williams, cayó bajo la misma condenación: "no has enseñado a tus hijos e hijas la luz y la verdad"7. A Sidney Rigdon se le dijo lo mismo, al igual que al obispo Newel K. Whitney8, a lo que el Señor añadió: "Lo que digo a uno lo digo a todos"9.

http://www.lds.org/conference/talk/display/0,5232,89-3-15-8,00.html

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Para la Madre

Por lualcaro - 27 de Enero, 2007, 16:12, Categoría: General

Madre, tu más grande desafío

Presidente Gordon B. Hinckley

"No creo que exista mejor respuesta a. . . [las] repugnantes prácticas que acosan a nuestros jóvenes que las enseñanzas de una madre, impartidas con amor y con una advertencia inequívoca".

Presidente Gordon B. Hinckley

Me sentiría satisfecho de terminar esta reunión ahora mismo. Esta noche se nos ha enseñado muy bien. Felicito a la presidencia por sus excelentes palabras. Como sabrán, ellas se han preocupado, han orado y suplicado al Señor que las ayudara en su preparación y presentación. Hermana Smoot, hermana Jensen y hermana Dew, les agradecemos todo lo que han hecho; han realizado un gran trabajo.

Considero que es una grandiosa oportunidad el dirigirme a ustedes. Ninguna otra congregación es semejante a ésta. Nos dirigimos a ustedes desde el Tabernáculo de la Manzana del Templo, en Salt Lake City, pero ustedes nos escuchan en casi todas partes al encontrarse reunidas a través de los Estados Unidos y Canadá, de las naciones de Europa, de México, de Centroamérica y de Sudamérica. Están todas unidas en esta gran congregación no importa si están en Asia, el Pacífico Sur o en otras tierras lejanas.

Sus corazones albergan el mismo propósito. Se encuentran reunidas juntas porque aman al Señor; tienen un testimonio y una convicción de Su realidad viviente; oran al Padre en el nombre de Jesús; reconocen el poder de la oración; son esposas y madres; viudas y madres solteras que llevan cargas demasiado pesadas; mujeres recién casadas, y mujeres que no están casadas. Son una vasta concurrencia de mujeres de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días; más de cuatro millones de ustedes pertenecen a esta gran organización; y nadie puede calcular la inmensa fuerza para bien que pueden llegar a ser. Ustedes son las guardianas del hogar; las administradoras del hogar. Al igual que la hermana Dew, les exhorto a que sean firmes y fuertes en defensa de esas grandes virtudes que han sido el fundamento de nuestro progreso social. Cuando están unidas, su poder no tiene límites; pueden lograr lo que quieran. Y cuánto, cuánto se les necesita en un mundo en el que los valores se están viniendo abajo, donde el adversario parece tener tanto control.

Siento gran respeto y admiración por ustedes, las jovencitas que hace muy poco tiempo ingresaron a la Sociedad de Socorro; en gran parte han podido soportar la tormenta que las azotó durante la época de su juventud; se han conservado limpias del mundo; se han mantenido libres de las manchas de la iniquidad; ustedes son la flor y nata de la juventud buena y madura de la Iglesia. Han llegado hasta este punto de su vida, limpias, bellas y virtuosas. Les felicito de todo corazón.

Rindo honor a las mujeres solteras; saben muy bien lo que es la soledad; saben lo que es la ansiedad, el temor y la añoranza vehemente; pero no se han dejado vencer. Ustedes han salido adelante en la vida, haciendo importantes y maravillosas contribuciones a lo largo del camino. Dios las bendiga, mis queridas hermanas y amigas.

Esta noche no puedo dirigirme a todas directamente. He elegido un segmento de esta vasta congregación: a ustedes, las madres. Y quiero además incluir a las que se convertirán en madres. ¡Qué cosa tan maravillosa han logrado como madres! Han dado vida y nutrido a sus hijos; han entrado en una sociedad con nuestro Padre Celestial a fin de dar experiencia terrenal a Sus hijos e hijas. Ellos son hijos de Él y son hijos de ustedes, carne de su carne, por quienes Él las hará responsables. Ustedes se han regocijado por causa de ellos, y, en muchos casos, también han sentido pesar; ellos les han traído la felicidad que nadie más podría traerles; les han traído dolor como nadie más podría hacerlo.

 http://www.lds.org/conference/talk/display/0,5232,89-3-174-39,00.html

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