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08-El Desarrollo del Liderazgo

El Divino Sistema de Consejos(1)

Por lualcaro - 23 de Julio, 2007, 4:21, Categoría: General

El Elder M. Russell Ballard escribio un magnifico libro llamado EL DIVINO SISTEMA DE CONSEJOS. a fin de que APRENDAMOS A MINISTRAR JUNTOS EN LA IGLESIA Y EN LA FAMILIA. Ocasionalmente publicare selecciones de este libro.

                      

                      

                                                                  

                                                 

                                   

"ya hace algunos años que he venido haciéndome la siguiente pregunta: ¿Cómo puede la Iglesia preparar mejor a sus miembros para hacer frente a los desafíos y las cambiantes circunstancias de esta época? Ya no resulta posible que un líder por sí solo, fuera éste un hombre o una mujer ni siquiera un padre o una madre pro­vea aquello que se necesita tan desesperadamente en la vida de nuestras familias y de los miembros de la Iglesia. Para estar en condiciones de guiar a los hijos de nuestro Padre Celestial hacia la vida eterna, debemos reunirnos en consejo y ayudarnos mutuamente.

A menudo pienso que la solución está en el inspirado sis­tema de consejos que tenemos en la Iglesia. Me resulta claro que el Señor nos ha dado un elemento magnífico para que podamos ministrar más eficazmente en favor de nuestra gente y solucio­nar los problemas a que se enfrentan las personas y las familias.

Descansa sobre cada uno de nosotros la responsabilidad pri­mordial de satisfacer nuestras necesidades espirituales y tempo­rales, y en la mayoría de los casos podemos recurrir a la ayuda, el consejo y el apoyo de familiares cercanos y otros parientes. Pero el Señor también ha establecido, tanto para usar en la Iglesia como en el hogar, un sistema de consejos destinado a for­talecer y a edificar a todo Santo de los Últimos Días. Este sis­tema abarca desde el Consejo de la Primera Presidencia y el Quórum de los Doce Apóstoles hasta los consejos familiares, y todos cumplen una función importante en lo que atañe a bende­cir la vida de la gente y a salvar almas. Dentro de la Iglesia, gran parte de esta sagrada obra se logra a nivel de estaca y de barrio. (Al ser citados en este libro, los términos estaca y barrio tam­bién se aplican a distrito y a rama.)

Muchos de nuestros obispos y presidentes de estaca están sobrecargados con los problemas personales de los miembros de la Iglesia sobre los cuales tienen mayordomía. Se debe utili­zar todo recurso disponible para ganar la batalla por las almas de los hijos de nuestro Padre Celestial. Tengo la convicción de que la mejor manera de contribuir para que esa carga sea más liviana es pedir a los miembros de consejos de estaca y de barrio que colaboren tratando de encontrar las respuestas y llevando a la práctica las soluciones que ofrece el Evangelio de Jesucristo."

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¿Y si la trompeta diere sonido incierto?

Por lacr - 5 de Julio, 2007, 3:44, Categoría: General

Liderazgo.
Enseñanzas de Gordon B. Hinckley,
 1997©Deseret Book, Pagina 310-311
www.lamanitas.8m.com


En su ministerio como lideres en esta iglesia, hermanos, bendigan a la gente. Elévenlas. Anímenlas. Ayúdenlas. Hay tantos estresados. tienen demasiadas preocupaciones,  muchos problemas... Nosotros recibimos miles de cartas en las Oficinas de la Primera Presidencia de gente que viven por todo el mundo, a pesar de todos nuestros esfuerzo por tomarlos y llevarlos a ver a sus obispos en lugar de escribir a la Primera Presidencia. Pero ellos tiene problemas, muchos de ellos necesitan ayuda, necesitan ser animados y ser escuchados, y ahí esta nuestra gran oportunidad para bendecirlos.

Bendíganles con (buen) liderazgo. "Y si la trompeta diere sonido incierto, ¿quién se apercibirá á la batalla?" 1Cor 14:8. Suya es la oportunidad de hacer sonar la trompeta con sonido certero... cada hombre aquí es un líder por que son responsables del bienestar de otros.  Eso los hace lideres.

  • Lideren con Doctrina
  • Bendíganles con responsabilidad
  • Bendíganles con el ejemplo
  • Bendigan a aquellos a quienes lideran.

Cursiva agregada. (Reunión del Sacerdocio en Potomac Virginia, Abril 26 de 1997)

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Liderazgo

Por lacr - 5 de Julio, 2007, 3:29, Categoría: General


The image

Elder Joseph B. Wirthlin

"El obligar a otros a servir en la iglesia del Señor, al empuñar la espada generada del temor y de la culpabilidad puede dar resultados a corto plazo pero inevitablemente dejamos las huellas dolorosas del resentimiento y de la resistencia y así fracasamos en nuestra meta".

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El Sacerdocio: Un don sagrado

Por lualcaro - 1 de Mayo, 2007, 4:27, Categoría: General

Presidente Thomas S. Monson
Primer Consejero de la Primera Presidencia

Es nuestra responsabilidad vivir de manera tal que seamos dignos del sacerdocio que poseemos.

Presidente Thomas S. Monson

Hermanos, estamos reunidos esta noche como un poderoso cuerpo del sacerdocio, tanto aquí en el Centro de Conferencias como en diferentes lugares alrededor del mundo. Me siento honrado por el privilegio de hablarles; ruego que la inspiración del Señor guíe mis pensamientos e inspire mis palabras.

Durante las últimas semanas, al reflexionar sobre lo que les podría decir esta noche, he pensado muchas veces en la bendición que tenemos de poseer el sagrado sacerdocio de Dios. Cuando miramos al mundo en su totalidad, con una población de más de seis y medio millares de millones de personas, nos damos cuenta de que somos un grupo muy pequeño y selecto. Los que poseemos el sacerdocio somos, en las palabras del apóstol Pedro: “…linaje escogido, real sacerdocio…”1.

El presidente Joseph F. Smith dijo que el sacerdocio es: “El poder de Dios delegado al hombre, mediante el cual éste puede actuar en la tierra para la salvación de la familia humana…, por medio del cual se puede declarar la voluntad de Dios, como si ángeles estuviesen presentes para declararla ellos mismos,… mediante el cual los hombres están facultados para que lo que aten en la tierra sea atado en los cielos, y lo que desaten en la tierra sea desatado en los cielos”. El presidente Smith agregó: “[El sacerdocio] es sagrado, y la gente debe conservarlo sagrado”2.

Mis hermanos, el sacerdocio es un don que trae aparejado no sólo bendiciones especiales sino también responsabilidades solemnes. Es nuestra responsabilidad vivir de manera tal que seamos dignos del sacerdocio que poseemos. Vivimos en una época en la que nos encontramos rodeados por muchas cosas que tienen la intención de atraernos a caminos que nos conducen a la destrucción. Evitar esos caminos requiere determinación y valor.

El valor es importante. Esa verdad la aprendí hace muchos años por medio de una experiencia vívida y dramática. En ese entonces prestaba servicio como obispo. Se llevaba a cabo la sesión general de nuestra conferencia de estaca en el Salón de Asambleas de la Manzana del Templo, en Salt Lake City; se iba a reorganizar nuestra presidencia de estaca. El Sacerdocio Aarónico, incluyendo a los miembros de los obispados, estaba encargado de la música para la conferencia. Cuando terminamos de cantar el primer número musical, el presidente Joseph Fielding Smith, la autoridad que nos visitaba, leyó desde el púlpito los nombres de la nueva presidencia de estaca, para que la congregación los aprobara. Entonces mencionó que Percy Fetzer, quien sería nuestro nuevo presidente de estaca y que John Burtstoy sería nuestro primer consejero —cada uno de los cuales había sido consejero en la presidencia anterior— ya sabían con anticipación acerca de su nuevo llamamiento, antes de comenzar la conferencia. Pero él indicó, que yo, sin embargo, que había sido llamado como segundo consejero de la nueva presidencia de estaca, no había tenido conocimiento de mi llamamiento hasta ese momento, en que se había leído mi nombre para el voto de sostenimiento. Después anunció: “Si el hermano Monson está dispuesto a aceptar este llamamiento, nos gustaría escuchar sus palabras ahora”.

Cuando me paré ante el púlpito y miré ese mar de personas, recordé la canción que acabábamos de cantar; se refería a la Palabra de Sabiduría y se llamaba: “Ten valor, hijo mío, para decir que no”. Ese día escogí como tema de mis palabras: “Ten valor, hijo mío, para decir que sí”. Todos necesitamos valor constantemente, valor para defender nuestras creencias, valor para cumplir nuestras responsabilidades, valor para honrar nuestro sacerdocio.

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La dignidad personal

Por lualcaro - 28 de Marzo, 2007, 1:14, Categoría: General

La dignidad personal para ejercer el sacerdocio

Presidente Gordon B. Hinckley

"Nuestra conducta en público debe ser intachable; nuestra conducta en privado es aún más importante; debe aprobar la norma establecida por el Señor".

Presidente Gordon B. Hinckley

Mis queridos hermanos, quisiera hablar de manera muy franca esta noche en cuanto a un asunto por el cual me siento sumamente preocupado.

Qué gran placer y qué desafío tan grande es el dirigirme a ustedes. Qué formidable hermandad constituimos los que poseemos el precioso y maravilloso sacerdocio. Éste proviene de Dios nuestro Padre Eterno quien, en esta gloriosa dispensación y con Su Hijo Amado, ha hablado de nuevo desde los cielos. Ellos han enviado a Sus siervos autorizados a conferir esta autoridad divina sobre los hombres.

La norma para tener derecho a recibir y ejercer este poder sagrado es la dignidad personal. Es sobre eso de lo que quisiera hablar esta noche.

Empiezo por leerles de Doctrina y Convenios, sección 121.

". . .los derechos del sacerdocio están inseparablemente unidos a los poderes del cielo, y. . . éstos no pueden ser gobernados ni manejados sino conforme a los principios de la rectitud.

"Es cierto que se nos pueden conferir; pero cuando intentamos encubrir nuestros pecados, o satisfacer nuestro orgullo, nuestra vana ambición, o ejercer mando, dominio o compulsión sobre las almas de los hijos de los hombres, en cualquier grado de injusticia, he aquí, los cielos se retiran, el Espíritu del Señor es ofendido, y cuando se aparta, se acabó el sacerdocio o autoridad de tal hombre" (D. y C. 121:36–37).

Esa es la palabra inequívoca del Señor en cuanto a Su divina autoridad. ¡Qué enorme obligación impone esto en cada uno de nosotros! Los que poseemos el sacerdocio de Dios debemos seguir normas más elevadas que las del mundo. Debemos disciplinarnos; no debemos considerarnos mejores que los demás, pero podemos y debemos ser hombres decentes y honorables.

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http://www.lds.org/conference/talk/display/0,5232,89-3-267-21,00.html

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El quórum del sacerdocio

Por lualcaro - 24 de Febrero, 2007, 19:08, Categoría: General

El quórum del sacerdocio

Élder Henry B. Eyring
Del Quórum de los Doce Apóstoles

La fuerza de un quórum procede, en gran medida, de cuán íntegramente estén unidos sus miembros en rectitud.

Élder Henry B. EyringAgradezco estar con ustedes en esta gran reunión del sacerdocio. Todos somos miembros de un quórum del sacerdocio. Tal vez no les parezca extraordinario, pero para mí sí lo es. Fui ordenado diácono en el Sacerdocio Aarónico en una pequeña rama de la Iglesia en la que había una sola familia. No teníamos un centro de reuniones, por lo que nos reuníamos en nuestra casa. Yo era el único diácono y mi hermano el único maestro.

Por lo tanto, sé lo que es ejercer el sacerdocio solo, sin servir con otras personas en un quórum. Era feliz en aquella pequeña rama sin quórum, pues no tenía forma de saber lo que me estaba perdiendo; entonces, mi familia se mudó al otro lado del continente, donde había muchos poseedores del sacerdocio y quórumes fuertes.

Con los años, he aprendido que la fuerza de un quórum no proviene del número de poseedores del sacerdocio que haya en él, ni tampoco viene automáticamente de la edad ni la madurez de sus miembros. Antes bien, la fuerza de un quórum procede, en gran medida, de cuán íntegramente estén unidos sus miembros en rectitud. La unidad de un quórum fuerte del sacerdocio no se parece a nada que haya experimentado en un equipo o club deportivo ni en cualquier otra organización del mundo.

Las palabras de Alma, registradas en el libro de Mosíah, son las que mejor describen la unidad que he sentido en los quórumes más fuertes del sacerdocio:

"Y les mandó que no hubiera contenciones entre uno y otro, sino que fijasen su vista hacia adelante con una sola mira, teniendo una fe y un bautismo, teniendo entrelazados sus corazones con unidad y amor el uno para con el otro"1.

Alma incluso dijo a su pueblo cómo reunir los requisitos para esa unidad. Les dijo que no debían predicar nada excepto el arrepentimiento y la fe en el Señor, que había redimido a Su pueblo2.

Lo que Alma estaba enseñando, y así sucede en cualquier quórum del sacerdocio que he visto unido, es que los corazones de los miembros cambian gracias a la expiación de Jesucristo. Así es como sus corazones se entrelazan.

Entendemos entonces por qué el Señor encomienda a los presidentes de quórum que dirijan en la forma que lo hace. En la sección 107 de Doctrina y Convenios utiliza casi las mismas palabras para describir los deberes del presidente de cada quórum. El presidente del quórum de diáconos debe enseñar a sus miembros su deber "conforme a lo indicado en los convenios"3. El presidente del quórum de maestros debe enseñar a sus miembros sus deberes como "se indican en los convenios"4. Al presidente del quórum de presbíteros, que es el obispo, se le manda "presidir a cuarenta y ocho presbíteros, sentarse en concilio con ellos y enseñarles los deberes de su oficio, cual se indica en los convenios"5.

Al presidente del quórum de élderes se le encomienda de esta manera:

"Además, el deber del presidente del oficio de los élderes es presidir a noventa y seis élderes, sentarse en concilio con ellos y enseñarles de acuerdo con los convenios"6.

Es fácil entender por qué Dios quiere que se enseñe a Sus quórumes "de acuerdo con los convenios". Los convenios son promesas solemnes. Nuestro Padre Celestial nos promete a todos la vida eterna si hacemos convenios y los guardamos. Por ejemplo, recibimos el sacerdocio con el convenio de ser fieles al ayudarle en Su obra. Las personas a las que bautizamos en Su Iglesia prometen tener fe en Jesucristo, arrepentirse y guardar Sus mandamientos. Todo convenio requiere fe en Jesucristo y obediencia a Sus mandamientos a fin de facultarnos para el perdón y un corazón puro, necesarios para heredar la vida eterna, el mayor de todos los dones de Dios.

Tal vez se pregunten, "¿Quiere eso decir que todas las lecciones del quórum deben ser sobre la fe y el arrepentimiento?" Claro que no, pero sí significa que el maestro y los que participen deben desear siempre llevar el Espíritu del Señor al corazón de los miembros que hay en el aula para generar fe y la determinación de arrepentirse y ser limpios.

Ese deseo sobrepasa las paredes del salón donde se reúne el quórum, pues en un quórum realmente unido, ese deseo se extiende a los miembros dondequiera que se encuentren.

Vi eso hace unos años en un quórum de diáconos al que se me llamó a enseñar las clases. De vez en cuando, algunos diáconos no asistían a las reuniones del quórum. Yo sabía que la enseñanza en ese quórum, y en todo quórum, era responsabilidad del presidente que tenía las llaves, quien debía sentarse en concilio con todos ellos. Por tanto, he adquirido el hábito de pedir consejo de aquel a quien Dios ha dado el mando, y le pregunté: "¿Qué cree que debo enseñar?, ¿cuál debería ser mi objetivo?".

Aprendí a seguir su consejo, porque sabía que Dios le había dado la responsabilidad para enseñar a los miembros de su quórum. Un domingo, supe que Dios había honrado el mandato que había dado a un presidente de quórum. Yo enseñaba a los diáconos, cuando me fijé en una silla vacía en la que había un aparato para grabar, y vi que estaba encendido. Después de la reunión, el joven que estaba sentado junto a la silla recogió el aparato y, cuando se disponía a salir, le pregunté por qué había grabado nuestra clase. Sonrió y dijo que otro diácono le había dicho que no iba a estar en el quórum ese día, así que le llevaba la grabadora a su casa para que pudiera escuchar la lección.

Yo había confiado en la responsabilidad que le había sido dada a un joven presidente de quórum, y la ayuda del Cielo llegó. El Espíritu inspiró a los miembros de esa habitación y envió a uno de ellos a un amigo para tratar de fortalecer su fe y guiarlo al arrepentimiento. El diácono que llevaba la grabadora había aprendido de acuerdo con los convenios y tendió la mano para ayudar a su amigo y compañero del quórum, de acuerdo con los convenios.

A los miembros de un quórum del sacerdocio se les instruye de diversas maneras, no sólo a través de las clases. El quórum es una unidad de servicio y los miembros aprenden al servir. Un quórum puede brindar mayor servicio que el que pudieran dar sus miembros individualmente, y ese poder se multiplica sin importar la cantidad de miembros. Cada quórum dispone de un líder con autoridad y responsabilidad para dirigir el servicio del sacerdocio. He visto el poder que se genera cuando se llama a los quórumes a ayudar cuando se produce un desastre. Una y otra vez personas que no son de la Iglesia me han expresado su sorpresa y admiración por la eficacia de la Iglesia para organizarse para ayudar. A ellos les parece un milagro. En todo servicio del sacerdocio, el milagro del poder surge cuando los líderes y los miembros honran la autoridad de los que dirigen el servicio en los quórumes del sacerdocio por toda la tierra.

Los milagros de poder se llevan a cabo cuando los quórumes brindan servicio a los demás o cuando ese servicio lo reciben los propios miembros del quórum. Un presidente de quórum de diáconos se reunió temprano un domingo con sus consejeros y el secretario del quórum antes de la reunión de quórum. Después de considerarlo en consejo con espíritu de oración, se sintió inspirado a llamar a un diácono para que invitara a la siguiente reunión del quórum a otro diácono que nunca había asistido. Sabía que el diácono que nunca había asistido tenía un padre que no era miembro de la Iglesia y que su madre tenía escaso interés en ella.

El diácono asignado aceptó el llamado de su presidente de comunicarse con el joven y fue a verlo. Yo le observé marcharse con actitud reacia, como si se tratara de una tarea difícil. El joven al que invitó a acompañarle al quórum había asistido sólo unas cuantas veces antes de que su familia se mudara. Muchos años después, me hallaba en una conferencia de estaca a miles de kilómetros del lugar donde se había reunido aquel quórum de diáconos. Entre una reunión de la conferencia y otra, un hombre al que no conocía se me acercó y me preguntó si conocía a cierta persona. Mencionó un nombre; se trataba del joven al que el presidente del quórum de diáconos había llamado para buscar y cuidar de una oveja perdida. Aquel hombre me dijo: "¿Podría darle las gracias de mi parte? Soy el abuelo del chico al que invitó al quórum de diáconos hace años. Ahora ya es grande, pero todavía me habla del diácono que lo invitó a ir a la Iglesia con él".

Tenía lágrimas en los ojos, y yo también. Un joven presidente de quórum había sido inspirado a ayudar a un miembro perdido de su quórum enviando a un joven con la misión de servir. Aquel presidente hizo lo que el Maestro hubiera hecho, y en el transcurso, capacitó a un nuevo poseedor del sacerdocio en su deber de servir a los demás, de acuerdo con los convenios. Se entrelazaron corazones que todavía seguían conectados después de más de veinte años y a miles de kilómetros de distancia. La unidad del quórum perdura cuando se edifica en el servicio y a la manera del Señor.

Una de las características que distingue a un quórum fuerte es el sentimiento de hermandad que reina entre sus miembros. Se preocupan los unos por los otros y se ayudan mutuamente. Los presidentes de quórum pueden forjar mejor esa hermandad si recuerdan por qué el Señor desea que haya unidad en el quórum. Obviamente es para que se ayuden mutuamente; pero es más, mucho más: es para que se edifiquen y se animen unos a otros a servir en rectitud con el Maestro en Su obra de ofrecer la vida eterna a los hijos de nuestro Padre Celestial.

El comprender eso cambiará nuestra manera de intentar forjar hermandad en el quórum. Por ejemplo, podría incluso cambiar la forma en que un quórum de diáconos juega al baloncesto. Quizá los miembros esperen forjar la hermandad más que sólo ganar un partido. Podrían invitar a un joven al que siempre se excluye porque no juega muy bien. Si acepta y va, los miembros del quórum probablemente le pasarán la pelota un poco más, al ver que tiene la oportunidad de marcar un tanto, especialmente al joven que probablemente no meta la canasta. Veinte años después quizá no recuerden si ganaron esa noche, pero siempre recordarán cómo jugaron juntos y por qué, y de quién era el equipo. Fue el Señor quien dijo: "Y si no sois uno, no sois míos"7.

El entender por qué el Señor desea que haya hermandad puede cambiar la forma de organizar una fiesta del quórum de élderes. Yo fui a una fiesta que planeó un hombre que era converso. Encontrar el Evangelio había sido lo mejor que le había sucedido, así que invitó a los amigos y vecinos que todavía no eran miembros de la Iglesia. Aún recuerdo el sentimiento de hermandad que reinaba mientras conversábamos con ellos sobre lo que la Iglesia significaba para nosotros. En aquella fiesta sentí más que hermandad con los hermanos del sacerdocio. El Maestro invitó a Sus discípulos a Su primer Quórum de los Doce durante Su ministerio terrenal de esta forma: "Venid en pos de mí, y os haré pescadores de hombres"8. De modo que aquella noche en la fiesta, sentí que me encontraba en la hermandad del Maestro y Sus discípulos, llegando a ser lo que Él desea que seamos.

Fui bendecido con ese mismo sentimiento de hermandad por parte de un líder del sacerdocio cuando yo pertenecía al Sacerdocio Aarónico. Él sabía cómo forjar una hermandad perdurable en el sacerdocio. Acordó con el dueño de un terreno arbolado que pasáramos la tarde cortando madera y la juntáramos en haces para que las viudas tuvieran con qué hacer una lumbre en invierno. Todavía recuerdo la afectuosa hermandad que sentí con mis hermanos del sacerdocio. Pero recuerdo aún más el sentimiento de que estaba haciendo lo que el Salvador haría, por lo que sentí hermandad con Él. Podemos forjar esa preciosa hermandad en nuestros quórumes durante esta vida y poseerla después por siempre, en gloria y en familias, si vivimos de acuerdo con los convenios.

Ruego que acepten la invitación del Señor de estar unidos, de ser uno en nuestros quórumes del sacerdocio. Él ha señalado la senda y nos ha prometido que, con Su ayuda, los quórumes buenos pueden llegar a ser quórumes excepcionales. Es lo que desea para nosotros, y yo sé que necesita quórumes más fuertes para bendecir a los hijos de nuestro Padre Celestial, de acuerdo con los convenios. Tengo fe en que lo hará.

Sé que nuestro Padre Celestial vive. Sé que Su Hijo, Jesucristo, expió nuestros pecados y los de todas las personas que conocemos. Él resucitó; Él vive; guía Su Iglesia y posee las llaves del sacerdocio. Mediante la inspiración que comunica a los que poseen llaves en la Iglesia, Él llama a cada presidente de cada quórum del sacerdocio. Testifico que el sacerdocio le fue restaurado a José Smith con todas sus llaves. Y testifico solemnemente que esas llaves han llegado hasta la actualidad al Presidente de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, que es el presidente de todo el sacerdocio en toda la tierra.

Lo testifico en el sagrado nombre de Jesucristo. Amén.

Notas

1. Mosíah 18:21.

2. Véase Mosíah 18:20.

3. D. y C. 107:85.

4. D. y C. 107:86.

5. D. y C. 107:87.

6. D. y C. 107:89.

7. D. y C. 38:27.

8. Mateo 4:19.

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¿Qué es un quórum?

Por lualcaro - 24 de Febrero, 2007, 18:48, Categoría: General

¿Qué es un quórum?

ÉLDER L. TOM PERRY
Del Quórum de los Doce Apóstoles

Una de las más grandes bendiciones que se pueda recibir al ser poseedor del sacerdocio… es el pertenecer a un quórum del sacerdocio.

ÉLDER L. TOM PERRY"Habiendo sido inspirado por el Espíritu Santo para poner los cimientos de ella y edificarla para la fe santísima.

"Dicha iglesia se organizó y se estableció en el año de tu Señor de mil ochocientos treinta, en el cuarto mes y en el sexto día de mes llamado abril" (D. y C. 21:2–3).

Fue en ese día que José Smith, Oliver Cowdery y otros miembros de las familias Smith y Whitmer se reunieron en el hogar de Peter Whitmer, padre, en Fayette, Condado de Séneca, Nueva York. Después de las debidas canciones y oraciones, se leyó a la gente allí reunida las revelaciones concernientes a la organización de la Iglesia. En esas revelaciones se expusieron el orden del sacerdocio y los deberes de los oficiales de la Iglesia. La organización de la Iglesia de la actualidad se ha edificado siguiendo ese modelo.

"…de acuerdo con el mandamiento previo, el profeta José preguntó a los hermanos presentes para saber si ellos los aceptarían a él y a Oliver Cowdery como sus maestros de las cosas del reino de Dios; y si estaban dispuestos a proceder a organizar la Iglesia de acuerdo con el mandamiento del Señor, a lo cual ellos dieron su consentimiento mediante el voto unánime" (B. H. Roberts, A Comprehensive History of the Church, tomo I, pág. 196).

Y así tenemos el modelo establecido desde el principio mismo: "Y todas las cosas se harán de común acuerdo en la iglesia, con mucha oración y fe, porque recibiréis todas las cosas por la fe…" (D. y C 26:2).

Siento algo muy especial en todo mi ser cuando veo las manos levantadas en escuadra para sostener a los líderes de esta Iglesia. Hoy día los miembros de la Iglesia sostuvieron a dos nuevos miembros del Quórum de los Doce Apóstoles aquí, en el Centro de Conferencias, y mediante la televisión, Internet y el satélite a casi todos los rincones de la tierra.

Élder Uchtdorf y élder Bednar: a ustedes se les ha sostenido para llenar las vacantes originadas por el fallecimiento del élder David B. Haight y del élder Neal A. Maxwell. Como miembro del Quórum de los Doce Apóstoles, les doy la bienvenida con los brazos abiertos al llegar ustedes a ser parte de este sagrado llamamiento que es nuestro. Por supuesto, hoy día extrañamos nuestra asociación con el élder Haight y con el élder Maxwell. El élder Haight se sentó a mi lado en estas conferencias durante los últimos 28 años. El élder Maxwell se sentó al lado de él durante muchos años. ¡Ojalá tuviese yo el espíritu entusiasta del élder Haight o el poder de la palabra del élder Maxwell para expresar mis sentimientos acerca de esta larga relación que he experimentado con esos dos hermanos excepcionales! Ellos han contribuido tanto a mi vida y cómo extraño su continua asociación.

Tenemos una rica tradición en lo que se refiere a la obra de los Doce a medida que hemos viajado por todo el mundo proclamando el Evangelio de Jesucristo. Por ejemplo: fue el domingo, el 4 de junio de 1837, cuando el profeta José Smith se acercó al hermano Heber C. Kimball en el Templo de Kirtland y le susurró diciendo: "Hermano Heber, el Espíritu del Señor me ha susurrado: "Permite que mi siervo Heber vaya a Inglaterra y proclame mi Evangelio y abra la puerta de la salvación a aquella nación" " (citado en Orson F. Whitney, Life of Heber C. Kimball, 1945, pág. 104).

El relato de Heber C. Kimball y de Brigham Young, al dejar su hogar para dirigirse a Inglaterra, ciertamente demuestra el sacrificio que estaban dispuestos a hacer por los llamamientos que habían recibido. El relato dice así: "14 de septiembre [l839], el presidente Brigham Young dejó su hogar en Montrose para empezar la misión en Inglaterra. Estaba tan enfermo que no pudo llegar al río Mississippi, a una distancia de 150 metros, sin ayuda. Después de cruzar el río, cabalgó detrás de Isaac Barlow hasta mi casa, donde siguió enfermo hasta el 18 de septiembre. Dejó a su esposa enferma, con un bebé de tan sólo tres semanas de nacido, y todos los demás hijos estaban enfermos y no podían ayudarse unos a otros. Ninguno de ellos podía ir al pozo por un balde de agua y sólo tenían la ropa que llevaban puesta, ya que la turba de Misuri se había llevado casi todo lo que él tenía. El día 17, la hermana Mary Ann Young consiguió que un jovencito la llevara en su carreta a mi casa para que pudiese cuidar y consolar al hermano Brigham…" (citado en Life of Heber C. Kimball, pág. 265).

La familia de Heber C. Kimball también estaba enferma. Charles Hubbard envió a su hijo con un tiro de caballos y una carreta para ayudarlos en el viaje. El élder Kimball registra: "…sentía como si las entrañas mismas se me fueran a derretir al tener que dejar a mi familia en esas condiciones, casi en los brazos de la muerte. Me parecía algo imposible de soportar. Le indiqué al conductor que se detuviera. Entonces le dije al hermano Brigham: "Esto es muy duro, ¿no es cierto? Levantémonos y despidámonos alegremente". Nos pusimos de pie en el carro, y agitando tres veces los sombreros en el aire, gritamos: "¡Viva! ¡Viva Israel!" ". La hermana Young y la hermana Kimball salieron a la puerta y se despidieron, lo que les dio a Brigham y a Heber mucho consuelo y continuaron sin "bolsa ni alforja" hacia Inglaterra ("El sacrificio al prestar servicio", Liahona, enero de 1996, pág. 47).

La Guía para el Estudio de las Escrituras, declara que apóstol significa: "el que es enviado" (Guía para el Estudio de la Escrituras, pág. 18). El llamamiento de apóstol es el de ser un testigo especial del nombre de Jesucristo en todo el mundo, sobre todo de Su divinidad y de Su resurrección de entre los muertos. Los doce hombres que tienen ese alto llamamiento constituyen un consejo administrativo para la obra del ministerio… Hoy día, doce hombres con ese mismo llamamiento y ordenación divinos constituyen el Quórum de los Doce Apóstoles de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.

En la actualidad, un apóstol sigue siendo "el que es enviado". Las condiciones que enfrentamos hoy son diferentes de las de los primeros hermanos, a medida que hacían sus viajes para cumplir con sus asignaciones. Nuestra manera de viajar a los cuatro rincones de la tierra es muy diferente de los primeros hermanos. Sin embargo, nuestra asignación sigue siendo la misma que dio el Salvador a Sus Doce, cuando les instruyó: "Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo…" (Mateo 28:19–20).

Para ustedes dos, nuevos Apóstoles, les prometo que habrá una nueva comprensión de lo que significa pertenecer a un quórum. Deseo que lo que sentimos por nuestro Consejo y el respeto que le tenemos pudiese ser transmitido a todo quórum de la Iglesia. ¿Podrían ustedes, los quórumes de diáconos, de maestros, de presbíteros, de élderes y de sumos sacerdotes, escuchar por un momento lo que yo creo que es una de las más grandes bendiciones que se pueda recibir al ser poseedor del sacerdocio? Esa bendición especial es el pertenecer a un quórum del sacerdocio.

El presidente Stephen L Richards, hace muchos años, nos brindó un maravilloso consejo sobre el gobierno de la Iglesia. Sus palabras son las siguientes:

"…la extraordinaria fuerza intelectual del gobierno de la Iglesia radica en gobernar por medio de consejos… Puedo apreciar la sabiduría, la sabiduría de Dios, en la creación de consejos: para gobernar Su reino. En el espíritu en el que trabajamos, hombres de aparentes puntos de vista divergentes y de muy diferentes experiencias se reúnen bajo la influencia de ese espíritu y al tomar consejo entre sí, pueden llegar a un acuerdo… Sin vacilar, les aseguro que, si se reúnen en consejo para deliberar, como se supone que lo hagan, Dios les dará las soluciones a los problemas que enfrentan…" (véase "Fortalezcamos los consejos", Liahona, enero de 1994, pág. 89).

¿Y cuáles son los grandes beneficios que ustedes experimentarán al pertenecer a un quórum? De nuevo, Stephen L Richards dijo: "Un quórum tiene tres funciones: primero, es una clase; segundo, es una fraternidad; tercero, es una unidad de servicio" (véase "Llamados por Dios", Liahona, noviembre de 2002, pág. 7).

Yo veo esa característica distintiva en las funciones del Quórum de los Doce Apóstoles. Somos una clase al estudiar juntos las doctrinas del reino. ¿Se pueden imaginar lo especial que sería la experiencia de estar en una reunión de quórum y que los élderes Ezra Taft Benson, Mark E. Petersen, LeGrand Richards, Howard W. Hunter, Bruce R. McConkie, David B. Haight o Neal A. Maxwell nos enseñaran la doctrina del Evangelio? Notarán que sólo he mencionado a quienes han terminado su ministerio terrenal para no mostrar favoritismo entre los apóstoles de la actualidad. Esa misma bendición puede ser de ustedes en cada uno de sus quórumes. Las palabras de los apóstoles, pasados y presentes, siguen vivas en las Escrituras, en los discursos de las conferencias, en las revistas de la Iglesia, en los devocionales, etc. Están disponibles para llevar el poder de la doctrina del reino a la clase de su quórum. Hagan que la clase de su quórum aumente su conocimiento del Evangelio de nuestro Señor y Salvador.

En nuestro quórum existe una hermandad especial. En él procuramos elevarnos, inspirarnos y bendecirnos unos a otros de acuerdo con el espíritu de nuestro llamamiento. Si uno de nosotros tiene preocupaciones, los otros once están deseosos de animarle y de aligerar su carga. En ocasiones nos regocijamos juntos por logros alcanzados; en momentos de dolor, lloramos juntos. ¡Nunca sentimos que tenemos que enfrentar solos nuestros problemas! Siempre recibimos consejo, apoyo, ayuda y aliento de los miembros de nuestro Quórum.

En el libro Priesthood and Church Government [El sacerdocio y el gobierno de la Iglesia], leemos esta declaración acerca de la hermandad que debe existir en los quórumes del sacerdocio: "El sacerdocio es una gran hermandad sostenida por las leyes eternas e inmutables que constituyen el marco del Evangelio. El sentimiento de hermandad debe palparse en el quórum. El primer interés de un quórum debe ser ayudar a todos los miembros que tengan necesidades, tanto temporales como mentales o espirituales. El espíritu de hermandad debe ser la fuerza directora en todos los planes y funciones del quórum. Si sabia y constantemente se cultiva ese espíritu, no habrá ninguna otra organización que atraiga más a los poseedores del sacerdocio" (Sacerdocio Aarónico, Manual 3, Lección 21, pág. 85). Animamos a cada quórum del sacerdocio de la Iglesia que cultive tal hermandad.

Finalmente, el único propósito de nuestro quórum es prestar servicio. Quizá nuestros profundos sentimientos en cuanto a esa responsabilidad se podrían describir en una epístola de Wilford Woodruff fechada el 26 de octubre de 1886, que en ese entonces servía como Presidente del Consejo de los Doce Apóstoles: "Les diré a los apóstoles que nuestra responsabilidad es muy grande… ¿Qué clase de hombres habéis de ser? La tierra entera está madurando en la iniquidad y la Sión de Dios debe estar preparada para la venida del Esposo. Debemos humillarnos ante el Señor y ser dignos de ser llenos del espíritu de nuestro llamamiento, del Espíritu Santo y de las revelaciones de Jesucristo, para que conozcamos la intención y la voluntad de Dios con respecto a nosotros y estemos preparados para magnificar nuestros llamamientos y llevar a cabo la rectitud y ser valientes en el testimonio de Jesucristo hasta el fin… Nunca ha habido un momento en que la obra de Dios haya requerido un testimonio y una labor más fieles de parte de los apóstoles y de los élderes que hoy día" ("An Epistle", Deseret News Weekly, 24 de noviembre de 1886, pág. 712). Hagan de cada uno de sus quórumes una gran organización de servicio para el beneficio de toda la humanidad.

Y ahora esta advertencia de las Escrituras:

"Por tanto, aprenda todo varón su deber, así como a obrar con toda diligencia en el oficio al cual fuere nombrado.

"El que sea perezoso no será considerado digno de permanecer, y quien no aprenda su deber y no se presente aprobado, no será considerado digno de permanecer" (D. y C. 107:99–100).

Así que les digo a ustedes, las dos Autoridades Generales que se han unido a nuestro Quórum, y a todos ustedes, los hermanos que pertenecen al sacerdocio de Dios, que Dios nos bendiga a cado uno en nuestros llamamientos para dar servicio. Que nuestra fe nos fortalezca a medida que servimos en rectitud, guardando fielmente los mandamientos. Que nuestro testimonio siempre se fortalezca a medida que buscamos la fuente de la verdad eterna. Que la hermandad que existe en nuestro quórum sea de consuelo, fortaleza y seguridad a medida que pasamos por esta fase terrenal de nuestra existencia. Que el gozo de prestar servicio en el Evangelio permanezca por siempre en nuestro corazón al seguir adelante para cumplir con nuestros deberes y nuestras responsabilidades como siervos en el reino de nuestro Padre Celestial, es mi humilde oración en el nombre de Jesucristo. Amén.

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Los pastores de Israel

Por lualcaro - 24 de Febrero, 2007, 18:24, Categoría: General

PRESIDENTE GORDON B. HINCKLEY
Conferencia General
Octubre de 2003

Le doy gracias al Señor por los buenos obispos de esta Iglesia... Que encuentren la paz que proviene sólo de Dios a aquellos que le sirven.

PRESIDENTE GORDON B. HINCKLEY 

Hermanos, en esta ocasión haré algo poco común: repetiré algunas partes de un discurso que pronuncié hace 15 años en una reunión general del Sacerdocio. Hablaré sobre los obispos de la Iglesia y también les hablaré a ellos, ese maravilloso grupo de hombres que en un sentido muy real son los pastores de Israel.

Todos los que participamos en esta conferencia rendimos cuenta a un obispo o a un presidente de rama. Enorme es el peso que ellos llevan sobre sus hombros, e invito a todo miembro de la Iglesia a hacer todo lo posible para que resulten más livianas las cargas que tienen nuestros obispos y presidentes de rama en su labor.

Debemos orar por ellos; ellos necesitan ayuda al llevar esa pesada carga. Podemos apoyarles más y ser menos dependientes de ellos; podemos ayudarles de muchas maneras y agradecerles todo lo que hacen por nosotros. Los estamos agotando en poco tiempo debido a las cargas que imponemos sobre ellos.

Tenemos más de 18.000 obispos en la Iglesia y cada uno de ellos ha sido llamado por el espíritu de profecía y revelación, y ha sido apartado y ordenado por medio de la imposición de manos. Cada uno de ellos tiene las llaves de la presidencia de su barrio; cada uno es sumo sacerdote, el sumo sacerdote presidente de su barrio; cada uno tiene sobre sus hombros tremendas responsabilidades de mayordomía; cada uno se erige como el padre de su gente.

Ninguno recibe sueldo por el servicio que presta; ningún obispo de barrio recibe compensación de la Iglesia por su trabajo como obispo.

Leer más: http://www.lds.org/conference/talk/display/0,5232,89-3-402-19,00.html

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El presidente de estaca

Por lualcaro - 24 de Febrero, 2007, 17:05, Categoría: General

El presidente de estaca

Presidente Gordon B. Hinckley

"[Los] presidentes de estaca han sido llamados bajo la misma inspiración con la que se ha llamado a las Autoridades Generales. Ruego por éstos, mis amados hermanos, para que el Espíritu del Señor descanse sobre ellos".

Presidente Gordon B. Hinckley

Ahora me complace compartir unas palabras con ustedes. Primeramente, gracias por estar aquí. Nunca he visto algo semejante. Debí haber traído mis binoculares para ver a los que están sentados en la galería. En todo este recinto sólo he contado cinco asientos vacíos. Es un gran placer estar aquí.

Mis hermanos, ¡qué maravilloso es el sacerdocio de Dios! No hay nada que se le compare. Se recibe únicamente por la imposición de manos de aquellos que tengan la autoridad para conferirlo. En esta dispensación, ese conferimiento se remonta a la época de Juan el Bautista y los apóstoles del Señor: Pedro, Santiago y Juan. Ellos vinieron a la tierra y físicamente colocaron las manos sobre la cabeza de José Smith y Oliver Cowdery, y con voces audibles, pronunciaron las palabras del conferimiento de este maravilloso poder. Desde entonces, todo hombre que lo ha recibido lo ha hecho por medio de la imposición de manos de uno que a su vez lo recibió de la misma manera hasta llegar a su conferimiento original.

No es para una clase específica. Todo hombre digno, sin tomar en cuenta nacionalidad, antecedentes étnicos o cualquier otro factor, puede recibir el sacerdocio. La obediencia a los mandamientos de Dios se convierte en el factor determinante. Su conferimiento se basa únicamente en la dignidad ante el Señor.

Éste conlleva el derecho y la autoridad de gobernar en la Iglesia de Cristo. Recuerdo las experiencias que tuve hace mucho, cuando era miembro del Consejo de los Doce. Asistí a una conferencia de estaca, donde el presidente era un hombre de riqueza y afluencia. Era un hombre de mucho éxito, de acuerdo con las normas del mundo. Vivía en una casa sumamente espléndida. Me recogió en el aeropuerto en un automóvil hermoso; almorzamos en un restaurante de primera clase, y, sin embargo, demostró humildad en su oficina; estaba ansioso por aprender y siempre dispuesto a hacer lo correcto en la administración de los asuntos de su estaca.

Después asistí a otra conferencia. El presidente me fue a recoger en un automóvil muy usado. Nos detuvimos en un lugar de comida rápida para comer un bocado. Su casa era sumamente modesta --arreglada, limpia y tranquila-- pero sin mobiliario opulento. Era carpintero de oficio; no poseía ninguna de las cosas extravagantes del mundo. Él, también, era un maravilloso presidente de estaca que efectuaba su deber de manera extraordinaria. Era una persona magnífica en todo respecto.

Ésa es la maravilla del sacerdocio. La riqueza no es un factor; la educación no es un factor; los honores de los hombres no son un factor. El factor predominante es el ser aceptados ante el Señor.

Todas las Autoridades aquí presentes podrían testificar que en la reorganización de estacas han tenido experiencias extraordinarias e inspiradoras. Recuerdo la asignación de reorganizar una estaca hace más o menos cuarenta años. El presidente había fallecido repentinamente. Las Autoridades me pidieron que fuera y hablara en el funeral y reorganizara la estaca. Nunca lo había hecho; era nuevo como Autoridad General; iba a estar totalmente solo.

http://www.lds.org/conference/talk/display/0,5232,89-3-115-21,00.html

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Los pastores del rebaño

Por lualcaro - 24 de Febrero, 2007, 16:51, Categoría: General

Presidente Gordon B. Hinckley

"Siento un profundo aprecio por nuestros obispos. Me siento hondamente agradecido por la revelación del Todopoderoso por la cual este oficio se creó y funciona".

Presidente Gordon B. Hinckley

Mis queridos hermanos, es un gran honor y una gran responsabilidad dirigirles la palabra. Ruego que el Señor me bendiga.

¡Qué excepcional hermandad es ésta, compuesta de cientos de miles de hombres y de muchachos que han sido ordenados al sacerdocio de Dios! ¡Qué imponente agrupación sería ésta si estuviésemos todos congregados en una sola y gran reunión! Asombraría al mundo. No hay nada que se le iguale que yo sepa.

Ustedes constituyen el eje de la Iglesia, mis hermanos. De entre ustedes vienen los obispos y los presidentes de rama, los presidentes de distrito y de estaca, los Setenta Autoridades de Área y todas las Autoridades Generales.

Ustedes, los hombres jóvenes, son lo esencial del gran programa misional cuya influencia se hace sentir en todo el mundo. En conjunto, ustedes son hombres y muchachos que se han vestido de toda la armadura de Dios para sacar adelante Su obra en la tierra.

Cada vez que nos juntamos en una de estas reuniones, lamento que no podamos dar cabida a todos los que desean venir. Desde el momento en que se abrieron las puertas del Tabernáculo esta noche, entró una multitud de hombres jóvenes con sus padres. Es de esperar que el nuevo salón de asambleas se termine en un año a partir de ahora y entonces podremos dar cabida a todos los que deseen venir.

Y deseo decir a ustedes, hermanos, a los que llegamos por transmisión de radio y vía satélite, que nos sentimos unidos con ustedes.

Pienso, mis hermanos, que nuestro Padre Celestial está contento con nosotros. Creo que debe ser un gran consuelo para Él contemplar a los cientos de miles de hombres y de muchachos que le aman, que llevan un testimonio de Él y de Su hijo Amado en el corazón, que brindan dirección a Su Iglesia, que están a la cabeza de sus familias en las que hay rectitud y donde se enseña y se ejemplifica la verdad.

Tenemos un numeroso grupo de hombres, jóvenes y mayores. No hay casi nada que no podamos realizar si trabajamos juntos y unidos con una sola voluntad, con un solo propósito y con un solo corazón.

http://www.lds.org/conference/talk/display/0,5232,89-3-12-22,00.html

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El obispado

Por lualcaro - 24 de Febrero, 2007, 5:02, Categoría: General

El obispo y sus consejeros

Presidente Boyd K. Packer

"La Iglesia no es más grande que un barrio. . . Todo lo necesario para nuestra redención, con excepción del templo, se encuentra en el barrio. Y ahora estamos teniendo templos cada vez más cercanos".

Presidente Boyd K. Packer

Anoche en la sesión del sacerdocio, el presidente Hinckley rindió tributo a nuestros obispos, los aconsejó y les dio una bendición. Según la regla de los dos testigos que nos explicó el élder Oaks ayer, yo soy un segundo testigo.

Hace algunos años serví con Emery Wight en un sumo consejo de estaca. Durante 10 años, Emery había servido como obispo del Barrio Harper, en una zona rural. Lucille, su esposa, fue nuestra presidenta de la Sociedad de Socorro de estaca.

Lucille me contó que una mañana de primavera fue a su casa un vecino que quería hablar con Emery. Ella le dijo que su esposo se encontraba arando. El vecino entonces le confió su preocupación. Más temprano esa mañana, al pasar por el campo notó que, en un surco a medio terminar, la yunta de caballos de Emery estaba inmóvil y con las riendas recogidas sobre el arado. Pero Emery no se encontraba allí. El vecino no pensó que ocurriera nada malo hasta que, más tarde, cuando volvió a pasar por el campo, vio que la yunta no se había movido de allí. Él saltó la cerca y cruzó el campo hasta donde se hallaban los caballos, pero Emery no estaba por ningún lado; entonces corrió de inmediato a hablar con Lucille.

Con mucha calma, Lucille le respondió: "Ah, no se preocupe; sin duda alguien ha tenido algún problema y vino a buscar al obispo".

La sola imagen de aquella yunta de caballos parada en medio del campo durante horas simboliza la devoción de los obispos de la Iglesia y de los consejeros que les ayudan. Bien podría decirse, en sentido figurado, que todo obispo y todo consejero deja su yunta en un surco a medio terminar cuando alguien necesita su ayuda.

A través de los años, he pasado muchas veces por ese campo. Es un recordatorio del sacrificio y del servicio de aquellos que son llamados a servir en los obispados de barrio, y también de sus esposas y familiares sin cuyo sostén no podrían servir.

 http://www.lds.org/conference/talk/display/0,5232,89-3-12-24,00.html

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El quórum del sacerdocio

Por lualcaro - 22 de Febrero, 2007, 22:55, Categoría: General

El quórum del sacerdocio

Élder D. Todd Christofferson
de la Presidencia de los Setenta

"Decídanse ahora a hacer todo lo posible por lograr que su quórum del sacerdocio sea digno del nombre, sea fiel a su misión".

Élder D. Todd Christofferson

En 1918, el hermano George Goates era granjero y cultivaba remolacha azucarera en Lehi, Utah. Ese año el invierno empezó temprano y congeló gran parte de su cosecha de remolacha todavía por recoger. La siega fue lenta y difícil para el hermano Goates y su hijo Francis, un niño. Entretanto, una epidemia de gripe cundía por todo el lugar. La terrible enfermedad ya había truncado la vida de Charles, otro de sus hijos, y de tres hijitos de éste, dos niñitas y un varón; en el transcurso de sólo seis días, el apesadumbrado George Goates había hecho tres viajes a Ogden, Utah (entre Ogden y Lehi hay aproximadamente 115 kilómetros), con el fin de llevar los cuerpos para sepultarlos. Al final de ese espantoso período, George y Francis Goates tomaron su carromato y se dirigieron al campo de remolachas.

En el camino se cruzaron con muchas carretas conducidas por granjeros vecinos cargadas de remolachas que se dirigían a la fábrica azucarera. Al encontrarse, cada uno de los conductores lo saludaba con la mano y le decía: "¿Qué tal, tío George?", "Lo lamento mucho, George", "¡Qué pena, George!", "¡Acá estamos tus amigos, George!".

En la última carreta iba Jasper Rolfe, "el pecoso", que lo saludó alegremente, diciendo: "¡Aquí van todas, George!".

El hermano Goates se volvió hacia Francis y comentó: "¡Ojalá fueran todas las nuestras!".

Al llegar a la entrada de la granja, Francis bajó de un brinco y abrió el portón para que su padre entrara en el campo con el carromato. George detuvo a los animales y miró a su alrededor: ¡No había una sola remolacha en todo el campo! Entonces se dio cuenta de lo que Jasper Rolfe había querido decir con sus palabras: "¡Aquí van todas, George!"

El hermano Goates bajó de su carromato, recogió un puñado de la fértil tierra oscura que tanto amaba, y otro de tallos, y contempló un momento esos símbolos de su labor sin poder creerlo.

 http://www.lds.org/conference/talk/display/0,5232,89-3-15-16,00.html

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