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07-La Enseñanza Eficaz del Evangelio

A los maestros de religion sud

Por lualcaro - 18 de Mayo, 2008, 5:31, Categoría: General

Elder Packer habla a los maestros de religion SUD y explica la importancia que se toma al enseñar. (gracias a infosud)


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Enseñanzas de Heber J. Grant

Por lualcaro - 22 de Junio, 2007, 16:50, Categoría: General

Cuando enseñemos el Evangelio, debemos concentrarnos en los sencillos y fundamentales principios y mandamientos.

No es la contemplación del alimento que consideramos delicioso lo que nos sirve de provecho sino el ingerirlo y el digerirlo. Tampoco es un gran banquete lo que nos da más fortaleza y comodidad, ni nos sirve para efectuar bien nuestra parte en la batalla de la vida, sino por el contrario, en muchos casos, el alimento más sencillo proporciona el mejor provecho perdurable a los que participan de él. Del mismo modo, no siempre el festín preparado por los eruditos aumenta nuestra fortaleza para cumplir noble y valientemente nuestro deber en la batalla de la vida, sino que, en muchos casos, las enseñanzas de los más humildes nos conmueven el corazón y el alma toda, lo cual intensifica nuestra fortaleza para seguir adelante y cumplir con nuestro deber en nuestro diario empeño por superarnos4.

Las organizaciones de la Iglesia deben tener como objetivo la edificación de un testimonio firme en la mente y en el corazón de los santos, sobre todo, en la juventud, un testimonio de la veracidad del Evangelio restaurado, del mesiazgo de nuestro Señor Jesucristo, de la divinidad de la misión del profeta José Smith, del origen divino de esta Iglesia que fue establecida por Dios y Su Hijo por conducto del Profeta, y del hecho de que ésta es y siempre será la Iglesia de Jesucristo con todo lo que esto connota, todo ello con la finalidad de que los santos tengan esos testimonios, de que guarden los mandamientos del Señor, de que aumenten constantemente su conocimiento de la Verdad, lo que les permitirá vivir de tal forma que puedan recibir la salvación, la exaltación y la felicidad eterna en el Reino Celestial, y, por último, para que, a su vez, lleven a otras personas del mundo al conocimiento y al testimonio de la verdad tanto por medio de su precepto como de su ejemplo, a fin de llevarlos a recibir esas mismas bendiciones5.

Creo que el maestro o la maestra que tiene amor por Dios y un conocimiento de Él, que tiene amor por Jesucristo y un testimonio de Su divinidad, que tiene un testimonio de la divina misión del profeta José Smith y que inculca esas cosas en el corazón y en el alma de los niños a los que enseña se ha consagrado a una de las labores más nobles, más espléndidas y más notables a las que pueda consagrarse una persona6.

Enseñen y vivan los primeros principios del Evangelio y dejen que los misterios del cielo esperen hasta que lleguen ustedes allí7.

Del mismo modo que cantamos con frecuencia nuestros himnos… nunca es bastante repetir los mandamientos del Señor a este pueblo ni instar a los santos a vivir de conformidad con ellos8.

En muchísimas ocasiones, personas me han dicho: "Estoy harto de oír lo mismo una y otra vez. No hace falta repetir las cosas". A muchos hombres les parecen mal los discursos que oyen porque los consideran repeticiones… Al parecer, el Señor ve la necesidad de la repetición para inculcar en el ánimo de las personas el mensaje que Él tenga que dar. Nuestro Salvador, al enseñar, repetía una y otra vez, con diferentes palabras, el mismo concepto, evidentemente para fijarlo indeleblemente en la mente y en el corazón de los que le oían9.

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El cono del aprendizaje

Por lualcaro - 11 de Junio, 2007, 23:21, Categoría: General

En 1969 (hace casi 30 años), Edgar Dale, desarrolló un modelo que explica cuales son los mótodos mas y menos efectivos para el aprendizaje. El mencionado modelo, llamado “El cono del aprendizaje”, está basado en un estudio de campo muy profundo y extenso sobre el tema, tal vez, uno de los más exhaustivos que se hayan realizado.

El cono del aprendizaje de Dale

Este modelo esta publicado en la edicion anterior del manual la enseñanza el llamamiento más importante, al enseñar en nuestro hogar y en la iglesia debemos considerar utilizar metodos mas activos sobre todo con los niños y los jovenes.  

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El poder del enseñar la doctrina

Por lualcaro - 25 de Febrero, 2007, 0:08, Categoría: General

El poder del enseñar la doctrina

Élder Henry B. Eyring
del Quórum de los Doce Apóstoles

"Podemos enseñar aun a un niño a comprender la doctrina de Jesucristo. Por lo tanto, es posible que, con la ayuda de Dios, enseñemos la doctrina salvadora con simplicidad".

Élder Henry B. Eyring

Ha habido una guerra entre la luz y las tinieblas, entre el bien y el mal, desde antes que el mundo fuese hecho. Esa guerra todavía sigue y las víctimas parecen ir en aumento. Todos tenemos familiares a los que queremos y que están siendo abofeteados por las fuerzas del destructor que desea que todos los hijos de Dios sean miserables. Muchos de nosotros hemos pasado noches en desvelo [debido a eso]. Hemos intentado añadir todas las fuerzas del bien que hemos podido a los poderes que se arremolinan alrededor de las personas que corren peligro; personas a las que queremos. Les hemos dado el mejor ejemplo de que hemos sido capaces. Hemos rogado en oración por ellos. Un sabio profeta, hace ya mucho tiempo, nos dio un consejo acerca de otra fuerza que acaso subestimemos a veces, por lo cual la empleamos muy poco.

Alma era el líder de un pueblo que enfrentaba el peligro de ser destruido por enemigos despiadados. Al verse ante ese peligro, tuvo que escoger qué debía hacer entre varias posibilidades. Podía haber edificado fortificaciones o creado armamentos o adiestrado ejércitos. Pero su única esperanza de lograr la victoria era conseguir la ayuda de Dios y, para obtenerla, sabía que el pueblo debía arrepentirse. Por eso, decidió poner a prueba primero esto:

"Y como la predicación de la palabra tenía gran propensión a impulsar a la gente a hacer lo que era justo --sí, había surtido un efecto más potente en la mente del pueblo que la espada o cualquier otra cosa que les había acontecido-- por tanto, Alma consideró prudente que pusieran a prueba la virtud de la palabra de Dios" (Alma 31:5).

La palabra de Dios es la doctrina que enseñaron Jesucristo y Sus profetas. Alma sabía que las palabras de la doctrina tenían gran poder, que pueden abrir la mente de las personas para que vean las cosas espirituales, lo que no se ve con los ojos naturales. Y pueden abrir el corazón a los sentimientos del amor de Dios y del amor a la verdad. El Salvador se basó en esas dos fuentes de poder, en la sección dieciocho de Doctrina y Convenios, al enseñar Su doctrina a los que Él deseaba que le sirvieran como misioneros. Al escuchar, piensen en ese joven de su familia que se encuentra indeciso en cuanto a prepararse para ir a la misión. Veamos cómo enseñó el Maestro a dos de Sus siervos y cómo podrían ustedes enseñar Su doctrina a ese joven que aman:

"Y ahora, Oliver Cowdery, te hablo a ti, y también a David Whitmer, por vía de mandamiento, porque he aquí, mando a todos los hombres en todas partes que se arrepientan; y os hablo a vosotros, como a Pablo mi apóstol, porque sois llamados con el mismo llamamiento que él.

"Recordad que el valor de las almas es grande a la vista de Dios" (D. y C. 18:9­10).

Comenzó por decirles lo mucho que Él confía en ellos y en seguida acerca el corazón de ellos a Él al decirles lo mucho que Su Padre y Él aman a cada alma. En seguida, menciona el fundamento de Su doctrina: describe cuán poderosos motivos tenemos para amarle:

"porque he aquí, el Señor vuestro Redentor padeció la muerte en la carne; por tanto, sufrió el dolor de todos los hombres, a fin de que todo hombre pudiese arrepentirse y venir a él.

"Y ha resucitado de entre los muertos, para traer a todos los hombres a él, mediante las condiciones del arrepentimiento.

"¡Y cuán grande es su gozo por el alma que se arrepiente!" (D. y C. 18:11­13).

Tras haberles dado la doctrina de Su misión para que ellos abran el corazón, Él les da Su mandamiento:

"Así que, sois llamados a proclamar el arrepentimiento a este pueblo" (D. y C. 18:14).

Por último, Él abre los ojos de ellos para que vean más allá del velo. Lleva a ellos y a nosotros a la existencia futura, descrita en el gran plan de salvación, y donde un día estaremos. Nos habla de amistades maravillosas, que merecen todo nuestro sacrificio por lograrlas:

"Y si acontece que trabajáis todos vuestros días proclamando el arrepentimiento a este pueblo y me traéis aun cuando fuere una sola alma, ¡cuán grande será vuestro gozo con ella en el reino de mi Padre!

"Y ahora, si vuestro gozo será grande con un alma que me hayáis traído al reino de mi Padre, ¡cuán grande no será vuestro gozo si me trajereis muchas almas!" (D. y C. 18:15­16).

En esos pocos pasajes, Él enseña doctrina para abrir nuestro corazón a Su amor. Y enseña doctrina para abrir nuestros ojos a las realidades espirituales, que son invisibles para cualquiera cuya mente no esté iluminada por el Espíritu de verdad.

La necesidad de abrir los ojos y el corazón nos indica que debemos enseñar la doctrina. La doctrina cobra su poder cuando el Espíritu Santo confirma que es verdadera. Debemos preparar a los que enseñemos, lo mejor que podamos, para que reciban los suaves susurros de la voz apacible y delicada. Eso requiere al menos algo de fe en Jesucristo; requiere al menos algo de humildad, algo de la buena disposición para someterse a la voluntad del Salvador para con nosotros. Puede que la persona a la que deseen ayudar tenga poco o nada de esas cualidades, pero ustedes pueden avivar en ellas el deseo de creer. Más que eso, pueden ustedes recibir confianza basándose en otro de los poderes que tiene la doctrina: La verdad prepara su propio camino. El tan sólo oír las palabras de la doctrina puede sembrar la semilla de la fe en el corazón. Y aun una pequeña semilla de fe en Jesucristo invita al Espíritu.

Tenemos más control sobre nuestra propia preparación. Nos deleitamos en la palabra de Dios que se encuentra en las Escrituras y estudiamos las palabras de los profetas vivientes. Ayunamos y oramos para invitar al Espíritu tanto para que esté con nosotros como con la persona a la que deseamos enseñar.

Por motivo de que necesitamos al Espíritu Santo, debemos ser cautelosos y tener cuidado de no enseñar lo que no sea la doctrina verdadera. El Espíritu Santo es el Espíritu de verdad y Él confirmará lo que enseñemos si evitamos especular o hacer interpretaciones personales. Eso puede resultar difícil de hacer. Ustedes sienten afecto por la persona en la que tratan de influir y puede ser que ésta haya hecho caso omiso de la doctrina que se le haya enseñado. Es tentador poner a prueba algo nuevo o sensacional. Pero invitamos al Espíritu Santo a que nos acompañe cuando tenemos cuidado de enseñar únicamente la doctrina verdadera.

Una de las formas más seguras de evitar aun acercarse a la falsa doctrina es resolver enseñar con sencillez. Con la simplicidad se pisa terreno seguro y no se pierde nada importante. Sabemos eso debido a que el Salvador nos ha dicho que debemos enseñar la doctrina más importante a los niños pequeños. Escuchemos el mandato del Señor:

"Y además, si hay padres que tengan hijos en Sión o en cualquiera de sus estacas organizadas, y no les enseñen a comprender la doctrina del arrepentimiento, de la fe en Cristo, el Hijo del Dios viviente, del bautismo y del don del Espíritu Santo por la imposición de manos, al llegar a la edad de ocho años, el pecado será sobre la cabeza de los padres" (D. y C. 68:25).

Podemos enseñar aun a un niño a comprender la doctrina de Jesucristo. Por lo tanto, es posible que, con la ayuda de Dios, enseñemos la doctrina salvadora con simplicidad.

Tenemos la mejor oportunidad con los niños. La mejor época para enseñarles es cuando son pequeños, mientras todavía son inmunes a las tentaciones de su enemigo mortal y falta aún mucho tiempo para que les resulte más difícil oír las palabras de verdad en medio del ruido de sus problemas personales.

Los padres prudentes nunca pierden una oportunidad de reunir a sus hijos para aprender de la doctrina de Jesucristo. Esos momentos son muy escasos en comparación con los esfuerzos del enemigo. Por cada hora en la que se introduce el poder de la doctrina en la vida de un niño puede haber cientos de horas de mensajes y de imágenes que refuten o hagan caso omiso de las verdades salvadoras.

No debemos preguntarnos si estamos demasiado cansados para enseñar la doctrina, ni si no sería preferible pasar un rato de diversión con el niño ni si éste pensará que le predicamos demasiado. Lo que debemos preguntarnos es: "Con tan poco tiempo y tan pocas oportunidades, ¿qué palabras de la doctrina que yo les enseñe fortalecerán a los niños para enfrentar los ataques contra su fe que sin duda los acometerán?". Las palabras que ustedes les hablen hoy día pueden ser las que ellos recuerden. Y hoy día pasará muy pronto.

Los años pasan, enseñamos la doctrina lo mejor que podemos y, aún así, algunos de nuestros hijos no responden. Eso nos causa pesar. Sin embargo, nos infunden esperanza los anales de las familias de las Escrituras. Pensemos en Alma, hijo, y en Enós. En sus momentos difíciles, ellos recordaron las palabras de sus padres, las palabras de la doctrina de Cristo, y eso los salvó. Ellos recordarán lo que ustedes les enseñen de esa sagrada doctrina.

Hay dos dudas que podrían sobrevenirles: si conocerán la doctrina lo suficientemente bien para enseñarla y, si ya han intentado enseñarla, por qué no ven muchos buenos resultados.

En mi propia familia existe el caso de una joven que tuvo la valentía de comenzar a enseñar la doctrina cuando era tan sólo una nueva conversa y con poca instrucción. Y el hecho de que los resultados de lo que ella enseñó no han terminado me brinda paciencia para esperar los frutos de mis propios esfuerzos.

Mary Bommeli era mi bisabuela. Yo nunca la conocí. Su nieta la oyó contar su historia y la escribió.

Mary nació en 1830. Los misioneros enseñaron a la familia de ella en Suiza cuando Mary tenía veinticuatro años. Todavía vivía en la casa paterna y tejía telas en su telar, las que vendía para ayudar a sustentar a su familia en su pequeña granja. Cuando los miembros de la familia oyeron la doctrina del Evangelio restaurado de Jesucristo, supieron que era verdadera y se bautizaron. Los hermanos de Mary fueron llamados al campo misional y salieron sin bolsa ni alforja. El resto de la familia vendió sus posesiones para irse a América a congregarse con los santos.

Como no tenían dinero suficiente para que todos viajasen, Mary se ofreció a quedarse debido a que consideraba que podía ganar lo suficiente con las telas que tejía para mantenerse y ahorrar para el pasaje en barco. Se fue a Berlín a casa de una señora que la empleó para que hiciera telas para la ropa de la familia. Allí vivía en una habitación de la servidumbre e instaló su telar en la sala de estar de la casa.

En aquel entonces la ley prohibía que se enseñara en Berlín la doctrina de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Pero Mary no pudo guardarse para sí las buenas nuevas. La dueña de casa y sus amigas se reunían alrededor del telar para oír lo que la joven suiza les enseñaba; les hablaba de la aparición de nuestro Padre Celestial y Jesucristo a José Smith, de la visitación de ángeles y del Libro de Mormón. Cuando llegó a los relatos de Alma, les enseñó la doctrina de la Resurrección.

Eso estropeó un tanto su tejido. En aquellos días, muchos niños morían muy pequeños. A las mujeres que rodeaban el telar se les habían muerto hijos y, a algunas, varios de ellos. Cuando Mary les enseñó la verdad de que los niños pequeños son herederos del reino celestial y de que ellas podrían estar de nuevo con sus hijos y con el Salvador y con nuestro Padre Celestial, esas madres derramaron copiosas lágrimas. También Mary lloraba, y todas esas lágrimas mojaban la tela que ella iba tejiendo.

Las enseñanzas de Mary dieron pie a un problema más grave. Aunque había rogado a las damas que no hablaran de lo que les había dicho, ellas lo hicieron. Dieron a conocer la feliz doctrina a sus amigas. Y así, una noche, llamaron a la puerta. Era la policía. Se llevaron a Mary a la cárcel. En el trayecto, le pidió al policía que le diera el nombre del juez ante el cual debía comparecer a la mañana siguiente y le preguntó si éste tenía familia y si era buen padre y buen marido. El policía sonrió al describir al juez como un hombre mundano.

En la cárcel, Mary pidió papel y lápiz, y le escribió una carta al juez. En ella le hablaba de la resurrección de Jesucristo como se describe en el Libro de Mormón, del mundo de los espíritus y del largo tiempo que el juez tendría para pensar y sopesar su vida antes de enfrentar el juicio final. Le decía que sabía que él tenía mucho de que arrepentirse, lo cual quebrantaría el corazón de su familia y le haría sentir también a él mucho pesar. Le escribió durante la noche. Por la mañana le pidió al policía que le llevara la carta al juez, lo cual él hizo.

Más tarde, el juez mandó llamar al policía a su despacho. La carta que Mary había escrito era evidencia irrefutable de que ella estaba enseñando el Evangelio y de que, por tanto, estaba infringiendo la ley. No obstante, el policía no tardó en volver a la celda de Mary y le dijo que los cargos contra ella se habían suprimido y que quedaba libre por motivo de lo que había escrito en la carta. El haber enseñado ella la doctrina del Evangelio restaurado de Jesucristo hizo abrir los ojos y el corazón lo bastante para que fuese a parar a la cárcel, y el haber declarado la doctrina del arrepentimiento al juez la hizo salir de la cárcel. (Véase Theresa Snow Hill, Life and Times of Henry Eyring and Mary Bommeli, 1997, págs. 15­22.)

Lo que enseñó Mary Bommeli enterneció a más personas que a las mujeres que se reunían alrededor de su telar y que al juez. Mi padre, nieto de ella, estuvo hablándome durante las noches que precedieron a su muerte y me mencionó los felices reencuentros que pronto tendría en el mundo de los espíritus. A mí casi me parecía ver la radiante luz del sol y las sonrisas que habría en ese paraíso al hablarme él de ello con tanta certeza.

En un momento dado, le pregunté si tenía que arrepentirse de algo. Él sonrió y, riéndose entre dientes, me dijo en un susurro: "No, Hal, me he ido arrepintiendo a lo largo de toda mi vida". La doctrina del paraíso que Mary Bommeli enseñó a aquellas damas era real para su nieto. E incluso la doctrina que ella enseñó al juez dieron forma a la vida de él para bien. Ése no será el final de las enseñanzas de Mary Bommeli. El registro de las palabras de ella llevará la doctrina verdadera a los de su posteridad que aún no han nacido. Gracias a que ella creyó que aun una nueva conversa sabía suficiente doctrina para enseñarla, se abrirán la mente y el corazón de sus descendientes y éstos se fortalecerán en la batalla.

Los descendientes de ustedes se enseñarán la doctrina unos a otros porque ustedes la enseñaron. La doctrina hará más que abrir la mente a las cosas espirituales y el corazón al amor de Dios. Cuando esa doctrina brinda regocijo y paz, también tiene poder para que la gente hable. Al igual que aquellas mujeres de Berlín, los descendientes de ustedes no podrán guardarse la buenas nuevas para sí.

Estoy agradecido de vivir en una época en la que nosotros y nuestras familias tenemos la plenitud del Evangelio restaurado. Estoy agradecido por la misión de amor del Salvador en nuestro favor y por las palabras de vida que Él nos ha dado. Ruego que compartamos esas palabras con los que amamos. Testifico que Dios nuestro Padre vive y que ama a todos Sus hijos. Jesucristo es Su Hijo Unigénito en la carne y nuestro Salvador. Él ha resucitado. Podemos ser limpiados por medio de la obediencia a las leyes y a las ordenanzas del Evangelio de Jesucristo. Las llaves del sacerdocio han sido restauradas. El presidente Gordon B. Hinckley posee esas llaves. Sé que eso es verdadero. En el nombre de Jesucristo. Amén.

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La enseñanza del Evangelio

Por lualcaro - 24 de Febrero, 2007, 5:04, Categoría: General

Élder Dallin H. Oaks
"En nuestros sagrados llamamientos como maestros del Evangelio, ningún esfuerzo es demasiado bueno para la obra del Señor y el progreso de Sus hijos".

Élder Dallin H. Oaks

Un conocido autor escribió un libro acerca de su mejor maestro. El poderoso impacto que este maestro tuvo en el estudiante se basó en la convicción del joven de que su maestro realmente se interesaba por él y quería que aprendiera e hiciera lo que le ayudaría a encontrar la felicidad. El autor concluyó su tributo con esta pregunta: "¿Han tenido ustedes alguna vez un verdadero maestro? ¿Un maestro que les haya considerado como materia prima, pero a la vez una materia tan preciosa como una joya que, con sabiduría, podría pulirse hasta lograr un espléndido brillo? Si tienen la fortuna de encontrarse con maestros de tal calibre, nunca les será difícil regresar a ellos"1.

I.

Cada uno de los miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días es, o será, un maestro. Cada uno de nosotros tiene un interés esencial en el contenido y en la eficacia de la enseñanza del Evangelio. Queremos que todos tengan excelentes maestros del Evangelio y que esos maestros nos ayuden a encontrar la manera de regresar, no sólo a ellos sino a nuestro Padre Celestial.

Nuestra preocupación en cuanto a la enseñanza del Evangelio no se limita solamente a aquellos que son llamados a enseñar en los quórumes del sacerdocio, en la Primaria, la Sociedad de Socorro, la Escuela Dominical, las Mujeres Jóvenes o en otra asignación. En el grandioso plan de salvación del Señor no hay maestros más importantes que los padres que enseñan constantemente a sus hijos mediante el ejemplo y el precepto. Cada uno de nosotros enseña mediante el ejemplo a quienes nos rodean. Aun los niños se enseñan mutuamente. Cada misionero es un maestro. Y cada líder es un maestro. Tal como hace años lo enseñó el presidente Hinckley, "la enseñanza eficaz es la esencia misma del liderazgo en la Iglesia"2.

La enseñanza del Evangelio es universal e importante. Realmente "no existe mayor responsabilidad que ninguno de nosotros pueda tener que la de ser maestros de los hijos de Dios"3. La ocupación de nuestro Salvador fue la de maestro; Él fue el Maestro ideal y nos invita a todos a emularlo en ese gran servicio4.

Hace varios años la Primera Presidencia asignó al Quórum de los Doce el cometido de revitalizar la enseñanza en la Iglesia. Los Doce, con la ayuda de los Setenta, aceptaron el desafío y ahora, después de años de preparación y con la participación de magníficos maestros del Evangelio, eruditos, escritores y otras personas, la Primera Presidencia acaba de iniciar un esfuerzo a través de toda la Iglesia "para revitalizar y mejorar la enseñanza". Dicha carta dice: "Este énfasis renovado tiene por objeto mejorar la enseñanza en el hogar y en las reuniones de la Iglesia, así como ayudar a nutrir a los miembros con la buena palabra de Dios"5.

Recientemente publicamos un folleto de diez páginas titulado Cómo mejorar la enseñanza del Evangelio -- Una guía para el líder. Actualmente se están distribuyendo ejemplares entre todos los líderes y a cada oficial de quórumes y organizaciones auxiliares de la Iglesia. Como ahí se explica, nuestra preocupación en cuanto a "la enseñanza del Evangelio en la Iglesia" incluye lo que los padres enseñan cada día en sus hogares así como la obra de los maestros en los quórumes y en las organizaciones auxiliares.

http://www.lds.org/conference/talk/display/0,5232,89-3-5-29,00.html

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Enséñad diligentemente

Por lualcaro - 24 de Febrero, 2007, 4:47, Categoría: General

Enséñenles la palabra de Dios con toda diligencia

Élder L. Tom Perry
del Quórum de los Doce Apóstoles

"Nuestra enseñanza será eficaz si la enfrentamos en forma humilde por medio de la oración y del estudio".

Élder L. Tom Perry

El domingo por la mañana, el 9 de diciembre de 1849 a las 8 horas, cerca de 30 niños entre las edades de 8 a 13 años llegaron a una pequeña sala de clases que se había construido en una casa. Golpearon sus zapatos en el umbral de la puerta, se sacudieron la nieve de los abrigos y gorros y luego se sentaron en simples bancas. Quedaron a la espera de que comenzara la clase. Hacía frío y afuera nevaba, pero la chimenea irradiaba un resplandor cálido y amigable. Los ojos de Richard Ballantyne brillaban cuando pidió orden para empezar la Escuela Dominical. Dirigió a los niños y a las niñas en un himno y luego dio una ferviente oración en voz baja dedicando ese cuarto de su hogar para enseñar el Evangelio de Jesucristo a los niños. Su voz era sonora y sus palabras fluían, como sucede cuando se emiten con reverencia y emoción. Así fue como se fundó la primera Escuela Dominical en el Valle del Lago Salado.

El organizar una Escuela Dominical no era ajeno para él, ya que lo había hecho en su nativa Escocia en la Iglesia Presbiteriana del Socorro, de la cual era miembro activo. Era su naturaleza tener el gran deseo de educar gente joven en el conocimiento del Evangelio. Había sido criado en un hogar en donde a su padre le gustaba repetir de memoria capítulos enteros de la Biblia y luego recitarlos a sus hijos. Era un hogar en donde no se tomaban ni siquiera un sorbo de agua sin antes quitarse el sombrero y dar gracias, como también era la costumbre hacerlo antes de comer.

Corrían rumores en los alrededores de su hogar en Escocia de que se había levantado un nuevo profeta en América. Al principio Richard prestó poca atención a esos rumores, pero a medida que sus dudas religiosas se fueron haciendo más desconcertantes, abiertamente buscó más luz y conocimiento. En el año 1841, el élder Orson Pratt fue a Edimburgo. Richard escuchó su mensaje e investigó la Iglesia durante un año; finalmente se convirtió y fue bautizado en el Mar del Norte. Él dijo: "Estaba tan convencido de que José Smith era un profeta y de que el Libro de Mormón era la palabra de Dios, y de que si no lo aceptaba sería maldecido". Como fue el caso de muchos de esos primeros conversos a la Iglesia, él vendió su negocio y emigró a los Estados Unidos, llevando consigo a su madre y a algunos de sus hermanos y hermanas. Llegaron a Nauvoo el 11 de noviembre de 1843, en una época en que había gran tumulto en la ciudad. Finalmente abandonaron Illinois e hicieron el viaje a Winter Quarters. Allí se casó y al poco tiempo hizo los preparativos para la larga jornada hacia el oeste. Llegaron al Valle del Lago Salado en septiembre de 1848 y comenzó de inmediato a construir una casa. Fue en esa casa en donde se llevó a cabo la primera Escuela Dominical en el valle. Cuando se construyó la capilla, el antiguo barrio 14, la Escuela Dominical se trasladó al nuevo centro de reuniones.

El hermano Ballantyne tuvo el deseo ferviente de enseñar el Evangelio de nuestro Señor y Salvador a la gente joven durante toda su vida. Doy gracias a Conway Ballantyne Sonne, un primo mío, por esta historia de la primera Escuela Dominical (de Conway B. Sonne, Knight of the Kindom: The Story of Richard B. Ballantyne, 1949, págs. 7­48).

http://www.lds.org/conference/talk/display/0,5232,89-3-12-2,00.html

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