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11-Compartiendo el Evangelio

Compartamos el Evangelio

Por lualcaro - 13 de Marzo, 2007, 21:27, Categoría: 11-Compartiendo el Evangelio

Cómo crear un hogar en el que se comparta el Evangelio

Élder M. Russell Ballard
Del Quórum de los Doce Apóstoles

Tener un hogar en el que se comparte el Evangelio es la manera más fácil y eficaz de darlo a conocer.

Élder M. Russell Ballard

Queridos hermanos y hermanas, hace sólo unas semanas me operaron para sustituirme ambas rodillas. Así es que decir que siento gratitud por encontrarme aquí de pie ante ustedes no son palabras dichas a la ligera. El período de recuperación me ha hecho recordar lo bendecidos que somos por saber acerca de la Expiación del Señor Jesucristo. Me siento abrumado al pensar en el dolor y el sufrimiento que Él padeció por nosotros en Getsemaní y en la cruz. Cómo fue capaz de soportarlo escapa a mi capacidad de comprensión; pero le doy las gracias por ello, y lo amo más profundamente de lo que las palabras me permiten expresar.

También estoy agradecido al presidente Hinckley por haberme dado el privilegio de acompañarlo al lugar donde nació el profeta José Smith. Gracias a José Smith, se nos ha dado mucho. Si no fuera por la Restauración, no conoceríamos la verdadera naturaleza de Dios, nuestro Padre Celestial, ni nuestra naturaleza divina como hijos Suyos; no comprenderíamos la naturaleza eterna de nuestra existencia ni sabríamos que la familia puede estar junta para siempre.

Tampoco seríamos conscientes de que Dios continúa comunicándose con Sus profetas en la actualidad, a partir de aquella maravillosa Primera Visión en la que el Padre y el Hijo aparecieron al profeta José Smith. Ni albergaríamos la tranquilizadora certeza de que en la actualidad nos guía un profeta, el presidente Gordon B. Hinckley.

Sin la Restauración, probablemente aceptaríamos la idea de que la totalidad de la palabra de Dios se encuentra en la Biblia. Aunque ésta es un valioso y extraordinario volumen de Escrituras, no sabríamos del Libro de Mormón ni de otras Escrituras de los últimos días cuyas verdades eternas nos ayudan a acercarnos a nuestro Padre Celestial y al Salvador.

Sin la restauración, no tendríamos las bendiciones de las ordenanzas del sacerdocio que son válidas en esta vida y en la eternidad; desconoceríamos las condiciones del arrepentimiento y no entenderíamos la realidad de la Resurrección. No tendríamos la compañía constante del Espíritu Santo.

Cuando comprendemos plenamente la gran bendición que es para nosotros el Evangelio de Jesucristo, cuando aceptamos y abrazamos estas verdades eternas y les permitimos penetrar profundamente en nuestro corazón y alma, experimentamos "un poderoso cambio" en el corazón (Alma 5:14), y somos llenos de amor y gratitud. Como escribió el profeta Alma, sentimos deseos de "cantar la canción del amor que redime" (Alma 5:26) para todos los que quieran escucharla.

"¡Oh, si fuera yo un ángel", dijo Alma, "y se me concediera el deseo de mi corazón, para salir y hablar con la trompeta de Dios, con una voz que estremeciera la tierra, y proclamar el arrepentimiento a todo pueblo!

"Sí, declararía yo a toda alma… el plan de redención: Que deben arrepentirse y venir a nuestro Dios, para que no haya más dolor sobre toda la superficie de la tierra" (Alma 29:1–2).

Eso mismo deberíamos sentir nosotros, hermanos y hermanas. Nuestro amor por el Señor y la gratitud que sentimos por la restauración del Evangelio son toda la motivación que precisamos para compartir lo que nos da tanto gozo y felicidad. Es lo más natural del mundo y, sin embargo, somos demasiados los que dudamos a la hora de expresar nuestro testimonio a otras personas.

Continua: http://www.lds.org/conference/talk/display/0,5232,89-3-603-27,00.html

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Los matrimonios misioneros

Por lualcaro - 24 de Febrero, 2007, 18:54, Categoría: 11-Compartiendo el Evangelio

Los matrimonios misioneros: Las bendiciones del sacrificio y del servicio

Élder Robert D. Hales
Del Quórum de los Doce Apóstoles

Su Padre Celestial les necesita. Su obra, bajo la dirección de nuestro Salvador Jesucristo, precisa aquello que sólo ustedes pueden brindar.

Élder Robert D. HalesHace cuatro años, hablé en este mismo lugar sobre los matrimonios que sirven en misiones de tiempo completo. Mi ruego incluía que "el Espíritu Santo conmueva los corazones y en alguna parte uno o dos cónyuges miren a su compañero… y surja el momento de la verdad [el momento de la decisión]"1. Una hermana me escribió sobre esa experiencia y decía: "Nos hallábamos sentados en la comodidad de nuestra sala de estar disfrutando de la conferencia por la televisión… Sus palabras me conmovieron profundamente. Miré a mi esposo y él me miró a mí. Ese momento cambió mi vida para siempre".

Si se encuentran o si pronto se van a encontrar en la edad de servir como matrimonio misionero, esta tarde me dirijo a ustedes para testificar de las bendiciones que pueden cambiar sus vidas para siempre. Su Padre Celestial les necesita. Su obra, bajo la dirección de nuestro Salvador Jesucristo, precisa aquello que sólo ustedes pueden brindar. Cada experiencia misional requiere fe, sacrificio y servicio, atributos de los que siempre se desprenden abundantes bendiciones.

Mientras analizamos esas bendiciones, es natural que surjan cuatro impedimentos: el temor, la preocupación por la familia, el encontrar la oportunidad misional correcta y las finanzas2. Permítanme agregar otro elemento más importante y más poderoso: la fe. Sólo mediante la fe podremos dar oídos al consejo de Dios cuando dice: "Escogeos hoy a quién sirváis"3. "Elegid hoy servir a Dios el Señor que os hizo"4. Únicamente mediante la prueba de nuestra fe recibiremos las milagrosas bendiciones que anhelamos para nosotros y nuestras familias: "Porque si no hay fe entre los hijos de los hombres, Dios no puede hacer ningún milagro entre ellos; por tanto, no se mostró sino hasta después de su fe"5.

Permítanme exponer algunas de estas bendiciones milagrosas extraídas de las cartas y de los relatos que he recibido en los últimos cuatro años. Una sencilla pareja de Idaho empleó la fe para hacer a un lado su miedo cuando el Señor los llamó a servir en Rusia. Escribieron la siguiente carta de aceptación: "Nadie se hubiera imaginado que recibiríamos esta asignación. No tenemos ni idea de cómo vamos a aprender el idioma o a desenvolvernos para resultar útiles, y si bien aceptamos con gran temor y totalmente por la fe, sabemos que el Señor y Su profeta saben mejor que nadie dónde debemos servir". Diez meses más tarde, el Templo de Estocolmo, Suecia, recibió a treinta santos de una pequeña rama de Rusia dirigidos por ese matrimonio de Idaho que apenas había empezado a defenderse en el idioma. Las Escrituras nos dicen: "Dios ha dispuesto un medio para que el hombre, por la fe, pueda efectuar grandes milagros"6. De ese modo, los hijos de Dios llevan a cabo Su obra "para que también la fe aumente en la tierra… para que la plenitud de mi evangelio sea proclamada por los débiles y sencillos hasta los cabos de la tierra"7.

Otro matrimonio empleó la fe para hacer frente a sus inquietudes familiares. Una hermana fiel escribió: "La decisión de servir en una misión no fue difícil, pero mi madre, de noventa años, se mostraba reticente a nuestra marcha. Sin embargo, la consoló mucho saber que nuestros familiares serían bendecidos gracias a nuestro servicio". Un hermano fiel expresó idénticas preocupaciones sobre el partir del lado de sus ancianos padres, a lo que su padre respondió diciendo: "No nos utilices a tu madre ni a mí como excusa para no servir en una misión con tu esposa. Ora al respecto y sigue la guía del Espíritu".

El Señor tranquilizó a una generación anterior de misioneros que tuvieron que dejar atrás a sus familias con las siguientes palabras: "…y si lo hacen con corazones sumisos… yo, el Señor, les prometo abastecer a sus familias"8.

Las preocupaciones por la familia son reales y no se deben tomar a la ligera, pero también es cierto que no podemos resolverlas sin las bendiciones del Señor; y si nos sacrificamos para servir como matrimonios misioneros de tiempo completo, las bendiciones fluirán. Por ejemplo, a una pareja le preocupaba dejar a su hija más joven que no estaba activa en la Iglesia. Su fiel padre escribió: "Orábamos por ella constantemente y ayunábamos con regularidad. Entonces, durante una conferencia general, el Espíritu me susurró: "Si sirves, no tendrás que preocuparte por tu hija nunca más". Nos reunimos con el obispo y a la semana siguiente de recibido el llamamiento, nuestra hija y su novio anunciaron su enlace. Antes de marcharnos a África, se celebró la boda en nuestra casa. [Entonces reunimos a nuestra familia y] realizamos un consejo familiar… Les di testimonio del Señor y de José Smith… y les dije que me gustaría darle a cada uno una bendición de padre. Comencé por el hijo mayor, en seguida, bendije a su esposa y así seguí hasta llegar a la hija menor… [incluido nuestro nuevo yerno]".

Cuando tengamos en cuenta el servicio misional como matrimonio, es conveniente hacer participar a nuestros familiares de esa misma forma. En las reuniones de consejo familiar, podemos dar a nuestros hijos la oportunidad de expresar su apoyo, de ofrecer la ayuda especial que tal vez nos haga falta y de recibir bendiciones del sacerdocio que los sostengan durante nuestra ausencia. Cuando sea apropiado, también podremos recibir bendiciones del sacerdocio de parte de ellos. Cuando el fiel padre del caso que les he contado bendijo a sus familiares, su yerno sintió la influencia del Espíritu Santo. El padre escribió: "Antes del fin de nuestro primer año, [el] corazón [de nuestro yerno] empezó a enternecerse hacia la Iglesia y justo antes de nuestro regreso a casa una vez terminada nuestra misión, él y nuestra hija vinieron a visitarnos. En la maleta de mi yerno estaba la primera ropa de domingo que se había comprado. Fueron a la Iglesia con nosotros y después de volver a casa se bautizó. Un año más tarde se sellaron en el templo"9.

Aun cuando los detalles de esta historia sean excepcionales, el principio es verdadero para todos lo que le digan al Señor: "A donde me mandes iré"10. Testifico que si ponemos nuestra confianza en el Señor, Él hallará la oportunidad misional indicada para nosotros. Como Él dijo: "Si alguno me sirve… mi Padre le honrará"11.

Al tener en cuenta las oportunidades misionales, muchos de los matrimonios de todo el mundo tienen muchos deseos de prestar servicio, pero no tienen los medios económicos. Si ésa es su situación, recuerden que el indicado llamamiento misional puede no ser un país lejano de nombre exótico. El llamamiento indicado para ustedes puede ser dentro de su propia estaca o área; "…vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas"12. Deliberen en consejo con sus familiares y con su obispo o su presidente de rama. Al comprender los siervos del Señor su situación temporal, ustedes podrán recibir las bendiciones eternas del servicio misional de tiempo completo.

Si hay alguien que no pueda servir a causa de algún grave problema de salud u otra circunstancia atenuante, piense tal persona en realizar una aportación económica para ayudar a los que sí pueden servir. El sacrificio razonable de sus medios no sólo bendecirá a otros misioneros y a aquellos a quienes sirvan, sino que también les bendecirá a ustedes y a su familia.

Ahora bien, quisiera hablar directamente a los que no pudieron prestar servicio misional en su juventud: Quizás a lo largo de los años se hayan sentido acosados por sentimientos de pesar, o tal vez se hayan sentido ineptos por no haber tenido la oportunidad misional de prestar servicio y de progresar cuando eran más jóvenes. El consejo que les doy es: miren hacia el futuro y no hacia el pasado. ¡Empiecen a preparase para su misión como matrimonio misionero mayor hoy día! Ahorren un poco de dinero cada mes. Estudien las Escrituras. Acepten llamamientos de la Iglesia. Oren para sentir el amor del Señor por las demás personas y reciban Su amor y confianza en ustedes. ¡Ustedes podrán algún día reclamar todas las bendiciones del servicio misional!

¡Y qué maravillosas bendiciones son ésas! Tras cincuenta y un años de matrimonio, me preguntaron: "¿Qué parte de su vida quisiera volver a vivir?". No dudé en contestar: "El tiempo en el que mi esposa y yo servimos juntos en la gran obra misional del Señor". Los sentimientos de otro matrimonio misionero hacen eco a los de mi esposa y a los míos: "La decisión de servir en una misión nos proporcionó nuevo vigor, nuevas emociones, nuevos amigos, nuevos lugares y nuevos retos. Nos unió más como marido y mujer; teníamos una meta común y éramos compañeros de verdad. Y lo mejor de todo fue que nos brindó un nuevo progreso espiritual en vez de una jubilación espiritual". Hermanos y hermanas, no caigamos en la jubilación espiritual.

Ahora, permítanme extender un desafío a los obispos y a los presidentes de rama de todo el mundo. ¿Sería posible que durante los próximos seis meses pudieran recomendar a uno o a más matrimonios misioneros además de aquellos que actualmente tengan previsto servir? El recurso más importante del que podrán echar mano para cumplir con este reto son los miembros mayores de su barrio que ya hayan servido como misioneros. En mi barrio, un obispo inspirado convocó una reunión especial de posibles matrimonios misioneros y de ex matrimonios misioneros. Al compartir nuestro testimonio del sacrificio y del servicio, el Espíritu nos testificó a todos que un llamamiento a servir es, de hecho, un llamamiento para "[darnos] Sus ricas bendiciones"13.

He oído de un presidente de estaca que organizó una clase para matrimonios misioneros y así inspirar a los posibles matrimonios misioneros y ayudarles a prepararse para servir. Líderes del sacerdocio, cuando busquen con oración fomentar el servicio misional de tiempo completo, recuerden que cuando se llama a un matrimonio, éste no sólo contribuye a llevar a cabo la obra del Señor en todo el mundo, sino que planta en su familia la semilla del servicio que florecerá en las generaciones venideras. Aún me siento agradecido por la influencia de mis padres, que sirvieron como matrimonio misionero en Inglaterra y dieron un gran ejemplo a su posteridad.

Ahora bien, ustedes los posibles matrimonios misioneros, por favor no aguarden a que el obispo se reúna con ustedes para tratar el tema de servir en una misión. Acudan a él, compartan sus sentimientos. En lo que al servicio misional se refiere, el Señor espera que expresemos nuestros deseos. Así sabremos que el mismo Espíritu que nos mueve a solicitar el llamamiento misional inspirará al profeta a llamarnos a la asignación adecuada.

¡Hay tantos llamamientos! Hay llamamientos para enseñar el Evangelio a los que desean recibir la verdad, incluidos los jóvenes del Sistema Educativo de la Iglesia; llamamientos para trabajar en el servicio humanitario y de bienestar, en los templos, en centros de historia familiar, en oficinas de misión y en emplazamientos históricos; llamamientos para "[realizar] el mayor beneficio para [vuestros] semejantes, y [adelantar] la gloria de aquel que es tu Señor"14.

Tengan en cuenta los siguientes ejemplos: Un matrimonio que fue llamado a la India ayudó a una escuela para niños invidentes a construir instalaciones sanitarias y a adquirir máquinas de escribir en braille. En Hawai un matrimonio nutrió a una pequeña rama que pasó de 20 miembros a 200 y preparó a 70 de ellos para que fueran juntos al templo. En Perú, un matrimonio hizo todas las gestiones necesarias para que se propocionasen medicamentos y juguetes de Navidad a quinientos cincuenta niños de un orfanato. Un matrimonio en Camboya enseñó clases de instituto y proporcionó liderazgo a una rama que, al cabo de tan sólo diez meses, creció hasta alcanzar el número de ciento ochenta miembros. En Rusia, un matrimonio ayudó a los granjeros de una localidad a aumentar sus cosechas de papas [patatas] en once veces más de lo habitual, mientras que un matrimonio en las Filipinas ayudó a casi setecientas familias mal alimentadas a criar conejos y a cultivar hortalizas. En Pensilvania, otro matrimonio ayudó a sesenta personas, la mitad de ellas eran de otras religiones, a preparar los registros genealógicos de sus familias. En Ghana, un matrimonio ayudó a perforar y a acondicionar pozos para que ciento noventa mil habitantes de aldeas y de campos de refugiados cercanos tuvieran agua.

Sean o no los resultados de cada misión así de evidentes al ojo humano, todos los que sirven realizan una contribución incalculable a la vista del Señor, pues a todos los "que dudan, convencedlos"15. Los matrimonios misioneros son modelos y ejemplos de fortaleza para los misioneros de tiempo completo, así como para los líderes del sacerdocio y de las organizaciones auxiliares en todo el mundo. Manifiesto mi gratitud por todos ellos y por los miles más que sirven en tantas funciones, donando millones de horas de servicio a su prójimo.

Mis hermanos y hermanas, si han sentido el deseo de participar en esta obra, sin importar lo callados que sean sus sentimientos, no pospongan el día de su servicio. Éste es el momento de prepararse; éste es el momento de ser llamado, el momento de sacrificarse. Éste es el momento de compartir sus dones y talentos. Éste es el momento de recibir las bendiciones que Dios tiene reservadas para ustedes y para sus familias. "Hay una necesidad constante de más matrimonios misioneros", ha dicho el presidente Hinckley16. A medida que la obra avanza, la necesidad aumenta. Aprovechemos nuestros más ricos años de experiencia, de madurez, de sabiduría y, especialmente, de fe, para satisfacer esa necesidad como sólo nosotros podemos hacerlo.

Por encima de todo, tengan un motivo especial para hacerlo. Gracias a las experiencias de nuestra vida podemos volver la vista hacia atrás y reconocer la bondad de nuestro Padre Celestial y de Su Hijo Jesucristo para con nosotros y para con nuestras familias. Un hermano fiel lo explicó así: "Mi esposa y yo deseamos servir cinco misiones: una por cada hermoso hijo con el que Dios nos ha bendecido". Cualesquiera que hayan sido las bendiciones recibidas individualmente, les testifico que hemos recibido la más grande de todas: "De tal manera amó Dios [nuestro Padre Celestial] al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito"17, y Su Hijo Jesucristo "ama al mundo, al grado de dar su propia vida"18. Expreso mi testimonio especial de que Su sacrificio expiatorio es la manifestación suprema de ese amor.

Los miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días tenemos el gran privilegio de agradecer Su amor mediante el sacrificio y el servicio, y de reclamar así Su santa promesa: "Y el que diere su vida en mi causa, por mi nombre, la hallará otra vez, sí, vida eterna"19. Que actuemos así, es mi sincera oración en el nombre de Jesucristo. Amén.

Notas

1. "Matrimonios misioneros: Una época para servir", Liahona, julio de 2001, pág. 28.

2. Véase Liahona, julio de 2001, pág. 29.

3. Alma 30:8.

4. Moisés 6:33.

5. Éter 12:12, cursiva agregada.

6. Mosíah 8:18.

7. D. y C. 1:21, 23.

8. D. y C. 118:3.

9. Véase D. y C. 31:1–2, 5.

10. "Adonde me mandes iré", Himnos, Nº 175.

11. Juan 12:26.

12. Mateo 6:32; 3 Nefi 13:32.

13. "Llamados a servir", Himnos, Nº 161.

14. D. y C. 81:4.

15. Judas 1:22.

16. "A los obispos de la Iglesia", Reunión Mundial de Capacitación de Líderes, 19 de junio de 2004, pág. 27.

17. Juan 3:16.

18. 2 Nefi 26:24.

19. D. y C. 98:13.

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Matrimonios misioneros

Por lualcaro - 24 de Febrero, 2007, 17:18, Categoría: 11-Compartiendo el Evangelio

Matrimonios misioneros: Una época para servir

Élder Robert D. Hales
Del Quórum de los Doce Apóstoles

"Es apropiado para un matrimonio maduro o para una hermana mayor indicar a sus líderes del sacerdocio que están dispuestos a servir en una misión y que están en condiciones de hacerlo. Les insto a que lo hagan".

Élder Robert D. Hales

Siento la profunda responsabilidad de hablarles hoy sobre una seria necesidad que existe en la Iglesia. Mi mayor esperanza es que a medida que hable, el Espíritu Santo conmueva los corazones y en alguna parte uno o dos cónyuges miren a su compañero o compañera y surja el momento de la verdad. Hablaré de la urgente necesidad de que más matrimonios maduros presten servicio en el campo misional. Deseamos expresar nuestro agradecimiento por todos los matrimonios valientes que sirven en la actualidad, por los que han servido y por los que aún servirán.

En la sección 93 de Doctrina y Convenios el Señor reprende a las Autoridades Generales presidentes de la Iglesia diciendo: ". . .yo os he mandado criar a vuestros hijos en la luz y la verdad.

"Y ahora te doy un mandamiento: Si quieres verte libre, has de poner tu propia casa en orden" (D. y C. 93:40, 43).

¿Cuál es la mejor forma de enseñar a nuestros hijos, y a nuestros nietos, luz y verdad? ¿Cuál es la forma más importante de poner en orden a nuestra familia, tanto a la inmediata como a la extensa? ¿Es posible que en asuntos espirituales nuestro ejemplo hable más fuerte que nuestras palabras? El matrimonio en el templo, la oración familiar, el estudio de las Escrituras y la noche de hogar para la familia son de vital importancia. Pero existe otra dimensión: la dimensión del servicio. Si estamos dispuestos a dejar a nuestros seres queridos para servir en el campo misional, los bendeciremos con un legado que les enseñará e inspirará durante generaciones.

Para mí es significativo el que, después de mandar a las Autoridades Generales a que enseñaran luz y verdad a sus hijos y pusieran en orden a sus familias, de inmediato el Señor los llamó a prestar servicio misional. "Ahora os digo, mis amigos, emprenda su viaje con rapidez mi siervo Sidney Rigdon, y también proclame. . . el evangelio de salvación. . ." (D. y C. 93:51).

Al servir en el campo misional, nuestros hijos y nietos serán bendecidos en formas que no habrían sido posibles si nos hubiéramos quedado en casa. Hablen con matrimonios que hayan servido en misiones y les hablarán sobre las bendiciones derramadas: Hijos inactivos ya activos, miembros de la familia bautizados y testimonios fortalecidos debido a su servicio.

Un matrimonio misionero dejó su granja para que su hijo la administrara. Durante el año siguiente de bastante sequía, su granja produjo dos cortes de heno, mientras que los vecinos sólo lograron uno. El vecino le preguntó por qué había tenido dos cortes en comparación con uno de ellos, y el hijo contestó: "Ustedes tienen que enviar a sus padres a la misión".

Si las bendiciones para los matrimonios misioneros y sus familias son tantas, ¿por qué sirven sólo unos pocos miles en vez de decenas de miles, que tanto se necesitan? Considero que hay cuatro barreras que se interponen: El temor, la preocupación por la familia, las finanzas y el encontrar la oportunidad misional correcta.

Primero, el temor: El temor a lo desconocido o el temor a no tener destrezas con las Escrituras o con el idioma requerido hace que respondan con reserva al llamado a servir. Pero el Señor ha dicho: ". . .si estáis preparados, no temeréis" (D. y C. 38:30). La vida de ustedes es su preparación; tienen experiencia, que es valiosa: Han criado a una familia y han servido en la Iglesia. Simplemente vayan y compórtense con naturalidad; el Señor ha prometido que irán ángeles delante de ustedes (véase D. y C. 103:19–20). Por medio de un proceso muy natural, el Espíritu les hará saber qué decir y cuándo decirlo a medida que fortalezcan a misioneros jóvenes, testifiquen a investigadores y a miembros nuevos, enseñen destrezas de liderazgo y brinden hermandad y amistad a miembros menos activos, ayudándoles así a regresar a la actividad total. Ustedes son el testimonio e influirán en la vida de aquellos con quienes lleguen a estar en contacto. Por lo general no se espera que los matrimonios vayan de puerta en puerta ni se espera que memoricen charlas ni que mantengan el mismo horario que los élderes y las hermanas jóvenes. Simplemente compórtense con naturalidad, sirvan lo mejor que puedan y el Señor les bendecirá.

Los matrimonios misioneros proporcionan estabilidad con su amistad y sus destrezas de liderazgo en lugares donde la Iglesia apenas se inicia. Comprendí esto en forma directa mientras servía como presidente de misión en Inglaterra. A un matrimonio que había estado sirviendo en el centro de visitantes le asigné a trabajar en una unidad pequeña que tenía algunos problemas. Se sintieron un poco temerosos de dejar ese "refugio seguro" del centro de visitantes; pero con fe, pusieron manos a la obra. En menos de seis meses, una unidad que había tenido entre 15 y 20 personas que asistían a la reunión sacramental logró una asistencia de más de 100 gracias a que ese matrimonio los había hermanado y había colaborado con el sacerdocio. Hasta esta fecha, tanto ellos como sus hijos se refieren a esa época como la mejor experiencia de sus vidas.

Otro matrimonio sirvió hace poco en un pueblito del sur de Santiago, Chile. No hablaban español y les inquietaba el tener que vivir en otro país tan lejos de las comodidades de su hogar. Pero empezaron a trabajar con toda dedicación, amando y sirviendo a la gente. En poco tiempo, esa pequeña rama de 12 miembros creció a 75. Cuando les llegó la hora de regresar, la rama entera alquiló un autobús para poder ir al aeropuerto, a cuatro horas de distancia, y despedirse de sus queridos amigos.

El servicio que proporcionan los matrimonios es esencial para la obra del Señor. Los matrimonios misioneros surten una gran influencia positiva; pueden lograr cosas admirables que nadie más puede hacer.

Segundo, la preocupación por la familia: El Salvador llamó a pescadores, pidiéndoles: ". . .Venid en pos de mí" (Mateo 4:19). Les suplicó que dejaran su ambiente familiar y se convirtieran en pescadores de hombres. Lo que se pide a los matrimonios misioneros es menos de la mitad del diezmo del tiempo que pasarán en la tierra. Desde una perspectiva eterna, la misión comprende sólo unos momentos lejos del ambiente al que están acostumbrados, de la familia y de pasarlo bien con sus amigos jubilados.

El Señor enviará bendiciones especiales a su familia mientras sirven. ". . .yo, el Señor, les prometo abastecer a sus familias" (D. y C. 118:3). Algunas veces, los matrimonios se preocupan de que en su ausencia no estarán presentes en casamientos, nacimientos, reuniones familiares y otros acontecimientos de la familia. Hemos aprendido que el impacto que surte en las familias el que los abuelos estén en la misión vale mil sermones. Las familias se fortalecen en gran manera al orar por sus padres y abuelos y al leer cartas de ellos en las que comparten sus testimonios y hablan de la contribución que hacen en el campo misional.

Un hijo escribió una tierna carta a sus padres que estaban en el campo misional: "El servicio de ustedes establece un ejemplo para nuestros hijos. Como resultado, ellos están más dispuestos a servir en sus llamamientos de la Iglesia. Nos enseña a todos a ser más caritativos a medida que intercambiamos correspondencia y enviamos paquetes. Cuando recibimos cartas y noticias de ustedes, nuestros testimonios se fortalecen. Aun cuando ustedes ya se habían jubilado y debían haber sido felices de acuerdo con las normas del mundo, al ir a la misión nos han demostrado una nueva forma de ser felices. Han encontrado la felicidad que el dinero no puede comprar. Los hemos visto sobreponerse a adversidades médicas y de otros tipos y hemos visto que han sido bendecidos por su deseo de ir y dejar a sus hijos, nietos y bisnietos. ¡Les amamos mucho!"

Otro matrimonio informa: "Uno de nuestros nietos nos escribió mientras estábamos en Tailandia y nos dijo que él no había estado seguro de servir o no en una misión, pero que le habíamos dado el ejemplo y ahora sabía que deseaba hacerlo. Ahora está sirviendo en una misión".

Mi propio padre y madre sirvieron en una misión en Inglaterra. Cuando les visité un día en su pequeño apartamento, observé a mi madre, que estaba abrigada con un chal alrededor de los hombros, poner chelines en el medidor de gas para mantenerse calentitos. Le pregunté: "Mamá, ¿por qué viniste a la misión?". Mi madre dijo simplemente: "Porque tengo once nietos y deseo que sepan que su abuelo y su abuela sirvieron".

En 1830 el Señor llamó a Thomas B. Marsh para que dejara a su familia y saliera al campo misional. El hermano Marsh estaba muy preocupado por tener que dejar a su familia en esa época. En una tierna revelación, el Señor le dijo: ". . .te bendeciré a ti y a tu familia, sí, a tus pequeñitos. . . Alza tu corazón y regocíjate, porque la hora de tu misión ha llegado. . . Por consiguiente, tu familia vivirá. . . apártate de ellos por un corto tiempo solamente y declara mi palabra, y yo prepararé un lugar para ellos" (D. y C. 31:2–3, 5–6). Es muy posible que ésas sean las bendiciones que más necesitan sus hijos, sus nietos, sus bisnietos y su posteridad futura.

Tercero, las finanzas: Algunos matrimonios que servirían gustosos no pueden hacerlo debido a la edad, la salud, las finanzas o las circunstancias familiares. Quizás aquellos que no estén en condiciones de servir podrían ayudar a que otro matrimonio fuera a la misión.

La obra misional siempre conlleva sacrificios. Si se tienen que hacer algunos sacrificios, entonces las bendiciones serán aún más abundantes. Hijos, alienten a sus padres a servir y ayúdenles con apoyo financiero si es necesario. Es posible que por un tiempo no tengan a alguien que les ayude con los niños, pero las recompensas eternas que reciban ustedes y sus familiares compensarán mucho más el pequeño sacrificio.

A los matrimonios jóvenes que aún tengan hijos en el hogar, les insto a que se decidan ahora a servir en el futuro y que planifiquen y se preparen para estar en condiciones financieras, físicas y espirituales para hacerlo. Asegúrense de que el gran ejemplo del servicio misional sea un legado que dejarán a su posteridad.

Hay sólo dos oportunidades únicas en nuestras vidas en que podemos vivir realmente la ley de consagración y dedicar todo nuestro tiempo al servicio del Señor. Una es cuando un joven o una jovencita sirven en una misión regular. La otra es la época especial que se les concede después de haber cumplido con los requisitos de ganarse la vida. Esta última puede llamarse los "años patriarcales", cuando pueden valerse de sus valiosas experiencias de toda una vida para ir, como matrimonio, y consagrarse a servir de lleno como siervos del Señor.

Las bendiciones de servir con su compañero eterno son inapreciables y sólo las pueden entender aquellos que las han experimentado. Mi esposa y yo tuvimos ese privilegio en el campo misional. Cada día es un día especial con recompensas diarias que nos hacen crecer personalmente y mejorarnos en el tiempo del Señor y a la manera del Señor. La realización que viene de esa clase de servicio les bendecirá a ustedes, a su matrimonio y a sus familias por la eternidad.

Finalmente, el encontrar la oportunidad misional correcta: Las formas en que pueden servir los matrimonios son prácticamente ilimitadas. Desde ayudar en la oficina de la misión y hacer capacitación de liderazgo hasta trabajar en historia familiar, la obra del templo y el servicio humanitario, hay una oportunidad de emplear casi cualquier destreza o talento con que el Señor los haya bendecido.

Siéntense a conversar con su cónyuge; hagan un inventario de su salud, de sus recursos financieros y de sus talentos y dones especiales. Luego, si todo está en orden, vayan a su obispo y díganle: "Estamos listos". Tal vez piensen que es impropio hablar a su obispo o a su presidente de rama sobre sus deseos de servir en una misión, pero es apropiado para un matrimonio maduro o para una hermana mayor indicar a sus líderes del sacerdocio que están dispuestos a servir en una misión y que están en condiciones de hacerlo. Les insto a que lo hagan.

Obispos, no debe existir ninguna vacilación por parte suya de iniciar la entrevista para la Recomendación misional, a fin de hablar del tema y alentar a los matrimonios a servir en una misión.

El élder Clarence R. Bishop, director del Centro de Visitantes de los Carros de Mano, ha servido en cinco misiones. La primera fue cuando era joven; las cuatro últimas se realizaron gracias a que le entrevistaron al respecto líderes inspirados del sacerdocio. Dice que quizás no habría servido en ninguna de las cuatro últimas a no ser por el aliento de su obispo.

Algunos matrimonios y hermanas mayores han sido llamados a enseñar inglés como segundo idioma a estudiantes, a maestros y a oficiales gubernamentales de Tailandia. Este personal docente jubilado, compuesto tanto de maestros como de administradores, al dar libremente de sus dones y talentos cultivados a través de sus muchos años de experiencia en el campo pedagógico, han logrado un progreso admirable en lo que se refiere a enseñar inglés a estudiantes, a capacitar maestros y a ser buenos embajadores de la Iglesia en Tailandia.

Jerry y Karen Johnson sirvieron en Hong Kong enseñando inglés como segundo idioma. Un día, después de clases, casi al final de su misión, una pequeña de segundo grado, con quien la hermana Johnson se había encariñado, se le acercó y, abriendo los brazos como si volara, le preguntó: "¿Meiguo?", que significa "¿América?". La hermana Johnson la miró y contestó: "Sí, volveremos a América". La niña recostó la cabeza en el pecho de la hermana Johnson y lloró. "La estreché fuerte y lloré con ella", dijo la hermana Johnson. "Cincuenta alumnos más se reunieron a nuestro alrededor, llorando con nosotros. Nuestra misión nos había puesto en el centro de un torbellino de amor que parecía envolvernos".

Cuando Jesús envió a los Doce a ir a sus misiones, les mandó, diciendo: ". . .de gracia recibisteis, dad de gracia" (Mateo 10:8). Cuando mucho se da, mucho se espera y ustedes han recibido mucho en sus vidas; vayan y den de gracia en el servicio a nuestro Señor y Salvador. Tengan fe; el Señor sabe dónde se les necesita. La necesidad es tan grande, hermanos y hermanas, y los obreros tan pocos.

". . .cuando os halláis al servicio de vuestros semejantes, sólo estáis al servicio de vuestro Dios" (Mosíah 2:17). Yo sé que ésta es Su obra. ¡Vayan y sirvan!

Ruego que tanto ustedes como sus familias puedan experimentar las bendiciones que resultan del servicio misional, es mi oración en el nombre de Jesucristo. Amén.

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